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Ida Vitale — Poemas de juventud (Poetas 157)






Se deja aquí una buena muestra de los poemas de juventud de Ida Vitale, poemas que escribió cuando la poeta apenas contaba veinte años de edad y que fueron descubiertos recientemente de forma casual. Lo cuenta su descubridora, Claudia Guillot, en el epílogo que acompaña al libro editado por Tusquets. El descubrimiento ocurrió cuando ésta se hallaba ayudando al padre a reordenar la biblioteca familiar, algunos de cuyos libros habían pertenecido al abuelo, el escritor y crítico literario Gervasio Guillot Muñoz. Entre los muchos tomos de poesía que fueron ordenando, asomó un librito que más bien parecía una libreta y con una cubierta de gamuza marrón. Sin más título que tres iniciales, el librito mostraba en las primeras páginas una dedicatoria con firma indescifrable: "A Gervasio Guillot Muñoz, intentando agradecer el advenimiento de su amistad. Con la mía segura". El enigma sobre la identidad de quien escribió esos poemas manuscritos se acrecienta cuando el padre de Claudia es incapaz de dar respuesta sobre quién pudo haberselo dedicado a su abuelo. Pero al sacudir el libro se desprende, finalmente, la llave de su enigma: una pequeña nota en la que se menciona que el libro fue mandado por correo. Y por fin, en tipografía gótica, aparece el nombre del remitente: Ida Vitale. Entonces el padre Claudia Guillot se acuerda de que su padre fue profesor de Ida Vitale en la entonces reciente Facultad de Humanidades, donde impartía clases de literatura francesa, así como lo fue de otros intelectuales que integraron la generación del 45. Pronto Claudia Guillot se iba entrevistar con la propia poeta para mostrarle el tesoro que acababan de desenterrar. Claudia Guillot lo cuenta en el epílogo así:

"Ida observa a la mujer con extrañeza, no tiene la menor idea de quién es. La mujer le acerca el libro; la poeta lo mira, lo toca y, luego, lee con atención. Son quince poemas que, al cabo de un rato, se trasladan del papel a los ojos de alguien que no se reconoce en esas palabras, a las que llama vejestud. Han pasado casi ochenta años desde que enviara el poemario a su profesor y, aunque intenta, no lo ve con claridad: ¿Vivía en el Prado?, creo que lo visitábamos a menudo. La mujer asiente ante el atibo de la memoria.

Ida pasa las páginas y ríe con una mezcla de sabiduría y duda. Ella ha visto tanto, sin embargo, este hallazgo la toma por sorpresa. No está convencida, ¿quién querría leer esa vejestud?, insiste, y la mujer quisiera decirle que más justo sería cambiar esa palabra por tesoro. Un tesoro que deber´`ia compartirse con el mujndo entero. Un tesoro que no consiste solo en haber rescatado un cuaderno extraviado en una biblioteca familiar, sino en comprobar que esas páginas manuscritas ya sostenían una manera de decir que no dependía del tiempo para afirmarse".

Y efectivamente, se puede ver en estos poemas primerizos algo más que un mero ejercicio de estilo: una voz propia, una manera pulcra de decir y de trenzar las palabras y un gran sentido del ritmo que se puede percibir en sus sonetos. Se puede ver, en definitiva, a la gran poeta en ciernes que ya habitaba en estos poemas que datan de un periodo de juventud, la que va de 1943 a 1946. Una poeta que desde muy temprano ya poseía un notable dominio de la técnica y una gran conciencia del oficio de escribir.

De Ida Vitale se puede decir, pecando de brevedad, lo siguiente: que es una poeta uruguaya nacida en Montevideo en 1923 y que pertenece a la Generación del 45. En la capital uruguaya estudió Humanidades y se relacionó con figuras literarias como Juan Carlos Onetti e Idea Vilariño. Comenzó a escribir en la década de los 40 sus primeros poemas y a ejercer como crítica en periódicos. Una constante de su vida es que grandes figuras de la poesía como Gabriela Mistral, José Bergamín o Juan Ramón Jiménez fueron auspiciando su obra. Su primer libro, “La luz de esta memoria”, data de 1949. De esta primera etapa uruguaya es su libro “Cada uno en su noche”, 1960, cargado de intelectualidad y con el don la palabra precisa. En 1974, a raíz del golpe de Estado en su país, se vio obligada a exiliarse a México junto a su esposo, el poeta Enrique Fierro. De la mano de Octavio Paz va a tener un protagonismo en la revista vuelta y en los círculos literarios mexicanos. Tras un efímero regreso a Uruguay, se traslada a La universidad de Austin donde comienza a impartir clases junto a su marido. Es este periodo uno de los más fructíferos de la poeta, dando a la imprenta, en 1998, uno de sus libros más logrados, “Procura de lo imposible”. En 2016, tras la muerte de Enrique Fierro, Ida Vitale decide regresar a Montevideo donde reside en la actualidad. Otros libros destacables son “Léxico de actividades” (1994) y “Tiempos sin claves”, (2021), último libro en verso dado a la imprenta. Ha recibido, entre otros, el premio Octavio Paz, el Reina Sofía y el Cervantes. Su poesía ha sido elogiada por la precisión verbal y el rigor intelectual. Álvaro Mutis envidiaba al lector que comenzase a descubrir la obra de Ida Vitale, pues “le espera un placer que no se sospecha”. Los poemas que se dejan aquí pertenecen al reciente rescate de sus primeros poemas, que la editorial Tusquets ha titulado "Poemas de juventud" (1943-1946)

IMAGEN


Nocturno tronco y frente recelosa,

selva hostigada donde vela el prado

y cuyo movimiento tan callado

no altera el breve ciclo de una rosa.


