martes, 23 de junio de 2026

POETAS 150. Raúl Zurita (I): "Purgatorio"

 


Se deja aquí una selección de poemas del primer libro de Raúl Zurita, “Purgatorio” (1979). Raúl Zurita es uno de los poetas vivos más importantes en lengua española. Valga como brevísima reseña que nació en Chile en 1950, que se graduó en ingeniería civil y que el mismo día que Augusto Pinochet dio su golpe de Estado (11 de septiembre de 1973) fue detenido y torturado por las fuerzas del régimen a bordo del cargador militar Maipo. Más tarde Zurita se encargaría de transformar el trauma de la dictadura chilena en memoria y dolor universal. Ha sido premio nacional de literatura y ha obtenido el Reina Sofía de Poesía en 2020. Además de Purgatorio, libro del que son los poemas que aparecen aquí, destacan también “Anteparaíso” (1982) y “La vida nueva” (1994). En breve se le dedicará una reseña biográfica más completa.


DOMINGO EN LA MAÑANA

I

Me Amanezco

Se ha roto una columna


Soy una santa          digo



III

Todo maquillado contra los vidrios

Me llamé esta iluminada dime que no

El Super Estrella de Chile

Me toqué en la penumbra           besé mis piernas


Me he aborrecido tanto estos años

LA FRASE DEL DÍA 23/06/2026. Ian Gibson: "España me tiene profundamente dolorido. No es hoy la España culta, dialogante, con la cual llevo casi toda mi vida soñando."

 


"España me tiene profundamente dolorido. No es hoy la España culta, dialogante, con la cual llevo toda mi vida soñando".

— Ian Gibson


Este dardo que acaba de lanzar Ian Gibson en una entrevista a "El país" (léase aquí) me tiene profundamente dolorido. No es que Ian Gibson se explique mucho, pero todos sabemos de que habla y todos nos lo explicamos. Son malos tiempos para el mundo, pero resulta que ahora España, con Vox entrando en los gobiernos e instituciones como elefante en cacharrería, puede que esté en uno de los peores momentos de todos los tiempos. Se podría llegar a asesinar otra vez a los poetas cuando llegue el tiempo de los asesinos. O a no hacer nada por encontrar sus cuerpos asesinados, que es de lo que en realidad se queja Gibson en esta entrevista. Porque su pasión es Lorca y no descansará hasta que su cuerpo salga a flote. Gibson, que se ha convertido en el custodio de su espíritu, anda también buscando su cuerpo para que tengamos un Lorca más íntegro y menos afantasmado. Incluso para que no ande por ahí el fantasma de Lorca persiguiéndonos. Él, que sabe de la importancia mundial que tiene lorca, anda ahora mohino porque en España no quieren a Lorca como lo deberían querer. Incluso no lo buscan como lo deberían buscar. Especialmente ahora que ha llegado Vox al gobierno de Andalucía, dice. Porque el crimen fue en Granada y en Granada ahora mandan los herederos de los que lo mataron. Porque el crimen fue en Granada y había que cortar allí la más pura cabeza de la intelectualidad y el arte. Cortar una cabeza privilegiada para meter el escarmiento en las demás cabezas. Toda una jugada maestra y Gibson lo sabe y lo denuncia: "Acaban con él sabiendo perfectamente lo que perpetraban. A los 38 años. No los podré perdonar nunca".  Y es que Gibson conoce la importancia de Lorca, igual que sabe que la España de ahora dista más que nunca de su España soñada, culta, dialogante. Y eso le tiene profundamente dolorido a este hispanista apasionado por el país de sus estudios. Igual que a Larra, a Gibson le duele España. Es para que nos salten todas las alarmas. Los españoles estamos convirtiendo a España en un país que provoca dolor a quienes lo aman. "El espectáculo de las derechas en el Congreso me produce asco. ¡Y supongo que se creen católicos! Por todo ello voy a volver ahora a Dublín". España comienza a dar asco y los que la aman de veras se apartan y se van. Es la náusea: España se está convirtiendo en un país nauseabundo, quizás por el olor de la corrupción, quizás por el desleznable espectáculo de brutalidad que dan en el congreso y en los gobiernos los tarugos que hablan de prioridad nacional.






