Todo lo que nos sucede, incluso nuestras humillaciones, nuestras desgracias, nuestras vergüenzas, todo no es dado como materia prima, como barro para que podamos dar forma a nuestro arte.
— José Luis Rodríguez Zapatero (citando a Borges)
Hace bien el ex-presidente Zapatero en citar a Borges en comparecencia televisiva porque eso de citar por la caja tonta a un hombre tan inteligente da mucha autoridad, da tanta autoridad que algunos pensamos que Zapatero ha sufrido una transformación y se ha convertido en un eremita que se ha enrocado en una torre de márfil para leer a Borges. Ahí tiene Zapatero una buena selva en la que refugiarse e incluso extraviarse, plagada de laberintos del desierto y enriquecida por el oro de los tigres. Este oro de los tigres le sabrá mejor que el vil metal con el que se han labrado las joyas de su condena moral. Pero me alegra mucho que Zapatero cite a Borges porque nos da ocasión para hacernos con una buena frase del día, en una época nefasta para las frases ingeniosas. Debe ser que la gente ya no lee a Borges, y, si lo leen, es para darse pote y autoridad y luego ofuscarnos un poco con semejante alarde cultural. Yo mismo me pasaría toda la vida citando a Borges, me volvería un aedo para recitar todas las citas y versos memorables del gran Aedo Ciego y me bastarían sus libros para volverme ciego buscando a Dios en alguna de las biliotecas que hay dentro de sus libros de arena. No sé si por ahora Zapatero está tan ciego como yo por Borges, pero empiezo a creer que algo ciego está o que empezamos a estarlo todos.
Hay que decir que la cita de que todo nos sucede para nuestro bien es de buena cepa estoica y que la podría haber firmado Séneca o Marco Aurelio y no hay que olvidar que ambos filósofos fueron antes políticos que filósofos y tuvieron que enfrentar terribles conjuraciones que buscaban su descrédito o atentar contra su vida. De ahí que los estoicos sean los filósofos predilectos de los políticos -además de los pragmáticos y los utilitaristas-, porque pocas profesiones están tan expuestas a los vaivenes de la fortuna. Y resulta que contra los vaivenes de la fortuna los estoicos nos brindan su fortaleza moral. De ahí que Zapatero se haya visto socorrido en sus peores momentos por una cita de Borges, que en realidad tampoco es de Borges, porque Borges era un impostor que copiaba las frases de otros, sólo que a su manera, como un maravilloso plagiario que va saqueando por ahí en plan Picasso. Por la cita vemos que Zapatero se debe sentir terriblemente desgraciado, ha de notarse muy avergonzado y ha tenido que ser muy humillado. De ahí que sienta la necesidad de ser reivindicado, que tenga cierto ánimo de venganza y que necesite un cierto consuelo filosófico y se entregue a los hospitalarios brazos de los estoicos. También Boecio sublimó el sufrimiento de estar en prisión y acabó escribiendo "El consuelo de la filosofía" poco antes de que le cortasen la cabeza. Y es que la filosofía consuela, pero no salva. Aunque en época de crisis es bueno no hacer mudanzas y, si es posible, conviene leer a los estoicos.
