Era casi una niña y llegó con un trombón preparándose para tocar, para nosotros que estábamos allí parados sin hacer nada, bebiendo nuestro café o tequila en la terraza del bar y sorbiendo el sol y el aire. Colocó en el suelo un pequeño vaso de cartón para nuestras dubitativas monedas. Cuando ya se iba a colocar la boquilla en los labios, algo debió ver por encima del cielo a donde lanzó su mirada, porque dejó su instrumento quieto un instante colgado de su brazo como un gabán, un laberinto de tubos dorados que eran prolongación de sus entrañas, posó su mirada sobre alguna de las mesas como si pasase lista y nos dijo hola. Irguió el busto para dejar escapar su tenue vocecita. Sólo queríamos escuchar el trombón o ni siquiera eso, y ella trizó el silencio con palabras: "La melodía que voy a tocar con mi trombón", nos dijo, "no la ha tocado nadie ni se volverá a tocar. Aquí se va a quedar y yo me iré, pero esta canción me la trae el aire de esta plaza y yo la cojo y os l...
Bitácora de Poesía y Pensamiento