Si leemos atentamente “La Odisea”, nos es posible percibir el instante dramático en que la narración alcanza su clímax. Es el instante en que comprobamos que Ulises es especialmente humano y vulnerable al miedo y al fracaso. Se trata del momento en que, al fin, Ulises regresa a Ítaca, se infiltra en su propio palacio como un mendigo, se echa sobre unas pieles que las sirvientas le han extendido para que duerma en el suelo y cae en la cuenta de que no es capaz de conciliar el sueño, de que el miedo -el más humano miedo- le atormenta y le impide dormir. Es ese pasaje situado en el capítulo XX en que comienzan a agitarse por la mente de Ulises las dudas sobre si podrá salir victorioso de la lucha que ha de entablar al día siguiente contra los pretendientes que han invadido su palacio y que aspiran a casarse con Penélope. En ese momento la diosa Atena baja a su lado en cuerpo y figura de mujer y le recrimina el que sea infeliz e...
Bitácora de Poesía y Pensamiento