"El futuro es la mano".
— Éric Sadin
Es la frase más corta de esta sección, y es que se nota que Éric Sadin es filósofo, si fuera Nietzsche habría que destacarle su "Dios ha muerto", que es también una frase abrupta, a los filósofos les gusta las sentencias y las frases cortas y esenciales, porque les gusta ir al grano. Su función no es la de vestir, sino la de desnudar y llegar hasta el hueso y quedarse con lo medular. También con lo paradójico: y es que a los filósofos les gusta tanto lo paradójico como a los poetas conceptuales. Por eso Éric sabe que el futuro está en el pasado. Que la mano, qué fue lo que originó lo más humano del hombre, es decir, su cultura, es también la salvación de la catástrofe de esa cultura. Porque Sadín vio venir la catástrofe civilizatoria como un profeta al que nadie atiende, vio algo que no vemos la mayoría: que la IA es un cataclismo, un huracán que impactará contra el mundo de la cultura y lo arrollará todo y condenará oficios beneméritos y los llevará a la extinción, y trás este devastador paso de la IA por la humanidad también es posible que Sadin vea la extinción del hombre por la amputación de la mano. Si el hombre se quiere salvar ha de volver a usar la mano y volverse un artesano, no un homo faber. Y todas estas visiones de su mente lúcida no le dejan dormir, Éric Sadin no duerme bien desde el 30 de noviembre de 2022, guárdense esa fecha en la memoria como de las más terribles para la humanidad: el día infausto en que la empresa OpenAI lanzó al público su ChatGPT. Ese fue el día que Éric Sadin perdió el sueño. Y todavía le debe quitar más el sueño el saber que su cofundador Sam Altman fue recibido por los jefes de Estado con una alfombra roja haciendo genuflexiones, todavía le provoca pesadillas el alborozo con que recibió gran parte de la humanidad el advenimiento de la IA, la humanidad está dormida, debe pensar este lúcido filósofo, por ahí nos andan diciendo que viene un mundo mejor y que todo nos será más fácil y resulta que el ve todo lo contrario: la IA hará un mundo peor y más complicado, nos lo va a poner todo endiabladamente más difícil. Sadin lo sabe bien, porque a diferencia de la mayoría de nosotros, que vamos por el mundo como retozando dormidos, él se dedica a velar y a analizar ese engendro que le quita el sueño. Un fantasma está recorriendo el mundo y esta vez no es un sistema ideológico: es la IA. "La sociedad, en cuestiones digitales se despierta siempre demasiado tarde", sentencia en una entrevista concedida a El país (léase aquí), en la que aparece tan alarmado que no cesa de hacer aspavientos, se levanta de la silla, está que no le llega la camisa al cuerpo, se remanga, extiende el puño, abre la mano y proclama: "el futuro es la mano".
Éric Sadin barrunta que el futuro es la mano porque el mundo se ha automatizado y hay que desautomatizarlo, igual que la última encíclica del papa decreta que hay que "desarmar la IA". En algún momento el hombre pensó que podía liberarse de la mano, que la mano era una cosa antigua que se podía dejar atrás y acabar con los fatigosos trabajos manuales y ya no volver a amasar el pan con el sudor de la frente. Pero ahora resulta que el hombre se ha lanzado al futuro y se ha encontrado que ya no sabe que hacer con su mano, que ahora anda tumbado a la bartola y está mano sobre mano y ya no le queda nada por hacer en este futuro automático comandado por la IA. Y no sólo eso, si no que Sadin piensa que nos quedaremos sin trabajo, esta vez no para ejercer unos trabajos más humanos sin ensuciarnos las manos gracias al progreso tecnológico, sino para no hacer nada con las manos, ni con la cabeza, ni nada bueno con la vida del hombre, que se quedará en huelga y no le valdrá para nada. Se quedará sin trabajo porque la IA, según Sadin, lo arrasará todo, las series y las películas, y habrá actores hechos por IA, y decorados, iluminadores, maquilladores, nadie querrá trabajar ya porque todo eso nos lo hará la IA para nuestra maldición y condena. Nos lo haremos todos nosotros automáticamente, crearemos nuestras propias obras artísticas, nuestros libros, pero ya nunca a mano, siempre hibridizados con la máquina, siempre automatizados por ella. ¿En esta condiciones quién va a defender la grandeza de nuestros trabajos? ¿Quién el primor de nuestros oficios más humanos? Sadin cree que tenemos que volver a lo artesanal, a la excelencia, a la obra firmada y única y no a esta chapuza automática que es la autocreación, el hágaselo usted mismo y no cuente con nadie, porque ahí radica precisamente el peligro de lo automático para Sadin: que nos deja solos y sin colaborar con los otros hombres. Con la IA hemos renunciado a nuestra facultades fundamentales, aquellas que implican a la inteligencia y la creatividad y determinan nuestra esencia humana. Con la IA somos menos humanos, no superhumanos. Ahí está precisamente el quid de la falacia. "Estamos amenazados a todas las escalas y todo hacer recular al humano en el ejercicio de lo que lo hace grande". Eso es lo que le molesta a Éric Sadin, que el hombre está menguando, su corazón se empequeñece y su inteligencia se ciega. "Imagine un mundo sin escritores, sin escuelas, sin artistas", le espeta Éric Sadin a su entrevistador: "pues eso es lo que se está extinguiendo". Nada más y nada menos que el ser humano es lo que está desapareciendo, como una figura de arena borrada por las olas del mar, y Sadin está viendo como sube la marea y como el ser humano ya anda con el agua al cuello, pero nadie le hace caso; no puede pegar ojo mientras la humanidad duerme tras el sueño de la máquina y de la IA. Sólo en toda la entrevista una pregunta parece haberle despertado aún más todavía, vuelve a hacer otro aspaviento porque le acaban de hacer una pregunta amenazante: se acaban de atrever a preguntarle si no utiliza la IA generativa. "¿Esas máquinas de muerte?. No, gracias. Yo amo la vida. Escribir una frase es difícil, pero qué felicidad". Y es así como hay que finalizar la crónica de esta frase, amando la vida y siendo feliz con lo difícil de ser hombre; vivir también es difícil, pero quieren que otros vivan y trabajen y piensen por nosotros, unos androides con inteligencia de gigante y corazón de metal. Pero ¿si otros lo hacen todo por nosotros, que nos quedará después? Hay que volver a la mano, es el futuro; tal vez estemos equivocados y la máquina es lo retrogrado, el pasado, el camino errado, la humanidad vencida. "La IA apesta a muerte", sentencia al fin Eric. El futuro está en la mano y en la inteligencia natural.

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