No sólo el lenguaje sino las palabras todas, por únicas que se nos aparezcan, por solas que vayan y por inesperada que sea su aparición, aluden a una palabra perdida, lo que se siente y se sabe de inmediato en angustia a veces y en una especie de alborear que la anuncia palpitando por momentos. Y también se la siente latiendo en el fondo de la respiración misma, del corazón que la guarda, prenda de lo que la esperanza no acierta a imaginar. Y en la garganta misma, cerrando con su presencia el paso de la palabra que iba a salir. Esa puerta que el alba cierra cuando se abre. El amor que nunca llega, que desfallece al filo de la aurora, lo inasible que parte de los que van a morir o están muriendo ya, y que luchan -tormento de la agonía- por dejarla aquí y derramarla y no les es posible ya. La palabra que se va con la muerte violenta, y la que sentimos que la precede como guía, la guía de los que, al fin, pueden morir. Perdida la palabra única, secreto del amor divino-humano. ¿Y no ...
CONTACTO EXTERNO Mis ojos de plaza pública Mis ojos de silencio y de desierto El dulce tumulto interno La soledad que se despierta Cuando el perfume se separa de las flores y emprende el viaje Y el río del alma largo largo Que no dice más ni tiempo ni espacio Un día vendrá ha venida ya La selva forma una substancia prodigiosa La luna tose El mar desciende de su coche Un jour viendra est déja venu Y yo no digo más ni primavera e invierno Hay que saltar del corazón al mundo Hay que construir un poco de infinito para el hombre.