Y lo que sigue pasando con Lorca constituye para Gibson todo un símbolo de la degradación de este país. "Lorca merecería un funeral de Estado", grita Gibson. "Un gobierno que sacó a Franco del Valle de los caídos, haría muy bien en seguir buscando". Pero se queja de que España no busca a sus muertos desaparecidos; y hay un intento de borrar la memoria, de que desaparezca el crimen. Y el crimen fue en Granada, pero ahora en Granada gobierna los que lo mataron y se acabará enterrando el cadáver de Lorca y su memoria. "Lorca es de todos y representa a todos los aún desaparecidos del país", nos recuerda Gibson, que sabe lo que vale Lorca: tardará en nacer, si es que nace, un andaluz tan claro, tan rico de aventura. Y sufre por las desventuras que se le está haciendo pasar al cadáver de Lorca. No se le está velando bien, no se le honra la memoria. Lorca merecería un funeral de Estado y encontrar sus restos de una vez. "Lorca simboliza a todos los desaparecidos: lo merece hace mucho". Que encuentren los restos y le hagan un funeral de Estado, eso sería el acontecimiento más grande de la España del último siglo. Quien sacó a Franco del Valle de los Caídos debe buscar y puede encontrar sus restos y honrar con su funeral a todos los desaparecidos, porque Lorca es de todos y representa a todos. Lo dice un hispanista al que le duele España y que conoce el valor de Lorca. "Es un fenómeno sin precedentes que convoca en torno a él, en estos momentos, proyectos españoles y foráneos de toda índole.". Pero Esapaña huela mal y comienza a dar náuseas y a muchos españoles no les interesa Lorca porque no conocen su valor: desprecian lo que ignoran. Los españoles más patriotas son los que menos saben de su patria: no es de extrañar de que no lo busquen, sobre todo si el crimen fue en Granada y en Granada mandan los herederos de los que lo mataron. "La gente lo quiere en todo el mundo, sobre todo por su teatro. Es que literalmente fascina". Gibson ha dado en la clave. Dice que lo quiere todo el mundo, pero no es verdad. Tal vez fascine, y muchos o todos lo admiran, pero resulta que no lo quieren. No se busca a Lorca denodadamente porque no interesa, y no interesa porque no se le quiere. A veces el más privilegiado, por ser querido por los dioses, se convierte también, por envidia, en el más odiado. El que fue símbolo de la España roja antes de la guerra civil no puede ser desenterrado para convertirse de nuevo en símbolo de todos los desaparecidos. Es mejor desaparecerlo y no buscarlo y enterrarlo más hondo todavía en un lugar que no conozca nadie. Arrumbado en el fondo de la historia. Pero Ian Gibson se rebela porque sabe del valor de Lorca: "iba a ser el Shakespeare español, o lo era ya, como poeta y dramaturgo". Y entonces es comprensible que Gibson pida un funeral de Estado para el que iba a ser el Shakespeare español. Sabían a quien mataban, nos viene a decir Gibson. Saben por lo tanto a quien no se debe encontrar ahora, aunque se pueda. "Acaban con él, sabiendo perfectamente lo que perpetraban. A los 39 años. No lo podré perdonar nunca". Lo dice un hombre con 87 años, un hispanista al que también vamos a llevar al destierro. Llegó con 18 años y lleva cincuenta en España, y es español desde hace cuarenta y dice que le duele España y que ya no quiere verla: "No es la España culta, dialogante, con la cual llevo casi toda mi vida soñando". Con los fachas en el congreso, España comienza a parecerse cada vez más a una pesadilla.


lunes, 22 de junio de 2026

LA FRASE DEL DÍA 22/06/2026. José Antonio Martínez Soler (periodista): "No hemos sabido contar a nuestros hijos qué fue la dictadura"

 




"¿Qué fue la dictadura?"

— José Antonio Martínez Soler



No es que se pregunte José Antonio Martínez Soler qué fue la dictadura, así en pretérito, porque es esta una pregunta que hay que hacerse siempre en presente y avizorando el futuro a ver si se ven venir las botas restallantes de algún militar o la mano dura de algún botarate sin amor ni ternura. Es que cuando se le pregunta a Martínez Soler qué piensa sobre el hecho de que haya chavales que cantan el cara al sol mientras se graban en redes, contesta que la culpa es nuestra: no hemos sabido contar a nuestros hijos qué fue la dictadura. Claro, la culpa siempre es colectiva, pero hay individuos dentro del sistema que tienen mucha más culpa que otros. Igual es que que andan por ahí sueltos unos desaprensivos que van todos los días al congreso a proclamar que la dictadura fue un periodo de reconciliación y progreso. Y hasta serán capaces de decir que fue una fecúndisima cuarentena de paz y ciencia. Con todos los fenómenos paranormales que se repiten cada cierto tiempo, no es raro que José Antonio Martínez Soler se pregunte qué fue la dictadura. No es que se lo pregunte él de una forma simplona, como si no lo supiera; es que sabe que no enseñamos en la escuela bien lo que fue la dictadura. Igual es que comienzan a aparecer cada vez más aprendices de brujo y las aulas se llenan de maestros que ya saben cómo enseñar qué fue la dictadura, sólo que exaltándola y a la chita callando. Igual es que todos creíamos que no haría falta describir las malas mañas del lobo feroz. Tal vez es que nos hemos puesto una venda en los ojos y ya no vemos al hombre como un lobo para el hombre; nos hemos olvidado ya que el lobo siempre se agazapa, acecha, da el zarpazo en cuanto se baja la guardia y nos devora como a Caperucita Roja. Bien lo sabe José Antonio Martínez Soler y lo deja patente en la entrevista que concede hoy a "El país" (léase aquí): el lobo feroz ahora está suelto y bien se lame y anda al acecho. Las democracias también se mueren y cuando lo hacen les nace un ogro que puede devorarnos a todos. Martínez Soler lo sabe mejor que nadie porque sólo tres meses después de morir Franco le secuestraron, le torturaron salvajemente y le quemaron la cara para sonsacarle la fuente de una noticia. Siete veces se le cayó la piel, igual resulta que mudó de piel tantas veces para poder regenerarse sin que le quedase cicatriz en la memoria, Es muy duro constatar que las dictaduras son salvajes si no eres su amigo y que te pueden borrar el rostro antes de martillarte la sien. Ahora Soler acaba de entregar el informe sobre las violaciones de Derechos humanos cometidas desde la entrada en vigor de la constitución hasta diciembre de 1983, ese periodo turbulento en que la maquinaria franquista aún estaba funcionando al ralentí y sus militares hacían todo el ruido de sables que podían. Está claro que las dictaduras no mueren cuando mueren, ni las democracias nacen cuando lo dicta una Constitución. Hubo durante ese periodo predemocrático más impunidad que justicia, lo que significaba que había gatillo fácil entre la policía, que había ganas de pronunciarse entre los militares, y que los derechos humanos eran violados constantemente, las torturas en las cárceles y cuartelillos eran el pan de cada día y que "los cuerpos de seguridad funcionaron durante un tiempo con la inercia de la dictadura". Entre los muchos casos de este periodo que conmovieron a Soler, cuenta el de "un estudiante de 19 años, que estaba haciendo una pintada que decía “Pan, libertad y trabajo”; apareció un guardia civil y le atravesó la garganta con un fúsil. El gobernador civil lo tapó todo, dijo que el guardia tropezó y que se le había disparado el arma. Se llamaba Roberto García Calvo y años más tarde el PP lo promovió para ocupar un puesto en el Tribunal Constitucional." Y añadó yo que eso casi no se sabe, y que García Calvo el malo ya está muerto y que tal vez por eso puede dar Soler su nombre. El miedo es una inercia que las dictaduras nos dejan después de castigarnos tanto, como lo hicieron con Martínez Soler: los dictadores no mueren cuando mueren, incluso muchas veces hasta resucitan.







