EFÍMEROS Y BREVES 136. Friedrich Schiller (1759-1805): "Oda a la alegría" en su 221 aniversario de su muerte
Debido a que los poemas de Schiller
suelen tener una gran extensión, se deja un solo poema, el más famoso y que
inspiró a Beethoven su famoso himno a la alegría, un poema que es toda una
exaltación a la fraternidad entre los hombres y también a la libertad. Se deja,
además, al final de este poema, una extensa reseña biográfica basada en la
biografía que escribió Rüdiger Safranski: “Schiller o la invención del
idealismo alemán”.
A LA ALEGRÍA
Alegría, centella de los dioses,
Tú, del Eliseo hija la más bella,
Cruzamos el umbral, ebrios de fuego,
¡Oh, celestial!, de tu divino templo.
Tus sortilegios atan nuevamente
Cuanto la moda, rígida, cortó;
Los hombres todos hermanados quedan,
Donde tus suaves alas se demoran.
CORO
Dejad que os abrace, ¡Oh millones!
¡Vaya este beso para el mundo todo!
Hermanos, sobre el pabellón de estrellas
Ha de habitar un padre bondadoso.
¡Quien la magna ventura ha conocido:
De un amigo saber ser el amigo;
Quien conquistó una dulce compañera,
Al alborozo súmese en su júbilo!
¡Quien cuando menos una sola alma
En este vasto mundo llame suya!
Y al cabo, quien jamás lo haya logrado,
Apártese llorando de esta alianza.
CORO
Cuanto este orbe soberano habita,
¡rinda a la simpatía su tributo!
Ella señala el rumbo a las estrellas,
Donde el Desconocido tiene el trono.
Los seres todos alegría beben
En los pechos de la Naturaleza;
Todos los buenos y los malos todos
De sus huellas de rosas van en pos.
Nos dio besos y pámpanos también,
Y un amigo, probado hasta en la muerte.
También a la lombriz placer le han dado
Y yérguese ante Dios el querubín.
CORO
¿Os prosternáis, millones?
¿barruntas tú, oh mundo, al Creador?
¡Buscadlo más allá de las estrellas!
Más allá, en lo alto ha de morar.
Alegría es el muelle poderoso
En la naturaleza sempiterna.
Alegría es quien mueve los volantes
De este magno reloj del universo.
Hace brotar de las semillas flores,
Soles hace nacer del firmamento,
Echa a rodar por el espacio esferas
Que del astrónomo la lente ignora.
CORO
Alegres, tal como sus soles vuelan
Por el brillante prado celestial,
Haced vuestro camino, oh hermanos
Ufanos como un héroe va a triunfar
De la verdad en el espejo ígneo
Risueña ella se muestra al erudito;
De la virtud hacia la abrupta cuesta,
Ella la ruta orienta del paciente.
En la solar montaña de la fe,
Uno ve ondear al viento sus banderas,
Por entre los quebrados ataúdes
A ella de pie en el coro de los ángeles.
CORO
¡Soportad animosos, oh millones!
¡Soportad por aquel mundo mejor!
Por sobre el pabellón de las estrellas,
Un dios grande dará su galardón.
Retribuir a los dioses no es posible,
Asemejárseles empero es bello.
Que Aflicción y Pobreza se presenten
Para alegrarse con quienes se alegran.
Que Rencor y Venganza ya se olviden,
Y al mortal enemigo se perdone:
Ninguna lágrima apremiarlo debe
Ningún remordimiento atormentarlo.
CORO
¡El libro rómpase de nuestras deudas!
¡El mundo íntegro, reconciliado!
Hermanos, sobre el pabellón de estrellas,
Juzgará Dios así como juzgamos.
Alegría bullendo va en las copas,
En la dorada sangre de la uva
Dulzura también beben los caníbales
Y heroico brío la desesperanza.
Hermanos, el asiento abandonad
Al recibir el cáliz rebosante,
Dejad que al cielo salten las burbujas:
¡sea esta copa para el buen espíritu!
CORO
A quien el vórtice estelar alaba
Y con su himno el serafín celebra,
Sea esta copa para el buen espíritu
¡por sobre el pabellón de las estrellas!
Ánimo firme en los pesares graves,
Auxilio, donde llora la inocencia,
Juramentos prestados para siempre
Verdad al enemigo y al amigo,
Viril orgullo ante reales tronos
-si valiesen, hermanos, sangre y bienes-
Al mérito se entreguen sus coronas,
¡de la mentira húndase el engendro!
