El mundo nos dice que los clásicos ya no importan, pero parece que sí, que es algo que a mucha gente le incumbe.
— Irene Vallejo
Parece que Christopher Nolan estrenará hoy en España su particular versión de la Odisea, con Matt Damon encarnando a Ulises, y se ha liado la de Dios es Cristo. Pero ya lo advirtió René Char "lo que viene al mundo para no trastornar nada, no merece ni consideración ni paciencia". Así que si alguien no quiere liarla, es mejor que no cambie nada ni se mueva en la foto, esa la mejor manera de pasar por el mundo sin pena ni gloria. Lo malo es que a Nolan no le gusta pasar desaperecibido, tiene su propia visión de cómo tiene que contar la Odisea a través de una cámara y nos lo ha trasladado a la pantalla. El resultado es que le han puesto a caer de un burro por habernos traído un Ulises perturbado, casi como si fuera un soldado traumatizado de "Senderos de gloria". Así que en medio de la polémica se le ha preguntado a Irene Vallejo en "La Vanguardia" (léase aquí) qué piensa sobre el asunto y ha dicho que no le sorprende nada: llevamos casi tres milenios retocando continuamente la historia. Incluso la Odisea, como también el Quijote, ha originado gloriosas versiones dentro del género del microcuento. Hasta Kafka tiene su propio versión del canto de las sirenas, y parece que si la película de Nolan vale la pena es por su versión herética sobre el canto de las sirenas. Hay incluso un famoso poema de Idea Vilariño titulado "Decir no" (léase aquí) en el que nos da su propia versión de la tentación de las sirenas. El por qué nos seducen tanto las cosas y qué remedio podemos poner para no caer en la tentación es uno de los grandes temas del arte. Tal vez por eso, entre otras cosas, nos importa tanto Ulises.
Irene Vallejo destaca que Odiseo es un seductor, un gran narrador de historias, un hombre astuto con mucho recursos y sobre todo alguien que se esfuerza por sobrevivir, o sea, que de alguna manera se parece a muchos de nosotros. Lo que sí sorprende a Irene Vallejo es que en su momento "Troya" de Brad Pitt pasara desapercibida a pesar de los muchos cambios que metieron en su argumento. Eso significa que estamos en plena guerra cultural y ahora nos lanzamos fuego cruzado desde una a otra trinchera. Hay una guerra por los mitos, por imponer la identidad y la odisea representa una de las esencias de occidente. De ahí que se haya puesto el grito en el cielo: con los dioses no se juega. Pero incluso esto le parece bien a Irene Vallejo porque quiere decir que, "a pesar de que todo el mundo nos dice que los clásicos ya no importan, pues parece que sí, que es algo que a mucha gente le incumbe". Así que bien venidas las polémicas con los clásicos, ojalá cada año un genio del cine viniese a refundirnos en la pantalla un gran clásico, aunque no lo reconozca ni la madre que lo parió. Ya lo dijo Calvino, un clásico es clásico porque nunca termina de decir lo que tiene que decir. Tenemos que ir terminándolo nosotros y sin nuestra propia voz las obras clásicas acaban languideciendo, se pueden quedar momificadas y comenzar a oler mal. No otra cosa hicieron en su momento Sófocles y Eurípides con el mundo de la odisea. Cada generación vuelve a contar los mismos relatos adaptados a sus necesidades, remacha Vallejo. Ya nos avisa que la Odisea puede ser una gran patraña, que es Ulises el que cuenta su propia historia fabulosa y que es posible que nos esté mintiendo. Y es que Ulises no ha contado una verdad en su vida. Ulises es el gran mentiroso de Occidente y gracias a sus estupendas mentiras salió airoso de todas sus empresas. Ulises es un gran fabulador y lo único que resulta verdadero en él es su arte de fabular. Algo parecido le debe pasar a Nolan, a quien le gusta tanto fabular que nos ha desmontado la odisea para fecundar de nuevo nuestra imaginación. Hoy se estrenará en los cines La odisea, lo malo es que si alguien quiere verla en el formato original en el que lo concibió Christopher Nolan tendría que irse a Montpellier, uno de los cuarenta cines del mundo aptos para enseñar a Ulises tal como lo ha concebido el director, que ha rodado la película con cámaras IMAX de alta tecnología. La última vez que los españoles peregrinaron por algo parecido fue para ir a ver en Perpignan "El último tango en París". Nolan y la odisea bien valen una misa, aunque sea en una versión inferior y en cualquiera de los cines que hay por España.

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