Se deja aquí, como homenaje a Lautréamont, el célebre pasaje de sus “Cantos de Maldoror” que ha sido celebrado por los surrealistas como un texto precursor del movimiento, por la sugerencia de imágenes oníricas e imprevistas y por inducir a lo maravilloso, que a decir de André Breton es siempre bello, y que a decir de Lautréamont lo bello siempre anda en pugna y hermanado con la muerte, como en una mesa de disección. Mesa de disección que, a decir del propio Breton, funcionaría como el espacio neutro donde objetos contradictorios se alían para producir un fenómeno estético. Belleza, nos viene a decir Lautréamont en este párrafo, es todo, y en todas partes puede anidar, sólo hay que saber contemplarla, puede encontrarse entre los estados u objetos más mórbidos o tétricos, allí donde no se la espera, precisamente por imprevisible o porque la asociación de ideas y de imágenes ha logrado extraer belleza de lo casual o improbable. CANTO VI [2],[I] “Yo sé leer la edad en las líneas...
Poco se sabe del Conde de Lautreámont, pseudónimo de Isidore Ducasse, salvo lugar y fecha de nacimiento y muerte. Se sabe que vino al mundo el 4 de abril de 1846 en Montevideo, hijo de un diplomático francés en esa ciudad y de una madre también francesa que muere cuando el poeta tenía un año. Que con trece es enviado a un pueblo del sur Francia, cerca de Lourdes, para educarse en la cultura francesa, y que más tarde, con veinte años, se muda a París, donde vive en hoteles a cuenta de una asignación que le pasa el padre. Y poco más se sabe, más allá de que en 1870 publica en Bélgica a sus expensas “Los cantos de Maldoror”-tirada de apenas 20 ejemplares para regalar a sus amigos- y de que muere poco después, el 24 de noviembre de 1870, en su habitación de un hotel en el barrio de Montmartre, por causas desconocidas, tal vez debido a una fiebre tifoidea en medio de las precarias condiciones de la guerra franco-prusiana. Se sabe que además de los cantos que le dieron fama después de ...