El campo de golf más cuidado del mundo no tiene malas hierbas, pero semillas de malas hierbas seguro que tiene. Tenemos que eliminar las semillas.
— Joan Massagué (doctor en bioquímica y oncólogo)
Joan Massagué es el investigador español más citado de la historia y cuando uno acaba de leer la entrevista que ha concedido hoy a "La vanguardia" (léase aquí) ya se hace una idea de por qué, incluso uno acaba sospechando que no es el único record que tiene. Esta entrevista tal vez merezca pasar al Libro Guinness de los Records, y es posible que su entrevistador, Luis Amiguet, no se haya enterado, pero seguramente es la primera vez que el entrevistado lanza en una entrevista el mismo número de preguntas que el entrevistador. Lo nunca visto. Y es que aquí está la clave para entender por qué un investigador se hace grande: Joan Massagué no para de hacerse preguntas sobre su terreno de estudio, que son las células cancerígenas con sus metástasis. Joan Massagué es uno de los grandes investigadores sobre la proliferación de las células tumorales y al leer la entrevista casi adivinamos por qué se hace tantas preguntas: "El cáncer no es uno, sino 400", sentencia. Su nombre es legión y contra una legión de modos de infectar, contra toda una epidemia tumoral, contra la proliferación de malas células sólo es posible batallar haciendo preguntas a diestro y siniestro. Si hay un investigador en España al que se le puede encomendar que investigue el paradero del cáncer, sus móviles ocultos y sus hábitos criminales, ese es Massagué, un verdadero sabueso que lleva a cabo una inquisición detrás del cáncer, porque ha descubierto que el cáncer no es uno sino cientos, que es una cabeza de hidra que se multiplica cada vez que se la corta, y Massagué tiene que escindirse como las células que investiga, y no se le ocurre otra cosa mejor que hacer que escindirse también él en miriadas de preguntas. Todo comenzó cuando el tumor de riñón de su padre comenzó a extenderse a la cabeza. Y ahí comenzaron también a extenderse las preguntas por la suya: pero ¿qué es extenderse? ¿Y cómo se extienden las células que normalmente no tenemos allí? ¿Y por qué? Y el se guardó todas esas preguntas y al cabo de diez años supo que era el momento de responderlas y fue cuando comenzó a comienzos de los 2000 a investigar sobre la biología de la metástasis. Y es que cuando Massagué comienza a roer el hueso de la pregunta ya no lo suelta jamás. A eso yo le llamó ser un sabueso de la investigación, que, tratándose del cáncer, es la mejor cosa en la que un investigador puede convertirse.
Ahora entendemos por qué es tan importante hacerse preguntas, uno no puede prosperar en la vida, no puede dar soluciones a nada si antes no se hace un sinfin de preguntas, y da igual el terreno en que se maneje; da igual si es para ir de compras por el supermercado, o para escribir una novela policiaca o para establecer un código ético de inteligencia artificial: el caso es plantearse bien las preguntas, y cuántas más, mejor. Y Massagué en esta entrevista se plantea cerca de 20 preguntas y se toma su tiempo, y espera lo que haga falta, se rasca la cabeza, mira por su microscopio, marca una molécula con tinta fluorescente, y mientras tanto se sigue haciendo más preguntas a la espera de que aparezcan nuevas tecnologías que le permita responderlas. Y durante su paciente espera va sembrando preguntas igual que los tumores siembran sus semillas; el sabueso que es Joan Massagué sigue royendo su hueso, sigue sin soltar la presa. Y esta presa resulta que es una pieza que no se puede soltar, porque el futuro saludable de la humanidad depende de que no se suelte.
Hay una palabra aún más horrible que el cáncer y se llama metástasis. Y a esa cosa tan horrible ha entregado su vida Massagué para que el horror no se instale en nuestras vidas. La metástasis cuando se despierta es un huracán que se desata y nos deshace, pero el verdadero misterio no está en su despertar furioso sino en su sueño, porque no se sabe qué hace cuando duerme, y eso es lo que trae a Massagué de cabeza. Las preguntas son misterios que hay que resolver. Massagué se plantea las preguntas como misterios a resolver. Porque sabe que el paciente se alivia y se echa a descansar cuando se le diagnóstica un cáncer y acto seguido se entera de que aún no se ha extendido. Pero Massagué, en cambio, no descansa porque sabe que la metástasis tampoco lo hace; duerme, pero no descansa, tal vez sólo hiverna, ahí está el cáncer sin alambradas latiendo por las habitaciones, que diría Lorca. El cancer late como hibernan las malas semillas bajo tierra esperando brotar. Nunca parece que haya buenas noticias para el cáncer pero Messagué por lo menos las busca, y las busca haciéndose más preguntas, en principio las que se puede hacer un paciente con la mosca detrás de la oreja: sí, pero... si no se extiende el tumor, ¿porque me dan quimio y radio? "Piense un poco -le conmina Joan Messagué a su entrevistador-, si ha tenido un tumor en su cuerpo, en su órgano, durante meses, años quizás ¿qué ha estado haciendo este tumor durante todo este tiempo? ¡Qué gran detective es Massagué haciéndose quisquillosas preguntas! Parece una pregunta baladí, pero es la pregunta del millón en una enfermedad que siega millones de vidas al año en todo el mundo.
