Yorgos Seferis nació en la ciudad de
Esmirna, en el Asia Menor, el día 13 de marzo de 1900. Sus padres tuvieron
dos hijos más, Ángel y Ioanna, ambos dotados de gran sensibilidad para la
poesía. La madre era hija de un rico capitán terrateniente. Su padre, Stelios,
fue un sabio reconocido internacionalmente, en palabras de la hija, quien encomió
su faceta científica. Se había licenciado en la facultad de Aix-en-Provence y
fue también poeta y diplomático, perseguido por sus ideas liberales, además de profesor
de Derecho y rector de la Universidad de Atenas en 1933. De gran importancia
para su cultivo fue este ambiente familiar en que se crio, así como la
inquietud por la literatura y el amor por la tradición de la cultura griega
clásica que le inculcaron los padres. En 1914 Stelios se traslada con su
familia a la ciudad de Atenas y su hijo Yorgos comienza a escribir sus primeros
poemas. En 1917, Seferis termina sus estudios en la Escuela Modelo, en donde
tuvo como profesor al historiador Glinós, y se matricula en la Universidad de
Atenas. El padre, que mientras tanto se había establecido en París para dirigir
varios casos judiciales, prefiere que el hijo estudie en esta ciudad la carrera
de derecho y pide a la familia que se dirija a reunirse con él. Llegan a París
en julio de 1918. Cuando al año siguiente la familia regresa a Atenas, Yorgos
aún permanecerá en la capital francesa, donde se nutre con pasión de los
clásicos del idioma francés: Racine, Lamartine, Musset, Rimbaud, Baudelaire,
Proust y Gide. Un desengaño amoroso en 1920 con la hija de la casera lleva al
poeta a plantearse el suicidio: “estoy terriblemente melancólico, terriblemente
apenado, lloro sin motivos”. En 1921 colabora en la revista Bomós, que los
estudiantes griegos publican en París. Por esa época proyecta libros y comienza
a dar conferencias. En 1923 se enamora de Jacqueline, en un amor correspondido de
larga duración que provocará gran parte de su poesía amorosa.
En 1924, tras licenciarse en Derecho,
es enviado a Londres por su padre para aprender la lengua inglesa. En Londres
compone “Fog”, que será el único poema de esta época que formará parte de su
primer libro, Strofí. En el mes de febrero de 1925, Seferis vuelve a Atenas
para presentarse a los exámenes del Ministerio de Exteriores y empieza a
escribir su diario. En 1926 es nombrado por oposición agregado a este
Ministerio. El 9 de septiembre de este año muere la madre. Durante 1928 sale su
traducción “Una tarde con el señor Teste”, de Valéry y sigue escribiendo más
poemas que va a integrar su primer libro, Strofí, una edición limitada que
recibió críticas tibias, muy por debajo de sus expectativas. En el verano de
1931 Seferis es nombrado vicecónsul en Londres, adonde llegará el día 17 de
agosto. Sólo un año después, en 1932, publica su segundo poemario, “La cisterna”,
poco comprendido también por la crítica y rechazado a veces por los amigos más
cercanos del poeta. Su tercer libro, Myzistórima, publicado en 1935 ya supone
un cambio de concepción y tono en su creación poética. Abandona la influencia
de Valéry y se sitúa bajo la sombra de Eliot. En 1936 conoce a Marika Tsannu,
su futura mujer. Publica “Yimnopedia”, que contendrá dos únicos poemas. En
Septiembre de ese mismo año es nombrado vicecónsul en Korçë, Albania, donde
pasa un año aburrido quejándose de la mediocridad y el provincianismo del
lugar. Durante 1939 viaja varias veces a Bucarest; conoce a Gide, a Lawrence
Durrell y a Henry Miller. 1941 es el año de la boca del poeta con Marika;
también es el año en que Italia invade Grecia tras haberle declarado la guerra
un año antes. Pocos días después de su boda, el 22 de abril, abandona Atenas
para seguir al Gobierno en el exilio, en la isla de Creta. Lo hizo en
condiciones paupérrimas: según confesaría más tarde, fue la primera vez en su
vida que tuvo que suplicar en el mismo barco un trozó de pan a un soldado
griego. El 12 de mayo es retirado de su
cargo de Director del Ministerio de Prensa y sale de Creta hacia El Cairo, para
después instalarse en Alejandría a lo largo de ese año. El 25 de abril de 1942
el matrimonio Seferis regresa a El Cairo y Yorgos es nombrado Director de
Prensa Internacional e Informaciones del Gobierno en el exilio. Durante 1943
lucha denodadamente por poner en marcha una revista, Évnosto. En 1944 publica “Diario
de a bordo”, viaja a Londres para cumplir algunas misiones diplomáticas
encomendadas. En septiembre acompaña al gobierno en el exilio hacia Italia,
para regresar por fin a Atenas el 23 de octubre. A principios de 1945, Seferis
es nombrado Director del Gabinete Político de la Regencia del Arzobispo Damaskinos
(con el rey residiendo a la sazón en Inglaterra). En mayo de 1946, Seferis
conoce a Paul Éluard cuando éste es invitado a dar una serie de conferencias
sobre poesía en Atenas. Tras la llegada a Grecia, en septiembre, del rey Jorge,
Yorgos obtiene dos meses de permiso que los emplea en visitar la isla de Poros,
donde escribe su nuevo libro de poemas, “El tordo”. Muchos consideraron que
este libro contenía la poesía más difícil, esencial y artística de toda la literatura
neohelénica. También termina su conferencia “K. P Kavafis, T. S. Eliot;
paralelos”, sobre los dos poetas que más influyeron en su obra. En 1948 es
nombrado consejero de la embajada de Ankara donde permanecerá tres años, hasta
que regresa a Atenas en marzo de 1951. Ese mismo año parte para Londres como Consejero
de la Embajada griega. El 27 de mayo, en una recepción en honor de Auden, el
poeta conoce a su admirado Eliot, del que ya había traducido algunos poemarios.