CORO
Estrechad más aún el sacro corro
Para jurar por este áureo vino:
Fidelidad inquebrantable
¡Juradlo por el juez de las estrellas!
¡Salvación de tiránicas cadenas,
Grandeza de alma incluso para el pillo,
Esperanza en el lecho del que muere,
Y gracia todavía en el patíbulo!
¡Hasta los muertos tienen que vivir!
Venid hermanos, bebed y cantad,
Haya perdón para los pecadores
Y que el infierno al fin no exista más.
CORO
¡Un momento apacible el del adiós!
¡En el sudario dulce el sueño sea!
¡En los labios del juez, para los muertos
Benigna sea, hermanos, la sentencia!
RESEÑA BIOGRÁFICA
Johann Christoph Friedrich Schiller nació el 10 de noviembre de 1759 en Marbach. Era el segundo hijo de un matrimonio formado por un padre que servía como alférez en el ejército y una madre que seguía la carrera itinerante del marido, con continuas mudanzas, hasta el punto de que Schiller estuvo a punto de nacer en un campamento militar, donde la madre tuvo los primeros dolores del parto. Los primeros años de Schiller se desarrollaron en las diversas ciudades en las que el padre recalaba siguiendo los distintos destinos de su carrera militar. Durante tres años viven en Lorch, hasta que a finales de 1766 el padre pide el traslado a su regimiento en la plaza de Ludwigsburg, una pujante ciudad que pretendía convertirse en foco del rococó europeo. Allí Friedrich asiste a las primeras representaciones de ópera y de teatro. Durante cuatro años estudia en la Escuela de Latín, primer paso para ser aceptado en el seminario de Tubinga, ya que Schiller comienza a acariciar la idea de hacer carrera eclesiástica. Sin embargo, por decisión soberana del duque de Wurtemberg, entra a estudiar en la academia militar de la Solitude, una especie de vivero humano que forjaba oficiales y funcionarios. El Duque en persona se había tomado la escuela como una cuestión de Estado, acudiendo diariamente para controlar la enseñanza hasta el punto de que él mismo hacía las veces de vigilante en los exámenes. Allí vive Friedrich acuartelado bajo el rigor de la disciplina y el espíritu autoritario de la educación militar. A partir de 1776 Schiller abandona los incipientes estudios de derecho y se decide a estudiar medicina en Stuttgart, ciudad a la que se traslada la academia militar. De gran influencia para la posterior orientación de Schiller será la figura del profesor Jakob Friedrich Abel, procedente del seminario de Tubinga y que alentó las lecturas de Schiller con filósofos materialistas franceses, Shaftesbury, Rousseau, Herder y el movimiento del Sturm und Drung. Fue en esta institución educativa donde comenzó a hacer sus pinitos en poesía influido por la lectura de la Mesiada de Klopstock y, sobre todo, por las producciones dramáticas de la época del Sturn und Drung. En 1776 aparecen sus primeros escarceos líricos en el “Schwabische Magazin” y al año siguiente comienza a componer su primera obra teatral, “Los bandidos”. Durante esta época Schiller se halla enfrascado en su tesis doctoral. Busca en la medicina una base teórica que le permita filosofar sobre la naturaleza humana. Su tesis doctoral será rechazada por el Duque en 1779 hasta que finalmente es aceptada otra distinta un año más tarde. Schiller arma su tesis recurriendo a una teoría del amor como principio que anima la vida, alumbra el conocimiento y cohesiona todo el universo. Con el fin de salvar la libertad en la máquina fisiológica, elabora una teoría de la atención. Gracias a la atención el alma puede tener un influjo activo en el pensamiento. Esta teoría le permite indagar en lo que va a ser su gran preocupación: el tema de la libertad humana. Para Schiller la libertad va a consistir siempre en el acuerdo del hombre consigo mismo. Al culminar sus estudios, Schiller es nombrado médico del regimiento de granaderos con una módica paga, que le lleva a sentirse menospreciado por el Duque Carlos, después de que éste le hubiera prometido una buena colocación. En Stuttgart, donde ejerce de médico, vive en la casa de Luise Dorothea Vischer , viuda de un capitán, que más tarde será destinataria de sus poesías en "Las odas a Laura". El régimen cuartelario en que vive Schiller es tan riguroso que no puede alejarse de la ciudad sin permiso del general; incluso para visitar a los padres necesita antes pedir autorización. Quiere mitigar un poco este rigor solicitando al duque que le permita al menos vestir de civil durante su tiempo