No sanamos porque olvidamos, sanamos porque dejamos de resistirnos.
— Idan Hojman (Terapeuta psicocorporal)
Idan Hojman acaba de publicar un libro que a juzgar por la entrevista concedida a "La vanguardia" (léase aquí) va a dar mucho que hablar. El libro se titula "Liberar el trauma: un viaje de sanación y conocimiento a través del cuerpo". El título es tan largo porque nos quiere remitir al viaje del héroe sobre el que tantas páginas escribió Joseph Campbell. Tenemos que enfrentarnos a los monstruos internos para liberar la energía que están bloqueando nuestros traumas. Sólo que Idan Hojman le da un enfoque de terapeuta psicocorporal y trata de liberarnos del trauma induciendo al cuerpo a que se desprenda de su herida, a que se despoje de su coraza, a que adquiera la capacidad de regenerarse para que la mente no quede adherida. Precisamente el libro se titula "Liberar el trauma", porque de lo que se trata es de alcanzar la libertad o la autarquía a la que nos orienta el mito del heroe. El viaje de sanación de viejos traumas, al igual que el viaje del heroe, nos convierte finalmente en personas más conscientes y libres. En palabras elocuentes nos revela Hojman la identidad del verdadero héroe: "Héroe no es quien vence a los demás. Es quien deja de huir de sí mismo". Parte del secreto para liberarse del trauma está en aprender a no huir de aquello que nos causa dolor o que tememos. El secreto reside en aceptarnos como somos. Creemos que para ser queridos debemos convertirnos en alguien diferente y esa es nuestra perdición. Apelando a la magnanimidad, a la que también apelaban los estoicos, Hojman nos recuerda que "somos mucho más grandes que aquello que nos ocurre".
"No sanamos porque olvidamos, sanamos porque dejamos de resistirnos". Hay aquí casi toda una teoría de la no resistencia a la violencia, o por lo menos de no reaccionar con más agresividad a una violencia sufrida. Porque todo trauma es una secuela de violencia. La experiencia del trauma es una experiencia universal que acompaña a las personas varias veces en su vida y que las marca con un estigma negativo, todo un punto de inflexión que parte algunas vidas en dos. En nuestras manos está el aprender de esta experiencia y no dejar que convierta nuestras vidas en un infierno. Que el mundo tiene un aspecto infernal y que ese infierno puede caer en cualquier momento sobre nosotros es algo que hemos aprendido todos en la experiencia de una catástrofe, en un accidente, durante una enfermedad grave, en las guerras, en los acosos, en los abusos, en los momentos más desgraciados de nuestras vidas. En cualquier momento podemos caer en la trampa del trauma y no salir de ella jamás. Idan Hojman nos ofrece una escapatoria de esta trampa y lo basa casi todo en no escapar, en dejar de resistirnos, en no huir de nosotros mismos y aceptarnos con todo nuestro dolor. Para Hojman la aceptación significa dejar de desperdiciar energía intentando luchar contra una parte de nuestra historia. "Cuanto más abrazamos nuestra vulnerabilidad más libres nos volvemos" Sólo yendo hacia la herida y no huyendo de ella es como conseguimos que ya no nos dirija nuestra vida. Tenemos que aprender a aceptar la herida y eso se logra no escapando de ella, sino expresando lo que ella oculta, aquelló que quedó bloqueado en ella -el miedo, la rabia, el dolor-. Tenemos que transformar la herida estando orgullosos de su cicatriz, o mejor dicho, no hurgar en ella para que cure y se muestre como cicatriz.
Pienso que parte de la concepción que tiene Idan Hojaman sobre el trauma le gustaría a Bergson, porque no anda muy lejos de su espíritu filósofico. Para Hojman parte del proceso de sanación consiste en enseñar al cuerpo que el presente ya no es el pasado. El cuerpo -y no sólo, también la mente moldeada por una mentalidad mecanicista- siente su herida como presente, siente el eco del pasado en esa herida y queda atrapado, junto con la mente, en un pasado traumático del cual no consigue salir. "Cuando vivimos desde el trauma sucede que reaccionamos al pasado en lugar de responder al presente", nos advierte Hojman. Dejamos de ver la realidad como es y la vemos desde el filtro del rechazo y el miedo. Esta concepción de la realidad emocional es profundamente estoica y ya Epicteto nos aclaró que "no son las cosas las que perturban a los hombres sino los juicios sobre las cosas" El consejo que da Hojman es que aprendamos a escuchar más al cuerpo: "el cuerpo lleva toda la vida hablándonos. Somos nosotros quienes dejamos de escucharlo". Según Idan Hojman, tenemos que recuperar los momentos de silencio. Detenernos durante un minuto varias veces al día y preguntarnos que está ocurriendo ahora mismo en nuestro cuerpo. Tenemos que llegar a sentir aún más el cuerpo. Tenemos que vivir el presente. Son prescripciones eternas de las filosofía peremne que ahora recoge este pscioterapeuta corporal para sanar las heridas y los traumas. Y es aquí donde Hojman lanza su andanada contra educación demasiado cartesiana en la que nos hemos criado. No nos hemos adiestrado en educarnos emocionalmente. No nos han enseñado a qué hacer con el miedo y la tristeza y con la rabia, y al fin nuestras peores emociones nos acaban dominando. Quedamos perpetuamente anclados en nuestra herida, profundamente traumatizados. "Las emociones son inteligencia en movimiento". Creo que esta definición también le habría satisfecho a Bergson, que tanto pujó por una buena comprensión del instinto y de la memoria. El trauma que no se cura es fruto de un mal uso de nuestra memoria. Podemos usar la memoria para curarnos a condición de que sepamos usar las emociones a nuestro favor. A condición de que asumamos el pasado y nos hagamos responsables de nuestras heridas. Nuestra libertad depende de que nos liberemos del trauma, es decir, de que nuestras heridas no nos gobiernen.


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