Sus encuentros se prolongarán durante todo el año 1952, hasta que el 23 de
octubre marcha a Beirut en calidad de embajador
del Líbano, Siria, Jordania e Irak. Allí permanece hasta 1956, con
abundantes visitas a la isla de Chipre, que originará numerosos poemas. En
julio es nombrado director en el Ministerio de Exteriores y regresa a Atenas. A
principios de 1957, Seferis representa a Grecia en los debates de las naciones
Unidas sobre Chipre, conoce personalmente a Saint-John Perse y, en el mes de
mayo, es nombrado embajador de Londres. Allí reside hasta 1962 en que se retira
del servicio activo y se instala en Atenas. Antes había sido nombrado Doctor
Honoris Causa por la Universidad de Cambridge y se le concede el premio Foyle,
además del premio Guinness como traductor. Finalmente, como culminación de una
carrera que ya venía siendo laureada, recibe el nobel el 25 de octubre de 1963 “por
sus eminentes poemas líricos inspirados en el mundo cultura griego”. A partir
de esa fecha numerosas menciones y premios honran su figura. En 1964 Seferis es
invitado a dar una conferencia en Barcelona, “Variaciones sobre el libro, y en
1966 aparece su último libro, “Tres poemas ocultos”. Un crítico apostilló que
estos poemas son ocultos “no en el sentido de lo apócrifo o de lo secreto, sino
en el sentido de la palabra cargada de intimidad”. Se trata de una poesía más
densa que hermética. A partir del golpe de estado del general Patakos en abril
de 1967, Yorgos Seferis se niega a participar en ninguna actividad dentro del
país como una medida de rebeldía. También decide permanecer en silencio sin
publicar nada. En 1969, para aclarar su firme postura, llegó a escribir: “Todos
aprendimos y sabemos que, en las dictaduras, el principio puede parecer fácil,
pero la tragedia espera, inevitable, al final. Ese drama final nos atormenta,
consciente o inconscientemente, como en los tiempos de Esquilo. Mientras dure
la anomalía, el mal seguirá avanzando.”. Falleció en Atenas el 20 de septiembre
de 1971 a causa de un derrame cerebral.
NEGACIÓN
En la playa secreta
Y blanca como paloma
Sentimos sed al mediodía;
Pero el agua era salobre.
Sobre la arena amarilla
Escribimos su nombre;
Qué bien sopló la brisa
Y se borraron las letras.
Con qué corazón, con qué aliento,
Con cuántos deseos y pasiones
Hemos vivido: ¡error!
Cambiamos de vida.
POEMAS OCULTOS
Y sin embargo allí, en la otra orilla
Bajo el negro mirar de la caverna
Soles en las pupilas, pájaros en los
hombros
Allí estabas; padecías
La otra pena el amor
La otra aurora la presencia
El otro parto la resurrección;
Y sin embargo allí reaparecías
En la infinita diástole del tiempo
Instante por instante igual que la
resina
En la estalactita en la estalagmita.
DÍAS DE JUNIO DEL 41
Salió la luna nueva en Alejandría
Sosteniendo la vieja en sus brazos
Y nosotros caminando hacia la puerta
del Sol
En la sombra del corazón, tres
amigos.
¿Quién quiere bañarse ahora en las
aguas de Proteo?
Buscábamos en nuestra juventud la
metamorfosis
Con deseos que jugaban como peces
enormes
En mares que disminuyeron de pronto;
Creíamos en la omnipotencia del
cuerpo
Y ahora salió la luna nueva abrazada
A la antigua; con la hermosa isla
ensangrentada
Herida; la isla desierta, la isla
poderosa, inocente.
Y los cuerpos como ramas partidas
Y raíces arrancadas.
Nuestra sed
Guardián ecuestre petrificado
En la oscura puerta del Sol
No sabe pedir nada; vigila
Desterrada por estos lugares
Cerca de la tumba de Alejandro Magno.
EN NOMBRE DE LA DIVINA
Aceite en los miembros,
Quizás rancio perfume
Como aquí en la almazara
De la ermita
En los grandes poros
De la piedra detenida.
Aceite en el cabello
Coronado de cuerdas,
Quizás otros aromas
Que no conocimos
Ricos y pobres
Y en los dedos estatuillas
Oferentes de pequeños senos.
Aceite en el sol;
Temblaron las hojas
Al detenerse el extranjero
Y el silencio pesó
En las rodillas.
Cayeron las monedas;
“En nombre de la divina…”
Aceite en los hombros
Y en la cintura que se dobló
Grises pies en la hierba,
Y en el sol esta herida
Cuando tañían al atardecer
Cuando hablaba en el claustro
Con un inválido.

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