domingo, 28 de mayo de 2017

POETAS 97. Jorge Guillén II (Clamor)

 


Jorge Guillén nace en Valladolid en 1893, donde realiza sus primeros estudios hasta que se traslada a Madrid para comenzar la carrera de Filosofía y  letras. En esta ciudad comienza a la vez una estrecha relación con la residencia de Estudiantes, en donde más tarde conocerá a alguno de los miembros más destacados de la generación  del 27. Entre 1909 y 1911 viaja por Suiza e Italia. Desde 1917 a 1923 sucede a su amigo Pedro Salinas como lector de español en La Sorbogne. Es en uno de esos frecuentes viajes que hace por Europa conoce, en la localidad de Trégastel (Bretaña), a la que más tarde será su primera mujer, Germaine Cahen, con la que tendrá dos hijos. Al año siguiente de obtener en 1924 su doctorado en Madrid con una tesis sobre Góngora, ocupa la catedra de literatura en la Universidad de Murcia hasta el año 1929, y allí funda junto a unos amigos  la revista “Verso y Prosa”. Es también, durante este periodo, cuando comienza a mandar a  revistas sus primeros poemas, que culminan con la publicación en el año 1928 de su primer libro, “Cantico”, que en una primera edición constaba sólo de 75 poemas, lejos todavía de su magna versión definitiva. Desde 1929 a 1931 hace un lectorado  en la Universidad de Oxford y más tarde se incorpora como catedrático en la Universidad de Sevilla hasta el año 1936. La guerra civil provoca su encarcelamiento en Pamplona y precipita su exilio en el año 1938.  Durante su etapa fuera de España ejercerá su labor docente en las Universidades de Middlebury, McGill (Montreal) y en el Wellesley College. Después de la muerte de Germaine y de jubilarse en el Wellesley College en 1957, marcha  a Italia, donde conocerá en el año 1958 a su segunda mujer, Irene Mochi-Sismondi, con la que regresa durante un breve periodo de tiempo a la ciudad de Málaga. Harvard y Puerto Rico son sus nuevos destinos docentes, hasta que una caída con rotura de cadera lo aparta definitivamente de la enseñanza. Durante los últimos años de su vida radicó su residencia definitivamente en la ciudad de Málaga donde le fueron llegando multitud de premios como reconocimiento a su categoría como poeta y ensayista, entre ellos el premio Cervantes, en 1976, y el Alfonso Reyes, en 1977. Murió en Málaga el 6 de febrero de 1984. A Jorge guillen se le ha considerado  discípulo de Juan Ramón Jiménez, por su inclinación a la poesía pura, que el definía como “todo lo que queda en el poema después de haber eliminado todo lo que no es poesía”. Jorge guillen comienza tardíamente su carrera poética con la publicación de los 75 poemas de Cántico en 1928, que será ampliada con sucesivos poemas hasta alcanzar los 334 en su versión final publicada en México en 1950. Obra de actitud optimista en donde exalta el deleite de existir, la armonía cósmica y la plenitud de ser. Jorge Guillen concibió siempre su obra como un todo orgánico que se iría completando con más libros: Clamor (1963), Homenaje (1967), otros poemas (1973) y final (1982). Se ha considerado a Jorge Guillen como uno de los poetas más clásicos de la generación del 27, pero también como uno de los más herméticos, en la línea gongorista. Su ideal de poesía pura puede resumirse en la supresión de lo anecdótico, la precisión en las palabras y la concentración en los temas. Abundan las oraciones exclamativas, sin verbo,  y los versos de arte menor. Se deja aquí una selección de poemas de su segundo libro: “Clamor”. Clamor es un libro compuesto por tres apartados aparecidos en intervalos de tres años en Buenos aires entre 1957 y  1962: “Maremagnum” , “Que van  a dar en la mar” y “A la altura de las circunstancias”, con 285 poemas, alguno de ellos en prosa. En este libro el optimismo de “Cántico” es matizado por los desastres de la guerra civil y la posterior desesperanza del exilio, que provoca cierto compromiso político, ausente hasta entonces. El caos de la amenaza atómica, la grisura de la dictadura y el dolor de la muerte de su primera esposa en 1947 truecan sus preocupaciones existenciales por una visión crítica de la Historia que ahonda en la alienación del hombre contemporáneo.


