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POETAS 46. Walt Whitman (I) Canto a mí mismo

 
 


Walt Whitman nació en Long Island en 1819 y murió en Camden, Nueva jersey, en 1892 después de haber preparado y publicado la novena edición de Hojas de Hierba, donde recoge la totalidad de su obra. En el pórtico de esta obra Whitman grabó las siguientes palabras:
Ven, dijo mi alma,
Escribamos versos para mi cuerpo (pues somos uno),
A fin de que, si vuelvo invisiblemente después de la muerte,
O si mucho, mucho tiempo después, en otras esferas,
Dirijo allá mis cantos otra vez a un grupo de compañeros
(Adaptándolos a la tierra, árboles, vientos, olas tumultuosas),
Pueda yo siempre conservar una sonrisa de alegría,
Reconociendo eternamente mis versos; pues aquí y ahora,
Firmo por el alma y por el cuerpo, y pongo ante ellos mi nombre.
WALT WHITMAN


1
Me celebro y me canto
y aquello que yo me apropio habrás de apropiarte,
porque todos los átomos que me pertenecen también te pertenecen.


Me entrego al ocio y agasajo a mi alma;
me tiendo a mis anchas a observar un tallo de hierba veraniega.
Mi lengua, todos los átomos de mi sangre, formados de esta tierra y de este aire,
nacido aquí de padres que nacieron aquí, lo mismo que sus padres:
a los treinta y siete años de edad, con la salud perfecta, empiezo,
y espero no cesar hasta la muerte.


Dejo a las sectas y a las escuelas en suspenso,
Me retiro un momento, satisfecho de lo que son, pero no las olvido,
soy puerto para el bien y para el mal, les permito hablar a todos, arrostrando todos los peligros,
Naturaleza sin freno, con energía primigenia.



21
Soy el poeta del Cuerpo y soy el poeta del Alma,
Y digo que tan admirable es ser mujer como ser hombre,
Los placeres del cielo están conmigo y los dolores del infierno están conmigo,
Inerto y multiplico los placeres en mi ser, traduzco los dolores a una lengua nueva.


Soy el poeta de la mujer y soy el poeta del hombre,
Y digo que tan admirable es ser mujer como ser hombre,
Y digo que nada hay más admirable que la madre de los hombres.


Yo entono el canto de la expansión y el orgullo,
Ha habido zalamerías y ruegos bastantes,
Yo muestro que el tamaño no es más que crecimiento.


¿Has superado a los demás? ¿Eres tú el Presidente?
Éso no tiene importancia: todos llegarán y aún irán más lejos.


Yo soy aquel que camina con la noche tierna y fecunda,
Invoco a la tierra y al mar que la noche abraza.


!Estréchame contra tu pecho desnudo -estréchame, noche magnética y nutricia!,
!Soplan en ti los vientos del sur -brillan en ti algunas estrellas inmensas!
!Noche tranquila, me llamas -noche estival ebria y desnuda!


!Sonríe, tierra voluptuosa de fresco aliento!,
!Tierra de los árboles dormidos!,


!Tierra huérfana del ocaso -tierra de las montañas coronadas de niebla!,
!Tierra del fluir vítreo de la luna llena que acaba de teñirse de azul!,
!Tierra de la luz y de la sombra que manchan las aguas del río!
!Tierra del gris límpido de las nubes que se abrillantan y se aclaran para que yo las vea!,
!Tierra arrebatadora -tierra opulenta de azahares!,
Sonrie, que tu amante viene.


Pródiga, me has dado amor -!te doy, pues, mi amor!
!Oh, mi amor apasionado, inefable!


24
Walt Whitman, un cosmos, el hijo de Manhattan,
Turbulento, carnal, sensual, comedor, bebedor y procreador,
Ni sentimental, ni erguido por encima de los hombres y mujeres, ni alejado de ellos,
ni modesto ni inmodesto.


!Arrancad los cerrojos de las puertas!
!Arrancad las puertas mismas de sus quicios!


Quien degrada a otro me degrada a mí,
Y todo lo que se dice o se hace vuelve al fin a mí.


A través de mi ser la inspiración divina se agita y se agita, a través de mi ser la corriente y el índice.

Pronuncio la palabra prístina, hago el signo de la democracia,
 !Por Dios!, yo no aceptaré sino aquello cuyo duplicado acepten todos en las mismas condiciones.

Brotan de mí muchas voces largo tiempo mudas,
Voces de interminables generaciones de prisioneros y esclavos,


Voces de los enfermos y los desesperados, de los ladrones y los enanos,
Voces de ciclos de preparación y crecimiento
De los hilos que unen a los astros, de los úteros y de la simiente paterna,
Y de los derechos de aquellos a quienes los otros pisotean,
De los seres deformes, vulgares, simples locos, despreciados,
Niebla en el aire, escarabajos que arrastran su bola de estiércol.


Brotan de mí voces vedadas,
Voces de los sexos y las lujurias, voces veladas cuyo velo aparto,
Voces indecentes que yo he clarificado y he transfigurado.


Yo no me cubro la boca con la mano.

Me conservo tan puro en mis entrañas como en mi cabeza y en mi corazón,
La cópula carnal no es para mí más vergonzosa que la muerte.


Creo en la carne y en los apetitos,
Ver, oír, palpar, con milagros, y cada una de las partes y extremos de mi cuerpo es un milagro.


Divino soy por dentro y por fuera, y santifico todo cuanto toco y me toca,
El olor de mis axilas es un aroma más exquisito que la plegaria,
Mi cabeza es más que las iglesias, las biblias y las doctrinas.
Si yo venerase de preferencia alguna cosa, sería la expansión de mi cuerpo, o cualquiera de sus partes.
!Arcilla trasparente de mi cuerpo, serías tú!
!Bordes vellosos y fundamento, seríais vosotros!
!Rígida reja viril, serías tú!