Pero no sería necesario acudir a los estoicos para abrigar un pensamiento como el de Zapatero citando a Borges; con el cristianismo ya tenemos resignación a raudales y sabemos que nuestras lágrimas en este valle se trocarán en luminosas risas algún día, cuando ingresemos angelicalmente en el paraíso. Claro que de momento ni somos ángeles ni ingenuos. El pensamiento de que nuestras desgracias han de servir para algo útil o espléndido es un pensamiento sobre la providencia, en el que tanto pensaron los estoicos. La providencia o Dios ha designado para nosotros un destino y nada de lo que ocurre en el universo es en vano. Ahora que Christopher Nolan ha puesto de moda la Odisea es acertado recordar lo que el mismo Borges nos recuerda en su deslumbrante ensayo "Del culto de los libros" (léase aquí): "En el octavo libro de la Odisea se lee que los dioses tejen desdichas para que a las futuras generaciones no les falte algo que cantar". De momento las desgracias de Zapatero están sirviendo para que canten sus secuaces o lluevan cientos de crónicas los periódicos. También conjetura Borges, por divertimento y por traer a Mallarmé, que el mundo ha sido hecho para escribir un libro. Borges debió profesar mucho esa fe, porque a veces leyendo a Borges nos sentimos felices y estamos dispuestos a creer que Dios creó el mundo para que lo glosase Borges. Es lo bueno que tiene la excelencia, que nos hace creer en su magia. Durante algún tiempo muchos creyeron en la magia de Zapatero porque les parecía un presidente excelente, pero ahora esa magia se ha vuelto negra y han empezado a caérsele hasta las joyas de la corona. No vendría mal recordar aquí lo que Solón contestó a Creso cuando le preguntó sobre la felicidad humana (lo cuenta Herodoto en el I libro de su "Historia"): "Hay que considerar el resultado final de toda situación, pues en realidad la divinidad ha permitido a muchos contemplar la felicidad y, luego, los ha apartado radicamente de ella". Es decir, la Historia no puede ser escrita justamente hasta que no llegue a su final. Hasta que la divinidad no venga a decirnos lo que ha escrito puede que todos los renglones se hallen torcidos.
Así que puede que todo sea para nuestro provecho o para provecho del conjunto del universo. Incluso puede que vivamos en el mejor de los mundos posibles sin saberlo. En la ley de la compensación universal nuestras desgracias tendrán una recompensa y algún día las buenas obras saldrán a la luz, y en el juicio final cada uno será juzgado por sus verdaderos actos y no por esos otros ignominiosos que falsamente nos atribuyen. Y en estas está el señor Rodríguez Zapatero, no sabemos si ante una conjuración real o ante esa conjura de los necios de las que nos habló Jonathan Swift: “Cuando un verdadero genio aparece en el mundo, lo reconoceréis por este signo: todos los necios se conjuran contra él”. Tal vez Zapatero se considera un verdadero genio de la política y un hombre poderoso contra el que arremeten los necios. Y bien podría ser así o todo lo contrario. Con estas citas con las que nos ofusca, uno está dispuesto a creerle a pies juntillas, porque si alguien cita a Borges puede que sea un genio y que de verdad estén conspirando contra él, igual que ya se sabe que el mundo entero se conjuró contra la selección argentina para que no ganara el mundial. Yo no quiero ser malévolo, pero, en vista de lo que se le avecina, yo le aconsejaría a Rodríguez Zapatero que se aplicara a leer "De profundis", que es la larga carta llena de reproches que escribió Oscar Wilde a su amante Alfred Douglas desde la prisión donde estuvo preso durante dos años (léase reseña aquí): Tan profundo fue el sufrimiento de Wilde que dio un paso más allá del estoicismo y se volvió cristiano viejo. Estremece todavía escucharle decir a Wilde lo que tal vez tendría que empezar a reconocer Zapatero después de la entrevista que ha dado hoy en televisión: "Olvidé que la más íntima de las acciones cotidianas forma o destruye el carácter, y que, por lo tanto, algún día habremos de gritar desde el tejado lo hecho en el secreto de la alcoba. Perdí el dominio sobre mí mismo. Dejé de ser el piloto de mi alma sin advertirlo. En cambio, me dejé dominar por el placer, y vine a parar a esta tremenda vergüenza.". Pero hay que decir que el sufrimiento no dignifica ni es ningún fuego que purifique. En cuanto a Oscar Wilde, nos basta saber que con el barro de su dolor no volvió a modelar ninguna obra maestra. De hecho, se murió al poco tiempo de salir de prisión, alejado de su patria y en la mayor de las vergüenzas. Eso sí, muriendo tal como había vivido, siempre por encima de sus posibilidades.
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