De modo que Massagué sigue haciendo sus pesquisas, persigue todo ese reguero de células que se van fugando cada día, escruta sus itinerarios, cómo van avanzando por las aceras arteriales, como penetran en portales, suben escaleras sanguíneas, pasan por pasillos tubulares, llaman a puertas que son órganos, ocupan domicilios, se hacen dueñas de edificios enteros hasta que logran colonizar un vecindario, "se instalan allí y eso explica que al cabo de dos, cinco o veinte años aquel cáncer que le extirparon ha salido en los huesos o la cabeza". Esta es la tarea detectivesca de Joan Massagué y por eso se tiene que hacer muchas preguntas y, como el tema que ahora le ocupa es la "metástasis dormida", este investigador español ha dado con la metáfora ideal: la de la siembra. "La siembra ya estaba hecha", concluye, se habían instalado allí y no tenían más que abrir la puerta un día y volver a salir de la casa donde hibernaban. Son las flores del mal que estallan porque ahí ya estaban sembradas. No estaban creciendo, pero de repente un día se pone a crecer otra vez. ¿por qué? Todos son misterios sin resolver que Joan Massagué está dispuesto a solventar a base de hacerse preguntas, porque sabe que algún día se las responderá: "¿todas pueden crecer o solo algunas? ¿cuáles? ¿qué necesitan? ¿qué hacen cuando están dormidas?"
Las células cancerígenas pueden descansar como hacemos muchos, pero la mente inquisitiva de Joan Massagué nunca parece descansar de su labor de hacer preguntas: "¿están dormidas como si fuesen fósiles del jurásico o están muy vivas y muy activas, o simplemente no se dividen pero están haciendo cosas?" Se ve que para comprenderlas mejor, Messagué ha acabado humanizando a las células cancerígenas. Duermen, hacen cosas, algunas son vitales, otras no tanto. La única manera de conocer al enemigo es aprender de sus costumbres, el enemigo del ser humano siempre es humano, o hay que humanizarlo. El hombre ha alcanzado la cima de su cultura humanizando el mundo. Sólo así, a base de metáforas y prosopopeyas podemos comprender mejor el mundo salvaje que nos rodea. Eso es lo que se llama civilización y humanizar el primero y el más fundamental acto civilizatorio. Por humanizar, hemos llegado a humanizar a Dios, que era la única manera de divinizarnos nosotros.
De entre todas las cosas salvajes que rodean al ser humano, el cáncer es una de las más feroces y Messagué cree saber cómo domarlo. De momento le hace muchas preguntas hasta marearlo. Y busca metáforas para humanizar la cosa. "El campo de golf más cuidado del mundo no tiene malas hierbas, pero semillas de malas hierbas seguro que tiene. Tenemos que eliminar las semillas". Quiere detectar las células diseminadas y dormidas antes de que ataquen. Dice que es su último capítulo científico cuando está a punto de llegar a los 75 años. Y seguro que ya prepara su final con otra buena bateria de preguntas que en algún epílogo acabará contestando. Hay dos noticias buenas para el final. La primera es que la genética tiene un peso en todo esto, pero "lo que hay es más o menos predisposición al cáncer". Es decir, que el estilo de vida también cuenta y mucho. Y la resiliencia de nuestro sistema inmune: la fortaleza y la resiliencia de nuestro sistema inmune es lo más determinante, lo más importante para el cáncer. Hay ponderancia genética, pero no preponderancia. El cáncer no es una condena y ahí está Joan Massagué para liberarnos de ella. Esa es la otra buena noticia, que ahí esta Joan Massagué arrancando las malas hierbas mientras jugamos plácidamente a meter nuestra bola en algún agujero del campo de golf. Es como un jardinero que arranca las malas hierbas: aplica el oído sobre el terreno y para saber donde están sus semillas no para de hacer preguntas.

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