"No somos los 21 gramos que dicen que perdemos al morir. Somos todos los kilos que pesamos". - Alberto Velasco. Es un alivio saber que somos mucho más, sería decepcionante pensar que a la hora de la verdad no valemos más que lo que pesan 21 gramos, aunque sean gramos de una especie espiritual. Somos cuerpo y somos alma y tan glorioso es lo uno como lo otro, que nos diría Walt Whitman. El cuerpo también merece entrar en el paraíso con toda su gloria, incluso ser glorioso aquí en la tierra con toda su gordura. Bienaventurados los gordos porque algún día también heredaremos la tierra. "Somos todos los kilos que pesamos" y por eso el cuerpo es una cárcel de donde nadie puede escapar, ni el delgado por ser delgado ni el gordo por su gordura. No podemos escapar de lo que somos, y sin embargo nos pasamos la vida intentando fugarnos de nosotros mismos. Eso es lo que en parte le ha pasado a Alberto Velasco, danzarín que ahora estrena espectáculo en Madrid ("Sacresize...
Se dejan aquí cinco poemas del poeta salvadoreño Roque Dalton junto con una breve reseña biográfica al final. ALTA HORA DE LA NOCHE Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre porque se detendrá la muerte y el reposo. Tu voz, que es la campana de los cinco sentidos, sería el tenue faro buscado por mi niebla. Cuando sepas que he muerto di sílabas extrañas. Pronuncia flor, abeja, lágrima, pan, tormenta. No dejes que tus labios hallen mis once letras. Tengo sueño, he amado, he ganado el silencio. No pronuncies mi nombre cuando sepas que he muerto desde la oscura tierra vendría por tu voz. No pronuncies mi nombre, no pronuncies mi nombre, Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre. COMO LA SIEMPREVIVA Mi poesía es como la siempreviva paga su precio a la existencia en término de asperidad. Entre las piedras y el fuego, frente a la tempestad ...