SALVACIÓN DEL PELIGRO Esta iluminación de la materia, con su costumbre y con su armonía, con sol madurador, con el toque sin calma de mi pulso, cuando el aire entra a fondo en la ansiedad del tacto de mis manos que tocan sin recelo, con la alegría del conocimiento, esta pared sin grietas, y en la puerta maligna, rezumando, nunca cerrada, cuando se va la juventud, y con ella la luz, salvan mi deuda. Salva mi amor este metal fundido este lino que siempre se devana con agua miel, y el cerro con palomas, y la felicidad del cielo, y la delicadeza de esta lluvia, y la música del cauce arenoso del arroyo seco, y el tomillo rastrero entierra ocre, la sombra de la roca a mediodía, la escayola, el cemento, el zinc, el níquel, la calidad del hierro, convertido, afinado en acero, los pliegues de la astucia, las avispas del odio, los peldaños de la desconfianza, y tu pelo tan dulce, tu tobillo tan fino y tan bravío, y el frunce del vestido, y tu carne cobarde... Peligrosa la huella, la promes...
Claudio Rodríguez nace en Zamora el 30 de enero de 1934, en el seno de una familia burguesa de provincias. Es el primer hijo de María García Moralejo, de arraigadas convicciones burguesas y heredera de algunas propiedades cerca de Zamora, y de Claudio Rodríguez Diego, de origen humilde; era hijo de una lechera, y sólo con mucho esfuerzo había logrado terminar la carrera de Derecho y trabajar como interventor de Hacienda. El padre es, además, gran lector de poesía y, con el tiempo, ha logrado reunir una importante biblioteca; también escribe versos, que de vez en cuando publica en los periódicos locales. El poeta es muy niño cuando comienza la guerra civil y apenas conserva vagos recuerdos, excepto el del día en que, acompañado de su padre, contempla un fusilamiento en las tapias del cementerio de Zamora. Desde los cinco años, su vida se reparte entre Zamora y la finca de su abuela materna, muy cerca de la ciudad, donde pasa temporadas en contacto con la naturaleza y los trabajos ...