Así que ahí queda eso, ¡toma pan y libertad!, eso es lo que fue la dictadura, pan poquito y libertad para cuando venga la muerte; una dictadura que no murió cuando expiró el dictador, sino que aún siguió agonizando a través de los años, y es posible que más tarde se pusiera a hibernar a la espera del cuerpo propicio para resucitar. Y resulta que ese cuerpo propicio acaba de presentarse en los albores del siglo XXI y está comenzando a hacer sus primeros pinitos, y pronto hasta de pondrá a danzar, más tarde a desfilar, apunten, disparen, ¡fuego!... contra los insurgentes. Porque eso es una dictadura, la búsqueda de disidentes e insurgentes por todos los rincones para que se pueda gobernar sin oposición ni enemigos ideológicos. Se les mete miedo, se les amenaza, se les encarcela, luego, para que aprendan, se les torturan y, si son especialmente rebeldes, ya se encontrará el procedimiento extrajudicial adecuado para llevarlos al paredón. Una dictadura es el aquí existo yo gracias a que te mueres tú, o que te silencio yo, o que te amordazo yo, o que te mato la inteligencia porque muera la inteligencia, o que te secuestro y te encalabozo yo y de ahí puedes salir con la cara quemada o los dos pies por delante. De ahí que España llegara a una dictadura tras un enfrentamiento civil provocado por un estamento militar erecto y a punto de eyacular en un baño de sangre. Saben los militares que cuando para ellos se ponen mal las cosas hay que enfrentarse a la población civil, pasarla por las armas y luego ponerse a dormitar el sueño de la justas dictaduras, que en parte se obtiene gracias a la paz de los cementerios. Uno puede estar convencido de que esos tiempos de fascismo y dictadura han quedado ya hace tiempo atrás, pero se despierta la víspera de la noche de San Juan y las hogueras fascistas comienzan a relumbrar en las páginas de los periódicos, y nos enteramos de que en Colombia ha vencido en las urnas el enésimo dictador de turno y de que en Italia un militar retirado quiere relevar al gobierno más fascista desde la segunda guerra mundial. Y entonces se da uno cuenta al despertar que el tiranosaurio aún seguía ahí, pero igual es ya demasiado tarde para darse cuenta; algo de todo esto nos cuenta Martínez Serrano durante la entrevista al decirnos que se ha desenamorado de Felipe González y del rey emérito. Igual es que los dictadores eran ellos y no les dejamos tiempo para que se manifestase su espíritu bestial. Igual es que todos llevamos un dictador dentro que puede catapultarse a base de ira, de dureza y de rencor. Porque hay que saber que todas las cualidades humanas más infamadas se acumulan en el depósito carburante de la dictadura. Hay que saber que una dictadura no carbura sin el odio a gran parte de la humanidad y sin la violencia acumulada por la frustración y los complejos de inferioridad. Sabemos que el hombre puede ser un lobo o un corderito para el hombre. Pero antes hace falta un ambiente propicio donde el cordero se sienta tranquilo para poder pacer y balar. Martínez Soler nos recuerda que estamos ante un ambiente cada vez más hostil para ese corderirto franciscano en que puede convertirse el hombre. Martínez Soler nos recuerda que "la libertad es como el oxígeno": o sea, que sólo la valoras cuando te estás ahogando. Nos estamos empezando a ahogar. ¿Que fue la dictadura?, se pregunta retóricamente Martínez Soler. Fue ese ambiente irrespirable que nos dejó sin oxígeno y nos produjo hipoxia; es verdad que de ahí muchos salimos vivos, pero muy dañados.

domingo, 21 de junio de 2026

LA FRASE DEL DÍA 21/06/2026. Didier Eribon (filósofo): "Uno conoce el insulto antes de ser gay y ya no te abandona".