*****


MUERTE DE UNOS ZAPATOS

¡Se nos mueren! Han vivido
con fidelidad: cristianos
servidores que se honran
y disfrutan ayudando,


Complaciendo a su señor,
un caminante cansado,
a punto de preferir
la quietud de pies y ánimo.


Saben estas suelas. Saben
de andaduras palmo a palmo,
de intemperies descarriadas
entre barros y guijarros.


Languidece en este cuero
triste su matiz, antaño
con sencillez el primor
de algún día engalanado.


Todo me anuncia una ruina
que se me escapa. Quebranto
mortal corroe el decoro.
Huyen. ¡Espectros-zapatos!

 



AQUELLOS VERANOS

Lentos veranos de niñez
con monte y mar, con horas tersas,
horas tendidas sobre playas
entre los juegos de la arena,
cuando el aire más ancho y libre
Nunca embebe nada que muera,
y se ahondan los regocijos
en luz de vacación sin tregua,
el porvenir no tiene término,
la vida es lujo y va muy lenta.

 


HORMIGA SOLA

Grande, negra, la hormiga
se para, bulto inerme
que de pronto se arroja con sus prisas
a un curso que ya nunca se detiene,
y como atolondrada zigzaguea,
corre más regresando y sin oriente,
por el camino de ninguno busca,
losas conquista y pierde
aumenta su negror con su veloz tamaño,
veloz, veloz, a solas con su muerte.

 


TOMAR EL SOL

Apoyándose en la tapia
tomar el sol y de pie
sentir minuto a minuto
que no, no quiere correr
el tiempo bien soleado,
tan gustosamente fiel
a la sustancia de ahora,
que late como una sien
entre rayos y raíces
de un hoy con todo su ayer.

 


MODO PATERNO

Me convierto en mi alegría:
llegan, aquí están los hijos,
y todo el vivir se siente,
aun pasando, sustantivo.
!Oh suprema realidad!
Encajándome en su quicio,
me arroja desde mis límites
hacia un futuro infinito.
Mis criaturas me salven:
Morir no es todo mi sino.



 
2 DE NOVIEMBRE

¡Fiesta de todos los muertos!
Son tantos que me figuro
su aglomeración por masas
de silencio sin asunto.
Ignorándose entre sí,
¿Discernirán en el bulto
de nuestro día la voz
que sube hacia cada uno,
O seremos a lo lejos
Masas, masas de murmullos?


 

LA MEMORIA QUISIERA…

La memoria quisiera con sus redes
salvarnos eso que se nos escapa,
casi deshecho por continua zapa,
abismo abajo, pútridas paredes.


Todo se descompone. Tú no puedes,
memoria infiel, guardar tras esa capa
de mendigo tus joyas, y en un mapa
de remiendos concluyen tus mercedes.


Algo flota, por fin, contra el olvido
que sin cesar rehace su marea
con su reiteración de rollo lento.


En la orilla se yergue un conmovido
náufrago de alta mar. Dice, jadea,
algo evoca su voz. Si fue, ya es cuento.

 


CUALQUIER DÍA

…Y será en un día cualquiera,
un día que habré yo cruzado
tantas veces sin que en él viera
su futuro significado.


Para mi calle esa jornada
sonará con el ruido mismo
de costumbre. Mientras la nada
me alojará en mi propio abismo.


Abismo que yo ignoraré,
que ahora concebir no puedo.
Ay, los ímpetus de mi fe
declinan ante el gran enredo.


