"La verdad está en el Vaticano".
- Pietro Orlandi
Aunque no será la verdad filósofica, ni la religiosa, ni la verdad de la vida, pero ahí está tal vez la verdad de su vida y de la vida de su hermana. Pietro Orlandi apunta al Vaticano como la clave para desenmarañar uno de los mayores misterios del siglo XX, que podría dar lugar a varias novelas policiacas, a muchas películas de género negro y que originó uno de los documentales de Netflix que mayor éxito han cosechado en los últimos años: "La chica del Vaticano". Y trata de la hermana de Pietro, Emanuela Orlandi, que ahora cumpliría 57 años si no hubiera desaparecido con 15 años el 22 de junio de 1983, cuando se fue con su flauta a clase, sin saber que se iba con su música a otra parte. Pero ahora su hermano Orlandi dice (en "La voz de Galicia", leáse aquí) que nunca se fue a otra parte, que tal vez nunca salió del Vaticano donde vivía, y que si hay que saber la verdad, está allí en el Vaticano, aunque como en aquella película de Sam Peckinpah, la verdad sólo sea una mentira que no ha sido descubierta. El deber de Pietro es buscarla viva mientras no aparezca muerta, recordarla tal como era entonces; y es que los muertos y los desaparecidos no envejecen jamás, de ahí que esta historia de desapariciones y oscuras tramas cariacontecidas en otro siglo con una chica adolescente esté dando tanto jugo; se sigue buscando a una adolescente, pero la verdad siempre difiere mucho de cómo la imaginamos; Emanuela ahora tendría 57 años y tal vez descanse enterrada, pero su hermano aún la imagina viva, soterrada por la cúpula del Vaticano en algún convento de clausura, igual que está la verdad tal vez enterrada en algún huerto, en algún archivo, en alguna caja fuerte de algún banco del Vaticano, al que también implican en esta historia, como la mafia lavando su dinero, como Ali Agca sirviendo de bala de plata y de intercambio, incluso una turbia red de explotación sexual anda salpimentando la historia de esta desaparición; todo el submundo más siniestro que podemos encontrarnos en una novela de misterio aparece envuelto en la desaparición de Emanuela Orlandi, pero su hermano Pietro lo tiene claro: la verdad está en el Vaticano.
En su día Netflix intentó excavar la verdad con un documental que debió escocer tanto en el Vaticano que se tuvo que abrir un proceso en la Santa Sede 40 años después de ocurridos los hechos: la verdad es una patata caliente que se trata de enterrar para enfriar, pero vuelta a desenterrar para calentarla, y esto es lo que ha pasado con este caso de Emanuela Orlandi, que no se ha parado de excavar bajo sepulturas en iglesias, bajo llamadas teléfonicas que parecían venir del más allá con mensaajes sibilinos, en edificios de órdenes religiosas con puertas secretas y grutas que van a dar a las catacumbas romanas como en un misterio de alguna cripta embrujada. Por eso ante la espesura de la maraña con la que se ha encontrado Pietro Orlandi en busca de la verdad, por fin ha visto la cosa tan enmarañada que ha acabado concluyendo que la verdad está en el Vaticano, para muchos de sus fieles fuente de toda verdad, y Pietro les da la razón y dice que se halla ahí la gran verdad, sólo que custodiada por un espeso muro de silencio. El Vaticano, donde vivía él, donde vivía Emanuela con sus padres, eran como una gran familia para ellos y ahora Pietro Orlandi dice que esa familia le ha dado la espalda, y que siempre levantan en el Vaticano un muro de silencio. La verdad es elocuente pero para que no ejerza su habilidad se la amordaza tras un muro de silencio, no vaya a ser que cante y lo cuente todo y salte el Vaticano por los aires. Juan Pablo II colocó la piedra angular de ese muro desde el primer minuto, el Papa polaco, segun Pietro, fue notificado de la desaparición de Emanuela al instante, y es que los papas son como Dios y están al cabo de la calle y no se cae un pelo en el Vaticano sin que los papas lo sepan, porque son los que cuentan cada uno de los cabellos de nuestras cabezas. "¿Cómo es posible de que le avisen durante su viaje a Polonia de que una joven no había vuelto a casa?, podría estar con unos amigos, pero se lo dijeron a primera hora". Cómo no va a saber Pietro Orlandi que la verdad está en el Vaticano, su olfato de sabueso durante más de 40 años ya le está indicando donde está la verdad, ahí donde un papa se entera de la desaparición de una adolescente incluso casi antes de que desaparezca: eso es poderio para descubrir la verdad y lo demás son milongas. "Juan Pablo -denuncia Pietro- eligió salvar la institución y permitió que la omertá y el silencio cayeran sobre el caso". Un gran muro de silencio más alto que una enamrañada Torre de Babel. Con cada papa nuevo que se sentaba en la silla de San Pedro se levantaban nuevas esperanzas para que por fin se resolviera el misterio, pero tan sólo se ponían más piedras para levantar un gran muro de silencio: "Francisco levantó el muro de silencio más alto", denuncia, además de chivarle en el oído a Pietro que Emanuela está en el cielo, aunque no ignore Pietro que todo lo que vivió tras su desaparición tuvo que ser un infierno. La verdad está en el Vaticano, pero seguramente oculta y enterrada en alguno de sus sótanos o criptas o archivos secretos, tras un muro de silencio, que es lo que suele levantar el Vaticano para que no descubramos sus mentiras.

Comentarios
Publicar un comentario