CIORAN Y TÚ
Una dosis de Cioran
Por las mañanas
Me inmuniza para el resto del día.
Gracias a ella,
La estupidez y la maldad
No me cogen por sorpresa
Y hasta pueden arrancarme una sonrisa
Si sus efectos
Al final resultan
Más ridículos que fatales.
Pero a veces
Ni el Cioran más pesimista
Es antídoto suficiente:
Son esos días
En que el mundo
-esta vez sí, de verdad-
Parece decidido a suicidarse.
En esos casos
-como tampoco funciona
La ironía, y los años
Además de viejo
Me han hecho sabio
(que es la forma literaria de decir
Algo cobarde)-,
No me queda más remedio
Que buscar
Un refugio seguro.
Quiero decir, que buscarte.
LA RUTINA
Quien sabe si por su lentitud
O porque sus colores
Preferidos
Son el gris
Y el azul desgastado, sin brillo,
De las chaquetas de los oficinistas,
No goza entre los jóvenes
De buena prensa.
De todo lo bueno que les pasa de largo
La responsabilizan a ella.
Los viejos, sin embargo, incluso rezan
Para que no falte a la cita
Al día siguiente.
Detesta las euforias
Desmedidas, las sorpresas
Y el excesivo culto a la esperanza.
No le hace falta más que un rato
Para bajarle los humos
A los espectacular.
Después de las catástrofes y las guerras,
Después del infierno del desamor,
Aparece ella,
Como si nada,
Y te ayuda a seguir adelante.
EL AZAR
Puede arreglarte la vida
Es verdad:
Pero sabes, por experiencia,
Que siempre que tiene buen día
Trabajo en otro lado.
Mejor
Que te deje como estás,
Que no te ponga el ojo encima,
Que pase -como hasta ahora- de largo.
ACTUALIZACIONES DE FUTURO
Todavía
Sigue siendo imprescindible
Para que todo siga
En marcha,
Pero ya no es un valor seguro,
Ni está lleno de posibilidades.
Últimamente
Ha cambiado mucho.
Ahora
Ni la esperanza
Se fía de él.
Mejor que no se entere
Si hace planes.
LOS POEMAS
El proceso siempre
Es el mismo:
No sabes a la orden de qué
O quién, un día
Cede una compuerta en tu interior
Y van apareciendo
Uno detrás de otro, en fila
(o en avalancha, otras veces,
Atropellándose entre ellos).
Precisamente ahora
Que ya habías perdido la esperanza
De que alguna vez volviesen.
Inútil preguntarse
Donde se ocultaban,
Cómo han tardado tanto
O por qué están en los huesos
(con lo baratos que son los adjetivos).
Importa solo que te interpelen,
O te toquen el corazón
O te agarren de las solapas…
Que no parezca
Que no ha pasado nada
En tu vida, una vez leídos.
EL REY DEL CHISTE
Lo peor no suele ser
El chiste malo
-ese que no hace gracia a nadie,
Que a todo el mundo
Deja indiferente-,
Lo peor suele ser la insistencia en explicarlo.
Con lo fácil que es callarse,
Hacerse a un lado,
Dejar que los minutos
Vayan desdibujando poco a poco
El fiasco, hasta dejarlo en nada,
O algo, a lo sumo,
Que alguien recordará muy vagamente
Alguna vez -esperando
Un autobús,
O en una plaza,
Una tarde de sábado,
Viendo el zigzag
En el aire de los pájaros-.
Pero no. El agraviado
-porque él lo vive así,
Como un agravio-
Insiste en que escuchemos su versión,
En que veamos dónde está
El quid del asunto,
En que asumamos, en fin, que este es un caso
De flagrante indigencia intelectual
(por nuestra parte).
Es el momento
De ir abandonando la reunión.
Hay que dejarle solo,
Que medite.
No está maduro aún.
Le faltan todavía algunos chistes.
SUMANDO LOGROS
He publicado unos cuantos libros,
Voy para viejo
Y no le debo dinero a nadie.