Todo queda tan misterioso
con profundidad tan remota
que ni aguardo como un acoso
tal incógnita. No hay derrota.


Me aflige, sí, la perspectiva
de abandonar esta galera.
Lástima que se nos prohíba
la luz desde un día cualquiera.


 

SOBREVIVIR

¡Sobrevivir a tanto muerto!
Columbro la muerte más cerca.
Un cenit invertido y yerto
se ve en el agua de la alberca.


Me han arrebatado sus vidas
los en amor supremos: seres
a quienes estaba unidas
las horas que no son deberes.


Y me siento perdido y pobre,
y no sé yo solo siquiera
flotar sin temer que zozobre
mi tabla de floja madera.


Aquí están su libro y su plato,
nuestro gozo y dolor comunes.
Sin mis muertos, nada me es grato
como ayer. -¿Qué es hoy? Triste lunes.


No es de mi sol la luz actual
ni me penetran sus destellos.
A la vida le falta sal.
Voy muriéndome ya con Ellos.

 


LOS POBRES MUERTOS

Los pobres muertos no padecen nunca,
apenas piedra que se desmorona,
o polvo de retorno en pro de un fondo
sin fibra de dolor, sin yo retráctil,
sin tiempo en que se angustie la memoria.
Los pobres muertos lo han perdido todo,
hasta aquellos jardines que no habitan,
entre flor y ciprés, ciprés y mármol,
bajo los nombres quizá ya confusos
que mal invocan a los siempre ausentes.
Ausentes de sí mismos invisibles
a las miradas de sus calaveras,
Calaveras que así no melancólicas
presiden sin querer sus esqueletos
con mineral tranquilidad de luna.
Los pobres muertos, inclusos,
la gran tiniebla interna de la tierra,
no guardan ni su propio ser muertos.
Tan pobres yacen que no son ni pobres,
forzados a ser muerte – y más terrosa,
cada día más polvo infuso a un fondo.



 

PLACER Y LIBRERÍA

Alto breve en el callejeo.
Un escaparate nos llama
con los títulos que la fama
concierta y rige como Orfeo.
Volumen a volumen leo
portadas en sonoro idioma,
y tanto mundo allí se asoma
que me lanzo a él: librería
por donde mi placer me guía.
Sé de una mágica redoma…



 

CANTE JONDO

Cante jondo, cante jondo,
un ay se aleja y se esconde.
Con el alma le respondo:
¿Adónde vas, ay, adónde?
La voz a campo traviesa
de lamentarse no cesa,
que el mundo no es ya redondo.
!Ay! Por el campo nunca verde
un ay se quiebra, se pierde.
Cante jondo, cante jondo.

 


ARS VIVENDI

Pasa el tiempo y suspiro porque paso,
aunque yo quede en mí, que sabe y cuenta,
y no con el reloj, su marcha lenta
-Nunca es la mía- bajo el cielo raso.


Calculo, sé, suspiro –no soy caso
de excepción- y a esta altura, los setenta,
mi afán del día no se desalienta,
a pesar de ser frágil lo que amaso.


Ay, Dios mío, me sé mortal de veras.
Pero mortalidad no es el instante
que al fin me privará de mi corriente.


Estas horas no son las postrimeras,
y mientras haya vida por delante,
serán mis sucesiones de viviente.



 

VIDA COTIDIANA

¡Vida sin cesar cotidiana!
Así lo eres por fortuna,
y entre un renacer y un morir
día a día te das y alumbras
lunes, martes miércoles, jueves
y viernes y…
Todos ayudan
a quien va a través de las horas
problemáticas pero juntas
en continuidad de rosario.
!Dominio precario!
Se lucha
por asentar los pies en Tierra,
por ser punto real de la curva
que hacia los espacios arrastra
nuestra ambición de criaturas,
anhelantes de hallar contacto
con los relieves, las arrugas
de la realidad inmediata,
por eso difícil y dura,
dura de su propio vigor,
que mis manos al fin subyugan
de costumbre en costumbre.
¡Vida
tan cotidiana! Sin disculpa.

