Nada más aterrizar en el rodaje de una de sus últimas películas, el gran y mal actor que era Bruce Willis preguntó gritando a voz en cuello si no se había extinguido ya el elefante blanco, justo cuando se enteró de que ese era el título de la película que iba a protagonizar, aunque ya los días anteriores le había preguntado a su mujer si sabía de qué color tenían el colmillo los elefantes blancos; y al director, con sonrisa infantil, si era verdad que podían los elefantes llegar a volar con solo desplegar sus orejas; y, en un momento en que el guionista apareció por allí intentando aclarar que el elefante blanco no era ningún pájaro sino uno de los jefes de la mafia, preguntó si aquello era una referencia metafórica a la famosa marca de papel higiénico con la que se limpiaba el culo cuando era niño. Como todos en aquel mundillo conocían la campechanía del actor, su inclinación por los exabruptos y su socarrón sentido del humor, decidieron tomarse aquellas ocurrencias como humaradas de ...
Bitácora de Poesía y Pensamiento