No es mucho,
Pero es algo.
Demás
-como hay gente para todo en el mundo-
Habría que añadir
A estos pequeños logros
Un reglado distinto,
Único,
Como hecho por alguien
A su pesar:
La decepción
Que se habrán llevado algunos.
UNA LOCURA
La insensatez
Campa a sus anchas por el mundo,
Es necesario
Acometer pequeños actos de cordura,
Equilibrar un poco la balanza.
Por eso acerco
Mi boca
En este instante
Hasta la tuya.
Seguro
Que lo entiendes:
Entre otras
cosas,
No hacerlo sería una locura.
EL GORRIÓN
No parece el gorrión
Un pájaro del cielo,
No está tocado
Por la gracia de la naturaleza
(o no, al menos, a la manera
de la golondrina, el mirlo,
El jilguero o tantos otros).
Parece más el gorrión un pájaro
De barrio, de callejuela,
De terraza de bar
Siempre al borde del traspaso.
Pero eso es lo que nos gusta de él,
Lo que lo hace simpático,
Su cercanía, ese saber estar
Entre la gente, su falta de altivez.
A mí me encanta verlos
Por ahí, a su aire, en el aire,
Con ese aire de pájaros normales
(la chaqueta sin brillo,
Gastada por el uso).
Tengo ahora mismo
A un par de ellos aquí abajo,
A mis pies, picoteando
En la acerca, agradeciéndome
En morse el desayuno.
EL DESCAMPADO
Empieza
Donde termina
La ciudad.
A plena luz,
No es más que un lugar
Triste,
Sucio,
A la intemperie;
De noche ejerce
Una malsana fascinación:
No importa
Lo que imagines,
Ahí podría suceder.
CONDENADOS A ENTENDERSE
(Bahía de la Concha,
otoño)
Frente a frente,
En silencio,
Mirándose
Se diría
Que con calculada indiferencia,
Como si apenas se conociesen,
Así han pasado
La mañana
Cielo y mar.
Al final,
Espoleados
Por la brisa,
Cielo ha puesto una nube,
Mar un pequeño velero.
Mínimos.
Pero ademanes
De acercamiento.
OTRO VISTAZO AL TIEMPO
Como si hubiese olvidado
De repente
La auténtica razón
De su existencia,
Su cometido en este mundo,
Desde hace unos minutos
El tiempo ha decidido
No pasar.
No es grave,
De momento.
Para ponerlo otra vez
En el camino
-dado que ni yo ni el camarero,
Quizás porque nos tiene
Demasiado vistos,
Le parecemos asuntos de interés-,
Bastaría, por ejemplo, con que alguien
Tirase en un descuido
Un vaso al suelo
Al levantarse de la mesa.
Tendríamos, de esa manera,
Un antes y un después
Del incidente,
Un dato a tener en cuenta,
Un pequeño hito
En la biografía de la tarde.
Al tiempo no le gusta pasar
Inadvertido,
Como si no pasase.
Necesita continuamente
Cosas nuevas:
Vive de envejecerlas.
NOSOTROS, LOS DE ENTONCES
Éramos jóvenes
Y no teníamos
Nada:
Ni
novia ni futuro
Ni esperanza…
No teníamos ni un perro
Al que poder contarle
Nuestras desgracias.
Pero cómo
No añorar aquellos tiempos:
Siempre se morían otros.
EL POETA
Recorre calles
Y plazas,
Se sienta
En una cafetería,
Mira un poco aquí y allá,
Pide un café,
Hojea un rato la prensa…
Al fin
Tira hacia el mar,
Hoy tiene una calma rara,
Espectral,
Onírica;
Por el oeste,
Nubes grises de tormenta…
Evita los edificios
Oficiales,
Enfila el río
Y vuelve con él.
Nadie lo diría,
Viéndole.
Pero lleva horas
Buscando
Cómo cerrar un poema.
EL LEGADO
No fueron
Mala gente,
Pero fueron muy cobardes
-algo que, en ocasiones se le parece mucho-.
