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POETAS 42. Rainer María Rilke (II) Poemas nuevos




LA PANTERA

(París, en el Jardin Des Plantes)
Su vista se ha cansado tanto de ver pasar
los barrotes, que no retiene nada.
Le parece que hubiera mil barrotes
y tras los mil barrotes ningún mundo.

El suave andar, de pasos elásticos y fuertes,
que se vuelve en el más mínimo círculo,es cual danza de fuerza en torno a un centro,
donde aturdida está una gran voluntad.

Sólo a veces se aparta, sin ruido, la cortina
de la pupila… Entonces una imagen penetra,

atraviesa la calma en tensión de los miembros…
y deja de existir dentro del corazón.


(este poema es recitado en la película “Despertares” -Robert de Niro, Robin Wilians- para simbolizar la circunstancia de alguien que está petrificado por dentro, paralizado por un parkinsonismo agudo, sin poder mover apenas un músculo ni poder comunicarse con el exterior. La medicación L-Dopa administrada por el doctor Sacks a estos pacientes afectados por una encefalitis letárgica en un hospital neoyorkino logró el milagro de despertarlos – transitoriamente- a la vida, después de haber transcurrido casi cincuenta años en estado de letargo. Pero también el poema siguiente, titulado “el prisionero”, podría haber servido para ilustrar la misma circunstancia.)


EL PRISIONERO
II
Imagínate que lo que ahora es cielo y viento,aire para tu boca, claridad para tu ojo,
se hiciera piedra, salvo en torno al pequeño lugar
donde están tu corazón y tus manos.

Y lo que ahora se llama en tí: mañana y: luego,
y: más tarde, y el año que viene, y después…
se hiciera herida en tí y llena de pus
y sólo supurase, sin volver a abrirse.

Y lo que fue estuviera loco y diera vueltas
corriendo en tu interior, con la boca amada
que nunca rió, espumando de risotadas.

Y lo que fue Dios, fuera sólo tu guardián
y metiera, malvado, un ojo sucio
en el último agujero. Y que tu aún vivieras.


*****

EL  ÁNGEL
Con una inclinación de su frente echa
lejos de sí lo que limita y obliga;
pues por su corazón pasa gigante, erecto,
lo eternamente venidero, que gira.

Los hondos cielos están para él llenos de figuras,
y cada una le puede llamar: ven, reconoce…
No des a sujetar a sus manos ligeras  nada
de lo que a ti te pesa. Pues vendrían

de noche a tí, para probarte, luchando más,
e irían por la casa como encolerizadas
y te agarrarían como si te crearan
y te arrancarían fuera de tu forma.


EL CISNE
Este esfuerzo de avanzar por lo aún no realizado,
pesadamente y como atados,
se parece al inacabado andar del cisne.

Y el morir, ese no alcanzar ya
el fondo que pisamos a diario,
semeja a su angustioso descender…

a las aguas, que le acogen suavemente
y que, como dichosas y pasadas,
se retiran bajo él, onda tras onda,
mientras, infinitamente silencioso y seguro,
cada vez más emancipado y regio
y sereno, se digna avanzar.


EXPERIENCIA DE LA MUERTE
(Según Bermúdez-Cañete, este poema fue escrito en memoria de la condesa Luise Schwerin, el 24 de enero de 1906, en cuyo palacio de Friedelhausen había estado el poeta entre Julio y Septiembre de 1905.)
No sabemos nada de ese irse allá,
que no comparte con nosotros. No tenemos razón
para mostrar admiración y amor u odio
a la muerte, a la que una boca de máscara

de trágico lamento deforma extrañamente.
Aún está el mundo lleno de papeles que representamos.
Mientras que nos preocupa si de verdad gustamos,

actúa igual la muerte, aunque no guste.
Pero cuando te fuiste, irrumpió en esta escena
una franja de realidad, a través de aquella grieta
por donde te marchaste: verde de verdad verde,
luz de sol verdadera, un bosque de verdad.

Seguimos actuando. Declamando lo temerosa
y duramente aprendido, y elevando gestos
de vez en cuando; pero tu existencia alejada de nosotros,
apartada de nuestro drama, puede

a veces invadirnos, cayendo como un saber
de aquella realidad, de tal modo
que, arrebatados durante un rato,
representamos la vida, sin pensar en el aplauso.


*****

EL POETA
Hora, de mí te alejas.
El batir de tus alas me hace heridas
Solo ¿qué puedo hacer yo con mi boca?
¿y con mi noche? ¿Y con mi día?

No tengo amada, ni tengo casa,
ni ningún sitio en que vivir.
Todas las cosas, a las que me entrego,
se enriquecen y me disipan.


No se comentó, en la primera entrega de los poemas de Rilke, los cuales pertenecen a su etapa juvenil, que la traducción de estos primeros poemas se debe a José María Valverde. En su mayor parte, son poemas pertenecientes al “Libro de las Horas”, que data de 1905, pero también se incluyeron poemas de libros anteriores, e incluso el fragmento final de su Requiem -la coda-, de composición un poco más tardía.
Los poemas seleccionados ahora pertenecen a su libro de 1907, Nuevos Poemas I, y han sido traducidos por Federico Bermúdez-Cañete.
Estos poemas corresponden a un periodo de la vida de Rilke muy marcados por la relación con Auguste Rodin, de quien fue secretario entre 1905 y 1906. También influyó mucho en Rilke la pintura de Paul Cezanne. Pero su poesía acusará sobre todo la influencia de Baudelaire.
Bermudez-Cañete ha escrito: “la estética de los nuevos poemas se inserta en el Simbolismo, por su profundo arraigo en Baudalaire y su riqueza en imágenes, que a veces adquieren la categoría de símbolos, de claves metafísicas de lo real. Las “cosas” remiten en este libro, tan programado para la observación imparcial, no pocas veces a procesos interiores, a la intuición de mundos oscuros y polivalentes. La “cosa de arte” es un concepto rilkiano tan original como el del “ángel”, y no fácil de delimitar en algunos de estos poemas tan impresionistas y subjetivos… ni siquiera la aparente impersonalidad es tal, pues el yo poético se enmascara bajo la segunda o tercera personas. […] La plasticidad de los Nuevos Poemas expresa también procesos subjetivos y apunta a dimensiones simbólicas; las descripciones fenomenológicas dan paso con frecuencia a la intuición y la proyección de la interioridad.”
 

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