EFÍMEROS Y BREVES 117. William Shakespeare (1564-1616): Quince frases célebres en el 410 aniversario de su muerte.
Se dejan aquí quince frases extraídas de siete obras dramáticas de Shakespeare, pero es el caso que su genio poético y filosófico brilló tan alto que de una sola obra, como puede ser “Hamlet” o de “El rey Lear”, podríamos sacar materia suficiente para cubrir una selección como ésta. Incluso hay frases vertidas en alguna de sus obras que harían la envidia de muchos escritores surrealistas o con una imaginación tan extravagante como la de Lichtenberg. He aquí una prueba que nos deja Shakespeare en Hamlet: “Tal vez un hombre pueda pescar con el gusano que ha comido a un rey, y comerse después el pez que se alimentó de aquel gusano.” Se pueden hallar frases como éstas, extraídas de "Hamlet", en otra entrada que se dedicó a Shakespeare (léase aquí). Hamlet no es sólo la mejor obra de teatro de Shakespeare y tal vez de todos los tiempos; es también un caudal inagotable de frases ingeniosas y sabias.
Si hay un autor con el tenemos una deuda permanente de
relectura, ese es Shakespeare: nunca aburre, nunca decepciona, siempre asombra y tiene algo nuevo que mostrar. Supo unir lo atractivo y placentero con lo útil y con lo sabio; la
poesía con el ingenio. Y nos dibujó el mapa entero de las pasiones de los
hombres. Su obra completa es, como la biblia, el libro de los libros. Muchos de
sus personajes nos representan, y en la variedad de sus tipos cabe toda una
vasta humanidad. Leer unas cuantas frases sacadas de sus obras es, como en el cuento
de Borges -La memoria de Shakespeare-, volver a tener de alguna manera su memoria. Unas cuantas frases geniales
pueden servir de estímulo para leer su obra, y un aniversario es un buen momento para hacer memoria.
Hay, [Horacio], en la tierra y en el
cielo más de lo que puede soñar la filosofía. (“Hamlet”)
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Palabras sin afecto nunca llegan a
los oídos de Dios. (“Hamlet”)
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Tan lleno de recelos está siempre el
delincuente, que el temor de ser descubierto hace tal vez que él mismo se
descubra. (“Hamlet”)
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La brevedad es el alma del talento. (“Hamlet”)
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El mundo me parece lo que es, un
teatro en que cada uno hace un papel. (“El mercader de Venecia”)
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El cantar del cuervo es tan dulce
como el de la alondra, cuando no atendemos a ninguno de los dos, y de seguro
que si el ruiseñor cantara de día, cuando graznan los patos, nadie le tendría
por tan buen conocedor. ¡Cuánta perfección tiene las cosas hechas a tiempo! (“El
mercader de Venecia”)
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Insensato quien fía en la mansedumbre
de un lobo domesticado, en la grupa de un caballo, en la amistad de un joven y
en el juramento de una cortesana. (“El rey Lear”)
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Los dioses somos para los hombres lo
que para los niños los insectos: nos aplastas para su recreo. (“El rey Lear”)
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Al nacer, lloramos porque entramos en
este vasto manicomio. (“El rey Lear”)
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Esa engañosa palabra, mañana,
mañana, mañana, nos va llevando por días al sepulcro, y la falaz lumbre del
ayer ilumina al necio hasta que cae en la fosa. (“Macbeth”)
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Qué es la vida sino una sombra, u
histrión que pasa por el teatro y a quien se olvida después o la vana y ruidosa
fábula de un necio. (“Macbeth”)
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La fama no es sino vano ruido y
falsedad e impostura, que las más veces se gana sin mérito y se pierde sin
culpa. (“Otelo”)
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Los celos nunca son razonados. Son
celos porque los son: monstruo que se devora a sí mismo. (“Otelo”)
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El verdadero amor es más pródigo de
obras que de palabras; más rico en la esencia que en la forma. Sólo el pobre
cuenta su caudal. (“Cimbelino”)
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Alguna vez los hombres son dueños de
su destino. La culpa, [querido Bruto], no es de nuestras estrellas, sino de
nosotros mismos, si consentimos en ser inferiores. (“Julio César”)
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