Dejaron como herencia
Su paso por el mundo:
Un ejemplo
A no seguir.
BAGATELA CREPUSCULAR
Desde mi cuarto
Observo
Como las llamaradas del crepúsculo
-inclementes,
Furiosas-
Van devorando
Hasta el último resquicio de luz.
Hago después
Balance
De lo que ha supuesto
El paso
De este miércoles cinco de octubre
De dos mil veintidós
Por mi vida.
Concluyo
Que entre muy poco
Y nada.
Finalmente
Me pregunto
A santo de qué ese exceso,
Esa sobreactuación
De la naturaleza.
Si era en verdad necesaria.
LA LUZ DEL FIN DEL MUNDO
Asomado al balcón
Alcanzo a ver
-allí, al fondo-
Hilachas de crepúsculo entre los edificios.
Hay una calma rara en las calles,
Un silencio distinto,
Tenso, ominoso.
No parece
Esta ciudad,
Parece el mundo
El lugar del que está huyendo la luz.
(24 de
febrero de 2022)
LOS POEMAS, LA VIDA
No entiendo qué les pasa a los poemas
Últimamente.
Rara vez aparecen
Y cuando lo hacen se les nota inseguros,
Sin confianza, frágiles,
Como remisos a posarse en el papel.
No lo sé. Es probable que exagere
Y no deba preocuparme.
Si
lo pienso,
La vida ahora también tiene
Ese tono de sol
De última hora de la tarde
Que se agarra a las fachadas
Cada vez con menos fuerza.
Y en mi caso, ellos solo la reflejan.
ESPERANDO A QUE ESCAMPE
No ha dejado de llover
En todo el día.
Los charcos
Parecen mares en miniatura;
Las luces de los comercios
Se abisman
En su profundidad;
Leves ráfagas de viento
Rizan pequeñas olas en su superficie.
Pronto se abrirán las nubes
Y la luna
Le arrancará al asfalto
Matices nuevos
Creará espejismos en la lejanía,
Pondrá luz
En las calles
Para que circule el viento sur.
Y en cuestión
De minuto, la ciudad
-sometida, eso sí,
Al escrutinio de algún gato-
Volverá a deslumbrar
Como una joya
Expuesta en la vitrina de la madrugada.
Será la hora
De volver sobre mis pasos.
Una sombra fugaz
Cruzará entonces
Las calles y las plazas abandonadas,
Igual que lo hace ahora
Por estos versos
Alejándose hacia el final
De este poema.
MAYO
Las jóvenes estudiantes
Invadiendo, bulliciosas, las terrazas.
Quisiera ser brisa
El viento
Para poder acariciarlas.
EN LA MESA DE AL LADO
Hablan de la vida
Con un dominio de la situación
Realmente asombroso.
No
albergan
El más mínimo asomo de duda
De que todo va a discurrir
Según lo previsto en el guion
-del que tienen, por supuesto, un ejemplar-;
Se trata solo de quemar etapas,
De ir cumpliendo los plazos.
Ver el mar me gusta
Por razones de muy variada índole.
En ocasiones, sin embargo,
Solo es una imperiosa necesidad.
AQUELLOS TIPOS
Aparecían siempre
A última hora:
La camisa
Arrugada,
La chaqueta en la mano,
La corbata
-como una lengua-
Asomando
Del bolsillo del pantalón.
Pedían algo
Fuerte,
Le daban un primer trago,
Y luego
Se quedaban ahí,
En silencio,
Absortos, mirando
Fijamente el interior
De la copa,
Ese enorme boquete,
Ese abismo
Al que ya
Habían decidido saltar.
SINGLADURA
Aunque tengo aversión
A los aviones
-o quién sabe si por eso mismo-
Me encantan las estelas que dejan a su paso.
Esas singladuras blancas
Deshaciéndose en la infinitud del cielo
Son metáfora de muchas cosas.
En los atardeceres despejados de invierno
Parecen la rúbrica
A otro día
Que tampoco esa vez
Ha querido firmar nadie.
