Trátate con amor
— Giulia Valle
Tal vez se olvidaron de incluir esta cláusula en el famoso mandamiento evangélico, acaso porque les parecía obvio lo de amarse a uno mismo y decidieron poner el acento en amar al prójimo. Pero por el camino nos hemos olvidado de amarnos como nos merecemos y amar al prójimo se nos ha vuelto una cosa inalcanzable. Y así nos va, que ni nos amamos a nosotros, ni amamos a los prójimos, ni nuestra vida rebosa de amor. Acaso esté llena de indiferencia, que es el peor estado para la creatividad; incluso el odio resulta un buen combustible para escribir rencorosas novelas de éxito. Giulia Valle es una contrabajista que borda el jazz con su instrumento, compone, da clases musicales y acaba de publicar un libro ("Cerebro en equipo") donde nos da las claves para aprender mejor, usar nuestra creatividad y disfrutar con todo ello. Y nos lo cuenta en una entrevista concedida a La Vanguardia (léase aquí) donde nos enteramos de que, además de estar obsesionada con la música, está impresionada por los hallazgos de la neurología. Hizo un máster en esta especialidad y casi se convirtió en una fanática de la neurociencia. En su libro trata de explorar las conexiones entre el microcosmos y el macrocosmos y nos deja alguno de los secretos de esta conexión por vía musical. La música nos sintoniza con el cosmos, y esto es lo fundamental. En la entrevista no para de repetir que "todo está conectado, todo es energía, todo es oscilación". Más tarde lo resumirá en que todo vibra. Y la música es para Giulia lo que nos sintoniza con esa vibración.
Pero no siempre Giulia Valle disfrutó de esta luna de miel con la música. De joven se esforzó tanto en ser una virtuosa del contrabajo que aborreció la música. Es posible que este periodo de su vida coincidiese con un bajonazo moral, con una crisis de identidad. Hasta que descubrió la "emuná", ese concepto del judaísmo que nos habla de la confianza en que todo nos ha de ir bien; de que todo lo que nos ocurre es para forjarnos y para desarrollar nuestro aprendizaje. ¿Y qué es lo que nos hace aprender más y mejor? La motivación máxima, que es cuando "todas tus moléculas se orientan hacia un mismo propósito", nos desvela Valle. Es decir, cuando una única intención permea todos los poros de tus huesos, cuando se convierte en el motor que mueve tu corazón. Hacer las cosas mecánicamente carece de fuerza por mucho esfuerzo que pongamos. Hay que trascender y hacer las cosas con todo el alma, hay que hacerlas de forma orgánica y viva, sentir la conexión con el cosmos o con Dios. Giulia Valle se vale de la música como una vía privilegiada para conectarse con el cosmos. O para hablar con Dios, que dirían los antiguos. Claro que Dios siempre anda de actualidad. Quizás Dios le queda un poco a trasmano a Giulia Valle o quizás no, cada cual con sus creencias, pero sentimos que Giulia anda muy cerca de Dios: "Por el cerebro hacia Dios", formula cuando se le pregunta por sus creencias. A juzgar por las experiencias místicas que ha tenido con la música, Giulia Valle parece andar más cerca de Dios que de la neurociencia.
En todo caso, Giulia ha logrado conectar la neurociencia y la música y nos lo cuenta en su libro; ha explorado el cerebro y ha visto cómo funciona la creatividad, la mente y el universo. Y aquí es donde su entrevista cobra interés. No porque nos hable de neurociencia, sino porque nos habla de creatividad. El lenguaje científico es lo más feo del mundo para hablarnos sobre las cosas del mundo. Por desgracia es el lenguaje que tenemos que escuchar por todas partes cuando se nos quiere explicar cómo funcionan las cosas, y mientras tanto el lenguaje poético se ha quedado trasnochado, como un rezago de gente antigua. Hay que decirlo todo: la ciencia nos habla del mundo y la poesía de la vida. Que cada uno elija a quién quiere servir.