"Uno conoce el insulto antes de ser gay y ya no te abandona".

Didier Eribon

Uno no conoce el insulto después de ser gay: como aviso a navegantes, un gay ya sabe lo que vale un peine antes de peinarse su pelo de color rosa o azul. Antes de ser gay ya sabe que no le conviene ser gay, que más vale que no descubra su identidad de gay, porque si lo descubre sabrá que las va a pasar putas. Qué mala suerte debe tener el que nace gay, o mujer, o negro, porque antes de ser gay o mujer o negro ya el mundo se encarga de señalarle el lugar clandestino que le aguarda y mantiene todo el arsenal de insultos en el cargador de la ametralladora. Más le vale que no se identifique con ser gay, pero si se le ocurre serlo, es decir, tomar conciencia de ello y saber quien es él sexualmente, más le vale que se esconda en el lugar más hondo de la tierra y que nadie le detecte, porque ser gay aún sigue siendo una vergonzante lacra, una de las cosas más difíciles de sobrellevar en este mundo. O eso nos viene a decir Didier Eribon en su entrevista a "El país" (leáse aquí) con motivo de haber publicado recientemente su libro "Sociobiografía", donde hace un repaso a su infancia obrera y a la violencia vivida como hombre gay. Y la conclusión que sacamos de esta entrevista es que vivimos en un mundo salvajamente violento, sobre todo si eres gay, porque te pueden insultar miles de veces, como dice sin exagerar Didier Eribon, y agredirte "físicamente varias veces tanto en Reims como en Paris". Para un hombre como yo, que apenas recuerda las pocas veces que le han insultado en la vida, y que ya se ha olvidado si alguna vez le pegaron por cualquier motivo, esta declaración de Didier Eribon da un miedo que te cagas. Uno sabe que tiene suerte en la vida por no haberse dejado envolver mucho por la violencia del mundo, pero también uno sabe que el mundo es una espoleta que en algunas circunstancias te puede estallar en la cara. Qué mala suerte tiene Didier Eribon, porque el odio y la homofobia del mundo le estalla en la cara cara dos por tres, y a veces en forma de palizas. Este hombre que nació hace más de 70 años en Reims, en el seno de una familia proletaria, y que huyó rápidamente de su pobreza para integrarse en los ambientes parisinos más burgeses e intelectuales, dice sentir cómo se le graba en el cerebro y el cuerpo la vergüenza que siente por ser gay cada vez que se le insulta: "la injuria graba la vergüenza en el cerebro y ya no le abandona". He aquí una forma de destrozar a un ser humano de lo más efectiva y manoseada: llenarle de vergüenza para que no vuelva a levantar cabeza y no se atreva a sentirse orgulloso de lo que es. Nada de orgullo. Menos mal que Didier Eribon descubrió el mundo de los libros cuando iba al instituto y se le abrieron los ojos: "tuve la sensación que se abría ante mi otra vida posible". Los libros le ayudaron a combatir esa vergüenza con que se trata de imbuir al gay; fue de especial ayuda sobre todo haber leído a Jean Genet con 18 años. Quien no quiera que el mundo se le vuelva pequeño ha de buscar sobre todo abrir las puertas de la biblioteca, porque esas puertas nos abren los horizontes del mundo. Eribon amplió su horizonte, abandonó su ciudad provinciana y llegó a París, pero se encontró con que el estigma de ser gay no desaparece del todo en las ciudades populosas, ni por cambiar de clase, ni por volverse intelectual. Las grandes ciudades también son viveros de homofobia: tampoco allí uno se libra del miedo a ser  perseguido por ser gay. El estigma de la homesexualildad permanece de por vida aunque te vuelvas santo y te canonice la iglesia. Es más, el estigma comienza en que la iglesia no se fijaría en un gay para nombrarlo santo. Hasta es posible que lo excomulgue. Este mundo de exclusión con las puertas cerradas y los gritos de odio a través de las ventanas es el que se ha encontrado durante toda su vida Didier Eribon.

