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POETAS 65. Gonzalo de Berceo

 
 


Gonzalo de Berceo es consierado el padre de la poesía castellana (el poema del Mio Cid es anónimo). Produjo unos doce mil versos repartidos entre los Milagros de Nuestra Señora, vida de Santo Domingo de Silos; el martirio de San Lorenzo. Como el propio autor se encarga de decirnos en sus obras, nació en Berceo, pueblo de La Rioja, y en San Millán se educó. Debió nacer a finales del siglo XII y morir a mediados del siglo XIII. Fue clérigo aunque es difícil saber si ejerció en el monasterio de San Millán o si tan sólo perteneció al clero de Berceo. Gonzalo de Berceo acomete por primera vez la empresa de cantar en lengua vulgar y declara no ser bastante sabio para escribir en latín. Aunque se califica a sí mismo de humilde juglar, hace notar la diferencia entre sus humildes dictados y los cantares de un simple juglar. Con Berceo ingresa en nuestra literatura un nuevo modo de hacer versos. Son versos pausados y sujetos a medida, escritos con el monotono metro de la cuaderna vía, un monorrimo de cuatro versos.. El “mester de clerecía” u oficio de los clérigos o personas letradas, aparece después de la épica y como en contraposición con ésta en cuanto a su forma externa. A diferencia de los poetas épicos, estos autores ponían cuidado en contar las sílabas y se jactaban de su versificación enteramente regular que les llevaba a una “nueva maestría”.
Según las investigaciones llevadas a cabo por Richard Becker para encontrar un manuscrito látino que presentase todos los milagros que Berceo traslada a su obra -según se estilaba en su época, ser copista más o menos original de una o varias fuentes-, Berceo se sirvió de un manuscrito próximamente emparentado con un manuscrito latino encontrado en una biblioteca de Copenhague. Aunque Berceo se inspìró bastante fielmente en esta obra, halló sin embargo un tema apropiado para su temperamento lírico y lo expresó con toda su imaginación y fervor religioso. A juicio de Antonio Solalinde, “Berceo muestra una evidente intención de carácter popular y gráfico en todo el libro, tomando frases y comparaciones  de la lengua familiar y de las costumbres de los labriegos, dando importancia muchas veces a lo que en el texto latino es puramente incidental y extendiendose minuciosamente en ciertos detalles. Ese mismo tono popular le obliga a prescindir de aquellos pasajes que no podrían ser entendidos por el pueblo y cuyo significado sólo era comprensible para los clérigos y letrados”. Pero en lo esencial Berceo sigue fielmente el modelo y no busca la originalidad, como no la buscaba ningún autor medieval.
 
 
LA IMAGEN RESPETADA

Sant Miguel de la Tunba es un grand monesterio,
El mar lo cerca todo, elli iaze en medio:
El logar perigioso, do suffren grand lazerio
Los monges que hi viven en essi cimiterio.

En esti monesterio que avemos nomnado,
Avie de buenos monges buen convento provado,
Altar de la gloriosa rico e mui onrrado,
En él rica imagen de precio mui granado.

Estava la imagen en su trono posada,
So fijo en sus brazos, cosa es costummada,
Los reis redor ella, sedie bien compannada,
Como rica reina de Dios santificada.

Tenie rica corona como rica reina,
De suso rica impia en logar de cortina,
Era bien entallada de lavor mui fina.
Valie más essi pueblo que la avie vezina.

Colgava delant ella un buen aventadero
en el seglar lenguage dizenli moscadero:
de alas de pavones lo fizo el obrero,
luzie como estrellas semeiant de luzero.

Cadió rayo del cielo por los graves peccados,
Encendio la eglesia de todos quatro cabos,
quemó todos los libros e los pannos sagrados,
Por pocco que los monges que non foron quemados.

Ardieron los armarios e todos los frontales,
Las vigas, las gateras, los cabrios, los cumbrales,
Ardieron las ampollas, calizes e ciriales,
Sufrió Dios essa cosa como faz otras tales.

Maguer que fué el fuego tan fuert e tan quemant,
Nin plegó a la duenna, nin plegó al ifant,
Nin plegó al flabello que coltgava delant,
Ni li fizo de danno un dinero pesant.

Ni ardio la imagen, nin ardio el flabello,
Nin prisieron de danno quanto val un cabello,
Solamaiente el fumo non se llegó a ello,
Nin nuçió más que nuzo io al obispo don Tello,

Continens e contentum, fue todo astragado,
Tornó todo carbones, fo todo asolado:
Mas redor de la imagen quanto es un estado,
no fizo mal el fuego, ea non era osado.

Esto tovieron todos por fiera maravella,
Que nin fumo nin fuego non se llegó a ella,
Que sedie el flabello más claro que estrella,
El ninno mui fermoso, fermosa la ponzella.

El precioso miraclo non cadió en oblido,
Fué luego bien dictado, en escripto metido,
Mientre el mundo sea, será él retraido,
Algún malo por ello fo a bien combertido.

La Virgo benedicta reina general,
Como libró su toca de esti fuego tal,
Asin libra sus siervos del fuego perennal,
Lievalos a la gloria do nunqua vean mal.

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