 !Cualquier cosa que contribuyera a mi desarrollo, serías tú!

!Tú, mi sangre rica! !Tú, licor lechoso, pálido extracto de mi vida!
!Pecho que te comprimes contra otros pechos, serías tú!
!Cerebro, serían tus circunvoluciones recónditas!
!Raíz lavada del junco oloroso!, !becada medrosa!, !nido recatado de los huevos gemelos!, !seríais vosotros!,
!Sol generoso, serías tú!
!Vapores que ilumináis y oscurecéis mi rostro, seríais vosotros!
!Arroyos sudorosos y rocíos, seríais vosotros!


 !Vientos que me cosquilléais, frotando contra mí vuestros genitales, seríais vosotros!
Grandes superficies musculares, ramas de encina, holgazán lleno de amor de mi sendero tortuoso, seríais vosotros!
!Manos que he oprimido, labios que he besado, mortal a quien he tocado alguna vez, seríais vosotros!

Estoy enamorado de mí mismo, hay tantas cosas en mí tan deliciosas,
Todos los instantes, todos los sucesos, me penetran de alegría,
No sé decir dónde se doblan mis tobillos, ni dónde nace mi más pequeño deseo.
Ni dónde nace la amistad que brota de mí, ni la amistad que recibo en cambio.


Cuando subo las escaleras me paro a considerar si la realidad no me engaña,
El dondiego de día que florece en mi ventana, me satisface más que toda la metafísica de los libros.
!Contemplar el amanecer!
La débil luz oscurece las sombras inmensas y diáfanas,
El aire me sabe deliciosamente.


Retoños del mundo cambiante ascienden silenciosamente, escarceos inocentes, fresca exudación,
Actividad oblicua de alto abajo.
Algo que no veo lanza hacia arriba dardos libidinosos,
Mares de brillante jugo inundan el cielo.


La tierra por el cielo invadida, la consumación cotidiana de su unión,
el reto que ha lanzado el oriente sobre mi cabeza,
La burla mordaz: !Veremos si tú eres el amo!


30
Las verdades están latentes en las cosas,
No apresuran su propio nacimiento ni lo retardan,
No necesitan el fórceps obstétrico del cirujano,
Para mí lo insignificante es tan grande como cualquier otra cosa
(¿Qué puede ser ni más ni menos que un contacto?)


Los sermones y la lógica no convencen,
Más profundamente penetra en mi alma la humedad de la noche.


(Sólo vale aquello que prueba su validez a todo hombre y a toda mujer,
Sólo tiene valor aquello que nadie niega.)
Un minuto y una gota que brota de mi ser sosiegan mi cerebro,
Creo que los trozos húmedos se convertirán en amantes y en ojos,
Y es un compendio de compendios el alimento del hombre o de la mujer,
Y es una cumbre y una flor el sentimiento mutuo que les une,
Y se ramificarán infinitamente de esa enseñanza hasta hacerla omnígena,
Y hasta que todas sus partes nos deleiten, y nosotros a ellas.


48
He dicho que el alma no vale más que el cuerpo,
Y he dicho que el cuerpo no vale más que el alma,
Y que nada, ni Dios, es más grande que uno mismo,
Y quien camina una legua sin amor, camina a su propio entierro envuelto en su sudario,
Y tu, o yo, que no tenemos ni un céntimo, podemos comprar lo más preciado de la tierra,
Y el destello de unos ojos o el guisante en su vaina, confunden a la sabiduría de todas las épocas,
Y no hay oficio ni ocupación en los cuales el joven que los sigue no pueda ser un héroe,
Y no hay objeto tan blando que no pueda ser el eje de las ruedas del universo,
Y digo a cualquier hombre o mujer: Deja que tu alma permanezca fría y serena ante los universos.
Y digo a la humanidad: No hagas preguntas sobre Dios,
Porque yo, que hago preguntas sobre todas las cosas, no hago preguntas sobre Dios.


(No hay palabras que puedan expresar mi placidez y mi serenidad ante Dios y la muerte).

Escucho y veo a Dios en todos los objetos, pero no le comprendo,
Ni comprendo que pueda existir alguien más admirable que yo.


¿Por qué habría yo de desear ver a Dios mejor de lo que le veo en este día?
Si veo algo de Dios en cada hora y en cada instante del día,
Si veo a Dios en el rostro de los hombres y de las mujeres, y en mi propio rostro en el espejo,
Si encuentro cartas de Dios en la calle, y todas llevan la firma de Dios,

Y las dejo allí donde las encuentro, pues sé que, dondequiera que yo vaya,
llegarán con puntualidad otras, eternamente.


52
El halcón pinto se abate sobre mí y me acusa, se queja de mi parlería y de mi pereza.

También yo soy indomable, también yo soy intraducible,
Mi gañido bárbaro resuena sobre los techos del mundo.


El último chaparrón del día se detiene a esperarme,
Arroja mi imagen tras las otras en la selva sombría, mi imagen fiel,
Me atrae, lisonjero, hacia la niebla, hacia  el crepúsculo.


me alejo como el viento, sacudo mis blancos rizos bajo el sol fugitivo,
Vierto mi carne en remolinos y la arrastro en andrajos.


Entrego al lodo mi cuerpo para que brote con la hierba que amo,
Si has menester de mí, búscame bajo la suela de tus zapatos.


Apenas podrás saber quién soy o qué quiero decir,
No obstante, seré tu buena salud,
Y purificaré y vigorizaré tu sangre.


No te desalientes si no me encontrarás,
Si me perdieras en un lugar, búscame en otro.
En algún lugar te espero.

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