A pesar de haber levantado la cabeza y haberse situado como uno de los pensadores sobre la homesexualidad más importantes de Francia y de estar orgulloso de su condición, Didier Eribon no se siente a salvo. Se sigue sintiendo amenazado. Te pueden insultar cada día. Y sabes que después de un insulto se yergue la posibilidad de que éste avance más allá de las palabras, escale hasta tu cuerpo y te caiga una lluvia de golpes. Siendo gay tu integridad física siempre está amenazada, siempre al borde del castigo. Porque de eso se trata, de castigar al otro, de que se arrepienta y se lo vuelva a pensar y se sienta avergonzado y ya no se exhiba como gay ni como otro. Que se esconda y disimule, que se camufle entre la sociedad para que no se presente con la apariencia vilipendiada de un homesexual. Y Didier Eribon nos recuerda que el oprobio recibido no se presenta sólo bajo la forma de la agresión física o el insulto directo. La sociedad tiene formas sutiles de comunicarnos su rechazo. En determinados ambientes selectos donde la gente ni es tan vulgar ni tan agresiva la afrenta pasa por el desprecio y por el chiste salaz y soez. Y eso es otra forma de provocar vergüenza. La vergüenza, la vergüenza..., ese es casi el mayor castigo al que se puede enfrentar un homosexual. La vergúenza en sí ya es una sutil modalidad de castigo. Es la manera de decirle al otro: "tú no eres de los nuestros" y por esa causa perdida vas a sufrir el ostracismo y vas a ser castigado. Es -aquí nos lo desubre Didier Eribon- una forma de marcar la jerarquía de las sexualidades. Sólo un militante homesexual puede darse cuenta de la jerarquía de las sexualidad que está gobereando el mundo. Los homosexuales, los transexuales, las mujeres. Todos los seres que se sitúan al margen de la categorización canónica de la sociedad sufren  las consecuencias de su marginalidad, toman conciencia y descubren que el mundo tiene una jerarquía que puede aplastarlos como a una cucaracha. Una jerarquía que marca cuál es la sexualidad legítima y dominante y cuál es la ilegítima y avasallada. Una jerarquía que discrimina y estigmatiza a los diferentes: es su manera de excomulgarlos por no cumplir con las ceremonias y por salirse del molde. Y la sociedad lo hace impartiendo exclusiones y castigos. Marcando al homesexual con el hierro candente de la palabra "maricón". "La palabra "maricón" -nos revela Didier- no pertenece sólo a mi adolescencia y sigue presente en mi vida." La homofobia no ha desaparecido de nuestra sociedad, hasta es posible que no haya menguado nada. "Sigue siendo omnipresente y a menudo adopta una violencia y una vulgaridad inauditas", nos advierte Didier. Son los tiempos actuales para un homesexual tan malos como los de hace cuarenta o cincuenta años. Uno podría pensar que se ha progresado, pero se trata de un progreso falaz que puede dar un paso de cangrego. Para no hablar de las toneladas  de insultos que vierten las redes sociales sobre los homófobos. El odio al diferente es el signo de nuestro tiempo y lo saben bien los homosexuales y los inmigrantes. El insulto puede ser un acto liviano al que no se le da apenas importancia, pero sus consecuencias pueden ser sísmicas para la vida de una persona. Didier Eribon, que ha sufrido en propias carnes sus consecuencias, que ha estudiado pormenorizadamente el tema, lo tiene claro: "El insulto racista, homófobo, sexista o clasista funciona como recordatorio del lugar subalterno que el orden social te ha asignado". Te insultan para recordarte que no has de salir de tu gheto. Con el insulto te marcan una raya roja en el suelo del mundo y te enseñan sus abismos, y cada vez que te mueves recuerdas ese "de aquí no pasarás, y ves la raya roja en todas partes, y de esta forma deslindas los territorios en los que te debes quedar de aquellos que no debes sobrepasar. Se te tatúa, con el hierro candente del desprecio, un mapa social con sus zonas prohibidas. Y no importa que los tiempos hayan cambiado porque los tiempos no han cambiado. Sólo lo parecen. Puede parecer que se ha progresado y resultar que se está volviendo atrás. Los avances jurídicos no eliminan los prejuicios ni la discriminación ni el odio. Incluso pueden aumentar la homofobia como reacción. Lo saben además los negros y las mujeres en Estados Unidos. Los homesexuales lo saben de manera cruda en países como Rusia y Senegal, donde son perseguidos, apaleados y llevados a la cárcel. Aquí no se está llegando a tanto, pero los tiempos están cambiando. Por de pronto Didier Eribon confiesa que le siguen apaleando tanto en Reims como en París. Pero es posible que los insultos, esas faltas menores, sean casi tan deletéreas como las palizas. Es una forma de castigo preventivo que te recuerda que lo que eres va a representar en tu vida una desgracia. Y no quieres ser un desgraciado, así que te escondes. Y en vez de estar orgulloso, te avergüenzas de lo que eres y te vuelves un hombre invisible.



EFÍMEROS Y BREVES 161. ADAM ZAGAJEWSKI (1945-2021): Tres poemas, tres libros en el 81 aniversario su nacimiento.

 


Se dejan aquí tres poemas de Adam Zagajewski, pertenecientes a tres libros distintos, acompañados al final de una reseña biográfica.

 

MÍSTICA PAR PRINCIPIANTES

 

El día era apacible, la luz agradable.

Un alemán en la terraza de la cafetería

Tenía un pequeño libro en sus rodillas.

Conseguí ver el título:

Mística para principiantes

Al acto entendí que las golondrinas,

Patrullando las calles de Montepulciano,

Con unos silbidos muy penetrantes,

Y las apagadas charlas de los tímidos

Viajeros de Europa del Este, llamada Central,

Y las garcetas que estaban (¿ayer? ¿anteayer?)

