En el
"Sueño de D'Alembert", Diderot compara a Dios con una araña cuya tela
es el mundo y mediante cuyos hilos percibe más o menos, en proporción a la
distancia, todo lo que está en contacto con dicha tela. Claro que este Dios deísta difiere muchísimo del Dios de las religiones positivas y de la teología con el
que polemiza en su "Pensamientos filosóficos", alguno de los cuales
se dejan aquí. Los "pensamientos filosóficos" constituyó su primera
obra y fue un texto tan polémico que mereció el repudio del parlamento francés
y acabó devorado por el fuego en una ceremonia pública en la que se pretendía estigmatizarlo. Suponen una
exposición de su actitud deísta. Para Diderot, Dios actúa en la Naturaleza y
sólo en ella el hombre puede buscar las reglas de su conducta. El mundo es visto por Diderot como un gran animal y Dios, a lo sumo, es el alma de este animal. En estos
pensamientos deja claro que se trata de un ser indiferente a lo que acontece en el
mundo y que desde luego no se cuida de condenar a los malvados. Sus pensamientos
constituyen un conjunto de sarcasmos con los que se burla de las religiones
positivas, especialmente del cristianismo. Trata a menudo de desarmar los
sofismas de la religión, que se basan muchas veces en provocar miedo para que nos
volvamos más crédulos o para que no nos atrevamos a volvernos descreídos. En esta obra Diderot arremete contra los teólogos, contra las
supersticiones y contra los relatos de la biblia, que para Diderot componen una
sarta de historias no menos fabulosas que los cuentos de "Las mil y una
noches". Calvo Serraller ha señalado que por la ligereza y elegancia de
estilo, por su ingenio y por su misma estructura -en forma fragmentaria y de
aforismos- obtuvieron en su momento un sonado éxito. Estos pensamientos
representaron el nuevo espíritu del racionalismo ilustrado. Acaso por haber sido superado, el tema tratado ya no interesa a nuestra época, pero sí la forma en que lo trata; el ingenio derramado en los aforismos, su capacidad para el sarcasmo
y para la burla -incluso hasta para el chascarrillo- hacen que todavía sintamos vigente esta obra. Podrán haber envejecido en su
temática, pero no lo han hecho en cuanto a la gracia de su expresión.
Además de la
selección de estos pensamientos, se deja al final una breve reseña biográfica.
SELECCIÓN DE PENSAMIENTOS FILOSÓFICOS
El verdadero mártir espera la
muerte, el entusiasta la busca.
Extraviado en un inmenso bosque
durante la noche, sólo tenía una lamparita para guiarme. Aparece un desconocido
que me dice: Amigo mío, apaga la vela para encontrar mejor el camino.
Ese desconocido es un teólogo.
Si mi razón viene de lo alto, es la
voz del cielo la que me habla a través de ella; es preciso que la escuche.
Si la razón es un don del cielo, y
se puede decir otro tanto de la fe, el cielo nos ha hecho dos presentes
incompatibles y contradictorios.
El autor de la naturaleza, que no me recompensa por haber sido un hombre de ingenio, no me ha de condenar por haber sido un tonto.
Incluso no me ha de condenar por
haber sido un malvado. ¡Caramba!, ¿no has sido suficientemente desgraciado con
haber sido malvado?
Si aún se precisa la gracia para
obrar bien, ¿para qué ha servido la muerte de Jesucristo?
Si hay cien mil condenados por uno
que se salva, el diablo tiene siempre ventajas, sin haber permitido la muerte
de su hijo.
El dios de los cristianos es un
padre que se preocupa mucho por sus manzanas y bastante poco de sus hijos.
Arrebatad a un cristiano el miedo
al infierno y le habréis arrebatado su creencia.
Los hechos de los que solamente
pueden ser testigos algunos hombres son insuficientes para demostrar una
religión que debe ser creída por todos por igual.
Los acontecimientos en que se basan
las religiones son antiguos y maravillosos, es decir, lo más sospechosos
posible para demostrar la cosa más increíble.
Pero ¿qué ha de hacer Dios con
aquellos que no han oído hablar de su hijo? ¿Castigará a los sordos por no oír?
¿Qué haré con aquellos habiendo
oído hablar de su religión no la pudieron concebir? ¿Castigaré a los pigmeos
por no haber sabio caminar a paso de gigante?
La religión de Jesucristo,
anunciada por ignorantes, formó los primeros cristianos. La misma religión,
predicada por sabios y doctores, no hace hoy sino incrédulos.
Dios Padre considera que los
hombres son merecedores de su venganza eterna; Dios Hijo los considera
merecedores de su misericordia infinita; el Espíritu Santo permanece neutral. ¿Cómo
conciliar esa verborrea católica con la unidad de la voluntad divina.