EL HARTAZGO DE LOS ASCENSORES
Han pasado casi dos siglos
Desde que el primero
Se puso en marcha.
Nada que ver los de ahora
Con aquellos viejos trastos.
Estos son mucho más seguros
Y están mejor equipados:
Tienen música, espejos, cámaras,
Y algunos hasta te avisan
De que ese es tu rellano.
Pero hay algo que no cambia,
Que ha permanecido intacto
Hasta hoy: el tema de conversación.
Salvo que el acompañante
Sea de tu confianza,
En estos como en aquellos,
Para pasar el mal trago
De la excesiva intimidad,
Seguimos recurriendo al tiempo.
Vaya día, eh, dices.
Y no añades nada más,
No hace falta. Sirve igual
Para uno lluvioso de invierno
Que para otro asfixiante de verano.
Y así desde que se inventaron.
Normal que, a veces, hartos,
Se paren entre dos plantas.
BREVE VARIACIÓN SOBRE UN TEMA DE Á. G.
Cuando eres joven
-a medida
Que se acerca-
Al futuro se le van apagando las luces,
Pierde brillo y fulgor,
Resulta que no era para tanto,
Que al final
Tiene pinta
De día laborable.
Como es tu vida,
Te acostumbras, qué remedio.
Y los días van pasando…
Sería suficiente -te dices-, si durase.
A MIS VIEJAS BOTAS DE LLUVIA
Resulta, más que extraño, admirable
Que, conociendo como conocen
Cada uno de mis pasos,
Me hayan soportado hasta hoy.
No se me ocurre fidelidad semejante.
Se han dejado literalmente la piel
-nunca mejor expresado-
Trayéndome de vuelta a casa
Cada noche de una pies.
Y mira que nos hemos metido en charcos.
No pienso deshacerme de ellas.
Las dejaré por ahí, en alguna parte,
Donde pueda, de vez en cuando,
Echarles una mirada y recordar.
Será como volver a las andadas,
Pero ahora
-no estamos ya para derrotas nocturnas-
Las cervezas sentado en el sofá.
BREVE INDAGACIÓN EN LA INFELICIDAD
Es un mundo inmenso,
Leno de matices,
Por eso cuando
aparece,
Cada uno es infeliz a su manera.
Luego van pasando los días,
El dolor cede,
Se vuelve rutinario, predecible,
Te preguntas
Si acaso no será solo eso la vida,
Puedes incluso pensar que has podido con ella.
La realidad, sin embargo,
Es muy distinta:
Llegados a este
punto,
Ya ni necesita que la sientas.
EL HUNDIMIENTO
No precisas detalles,
Un ligero
Vistazo
A la sala de estar es suficiente:
En un último
Intento
De reflotar la nave
Cambiaron
El papel de la pared;
Pero ya
Ni lo recuerdan.
Como el de las promesas
De fin de año,
El efecto
Duró un par de meses.
EL AZAR II
Tiene algo que suscita
Curiosidad, especialmente.
Me refiero a su insistencia
En mostrarse generoso
Con el ya de por sí afortunado.
A ese nulo sentido de la estética
Del que hace gala, a veces.
La máxima expresión, acaso,
De independencia en su proceder.
LA CARA DE LA GENTE
Por la calle todos parecemos distintos,
Miles de rostros
Y ninguno igual al nuestro.
Eso es, como digo, lo que parece.
Pero si ahondásemos un poco en el asunto
Veríamos que no es así,
Que a partir de una edad
-pongamos, por ejemplo, los cuarenta y cinco-
A todos se nos va quedando
Una cara parecida: la que ponemos
Cuando nos dan gato por liebre.
No pasa nada. Te acostumbras enseguida.
Y el hecho de que le suceda a tanta gente
Hace que pases desapercibido.
RÁFAGAS DE OPTIMISMO
Cada vez
Me cruzo
Con menos conocidos por la calle.
Es algo
En lo que no me había detenido
Hasta hace poco.
A veces
Tengo buen día
Y pienso
Que se habrán ido a vivir
A otra ciudad.
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