Nunca delegaría en la IA qué hacer con mi vida. — Francesc Torralba (filósofo y teólogo) Vamos a dejarlo aquí. Vamos a quedarnos con esta frase de Francesc Torralba ( léase aquí su entrevista ) sin apenas comentar nada, pues ya sabemos cuánto nos gustaría delegar en alguien superior, ya sea jefe o patrón. O Dios, o patría o algún amo. Nada le gusta más al ser humano que arrodillarse cuando siente la grandeza, aunque sea falsa y artificial. Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra. Hoy ya la IA nos escribe las novelas y nos busca pareja y empleo y nos dicta si la vida merece la pena vivirla. Sienta cátedra en nuestras tesis y hace que nos sintamos doctores o acaso dioses. Tal vez nos susurre que la vida es una mierda y entonces nos vamos todos por el desagüe, porque nos hemos vuelto sumisos y le hacemos más caso que a nuestro propio gurú. Ese es el peligro que corremos con la IA; le hacemos ya tanto caso, que la necesitamos para que nos asesore sobre qué podemos comer...
Se deja aquí una buena muestra de los poemas de juventud de Ida Vitale, poemas que escribió cuando la poeta apenas contaba veinte años de edad y que fueron descubiertos recientemente de forma casual. Lo cuenta su descubridora, Claudia Guillot, en el epílogo que acompaña al libro editado por Tusquets. El descubrimiento ocurrió cuando ésta se hallaba ayudando al padre a reordenar la biblioteca familiar, algunos de cuyos libros habían pertenecido al abuelo, el escritor y crítico literario Gervasio Guillot Muñoz. Entre los muchos tomos de poesía que fueron ordenando, asomó un librito que más bien parecía una libreta y con una cubierta de gamuza marrón. Sin más título que tres iniciales, el librito mostraba en las primeras páginas una dedicatoria con firma indescifrable: "A Gervasio Guillot Muñoz, intentando agradecer el advenimiento de su amistad. Con la mía segura". El enigma sobre la identidad de quien escribió esos poemas manuscritos se acrecienta cuando el padre de Claudia es...