libre, pero el duque se lo deniega y se ve obligado a llevar un uniforme que detesta. A Schiller no le quedaba ya más válvula de escape que las tabernas y durante esta época se le ve a menudo llevar una vida licenciosa. A finales de mayo de 1781 aparece “Los bandidos” de forma anónima, después de costearse la edición de su propio bolsillo. A principios de julio recibe el encargo de preparar “Los bandidos” para el teatro de Mannheim y el 13 de enero del año siguiente se ofrece en éste la primera representación. Schiller, que no podía salir de Stuttgart sin permiso, viaja allí en secreto con su amigo Petersen. El gran éxito cosechado convence a Schiller de que ha de conseguir por parte del duque un traslado a Mannheim para poder vigilar la representación de la obra. Pero el duque, que se ha enterado de su viaje secreto a Mannheim, y que lo considera poco menos que una deserción, castiga a Schiller con un arresto de catorce días y le prohíbe todo contacto con el extranjero. Mientras permanece en prisión trabaja en el “Fiesco”, el drama republicano de la libertad. Poco después el duque prohíbe a Schiller toda actividad como escritor, bajo pena de destitución o arresto. Esta censura da la puntilla a Schiller, que decide huir de Stuttgar el 22 de septiembre junto a un amigo después de haber hecho todos los preparativos. Diversas intrigas políticas hacen que sea acogido en Mannheim con recelo y el 3 de octubre de 1782 parten a pie hacia Frankfurt. A primeros de diciembre Schiller es acogido en la ciudad de Bauerbach por la madre de un amigo, la señora Henriette. Allí tiene amoríos con su hija Charlotte y traba amistad con el bibliotecario de la ciudad, que más tarde se convertirá en el marido de su hermana. El 27 de julio de 1783 regresa a Mannhein. A partir de Septiembre obtiene por un año el puesto fijo de poeta del teatro y contrae la obligación de entregar tres obras preparadas para la escena: Fiesco, Louise MIllerin y una tercera. Ambas obras son bien recibidas por el público del teatro. Cuando al fin expira el contrato que le une al teatro de Mannhein, los acreedores de las numerosas deudas que había contraído para poder editar sus primeras obras se le echan encima. Firedrich Schiller no tiene más remedio que volver a huir y se dirige a Leipzig, donde unos amigos que ha conocido a través de un intercambio de cartas le ayudan a establecerse: se llaman Korner y Huber. De éste último consigue un crédito para poder liquidar sus deudas en Mannhein y financiar su viaje. A fin de costearse sus medios de vida, esboza el proyecto de una revista: "Rheinische Thalia". El primer número de esta revista aparecerá en marzo de 1785, pero sin el éxito de suscriptores que había previsto. Comienza el primer número con la edición del primer acto de “Don Carlos”, la obra que ahora tiene entre manos. Schiller llega por fin a Leipzig el 17 de abril, pero al poco tiempo escapa del ajetreo de la ciudad y se instala en el cercano pueblo de Gohlis, hospedado en una casa de labradores. En el otoño de 1785 pasa animadas veladas en compañía del matrimonio Korner y al abrigo de esta amistad surge la "Oda a la Alegría", poema que ampliará su fama años después, cuando sea acompañado por la música de Bethoven. El 29 de agosto de 1787, en Hamburgo, tuvo lugar la primera representación de “Don Carlos”, con estrepitosos aplausos. Ese mismo año Schiller parte hacia Weimar, después de pagar algunas deudas con los ingresos de su obra. Schiller había acudido allí con la pretensión de que el duque le proporcionara alguna colocación, como a Goethe o a Herder. En Weimar entabla relación con el propio Herder, que acababa de publicar “Las ideas para la Filosofía de la historia de la humanidad” y que se hallaba en desacuerdo con la visión de Kant sobre la Historia. Schiller, que en aquel momento está trabajando en la historia de los Países Bajos, comienza a interesarse por la filosofía de la historia. En la primavera de 1788 compone el poema “Los dioses de Grecia”. El poema encierra una disputa entre la conciencia mítica y la moderna, entre el mundo estético de los griegos y el mundo moral cristiano. Schiller ve todavía en la poesía un medio privilegiado para poder superar esta brecha entre esas dos grandes concepciones del mundo. En un tono menos elegiaco, el poema “Los artistas” vuelve a incidir en el mismo tema. En diciembre de 1787, un regreso por unos días a Mannheim para