Como monjas en los campos de arroz,

Y el ocaso, lento y sistemático,

Borrando los contornos de las casas medievales,

Y los olivos en las pequeñas colinas,

A merced de los vientos y los incendios,

Y la cabeza de la Princesa desconocida

Que vi y admiré en el Louvre,

Y los vitrales de las iglesias como alas

De mariposa embadurnadas de polen,

El pequeño ruiseñor que ensayaba su recital

Justo al lado de la autopista,

Y los viajes, todos los viajes,

Eran sólo mística para principiantes

Un curso inicial, una introducción

Para el examen que quedó aplazado

Para más adelante.

 

(“Deseo”, 1999)

 

 

CON MI PADRE DE PASEO

 

                                 [Plaza Grunwaldzki, Giliwice]

 

Mi padre apenas recuerda nada. Con pocas excepciones

"¿Recuerdas cuando arreglaste el transmisor de la AK?"

"claro que lo recuerdo". "¿Pasaste miedo?".

"No lo recuerdo". "Y mi madre, ¿pasó miedo?". No lo sé".

"El jardín en la calle Piaskowa?". "Claro".

"¿Cómo huelen los tilos en flor?". "No".

"¿Recuerdas al señor Romer?". "A veces"

"¿Y cuando esquiabas en Czantoria? "Quizá no".

"¿Recuerdas la infinitud?". "No, no la recuerdo.

Pero pronto la veré" (Podría haber dicho esto).

 

(“Mano invisible”, 2009)

 

 

LOS POETAS SON PRESOCRÁTICOS

 

Los poetas son presocráticos. No entienden nada.

Escuchan con atención lo que susurran los ríos anchos de las llanuras.

Admiran el vuelo de los pájaros, la paz de los jardines en las afueras

Y los TGV que corren todo recto sin aliento.

El olor del pan caliente, recién hecho, de las panaderías

Hace que se detengan de repente

Como si recordaran algo muy importante.

Cuando murmura un arroyo, el filósofo se inclina hacia las aguas salvajes.

Las chicas juegan a las muñecas, un gato negro espera impaciente.

Hay silencio sobre los campos en agosto al emigrar las golondrinas.

Las ciudades también tienen sus sueños.

 

Pasean por los caminos del campo. El camino no tiene fin.

A veces reinan y entonces todo se queda inmóvil,

Pero su reinado dura poco tiempo.

Cuando aparece el arco iris, desaparece la angustia.

No saben nada, pero van anotando metáforas sueltas.

Despiden a los muertos, sus labios se van moviendo.

Miran cómo los árboles viejos se cubren de hojas verdes.

Callan mucho tiempo, después cantan y cantan hasta que estalla la garganta.

 

(“Asimetría”, 2017)

 

 

 

 

RESEÑA BIOGRÁFICA

Adam Zagajewski es un poeta, novelista y ensayista polaco que nació en Lwów, el 21 de junio de 1945, población que actualmente pertenece a Ucrania. Descendiente de una familia de la antigua nobleza rural de Polonia, es hijo de un profesor de ingeniería que heredó de sus padres el amor por la lectura. Su familia fue expulsada por los ucranianos y se instaló en 1946, tras la Segunda guerra mundial, en Gliwice (Silesia), una pequeña población alemana que Polonia acababa de anexionarse. Cursa en esta población sus estudios secundarios y allí experimenta, durante la adolescencia, sus primeras sensaciones de lo que luego llamará mística para principiantes: “la combinación de felicidad inesperada y de una comprensión muy intensa de lo que nos rodea”. Esta experiencia de felicidad intensa la va a relacionar con la común experiencia de gran parte de los artistas, aquello que fundamenta la base psicológica del arte. Precisamente fue psicología la carrera en la que se matriculará en la Universidad de Cracovia. Más tarde cursará Filosofía e impartirá clases de esta disciplina en la Universidad de Ciencia y Tecnología. Mientras inicia la publicación de sus primeros poemas, se adhiere al movimiento “nueva ola”, que eclosiona a finales de los años sesenta, formando, junto con otros poetas, el grupo generacional del 68,  muy comprometido políticamente contra el gobierno totalitarista y que tenía como altavoz para difundir su disidencia la revista “Teraz” (Ahora). Tras una etapa de fuerte activismo político en la década de los 70, y tras la prohibición por parte de las autoridades de su país de la publicación de sus obras, en 1982 decide dejar todo aquello que lo arraigaba a Polonia para vivir una historia de amor con una mujer a la que sigue hasta París, ciudad en la que residirá por unos años. En 1988 se exilia a Estados Unidos para trabajar como profesor en el Creative Writing Program de la Universidad de Houston. Allí publica su poemario Plótno (1990), en el que ya se hace patente el abandono de una poesía de compromiso político para transitar hacia otras preocupaciones más íntimas. Tras una larga estancia de exilio en Estados Unidos, por fin regresa a su país en 2002 para instalarse en Cracovia con su mujer. Además de los libros ya señalados, pueden destacarse sus libros de poemas “Deseo” y “Mano invisible”, además de su libro de ensayos “En defensa del fervor”. Entre los numerosos galardones recibidos a lo largo de su carrera, se encuentra el premio “Princesa de Asturias de las letras”, en 2017. Las manifestaciones sobre su concepción de la poesía han sido numerosas y también puede leerse entre líneas repasando alguno de sus poemas. Para Zagajewski, la poesía es la búsqueda de resplandor, ese algo que hay más allá de las palabras: “Se transmite alguna experiencia que está antes de las palabras, ¿cómo?..., a través de los agujeros que hay en las palabras”. Para Zagajewski la poesía es el sentimiento de que hay en el mundo algo mucho más profundo y contradictorio. Y este sentimiento se transmite al poeta como un estado de enamoramiento por lo dramático de la vida.  Los poetas, según su concepción un tanto irracional de la poesía, escriben sin saber lo que dicen: “Escribir poesía es un espacio angosto entre el decir algo y no decirlo”. Forma también parte de su concepción de la poesía el parentesco del poeta con el místico, como se puede apreciar en su poema “Mística para principiantes”: “El poeta –ha declarado en una entrevista- es un místico imperfecto porque lo que le caracteriza es la locuacidad”. Los poetas necesitan publicar sus obras y por eso rompen ese silencio en el que madura una buena parte de su creatividad. En un encuentro con el escritor John Burnside, en la residencia de Estudiantes de Madrid –se deja enlace-, Adam  dejó ver cuál es a su juicio la naturaleza del  proceso creativo que se genera en los poetas cuando componen un poema. “A veces escribir un poema implica inspiración y la existencia de obstáculos. Tienes un momento de inspiración, que en sí mismo es como el aire, y en él hay metáforas, espíritus… Y todo aquello que tiene un elemento de aire es transparente, sin substancia, de modo que debe encontrarse con un obstáculo para poder materializarse. Todo lo que odiamos de la vida, la rutina, el aburrimiento, el sufrimiento o la crueldad de la historia, forma parte de estos obstáculos. La energía pura con que sentimos esos espíritus proviene de no se sabe dónde; es un inicio misterioso. Luego esa energía se topa con una red enorme y banal de obstáculos y circunstancias.”


