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AFORISMOS Y CAVILACIONES 7. Sobre el hombre (I)

 
 
 
 


Cada hombre tiene un valor incalculable, posee un secreto  que se llevará a la tumba, un poder que sólo él podría usar y que tal vez se quede atrofiado para siempre; salvo que lo use en vida suficientemente, salvo que muestre sus poderes de manera eficiente. Todo lo que no se da en vida, nos lo echa a perder la muerte.
 
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No hay hombre pequeño, ni un hombre que valga menos. Si al más tonto del reino le nombrásemos rey, sería el tonto del reino el hombre que más valiese.
 

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El hombre que se apena de su fortuna nunca podrá encontrar la fortuna, ni la gracia el que se goza en su desgracia, ni prosperidad podrá alcanzar quien se queja miserablemente. El hombre que se regodea en su miseria se coloca él mismo la venda que le impide ver su estrella.




 
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Todo hombre que ha pasado por el mundo merece una novela.
 
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Solo se puede llegar al fondo de los problemas que atenazan nuestro mundo y a su solución preocupándonos de continuo por los problemas de los que nos rodean; sólo es posible llegar a los problemas y las soluciones de los que nos rodean yendo al fondo de los problemas de nuestro mundo.
 
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El hombre siempre llega a un mundo incompleto que tiene que completar, a un orden desordenado que tiene que ordenar, a un mundo trastornado que tiene que sanar o siempre llega a un mundo al que le queda una revolución pendiente.

 
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La prueba del que el hombre no es ningún animal es que no existe ningún ejemplar de dicha especie en los zoológicos. Pero a cambio de desterrar al hombre de los zoológicos, ha creado otros zoológicos dentro de su propia especie, y ha hecho proliferar cárceles y gulags, campos de refugiados y ergástulas de esclavos, cenobios y manicomios, sólo para poder así confinar a aquellos ejemplares que se aproximan peligrosamente a la animalidad, con la intención de despistarnos y hacernos olvidar que el hombre es el más grande animal.
 
 
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Lo más importante que puede llegar a ser un hombre es uno mismo, y precisamente eso que es lo más importante resulta ser lo único y lo que mejor sabe hacer todo hombre y, puesto que la clave de su vida se halla en realizar su humanidad de esta manera, todo hombre tiene la posibilidad de realizarse de la manera más sencilla, haciendo lo único y lo que mejor sabe hacer: ser uno mismo.
 

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¿Por qué algún hombre de la tierra podría querer ser de un solo lugar y  de una sola sangre por los ochos costados? En esta bastarda suficiencia del hombre que se siente orgulloso de atarse a un solo lugar y a una única sangre se puede descubrir la incapacidad que tiene el hombre para salir del lugar en que se ha metido; y también su alergia a todo cambio y comercio con las cosas, los lugares y los hombres. Casi todos los males del hombre proceden de esta estrechez de miras y de esta visión provinciana del mundo y de las cosas.
 
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El hombre tiene en su poder dejarse determinar por reacciones físicas del cuerpo o tratar  de determinarse por medio de su vida anímica, por medio de un control racional. Pero si deja que prepondere la determinación de la esfera corporal está perdiendo la capacidad de control de su esfera humana y acaba reducido a su esfera animal y a la dimensión de un  mecano.
 

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