El protagonista de este relato de Chéjov se queda al final sin habla, tal vez porque queda en evidencia, tal vez porque la vida es un cuento dicho por un idiota y tiene sus paradojas y es irónica y se acaba por recibir una lección de la vida en forma de ironía, o tal vez una lección sobre lo que es el arte, o sobre lo que es la humanidad, o sobre cómo el destino siempre sabe vengarse. Y es que caben muchos sentimientos y muchas lecciones y muchas intenciones en los cuentos de Chéjov, a pesar de esa aparente sencillez de sus cuentos, que sólo intentan copiar la realidad tal cual es, sin ninguna afectación. Puede parecer que en este cuento la obra de arte a la que alude el título se convierte en un macguffin, pero también en una metáfora de lo que es el arte dentro de una sociedad, el poco crédito que merece a pesar de que todo el mundo lo ensalza, el cómo todos se quieren quitar de encima algo que resulta molesto, que ofende por su verdad y por su falta de adaptación o de decoro. ...
Bitácora de Poesía y Pensamiento