sábado, 20 de junio de 2026

EFÍMEROS Y BREVES 160. Emil Cioran (1911-1995): Opiniones sobre sus contemporáneos en el 31 aniversario de su fallecimiento.

 


Dejo aquí una serie de fragmentos de los cuadernos de Cioran. Como ya se ha publicado en este blog una buena extensión del contenido de sus "Cuadernos" (léase aquí), aquí sólo voy a dejar aquellos párrafos de sus diarios en las que dedica palabras a aquellos contemporáneos que tuvo oportunidad de conocer en Paris y que eran célebres o lo fueron luego. Destacan aquí los fragmentos dedicados a Albert Camus, a Paul Celan, a Henri Michaux o a Samuel Beckett. O bien son retratos suyos o divulgan una faceta íntima que puede resultar de interés. (Otros aforismos o pensamientos de Cioran puden encontrarse en la sección de este blog: "Pensamientos", en varias entregas. Dejó aquí la primera entrega de sus pensamientos (léase aquí).

 

Los fragmentos de Cioran que se han seleccionado aquí fueron extraídos de unos cuadernos que encontró su compañera, Simone Boué, poco después de la muerte del escritor, acaecida en 1995. Ella misma revela que Cioran solía tener en su escritorio un cuaderno siempre cerrado, que luego se descubrió que no era el único: fueron encontrados otros treinta y cuatro cuadernos fechados y con las mismas tapas que encerraban un conjunto de ocurrencias y esbozos que más que forma de diario tenían la función de almacenar el material que más tarde podría ser aprovechado para confeccionar sus libros. Además de servirles de borrador, estos cuadernos los utilizaba también para ejercitar su escritura en los momentos en que atravesaba periodos de sequía creativa, lo que le permitía continuar acechando sus obsesiones y dando rienda suelto a sus caprichos, además de constituir un recuento de anécdotas y vivencias que le van surgiendo a lo largo de quince años, el periodo comprendido entre junio de 1957 y mediados de 1972.

 

Enero de 1960

Albert Camus se ha matado en un accidente de coche. Ha muerto en el momento en que todo el mundo -y tal vez él mismo también- sabía que ya nada tenía que decir y viviendo tan sólo podía perder su desproporcionada, abusiva -ridícula incluso-, gloria. Inmensa pena al enterarme de su muerte, anoche, a las 23 horas, en Montparnasse. Un excelente escritor menor, pero que fue grande por haber carecido totalmente de vulgaridad, pese a todos los honores que cayeron sobre él.

 

 

6 de enero de 1960

 

Sólo hablé con Camus una vez, en 1950, creo; he hablado mal de él muchísimo y ahora me siento presa de un remordimiento terrible e injustificado. Ante un cadáver, sobre todo cuando es respetable, me siento impotente. Tristeza incalificable.

 

LA FRASE DEL DÍA 19/06/2026. Juan Carlos Yebra: «En 280 caracteres sólo se puede decir: 'aquí estoy yo'»

 




"En 280 caracteres sólo se puede decir: 'dadme más likes'".

