Álvaro de Campos nació en Tavira en 1890, se graduó de ingeniero naval en Glasgow y pronto se retiró a Lisboa donde llevó una vida inactiva. Había viajado al oriente y sabía latín, idioma que le enseñó un tío cura. Su poesía se parece en ciertos aspecto a la de Walt Whitman. De ella se deduce su bisexualidad y un complejo sadomasoquista del que evidentemente se siente culpable. No importa tanto el vanguardismo ideológico y formal de que hace gala Campos, su admiración por las máquinas y la velocidad, como su sentimiento de autodestrucción con el que parece querer pagar la deuda de su apenas secreto pecado, y como su capacidad de volver al seno del mundo mítico, en el que la Noche es la Madre divina y misteriosa. ***** TABAQUERÍA No soy nada. Nunca seré nada. No puedo querer ser nada. Aparte de esto, tengo en mí todos los sueños del mundo. Ventanas de mi cuarto, de mi cuarto de uno de los millones de gente que nadie sabe quién es (y si supiesen quién es, ¿...
Bitácora de Poesía y Pensamiento