A veces ante el hielo que me acosa

cobro en un nombre mmi calor quebrado

soñando un sueño, repentino vado

que me alcanza una orilla más dichosa.


Callo... Y hay una voz de turbia arena

que habita de cuidados mi silencio

y me mueve un recuerdo en cada vena.


Dudo... Y al grito de la voz presencio

un dolor siempre antiguo que perdura

la sangre abierta en vano a su hermosura.

                                  

                                                       Abril- 1943



LA FUENTE


En nocturnos jardines luz rezuma,

espejo de magnolias, indecisa.

Porfía en su abandono leve brisa

resbalando en su sueño crespa pluma.


Alterna en aires de belleza suma

y con su imagen el cristal se irisa.

Su fino dardo musical precisa

súbito campanario entre la bruma.


Retorna el agua, aljófares inclina;

entre memorias de aromados cielos

y sueños de ascensiones se ilumina.


Al recoger la vertical sonora,

por lo que tiene y deja, con desvelo

entre la larga noche viaja y llora.


                                             Agosto -1943



Tu luz entre arrecifes se me entrega

por sirtes blancas fatigando el viento.

Danza en la ruta que mi pensamiento

del color de tu nombre y voz anega.


Como nube fragante se desplilega;

cera fragante derramarse siento.

¡Que tumulto de flor gira en tu aliento

cuando de miel la viva espuma ciega!


río de cielos, músicas y mieles:

¿de qué escondida fuente fluyen fieles

tus nieves dulces a mi sed calmada?


Recobro en el naufragio luminoso,

absorta en sus espejos y en mi gozo

la imagen de mí mmisma transformada.

                                              

                                                        Agosto -1943



¿Tendría lirios surcándole el ocaso

y un claro rojo en desolado alarde

si no hubiese buscado en esta tarde

mi líquida tristeza, exiguo vaso?


Nace de herida lisa como un radso,

tendida en mi, creciente mientras arde,

y huyendo siempre porque no la guarde

se va, mordiendo el aire con su trazo.


Se escapa -corza o viento-, pero queda 

dentro de mí con sed de cacería,

ágil el fresno, sueltos los neblíes.


Sobre mis prados de desnuda seda

y obediendo sabia gemoetría,

tiende un río salado de rubíes.


                                         Junio -1943



El aire toca blanco de frío

-tan solo y alto-

las inútiles hojas secretas de los álamos.


Frío... Refugio... Todo da lo mismo,

pastor de horas inertes en lo vivo,

memoria que aún vigila vientos tibios

y fija en cifra lúcidos afanes.


Ya no es el aire frío,

es el olvido mismo

quien me aleja este día hacia un tiempo abolido.


                                                                  Octubre - 1946



¡Cómo, llegando tú,

tiemblo el cielo en su tierno desamparo,

descuidada la gracia del silencio

el pensamiento claro,

el otoño del día

o el insólito astro!

entonces de tu mano

sueltas sueños, sonridas, gentes, pájaros.

Vas echándolo todo por encima del hombro

minuto atrás

-la mirada inocente de bandera en el aire-,

Para que luego sola

sejos tú con la tarde,

el corazón recobre entre las cosas

que sonriendo tiraste.


                                                        Octubre -1946



Hoy es un día hermoso

para entrar a talar el monte amargo.

El camino resbalaría limpio

bajo mis manos.


Por él altos cipreses,

desiluciones, sed, rostros, hallazgos,

en misteriosa serna habitarían

entre mis manos.


Un trozo desteñido 

por el aire, la carne y el silencio:

solución de la resta. ¡Qué descanso

para mis manos!


                                              Setiembre -1946



Hija de un impasible

aún futuro remanso azul del tiempo

te estás narrando sola

con forma gris de sueño.

Te seguirás muriendo

mientras bebe el aire de las banderass

feriadas de la tarde,

alta y agria en tu espera.

Tenaz el rostro frío

contra el olor de la llovizna tibia

como una muestra antigua

bajo techo de vidrio.


                                          Diciembre -1946



Hay un gesto amarillo,

un gesto ajeno y mío

penoso como una mariposa manoseada

que asiste a mi recuerdo cada día

y debo hacer morir bajo un crepúsculo de párpados.

Entre el carbón herido de los amaneceres con lluvia,

en el perfil de las esquinas donde la soledad duele y se verifica,

en la linde donde las cosas terminan y comienza su sueño,

sin un viento de sangre,

como un árbol de huesos limados,

siempre me espera fríamente

escribiendo en un aire tardío una edad que fue antigua.


Devastada,

con minerales túneles transitando mi frente

y solo algún oscuro manojo de escalofríos

en manos con fuerza de nubes,

no puedo iluminar el aire incendiando mis lágrima

y devorarme luego las cenizas del gesto.


Y espero, espero el día de la canción hirviente

qiue la inválida voz mueva contra el recuerdo.


                                                               Septiembre - 1946



NOCTURNO


Sueño quebrarse el tiempo en la noche de los relojes.

Nace el silencio en la magnitud suma de los ruidos.

Mi voz flota en niebla de crepúsculos por la sangre

y los retratos se hunden en paisajes espejos.

Hay una calma dura de multitudes en acecho.

La soledad, la sombra gimen rozar la frente

Ay, el tiempo que cae destrozado de los relojes;

mira el polvo de su sangre sepultura en mi cuerpo.


                                                               Agosto - 1946



Cada día procuro húmedas vegetaciones

y las abro al descuido frente a mi sed invasora.

Entierro las maderas envejecidas de las ventanas

bajo corales sombrios, apiadados de sal y frescos.

Pero la sed existe y golpea y derrumba;

al fin da en funerales contra las aberturas

ni siquiera asomadas a la profundidad de lo verde.

Ella me salve del aliento de los corredores.


                                                           Agosto -1946






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