visitar a su hermana va a propiciar el encuentro con dos mujeres que dejarán una huella duradera en Schiller. Se trata de las hermanas Karoline y Charlotte Lengerfeld, pertenecientes a una familia de la antigua nobleza imperial. Después de cortejar a ambas, finalmente se decide a declararse a Charlotte, una mujer de amplia cultura y sensibilidad, que gustaba de los libros de Shaftesbury y Gibbon. Ella será quien propicie el primer encuentro con Goethe, personaje que en un primer momento juzgó desagradable, pero que enseguida iba a influir en su vida de artista de una forma considerable. Gracias a Goethe, consigue una invitación para enseñar en la universidad de Jena, ciudad de ambiente estudiantil y de gran efervescencia cultural que pronto va a convertirse en la cantera del idealismo alemán. Llega a Jena el 11 de mayo de 1789 y quince días después da su lección inaugural sobre la Historia. La expectación que ha creado su fama llega al punto de que el auditorio se desborda y muchos estudiantes tienen que escucharlo fuera del recinto. Para Schiller la Historia tiene un fin que coincide con el que la Naturaleza tiene destinado al hombre, pero, en la intrincada cadena de sus causas y efectos, el hombre trata de imprimirle una teleología, un fin y un sentido que no está más que en su entendimiento. Para arrojar un poco de luz en esta desproporción entre los fines de la Naturaleza y los del hombre, Schiller nos va a proporcionar, en su novela “El visionario”, una imagen reveladora: “soy como un mensajero que lleva una carta sellada al lugar de su destinación. Es indiferente para él lo que la carta contiene, lo único que puede ganarse en esa tarea es su retribución como mensajero”. En febrero de 1790 se casa con Charlotte después de un noviazgo oficial de varios meses. Durante 1790 se pone a la tarea de escribir por encargo un libro sobre la guerra de los treinta años. Cuando finalmente el libro sale a imprenta, obtiene un éxito clamoroso: se venden siete mil ejemplares en unas pocas semanas y el libro entra en la casa de todas las familias cultivadas de Alemania. El 3 de enero de 1791 sufre un acceso de fiebre provocado por una enfermedad que a la larga iba a terminar con su vida: se trata de una neumonía crupal. Queda postrado durante semanas y su estado llega a ser tan grave que los estudiantes se turnan para vigilar al enfermo. Entre estos se encontraba Novalis, que había sido oyente de las lecciones de Schiller y del que llegó a decir, tras recordar aquellos momentos, que en él había reconocido “al genio superior, que extiende sus alas por encima de los siglos”. Al cabo de un mes largo Schiller se recupera de la fiebre pero la enfermedad no le abandonará ya más. El 8 de mayo sufre un nuevo ataque, todavía más virulento. Por todo el país se difunde el rumor de su muerte, que se extiende también por Dinamarca. Dos amigos de este país, fervientes admiradores de Schiller, el ministro Schimmelmann y el duque de Augustenburg harán al poeta enfermo una oferta que no puede rechazar: le facilitan un descanso para su enfermedad ofreciéndole un donativo anual durante tres años. Schiller solicita por ello un permiso para dejar su actividad docente. En la primavera de 1793 reanuda sus lecciones hasta que un acceso de dolor le hace retorcerse sobre el pupitre. Su salud será tan delicada a partir de entonces, que Goethe llega a decir: “cuando lo vi por primera vez, creí que no viviría ni cuatro semanas”. A partir de ese momento ya no vuelve a la cátedra; lleva una vida retirada recluido en su casa, donde recibe numerosas visitas y se relaciona a través de una fluida producción epistolar. En la primavera de 1793 publica el gran tratado sobre “La gracia y la dignidad”. Poca antes del viaje que hace a Suabia para ver a sus padres ya ancianos, el 13 de julio de 1793, envía la primera carta sobre Filosofía de lo bello al duque de Augustenburg. Era la primera de toda una serie de cartas en las que quería expresar el resumen de su reflexión sobre el arte. El viaje que con su esposa hace hacia su tierra de Suavia desde Agosto de 1793 hasta mayo de 1794 le proporciona la alegría de un encuentro con sus padres y con su nuevo librero Cotta, pero los dolores y espasmos de su enfermedad se recrudecen. El 14 de mayo de 1794 Schiller llega a Jena con una salud pasable, en el momento en que Fichte es contratado como sucesor de una cátedra vacante. Entre las razones