 
NUESTRO TIEMPO

Libre, libérrimo, marcha de prisa, despacio, se detiene, recobra su andadura, su propia andadura por una calle en que no pesa ningún régimen de opresión… sino el de un multiforme tirano irresistible. Nuestro Tiempo

Ese otro, dignísimo presidente, entra en su despacho central. Firme sin énfasis, con elegancia autoritario, se dispone a telefonear, o dictar, mandar, siempre bajo la vigilancia del invisible jefe: Nuestro Tiempo.

Pero Z, joven de profesión, docilísimo con orgullo, sabe quien dirige sus pasos y guía sus palabras originales, y cuál es el primer voto que le exige su Orden. Sí, sí, sí: voto ferviente de obediencia a Nuestro Tiempo.

Sutil, difuso o grueso, articulado, con persuasiones de fatalidad o de policía, en carteles industriales o políticos, entre pantallas y periódicos sea dios y sea rey para culto y para gloria Nuestro tiempo.
 



EL ASESINO DEL PLANETA

Alguien podría ser este asesino. Tal vez se halla ahora soñando con el desenlace grandioso que satisfaría un instinto muy radical desde la entraña de la más ilustre de las bestias,

 Esa bestia que algunas veces consigue trepar hasta un nivel humano. El Sumo Desposorio podría consumarse; instinto de muerte con apocalipsis -¡Te quiero, te destruyo, mi Planeta!

Nuestro asesino no es , por supuesto, el Demonio encarnado ni el Mal en persona. Mediocre, eso sí. Y vulgar como todo el mundo a sus horas de televisión, de pornografía. ¿Cruel?

Cruel en potencia acaso. Bien vestido. Un señor. Y  técnico. Un técnico subalterno con deberes en despachos, en edificios oficiales.

Así, amasado con abstracciones, nutrido de papel y de número, sujeto dócilmente a la ficción sin imaginación, sordo a la ironía, el hombre se hunde en irrealidad, en su irrealidad.

Un vacío. Y de pronto, al borde de ese vacío, el poder. Conclusión: ¡si el poder invadiera ese vacío, si el vacío se fundiese con el poder! La mano  del mediocre sobre la Manivela.

El poder, mucho más fuerte que los más potentes, juega a la utopía, a la cruzada, alumbra antorchas entre pirámides de negocios. ¿Y si los Átomos desencadenaran su científico furor?

Nunca faltan pretextos. Un avión derribado, una frontera violada, el honor de… ¿el honor? El honor del país. ¡Oh libertad, oh comunidad! Todos cierran los ojos. Y la catástrofe.

Suicidio planetario, pureza del no ser. O por odio. Y como experimento. Los hombres han convertido un acto siempre toda sobrehumana o inhumana posibilidad: una especie de destino.

Las bombas están ahí y aguardan su plenitud. Los medios pesan más que los fines. Y tú, mediocre asesino en potencia máxima, ¿vencerás a todos nuestros dioses juntos?


 

LAS ÁNIMAS

Montones de supervivientes
miran el mundo de los vivos,
que con sus barcos y sus puentes
intentan servirles de estribos.


Después de aflicción y trabajo
-La vida más corta fue larga-
Cayeron mucho más abajo.
Sólo errores son ya su carga.


Los muertos añoran la tierra
de los hombres nunca divinos,
y sufren, sufren. ¿Se les cierra
la salida a humanos destinos?


Ese fuego no será eterno.
También el verdugo se cansa,
y está sumiso a buen gobierno.
Eternidad con Dios es mansa.


Mientras montones de difuntos
Tienden a los vivos las manos,
Las memorias. ¡Ah, todos juntos,
Y humanos, humanos, humanos!


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