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Un poema de Pushkin (Efímeros y breves 151)

 



Se deja aquí uno de los mejores poemas de Pushkin, donde se comprende por qué se ha visto en él al padre de la literatura rusa: un poeta romántico con un final tormentoso que además de escribir buenos poemas, se convirtió, por sus relatos, en el maestro de la narración rusa. Grandes escritores, como Dostoyevski y Tolstoi, así lo han reivindicado.  


(2 de noviembre)


Es invierno. ¿Qué hacer en el campo? Recibo
al criado que me trae por la mañana una taza de té
con estas preguntas: ¿hace bueno? ¿Ha amainado la nevasca?
¿Hay nieve fresca? ¿Puedo dejar el lecho y cabalgar? ¿O mejor hojear
hasta el almuerzo las viejas revistas del vecino?
Nieve fresca. Me levanto y al punto monto en mi caballo.
Cabalgo por el campo a la primera luz del día;
La fusta en la mano; los perros detrás;
contemplo con atentos ojos la pálida nieve;
doy un paseo y al cabo de un rato,
tras perseguir en vano un par de liebres, vuelvo a casa.
Y allí, !vaya alegría! Ha caído ya la tarde y aúlla la ventisca,
la vela apenas arde; la zozobra encoge el corazón;
gota a gota, trago el veneno del tedio:
Trato de leer, pero los ojos se deslizan por las letras,
el pensamiento vaga en la lejanía… Cierro el libro;
cojo la pluma, me siento, arranco a duras penas
unas palabras inconexas a las durmientes musas.
No concuerdan los sonidos… Pierdo todo poder
sobre la rima, mi extraña servidora:
el verso se arrastra con indolencia, frío y nebuloso.
Cansado, interrumpo la disputa con la lira,
voy al salón; allí oigo una conversación
sobre las próximas elecciones, sobre el ingenio de azúcar,
la anfitriona se oscurece como el tiempo,
mientras mueve con destreza las agujas,
o un rey de corazones le pregunta sobre su destino.
!Qué tristeza! !Así pasa un día tras otro en este retiro!
Pero si al atardecer a la triste aldea,
mientras sentado en un rincón juego a las damas,
llega a lo lejos en carroza o en trineo
una familia inesperada: la madre, dos doncellas
(dos rubias, dos esbeltas hermanitas),
!cómo renace este perdido lugar!,
!cómo la vida, Señor, se llena de significado!
Al principio, atentas miradas de soslayo,
después algunas palabras, una conversación,
y luego una risa cordial, canciones al atardecer,
vertiginosos valses, susurros en la mesa,
lánguidas miradas, charlas alocadas,
prolongados encuentros en la angosta escalera;
una doncella sale al porche en el crepúsculo:
!el cuello y el pecho descubiertos, la nieve dándole en el rostro!
Pero la tormenta norteña no daña la rosa rusa.
!Con qué ardor quema un beso en el hielo!
!Qué frescura tiene la joven rusa en la nieve!
                                                                                            (1829)

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