— Yo mismo

Porque ese es el verdadero problema de esa red que tiene el nombre de la letra más pornográfica del alfabeto: el verdadero problema de la red del magnate más psicopático del mundo son esos likes que uno va buscando a golpe de 280 caracteres, que es el número de la censura y de la vergüenza. Ya sabemos que el mundo funciona así, pero uno no tiene porque admitir cómo funciona el mundo, sabiendo además que con cada decisión que se toma se hace funcionar el mundo de una u otra manera. Cuidado con cómo estamos haciendo funcionar el mundo: en realidad muy mal. Uno quiere dejar de coleccionar likes y obrar "solipsistamente" como si no existiera el mundo alrededor, quiere quitar los likes para que no le anden agobiando con sus notificaciones y se entera de pronto que no los puede quitar, que no hay un sistema para que dejen de darte likes, que no se puede silenciar ese aplausímetro de mierda: tenemos que seguir contemplando nuestra imagen de Narciso en el marcador de los likes y los retuis. Uno quiere que le escuchen y le aprecien, pero no que le aplaudan: el aplauso es la cosa más plebeya del mundo. Si ustedes quieren conocer a una persona distinguida, fíjénse en que cara pone después de algún aplauso dedicado: si ustedes le sorprenden alguna mueca de disgusto y hasta de espanto, es que no andaba buscando el aplauso, sólo hacer lo que tenía que hacer, la obra bien hecha, la palabra necesaria o el gesto heroico. Pero así están diseñadas las redes sociales, como generosos goteros de dopamina que nos producen una adicción de caballo: dadme más likes, por favor, que necesito una sobredosis de autoestima. Ya lo dijo un directivo de Twitter: hasta que no deaparezcan los likes, las redes seguirán siendo adictivas. Nos afanamos tanto por recibir corazones y likes que trabajamos las 24 horas por ello; ni siquiera un presidente de gobierno trabaja tanto por su propio país. Y nos necesitan adictos y competitivos las 24 horas: cuanto más permanezcamos en las pantallas más se va llenando la caja registradora de millonarios ingresos publicitarios. Cada like es un céntimo, cada retuit lo multiplica por cien, cada comentario por mil, cada segundo nuestro en las plataformas es una ínfima pepita de oro que amasada junto a otras se convierte en un filón. Creo que estamos tan necesitados de amor que vamos por el mundo mendigando likes. Pues a falta del amor original, las plataformas saben darnos recreativos sucedáneos en forma de seguidores y likes. En 280 caracteres poco se puede decir, pero nos da tiempo a decir siempre lo mismo y mandar el perentorio mensaje: dadme más likes, que ando falto de amor; o de autoestima, que viene a ser lo mismo.




Aunque hay otra versión de todo lo que se puede decir en 280 caracteres: se puede decir también "Aquí estoy yo". Ojo, miradme, que existo y yo también tengo derecho a competir por vuestra atención. Aquí estoy yo. Todo un canto al narcisismo. Porque el problema es que en 280 caracteres no se puede decir ni mú, no nos engañemos. Uno quiere hacerle un homenaje a Pascal y se da cuenta de que sólo cabe su máxima más corta: "Estupidizados"; eso sí, cabe una bella imagen, algún retrato de Pascal. Y ya se sabe que una imagen vale más que 40 palabras. Uno quiere hacerle un homenaje a Machado con su poema más corto y resulta que se apaga su voz en el último verso. Uno quiere lanzar fuego por la boca, pero enseguida le lanzan la manguera y su boca se convierte en una boca de riego cegada. Uno quiere propalar su mensaje, pero le bajan el micrófono a los 59 segundos. No aspira uno a que su palabra sea dura y eterna como el mármol, pero tampoco es plan de echarla al contenedor de la basura como si fuera un producto de usar y tirar. Poco tenemos de eternos, pero nuestra existencia se vuelve más inestable y efímera si a nuestras palabras se le concede el tiro de gracia pasadas las 24 horas. Lo que no vale para siempre y es flor de un día, no vale para nunca y es evanescente como un sueño. Los productos efímeros de nuestra sociedad de consumo acaban de volvernos a nosotros mismos perecederos y nos acaban afantasmando. Vivimos ahora más, pero lo nuestro dura menos. En 280 caracteres no se puede decir absolutamente nada que valga la pena, ni siquiera esta boca es mía. Eso sí, son 280 caracteres muy adictivos y trabajados, y, aunque no digamos nada, nos llueven tantos likes que seguimos expeliendo esas pompas henchidas de vanidad en 280 caracteres. 280 caracteres es la medida con la que se ha cortado la mordaza que nos ponen en la boca. En 280 caracteres casi ni Dios podría decir "Hágase la luz". Cervantes habría dejado a su caballero loco en su desván leyendo libros sin parar, Kafka a Gregorio Samsa desperezándose, Albert Camus a Mersault abriendo el telégrama en que recibe la noticia de que máma ha muerto. Vivimos en una sociedad donde la libertad de expresión ya ha adquirido las ridículas dimensiones de un telégrama insustancial. Somos libres de decir lo que queramos, siempre que sea lacónico e inofensivo. Porque en 280 caracteres se puede decir tan poco que es mejor callarse e irse con la música a otra parte.