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POETAS 55. Jhon Keats (Oda a una urna griega)

 
 


Jhon Keats (Londres 1795-Roma 1821)

Cuando Keats aún no había cumplido los ocho años murió su padre. Su madre, siete años después. Después de trabajar como aprendiz de cirujano en la ciudad de Edmonton, se trasladó a Londres para continuar con la misma profesión en diversos hospitales. En 1816, sin embargo, decide abandonar la carrera de medicina para dedicarse por completo a la poesía. En 1817 publicó “Endimión”. En 1818 comenzaron a manifestarsele los primeros síntomas de tuberculosis. Ese mismo año también conoce a Fanny Brawne, joven de 18 años con la que mantendrá una intensa relación que se va a reflejar en diversos poemas. Durante mucho tiempo, Keats achacó el origen de su enfermedad a los intensos sentimientos que Fanny Brawne le provocaba. Para paliar el ya avanzado estado de su tuberculosis, y por consejo de los médicos, inició su viaje a Italia en septiembre de 1820. Murió con tan sólo veinticinco años el 23 de febrero de 1821, tres meses después de su llegada a Roma.
 
Aunque los poemas largos no son los más idoneos para ser aquí editados, dejo seleccionada la célebre “Oda a una urna griega” y las distintas interpretaciones posteriores que sobre los versos finales ha recogido Juan V. Martínez Luciano, al que también se le debe la traducción de alguno de los poemas. Los versos finales aludidos dicen: “La belleza es verdad, y la verdad belleza/-Todo eso y nada más habéis de saber en la tierra”. Para evitar que esta selección se extienda demasiado, se ha excluido el otro conocido poema de Keats, “Oda a un ruiseñor”. Se incluyen, sin embargo, algunos poemas póstumos más bien breves.
 
ODA SOBRE UNA URNA GRIEGA

I
Esposa de la calma, todavía intacta,
tu, hija adoptiva del silencio y del tiempo,
narradora del bosque que relatar puedes
historias floreadas más dulces que mis versos,
¿qué leyenda de hojas floreadas se congrega
en torno a tu figura: dioses, mortales, o ambos,
en Tempe o en los valles de la Arcadía? ¿Qué hombres,
qué dioses son éstos? ¿Qué esquivas doncellas?
¿Qué acoso enloquecido? ¿Y qué lucha por zafarse?
¿Qué flautas y panderos? ¿Y qué delirante éxtasis?


 

II

Son dulces las melodías que oímos, y aún más dulces
las que nunca escuchamos; seguid, pues, tocando,
suaves caramillos, las más apreciadas
por el espíritu, no el oído, canciones inaudibles.
Bello joven, no dejes morir tu canto
bajo esos árboles nunca desnudos.
Osado amante, que nunca puedes besar por mucho
que a la meta te acerques, pero no te aflijas:
tu amada no se mustia, aunque no logres tu dicha,
!la amarás para siempre, y para siempre será hermosa!



III

!Ah, ramas venturosas que no perdéis
las hojas ni decís adiós a la Primavera!
!Ah, feliz melodista que infatigable
entonas con tu flauta siempre canciones nuevas!
!Amor aún más alegre, amor aún más dichoso,
eternamente cálido, en espera de su gozo,
para siempre anhelante, y joven para siempre!
Exhalando hacia lo alto toda pasión,
que deja al corazón hastiado y abatido,
la frente ardorosa, y la lengua reseca.



IV

¿Quiénes son estos que van al sacrificio?
¿A qué altar verdecido, sacerdote misterioso,
conduces esa vaquilla, de lomos sedosos,
adornados de guirnaldas, que muge hacia el cielo?
¿Qué pueblo construido a la orilla del río,
del océano o del monte, ciudadela pacífica,
se vacía de gentes esta mañana piadosa?
Y tus calles, pequeña ciudad, ya para siempre
quedarán en silencio, pues no volverá un alma
que pueda decir por qué estás desolada.