No existe ningún buen padre que
quiera parecerse a nuestro Padre celestial.
Hace tiempo que se les pide a los
teólogos que armonicen el dogma de las penas eternas con la misericordia
infinita de Dios, aún están en ello.
Que Jesucristo, que es Dios, haya
sido tentado por el diablo es un cuento digno de las mil y una noches.
Si el hombre es desgraciado sin
haber nacido culpable, ¿no será porque está destinado a disfrutar de una
felicidad eterna sin poder, por naturaleza, hacerse jamás digno?
RESEÑA
BIOGRÁFICA DE DENIS DIDEROT
Denis Direrot fue un escritor y filósofo francés nació en Langres en 1713. Hijo de un navajero, comenzó en
Paris a estudiar filosofía matemáticas y física, pero perdió el apoyo de su
padre al dedicarse a estos estudios en vez de convertirse en teólogo, que era su deseo. Empezó traduciendo al francés la obra de Shaftesbury Sobre el
mérito y la virtud (1745) y ese mismo año empezaría a trabajar para la
Enciclopedia, labor en la que iba a emplear veinte años. Por la falta de apoyo
paterno pronto se vio obligado a tener que ganarse el sustento redactando
artículos literarios, en los que apareció ya desde un principio imbuido en las
ideas de Bayle y de los filósofos sensualistas y librepensadores ingleses. Las
creencias arraigadas y reinantes en Francia las rebatió en su libro Pensamientos
filosóficos (1745), y más aún en el que escribió en 1747, Paseo de un
escéptico. La duda que opone al teísmo desde el punto de vista deísta, fue
reemplazada por la duda acerca del propio deísmo en los escritos que pronto le siguieron:
introducción a los grandes principios y carta sobre los ciegos,
los cuales le valieron la acusación de ateo y un año de prisión en Vincennes. En
la enciclopedia, empezada a publicar en 1751, aparecieron gran número de
artículos de Diderot, no sólo en materia de artes y oficios, sino también
filosóficos y científicos, que evidenciaban al gran polígrafo. La
mayor parte de sus cuentos y novelas se imprimieron después de su muerte: Jacques
el fatalista o La religiosa constituyen una crítica mordaz de la
sociedad de su tiempo, a la que describió como víctima de la hipocresía y
sojuzgada por la tiranía religiosa y política.
Los emolumentos
de sus escritos -incluyendo los que le proporcionaba la enciclopedia- eran
escasos, con lo cual comenzó a pensar en vender su biblioteca, pero su
entusiasta admiradora, la emperatriz Catalina II de Rusia, salió en su socorro y
la adquirió por una cifra cuantiosa a condición de que la disfrutase mientras estuviera
vivo. Además, tuvo la delicadeza de asignarle una pingüe renta anual por la
administración de esa biblioteca. Pronto le invitaría a que se pasase por San
Petersburgo y allí se fue el escritor para residir durante cinco intensos meses
en los que no paraban de reunirse para
debatir sobre toda suerte de temas. Y se hubiera quedado a vivir ahí si no
fuera porque la aspereza del clima le hizo regresar a Francia, no sin antes
recalar en Berlín en la corte de Federico el Grande y pasar por Holanda, lo que
le dio ocasión de escribir un libro sobre sus usos y costumbres, titulado Viaje
de Holanda. A su vuelta a París siguió trabajando incansablemente hasta que
una trombosis pulmonar acabó con su vida el 31 de julio de 1784.
Ferrater Mora señala
su empirismo y su sensacionismo como la concepción que nutre el pensamiento de
Diderot: la tesis según la cual todo nuestro conocimiento se halla fundado en
sensaciones. Diderot parece concebir el universo como un mundo material y
atomizado cuyos átomos semejan mónadas leibnizianas, si bien no de índole
espiritual. “Todos los seres -ha escrito Diderot- circulan unos en otros… Todo
se halla en perpetua fluencia… No hay
otro individuo que la totalidad. Nacer, vivir y morir es cambiar de forma.”
Para Abagnano la fe en la razón y el ejercicio de la duda más radical son las
características de su pensamiento. Su fe en la razón y en su capacidad de demostrarlo
todo le llevó a proclamar que una sola demostración le impresionaba más que
cincuenta hechos. Practicó Diderot una suerte de spinozismo. Hasta los
elementos del mundo han de considerarse como animados, es decir, provisto de
una determinada sensibilidad. En alguna ocasión apeló a precaverse del sofisma
de lo efímero, es decir, del prejuicio de que el mundo debe ser necesariamente
lo que es en cada instante. En este aspecto su concepción del mundo se puede
resumir, según Abagnano en “Todo cambia, todo pasa, sólo el Todo dura. El mundo
nace y perece sin cesar, y se encuentra en cada instante en su principio y su
fin.”

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