La adicción a la dopamina que generan las plataformas tecnológicas dificultan la concentración en algo más que no sea el móvil a todas horas.
— Marc Silver (Director de cine)
Tristemente, ya sólo vivimos para el móvil, tal vez nacimos para quedar atrapados en las redes sociales, o por lo menos ese parece que fue el destino de Molly Russell, la adolescente británica que con catorce años se suicidó en 2017 a consecuencia del bombardeo de imágenes excitantes y perversas de instagram y Pintorest. No le excitaban a encontrar su propia identidad sino que le iban descargando una tormenta de imágenes que le reforzaban su depresión y su deseo de quitarse la vida. O quizás no tuviera nunca ese deseo, pero las redes le fueron quitando las ganas de vivir hasta hacerle llegar a una conclusión errónea que le llevó a quitarse de en medio. Y es posible que ya las grandes decisiones no las tomemos nosotros, sino que las toman desde los altos sitiales de Sillicon Valley para mantener secuestrada nuestra atención. El caso de Molly Russell contra las plataformas de internet, que fue llevado a los tribunales británicos por la obstinación de un padre rebelde, ha sido tomado por Marc Silver para hacer un documental que se acaba de estrenar en cines y en movistar y que se titula "Molly y los algoritmos" (véase trhiller aquí). Y en una reciente entrevista a "La vanguardia" (léase también aquí) nos advierte del peligro que corremos todos si no hacemos frente al puñado de ultrarricos y sus tecnología, que cada vez pretenden depredar más nuestra atención y nuestra salud mental con el aliciente de hacerse de oro.
Con su película, Marc Silver pretende documentar cómo los ultraricos tech se apropian de nuestra atención y privacidad, ya últimamente aliados con la ultraderecha. Y nos deja meridianamente clara cuál es la clave de sus manejos y porque ahora mismo están multiplicando sus avisos apocalipticos sobre la capacidad de la IA de extinguir la humanidad. Algunos ingenieros y directivos ya no nos conceden ni un lustro y los augures de la tecnología han dictaminado que la humanidad acabará pereciendo antes de 2030. "Lo que temen en realidad -sentencia Marc Silver- es que ese apocalipsis sea el suyo". Su explicación es la siguiente: ante la plétora de emprendedores que están ofreciendo en código abierto los mismos servicios que estos tecnoplutócratas, pero mucho más baratos, ellos buscan meternos miedo para que los gobiernos cedan y regulen la IA con exigencias que ahora son insuperables. Libertad, pero sólo de mercado, para que los usuarios pierdan cada vez más la suya. Es verdad que esa competencia puede generar un cataclismo, pero será el cataclismo de sus empresas. Para Silver, "Esos oligarcas de la Tecnología también nos están arrebatando libertad política, capacidad de decisión, atención, sueño, calidad de nuestras relaciones, para dar más poder a los amos de la IA y a la ultraderecha con que se alían".
"Hace años -dice Marc Silver en la entrevista-, cuando empezamos a pasar más tiempo en el móvil, nadie cuestionaba las redes. La tecnología parecía incluso beneficiosa para desarrollar el cerebro de los niños". Fue una época adánica donde, como cuenta en su documental, se soñaba con la gran libertad que nos iba a conceder internet y se vivía en la creencia de que la tecnología mejoraría el mundo. Pero la utopía libertaria se ha transformado en una pesadilla distópica donde la tecnología coloca sus grilletes en nuestros cerebros. Las redes sociales se han especializado en envenenar nuestra salud mental y ya hacen andar a los adolescentes sobre el filo de una navaja que puede abrir en canal sus venas y hacerles saltar al vacío. La realidad puede ser muy dura y puede que no haya otra red cuando uno decide saltar al vacío del mundo real. Las redes nos dominan, saben todo sobre nosotros, predicen nuestras conductas, auscultan nuestros deseos y nos los sirven en bandeja de plata junto con nuestra cabeza decapitada. Son especialistas en manipular el comportamiento humano y han diseñado algoritmos para mantenernos pegados a la pantalla como si se tratase de un cruel experimento social o una tortura china. En palabras de un directivo arrepentido de facebook, se dedican a manipular al mundo, y ahora estamos en sus manos y por eso dice Marc Silver que nos quieren arrebatar nuestra libertad.
Hay por el mundo una horda de adolescentes zombies cuya vida se ha convertido en un infierno en las manos de los oligarcas de Sillicon Valley, especialistas en conocer los intringulis de nuestra conducta y en manipularnos para que no escapemos nunca de ese infierno virtual. Nos despachan dopamina a paladas y una vez que nos hemos vuelto adictos ya nos quedamos para siempre enganchados al móvil. Molly Russell nació en la era del capitalismo de la vigilancia (como diría Shoshana Zubof, quien también firmó el guión del documental), y entró en una espiral adictiva donde cada vez que entraba en el ordenador recibía una descarga de dopamina en forma de imágenes autodestructivas que le llevaron a quitarse la vida. En el mundo de internet, si uno quiere volverse un terrorista, recibe continuamente imágenes de terror, y, si se está deprimido, le suministran imágenes de lo poco que vale la vida y de lo fácil que es ponerle remedio al dolor de seguir con vida. A pesar de las multimillonarias multas impuestas a Meta, para Marc Silver los límites impuestos no afectan a "esa estructura adictiva que llevó a Molly a la depresión y al suicidio". Es más, según Silver, ellos son los responsables de que se esté degradando la formación de nuestros menores y de que el mundo haya dado un gigantesco paso hacia atrás en su educación. "ese tejido algorítmico adictivo Hig-tech está empoderando a un puñado de ultrarricos a costa de retrasar la madurez de niños y adolescentes, a los que priva de hábitos como la lectura", nos advierte Silver. Es posible que las próximas generaciones retrocedan hasta casi el analfabetismo y que les cueste leer más allá de un pareado o de un versículo de la biblia. Quizás no puedan llegar a leer lo que ya constituye su sentencia de muerte si continúan navegando sin freno por las redes sociales. Para Silver, el caso de Molly viene a hacer sonar la gran alarma social: "Es el caso extremo que nos avisa de que millones de niños y jóvenes también están siendo sometidos a la adicción a las redes y a conductas y hábitos de consumo indesables". No sabemos si podemos parar este círculo infernal en el que hemos metido a los adolescentes hasta convertirlos en unos zombies de la dopamina digital, pero debemos intentarlo. Cuando se le pregunta a Marc Silver si cree que esas adicciones van a proliferar, nos lanza el verdadero mensaje con el que nos debemos quedar si no queremos ser pesimistas. Tenemos que reaccionar. No podemos dejar que un puñado de ultraricos tiranicen nuestras vidas, se apoderen de nuestras almas y conviertan nuestras ilusiones en puras mercancias.
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