V

!Oh, ática figura! !Oh, noble actitud! Hombres
y doncellas de mármol como adorno esculpidos,
con ramas del bosque y maleza pisada;
tú, forma silenciosa que a la razón hostigas,
como la eternidad. !Pastoral impasible!
Cuando la vejez a nuestra generación consuma,
sobrevivirás entre la angustia de otros,
tú, amiga de los hombres, a los que siempre dices:
“La belleza es verdad, y la verdad belleza
-Todo eso y nada más habéis de saber en la tierra.”


“Hasta cinco interpretaciones distintas han ofrecido los críticos de estos dos versos que cierran el poema: (1) ambos versos son “dichos” por la urna a la humanidad; (2) ambos versos son “dichos” por el poeta; (3) ambos versos son “dichos” por el poeta a las figuras que aparecen en la urna; (4) la frase “La belleza es verdad, y la verdad belleza” es “dicha” por la urna, y el resto por el poeta que se dirige a sus lectores; y (5), la frase “La belleza es verdad, y la verdad belleza” es “dicha” por la urna, y el resto por el poeta que se dirige no a sus lectores, sino a la humanidad.”


CUANDO SIENTO EL TEMOR DE DEJAR DE EXISTIR

Cuando siento el temor de dejar de existir
antes de que mi pluma espigue mi fecundo cerebro,
antes de que pilas de libros en sus caracteres
guarden, como ricos graneros, el grano ya maduro;
cuando observo en el rostro estrellado de la noche
vastos símbolos nublados de un sublime romance,
y siento que quizá no viva para rastrear
sus sombras, con la mágica mano del destino;
y cuando siento, hermosa criatura de un momento,
que jamás volveré a posar la mirada sobre tí,
que jamás disfrutaré del idílico poder
del amor instintivo… entonces, a orillas
del ancho mundo quedo en solitario, y pienso
hasta que amor y gloria se hunden en la nada.



AL SUEÑO

Tú que embalsamas, suave, la medianoche tranquila,
que cierras con tus dedos benignos, cuidadosos,
nuestros ojos complacidos con la tiniebla, refugiados
de la luz, a la sombra de un divino olvido;
!Oh, suave sueño!, si así te apetece, cierra
en medio de tu himno mis dóciles ojos,
o espera el “Amén”, antes de que tu adormidera
extienda su arrullo junto a mi lecho.
Y entonces sálvame, o el día que pasa brillará
en mi almohada, provocándome angustia.
Sálvame de la conciencia, siempre inquieta, que gobierna
su fuerza penetrando como un topo en lo oscuro.
Gira, hábil, la llave en el cierre engrasado
y sella bien la urna callada de mi alma.



!SE NOS FUE EL DÍA, LLEVÁNDOSE TODAS SUS DULZURAS!

!Se nos fue el día, llevándose todas sus dulzuras!
La dulce voz, los dulces labios, la suave mano, ese pecho
más suave, cálido aliento, breve susurro, tierno semitono,
ojos brillantes, silueta consumada, y talle lánguido.
Se apagó la flor, y todos sus encantos en brote,
se apagó la visión de la belleza ante mis ojos,
se apagó la forma de la belleza entre mis brazos,
se apagó la voz, la calidez, la blancura, el paraíso…
Todo se desvaneció en inoportuna víspera,
cuando el naciente día de fiestas, o la noche festiva,
de amor cubierto de aromas comienza a tejer
la trama de espesa oscuridad para oculto deleite;
pero al leer el misal de amor, al cabo del día
me dejará dormir, viendo que ayuno y rezo.



SI FIRME Y CONSTANTE FUERA YO, BRILLANTE ESTRELLA, COMO TÚ

Si firme y constante fuera yo, brillante estrella, como tú, no viviría en brillo solitario suspendido en la noche
y observando, con párpados eternamente abiertos,
como paciente e insomne ermitaño de la Naturaleza,
las agitadas aguas que en sagrado empeño
purifican las humanas costas de la tierra,
ni miraría la suave máscara de la nieve
recién caída sobre los montes y los páramos;
no, aunque constante e inmutable,
reclinado sobre el pecho maduro de mi amada,
sintiendo por siempre su dulce vaivén,
despierto para siempre en dulce inquietud,
callado, para escuchar en silencio su dulce respirar
y así vivir siempre -o morir en el desmayo.

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