que movieron a Fichte a aceptar la invitación de enseñar en Jena estaban la veneración que sentía por Schiller y la perspectiva de trabajar junto a él en la Universidad. Pero la colaboración más fértil se va a producir con Goethe, a quien atrae para su proyecto de revista estética (Die Horen), sembrando por carta la semilla de una futura amistad. En Septiembre de ese mismo año recibe una invitación de Goethe para que vaya a visitarlo a Weimar: “La corte -escribe Goethe-,se va por un tiempo a Eisenach, y eso brinda una bonita ocasión para disfrutar de la amistad recientemente fundada”. Schiller acepta la invitación con alegría, pero enseguida su estancia va a quedar lastrada por la enfermedad, siendo incapaz de adaptarse a un orden normal de vida doméstica. En los días posteriores a la invitación de Goethe y poco antes de presentarse en Weimar, comienza a reelaborar y ampliar las cartas al duque Augustenburg, convirtiéndolas en una de las obras más influyentes en la filosofía de la estética: se trata de las “Cartas para la educación estética del hombre”. Se puede resumir la tesis de sus cartas en la idea de que a través de la belleza el hombre camina hacia la libertad y que por tanto el arte tiene el papel de preparar la sensibilidad del hombre para que pueda acceder a un futuro Estado de libertad. Pero el mundo estético no sólo será el terreno para ennoblecer los sentimientos que hagan merecedor al hombre de un estado moral más elevado; también será el ámbito más apropiado para que dé rienda suelta a su vertiente más humana: su faceta de “homo ludens”, su capacidad para el juego y la fantasía. Célebre es la conclusión de su carta XV: “Por decirlo finalmente de una vez, el hombre juega tan sólo cuando es hombre en el sentido pleno de la palabra, y sólo es enteramente hombre cuando juega”. Después de publicar las cartas, escribe el ensayo “Poesía ingenua y poesía sentimental”. Para Schiller lo ingenuo es lo natural, intuitivo e inmediato y lo sentimental representa el artificio y lo reflexivo. Lo ingenuo es lo antiguo y lo sentimental es lo moderno. El gran peligro que ve Schiller en la modernidad es el artificio hueco y el mecanismo sin alma. En diciembre de 1799 se traslada a Weimar con ocasión de la temporada teatral y allí colabora con el Teatro de Weimar, del que Goethe era director. A partir de entonces, alterna su residencia entre Jena y Weimar. El 14 de junio de 1800 estrena María Estuardo. Inmediatamente se pone a trabajar en “la doncella de Orleans” donde dramatiza la vida de Juana de Arco. Los nuevos escritores románticos de Jena y Berlín acogen favorablemente la obra por su afinidad con la edad media y el mundo católico. Año y medio más tarde presenta “La novia de Mesina”, con reminiscencias de la Antigüedad y del mundo pagano. El 18 de febrero de 1804 termina “Guillermo Tell”, tema que tomó prestado de Goethe después de que este hiciera un viaje por Suiza y estuviese dándole vueltas al personaje sin que pudiera llegar a perfilarlo. “Guillermo Tell” narra la historia de unos hombres que son ya interiormente libres y que por ello conquistan la libertad externa y traen al mundo la libertad, la igualdad y la fraternidad. En estos últimos años, se debate entre el éxito cosechado por su obra y la enfermedad, que le va postrando cada vez más. Los teatros se disputan sus piezas y los editores le pagan suculentos honorarios; por primera vez en su vida consigue vivir sin estrecheces. En 1802 se compra una suntuosa casa a pocos pasos de la vivienda de Goethe. Recibe sinecuras a cargo del príncipe elector del imperio y es elevado por el emperador Francisco en el otoño de 1802 al rango de noble del imperio con carácter hereditario. En la primavera de 1804 viaja a Berlín, buscando un público más amplio y abierto para sus proyectos teatrales. Frecuenta el teatro casi todas las noches y en su honor se ofrecen representaciones de sus obras. A la vez, reanuda su amistad con Fichte, que se había mudado a Berlín después de haber sido expulsado de la Universidad de Jena acusado de impiedad. Pero la enfermedad ya apenas le deja trabajar y se ve obligado a escribir “Demetrio” interrumpido por continuas crisis. La tarde del primero de mayo, durante una representación de una comedia de salón, Schiller se desploma en su palco. Siente escalofríos. Morirá una semana más tarde, el 9 de mayo de 1805.

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