EFÍMEROS Y BREVES 156. Fernando Pessoa y su tropa (1887-1935): Autopsicografía y tres poemas heterónimos más en el 138 aniversario de su nacimiento.
Dejo aquí “Autopsicografía”,
el célebre poema de Fernando Pessoa (1887-1935) donde proclama que el poeta es
un fingidor, acompañado además de tres poemas firmados por sus heterónimos más recurrentes:
Alberto Caeiro, Álvaro Campos y Ricardo Reis. Les anteceden un pequeño apunte
biográfico.
AUTOPSICOGRAFÍA
El poeta es un
fingidor.
Finge tan
completamente
Que hasta finge
que es dolor
El dolor que de
veras siente.
Y quienes leen
lo que escribe,
Sienten, en el
dolor leído,
No los dos que
el poeta vive
Sino aquél que
no han tenido.
Y así va por su
camino,
Distrayendo a la
razón,
Ese tren sin
real destino
Que se llama
corazón.
Alberto Caeiro
nació en Lisboa en 1889 y murió en 1915 de tuberculosis, pero casi siempre
vivió en el campo. No tuvo profesión, ni apenas educación. Surgió en 1914 y
tanto Fernando Pessoa como su heterónimo Álvaro de Campos lo reconocieron como
su maestro. Escribió "El guardador de rebaños", compuesto por 49
poemas de verso libre. Sostenía que las cosas deben verse tal como son, sin
añadirle interpretación ninguna.
Otro de sus
heterónimos, Ricardo Reis, llegó a escribir sobre Caeiro lo siguiente: “En
estas horas turbias, la única fuente de consolación para mi alma ha sido el
manuscrito, que siempre me acompaña, de “El guardador de Rebaños (de Alberto
Caeiro). Tiene toda la simplicidad, toda la grandeza, toda la posesión de las
cosas que los antiguos tenían; pero, escrito ya en oposición a los tiempos
modernos que lo vieron nacer, nos da como bálsamo lo que en otros era tan sólo
frescura; y donde los otros nos alegran mal, como niños inexpertos, éste nos
consuela y acaricia como los viejos prudentes y habituados a disculpar la
vida”.
IX
Soy un guardador de rebaños.
El rebaño es mis pensamientos
y mis pensamientos son todos sensaciones.
Pienso con los ojos y con los oídos
y con las manos y los pies
y con la nariz y la boca.
Pensar una flor es verla y olerla
y comer un fruto es saberle el sentido.
Por eso cuando en un día de calor
me siento triste de gozarlo tanto
y me tiendo a lo largo sobre la hierba
y cierro los ojos calientes,
siento todo mi cuerpo tumbado en la realidad,
sé la verdad y soy feliz
Álvaro de Campos
nació en Tavira en 1890, se graduó de ingeniero naval en Glasgow y pronto se
retiró a Lisboa donde llevó una vida inactiva. Había viajado al oriente y sabía
latín, idioma que le enseñó un tío cura. Su poesía se parece en ciertos aspecto
a la de Walt Whitman. De ella se deduce
su bisexualidad y un complejo sadomasoquista del que evidentemente se
siente culpable. No importa tanto el vanguardismo ideológico y formal de que
hace gala Campos, su admiración por las máquinas y la velocidad, como su
sentimiento de autodestrucción con el que parece querer pagar la deuda de su
apenas secreto pecado, y como su capacidad de volver al seno del mundo mítico,
en el que la Noche es la Madre divina y misteriosa.
ME QUITÉ LA MÁSCARA Y ME MIRÉ AL ESPEJO
Me quité la máscara y me miré al espejo:
Era un crío de no sé cuántos años…
No había cambiado en nada…
Esa es la ventaja de saberse quitar la máscara.
Se es siempre un crío,
Ese pasado que se queda,
El niño.
Me quité la máscara y me la puse de nuevo.
Así se está mejor,
Así soy la máscara.
Y vuelvo así a la personalidad como a un final de línea.
Ricardo Reis es
el poeta de las odas, el que recrea las viejas formas romanas del género, a la
manera de Horacio. Surgió en Pessoa en junio de 1914, unos días o semanas
después que Álvaro de Campos. Nació en Oporto en 1887, estudió Medicina y
emigró a Brasil en 1919, decepcionado por la República, siendo como era
monárquico hasta los huesos. Aún seguía
viviendo en las Américas cuando Pessoa murió en 1935. Sus odas se ajustan a una
métrica rigurosa y predican la aceptación estoica de todo lo que los dioses determinan.
Además, escribió ensayos que postulaban el renacimiento moderno del paganismo.
Celebró a Alberto Caeiro como maestro y polemizó con Álvaro de Campos sobre
diversas cuestiones literarias.
CONCÉNTRATE Y
SERÁS SERENO Y FUERTE
Concéntrate y
serás sereno y fuerte,
Pero concéntrate
fuera de ti mismo.
Para ti no seas
más que el pedestal
En el cual alzas
la estatua de tu ser.
Lo demás
empobrece, pues pobre.

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