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POETAS 149. Manuel Vilas: "Ciudades en venta"

 


Se deja una selección de poemas del último libro de Manuel Vilas (Barbastro, 1962), titulado “Ciudades en venta”. Cada poema está dedicado a una ciudad del mundo que da nombre al título. En el prólogo escribe: “He caminado ciudades y más ciudades, y todas eran iluminadas bajo la misma luz, como si allí residiese una celebración de la propiedad. Y tuve una revelación. El sol es el dueño de todas las metrópolis de la tierra, pues las hace visibles. Y las ciudades nacieron bajo la luz del sol.”

 

FLORENCIA

 

Pasé el día comiendo pasteles.

No comí ni carne ni pescado ni ensaladas ni legumbres

Ni espagueti ni lasaña ni mandarinas ni uvas,

Sólo me alimenté de pasteles,

Un cannolo aquí,

Un tiramisú allá,

Un amaretto con un expresso doppio,

Un panforte con un capuchino,

Un ricciarelli con un machiato,

Y así iba cayendo el día,

Herido por una dulzura imaginaria.

 

La miel, la avellana, la nata se acaban pronto,

En tres minutos la dulzura se marchó para siempre,

Es mucho más larga la vida.

 

Todo el día caminando por Florencia

Mis pasteles y yo.

 

En un bar una tarta de almendras,

En otro un bizcocho con el nombre

De una santa que olvidé.

No tienes que sentarte frente a un plato.

Ni esperar a que se enfríe.

 

No hay ceremonia, ni cubiertos.

 

De pie en las pastelerías de Florencia,

Eligiendo con el dedo índice el pastel más hermoso.

 

De pie en el puente de la Santa Trinidad,

Comiendo una sfogliatella,

Mientras miraba pasar las aguas del Arno.

 

Dejé caer unas migas

Para que los suicidas y los ahogados

Subieran a la superficie

Y lograran alimento y memoria.

 

Y el espíritu de aquellos seres doloridos

Ascendió de entre la oscuridad y el olvido,

Del barro y de las piedras,

Y pude ver sus cientos de rostros

Tristes y solitarios, convertidos en peces

Cuyas bocas luchaban unas contra otras

Por los reglados restos de mi sfogliatella.

 

 

 

ATENAS

 

Fui griego en otra vida, fui ateniense.

 

Se extrañaron mis amigos.

¿Pero de verdad es tu primera vez en Atenas?

¿Cómo es posible que conozcas todas sus calles?

 

Tuve padres griegos, abuelos atenienses una vez, dije.

 

Y me fue dado recordarlo en un prodigio

Que nunca es concedido a hombre alguno

Salvo a aquellos que se enamoran del fervor inalterable

Que aún subsiste en los alientos más profundos.

 

Fui a la que había sido mi casa y había

Un H&M, y sin embargo vi mi habitación,

Que estaba en el probador de mujeres.

 

Vi a mis abuelos atenienses en la sección

De caballeros, donde estaban las camisas blancas.

Vi a mi abuela hablarme en griego,

Me suplicaba que le diera un beso

Y se lo di, y me dijo tu padre acaba de morir.

 

Y lo vi muerto en la sección de vestidos de mujer.

 

 

PANAMÁ

 

Estoy en Panamá, me trajo un avión desde Atlanta.

Me hospedo en el Hotel Riu, en el piso veintiocho.

Veo la fila de barcos esperando cruzar el canal.

Quisiera ser el dueño del canal de Panamá

Para no dejar pasar a nadie, salvo al agua,

A los peces, a los nadadores y a las ballenas.

Hay un montón de pájaros gritando

Encima de los árboles en la Ciudad Vieja.

 

Esos pájaros están locos.

Me ducho varias veces al día, por amor al agua panameña.

Me llevan en un mercedes de la embajada.

Hablo con el embajador:

Te lo ruego, haz bien tu trabajo,

Que no sea en vano el uso del Mercedes.

 

Embajadores de España,

No uséis en vano los Mercedes

Que el pobre pueblo español compra a la rica Alemania.

 

Abridme la capota, quiero saludar al pueblo panameño

Como si fuese Theodore Roosevelt.

 

No tiene capota, no es un modelo deportivo.

 

Sabes, el desayuno del hotel es espectacular,

Toda la comida de la tierra en todas sus formas posibles.

 

Adoro Panamá.

Quiero vivir aquí, estoy buscando casa,

Un apartamento, son caros, quiero vivir aquí.

 

Quiero fundar empresas fraternales y un partido político.

 

Quiero cruzar el canal nadando con mis locos amigos

Como si todos tuviésemos quince años y un viejo bañador.

 

Quiero que mi cuerpo sea venerado por las aguas dulces

Y por las aguas atlánticas y las aguas pacíficas.

El canal es mío, mío y de los peces.

Es vuestro, el canal es vuestro y no del infernal dinero.

La usura, lo dijo Ezra Pound, no es poesía.

Dejadme cruzar el canal de Panamá gratis,

Nadando a crol, a braza, a espalda,

Bajo la luna del buen tiempo y la insaciable codicia del amor.

 

Veo encima de una compuerta de 1914 una gaviota negra

Con un trozo de carne humana en su pico ensangrentado.

 

 

 

LISBOA

 

Yo te besaba, Lisboa, y tú me llevabas al mar y a las calles.

 

Me enseñabas gente que vivió en el Chiado hace cien años,

Gente que tenía pisos viejos, y camas antiguas,

Gente que se moría pronto de enfermedades fáciles y simples

Como un terrón de azúcar

Y una cuchara de madera.

 

Íbamos de la mano en domingos llenos de rosas.

 

Descendían rosas ecuménicas sobre la plaza del Comercio.

 

Cambiábamos las edades y los siglos.

 

Descendían crisantemos sobre la Alfama.

 

Éramos tú y yo dos enamorados devorándose de amor

En pisos perdido que ahora son tiendas de Zara y H&M.

 

Cuando regreso a Lisboa tú ya te has ido.

 

Camino solo por la Avenida de la Libertad.

 

Me siento en una terraza y pido café y espero tu llamada.

 

Y veo descender del cielo el misterio

Del grandioso amor a la vida sobre ti,

Sobre Lisboa,

Sobre tu esencia maquiavélica,

Que nadie ha visto.

 

Y mis ojos ven rosas que son calles y ven calles que son rosas.

 

Nunca me diste un beso de verdad, y yo a ti sí,

Pero no importa, aunque aún estás a tiempo de dármelo.

 

¿Quién fuiste?

Tantas veces llamando a tu puerta.

 

Un día la alegría se marcha de los corazones

Y no es la muerte quien llega sino la ciudad de Lisboa.

 

Nadie acepta que tiene que morir, salvo tú.

Especial siempre, especial entre las especiales,

Mi melancólica ciudad rendida a la luz inalterable.

 

¡Era inalterable tu luz, pero no tu vida!

 

 


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