En esta entrevista se nos habla mucho de neurociencia y es ahí cuando empezamos a no entender nada y a naufragar: "la neurogénesis existe -nos dice Giulia Valle- y la neuroimagen muestra en el cerebro de un instrumentista mayor densidad neural en la zona metasensorial y motora". Nososotros sentimos que no necesitamos imágenes del cerebro ni densidad neural ni nada metasensorial. Su entrevista nos empieza a interesar cuando nos habla en roman paladino de los secretos de la creatividad. Nadie escucha música para regenerar neuronas y si lo hace es que es un espíritu simple; pero resulta que el mundo se ha llenado de espíritus simples que se pasman y se cuadran ante el lenguaje científico y sus prescripciones de Perogrullo. Antiguamente nos prosternábamos ante Dios y sus popes, hoy nos nos arrodillamos ante la ciencia y su hórrido lenguaje.
Nos sienta bien la música, en eso debería cifrarse todo. La música es buena para nosotros y hay muchos motivos para escucharla y para practicarla, y antes de que se fundase la Neurología ya se conocían todas sus virtudes (incluida la de amansar a las fieras) y no tenemos más motivos para practicar y escuchar la música por mucho que nos lo prescriba la neurociencia. "Si el cerebro escucha música se vitaliza y se activa muchísimo", nos recuerda Valle. Eso es lo malo de oír semejantes expresiones, que acabamos olvidándonos que no somos sólo un cerebro. Podremos ser muchas cosas pero nunca esa pieza de casquería que algunos investigadores guardan en un frasco de cristal dentro de su laboratorio. Pero más allá de la neurociencia, hay unas cuantas cosas que nos dice Giulia Valle sobre la creatividad que nos resultan valiosas. Como cuando nos dice que lo que ha aprendido al estudiar el cerebro y la creatividad es lo importante que resulta la atención. "Lo que he aprendido es que la atención lo es todo. Centrar la atención es crear". Nada más fácil y nada más difícil en estos tiempos en que las tecnologías de la interrupción dispersan nuestra atención y difuminan el foco de nuestra creatividad.
Pero podemos ser creativos, hay reglas para llegar a serlo y nos basta con conocerlas. ¿Qué pasa cuando estamos bloqueados y nuestra creatividad se convierte en un desierto sin ningún oásis a la vista? Giulia nos lo solventa con facilidad: "da un paseo, dúchate, conduce o distrae la mente". Ella prefiere la técnica de dejar que la almohada le resuelva sus bloqueos. Lo deja todo para consultarlo con su almohada y cuando se despierta y levanta la cabeza de la almohada ya tiene incubada la solución. "Hay que dejar trabajar la red neural por defecto", nos dice. El vacío es sabio, el reposo trabaja por nosotros, el no hacer nada acaba haciéndolo todo: esto que dice Giulia nos suena gratamente a puro zen. También utiliza el método pomodoro, que es un invento muy útil para apuntalar nuestra creatividad: puede solucionar más de un problema de atención. Cómprese un temporizador de esos con forma de tomate que usan los cocineros, actívelo durante 25 minutos, elija una única tarea para trabajar y descanse estrictamente durante otros cinco minutos. Así durante cuatro lapsos, al cabo de los cuales ha de hacer una pausa de media hora. Si continúa trabajando de esta forma durante un día entero, se le habrá ido cocinando su concentración a fuego lento en menos que canta un gallo. Y nada de mirar pantallas durante los minutos de reposo, porque entonces nuestra mente, en vez de descansar, acabará fatigándose más.
Aunque sin duda el truco que más nos gusta es también el más espiritual, el que hace que todo vibre y el que conecta nuestro corazón con la creación y con la creatividad: "Trátate con amor", nos exhorta Giulia cuando se le pregunta por un truco para estimular la creatividad. Se ve que sabe lo mal que nos tratamos, lo poco creativos que somos. Se ve que ha notado que el mundo está cada vez más cargado de odio. Giulia no intenta arreglar el mundo ni descargarlo de su sobredosis de odio, pero ha estudiado el cerebro y ha vivido intensamente la música y la creatividad, así que sabe lo que nos es bueno: "trátate con amor", nos susurra al oído. Puede que así no seamos más creativos, pero algo vibrará dentro de nosotros y tal vez vivamos mejor.

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