— Lo que te mata no es lo que crees.
Amad Abu-Suboh Abadia
Lo que te mata no es lo que crees es el título de un libro de Amad Abu Suboh Abadia, pero también es una magnífica frase para quitarnos miedos y empezar a mirar al verdadero enemigo. A veces quien nos mata no es el enemigo más temible, sino un adversario que se nos ha pasado desapercibido, tal vez por estar ahí y creerlo amigo; tal vez por ser pequeño y despreciable. En su libro "Lo que te mata no es lo que crees" este médico radiólogo nos habla de aquello que nos daña sin hacer ruido y del margen que construimos para afrontarlo. Lo que te mata no es lo que crees, es una frase enigmática y admonitoria, es como esa incripción recurrente de los relojes antiguos y alegóricos "Todas hieren, la última mata". Con tantos segundos mortales como nos están aseteando siempre, es imposible saber de dónde viene lo que nos mata, sabiendo que todo nos puede ser devastador. Amad Abu-Suboh Abadia quiere arrojarnos en este libro y en una entevista en "La Vanguardia" una luz que nos dé alguna pista de cómo nos podemos defender de nuestros enemigos más mortales.
Una vez un profesor le dijo a Amad que el radiólogo aporta luz donde los demás solo ven sombras. Aquello le impactó tanto que acabo decantándose por una especialidad que pone ojos secretos en los lugares más recónditos del cuerpo. Seguramente el cuerpo es una bola de luz, sólo que quien está ciego no sabe verla, la ve como una bola de sombras, la ve al revés, tal vez no sabe reconocer al enemigo que lo está minando como una carcoma infatigable. Y este es un buen lema que deberíamos aplicarnos todos, aportar luz donde otros ven sombras, volvernos seres meridionales y luminosos, no contribuir más a las tinieblas del mundo. Es una difícil tarea esa de eludir lo tenebroso, el mal está ahí y nos ensombrece y nos enmierda, y apenas sólo unos pocos logran salir indemnes. Tal vez todos deberíamos tratar de volvernos radiólogos de alguna manera. La radiología le ha enseñado a Amad que "ver mucho no significa comprenderlo todo". Esa es una frase que todos deberíamos memorizar para luego aplicar. Pasamos por el mundo viéndolo todo pero no comprendemos nada. Con los ojos abiertos, pero con los sentidos dormidos, y con la conciencia más bien muerta y con el alma embotada.
Este radiólogo ha intentado ir por la vida y por su profesión con los ojos de rayos X y con los sentidos bien abiertos y ha visto cosas y nos las cuenta. "No siempre nos destruye lo espectacular -avisa-, lo urgente o lo que más tememos; muchas veces nos erosiona lo repetido, lo invisible y lo que justificamos como normal." Pocas cosas nos perjudican tanto, según este radiólogo de ojos bien despiertos, como el sedentarismo. Se podría definir al ser humano del siglo XXI como el homo sedentarius, pero esa postura de inmovilidad le está destruyendo porque en realidad está sentado sobre un volcán de inactividad que le puede estallar en cualquier momento. Ni siquiera con una hora de gimnasio podemos arreglar semejante desaguisado, pero Amad nos da su regla de oro: "Lo importante son los pequeños movimientos repetidos durante el día: levantarse, caminar, subir escaleras. Nos acabamos preciendo a aquello que repetimos. Estar sano es tener margen." Tal vez sea tener el margen para repetir lo que nos es bueno. Amad lo dice de otra manera que casi parece heideggeriana: "Nuestro margen es la capacidad para absorber las inclemencias del existir." Y podemos volver la existencia más clemente, más apacible. Hay cosas que nos dañan sin hacer ruido. Tenemos que escuchar más al cuerpo, poner en silencio nuestra mente y aproximarnos al margen que tenemos para recuperar nuestra salud. Y tener salud es repetir lo que nos hace buenos.

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