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PENSAMIENTOS 34. Mencio

 




Mencio (Mengzi o Maestro Meng) fue un filósofo chino, el más eminente continuador de la doctrina de Confucio.  Al igual que éste, Mencio fue miembro de la nobleza y como tal recibió una extensa instrucción. Nació hacia el 370 a. C.  en  Zou, un pequeño Estado cercano a Lu, también en la actual provincia de Shandong,  y estudió con un disciípulo de Zisi, que era nieto de Confucio y continuador de sus enseñanzas. Por un tiempo, parece que Mencio estuvo entre los letrados que componían una especie de gran academia fundada por los monarcas de Qi, el Estado que limitaba a Lu por el norte y uno de los que aspiraba a la hegemonía. Mencio emprendió numerosos viajes para hacerse oír en otros lugares, aunque sin mucho éxito. Se retiro a la vida privada, amparado por un pequeño patrimonio y compuso junto a sus discípulos el libro que lleva su nombre, dividido en siete partes, en las que del modo dialogado ya pergeñado en las Analectas de Confucio expone sus enseñanzas. Le tocó vivir en "el periodo de Estados en Lucha", caracterizado por la centralización del poder, las guerras destructivas y la desaparición del  antiguo orden feudal. En el libro de Mencio, el filósofo amplia las Analectas de Confucio pero con notables diferencias. El texto en sí es más coherente y sistemático, el lenguaje más elaborado y menos ambiguo. Aunque con un fuerte acento idealista, dedica su atención a los aspectos prácticos de la educación del gobierno y del Estado. Mencio sostenía que la naturaleza humana es intrínsecamente buena. De ahí que el hombre deba poner en práctica la virtud de benevolencia (ren) y preferir la justicia (yi) al interés (Li). En las analectas este "interés"  quedaba en el aire y aparecía sin mucho apoyo. Mencio sostiene que si el hombre obra el bien no hace más que seguir los impulsos de su naturaleza, especialmente en lo que esta naturaleza tiene de más humano, puesto que aunque el hombre tiene mucho en común con los animales, su ingrediente específicamente humano le apartará de ellos en el obrar y le dirigirá a la práctica de las virtudes. Hay desde luego una capacidad de elección que le hará inclinarse de una parte o de otra, pero si escoge su parte humana, cualquier individuo desarrollará al máximo sus capacidades de obrar la virtud. En Mencio es exaltado el sentimiento de la compasión como la característica humana por excelencia. Es la imposibilidad de soportar las desgracias ajenas que tienen todos los hombres y que es una prueba de la bondad innata que poseen. Esta bondad se desarrollará si las buenas condiciones externas y la elección del propio individuo lo hacen posible. Esto es lo que hace que un hombre sea verdaderamente humano y le diferencia de los animales.


MAXIMAS

Mencio dejo: "Si alguien ama y no es amado, que examine su capacidad de desprendimiento; si alguien quiere gobernar pero no gobierna, que examine  su sabiduría; si alguien que  lleva a cabo las debidas cortesías no es correspondido, que examine su actitud de respeto.

Cuando no se alcanza lo que se desea, hay que volverse a buscar la causa en sí mismo. Si el propio yo es perfecto, todas las cosas del mundo vendrán hacia él".


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Mencio dijo: "El mal de los hombres reside en que gustan de ser maestros de los otros hombres."


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Mencio dijo: "Cuando el hombre  ha decidio lo que no hará, es cuando puede decidir lo que hará".


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Mencio dijo: "Los cinco principales cereales son las plantas más útiles, pero si no están maduros, no llegan a ser como otras plantas inferiores. La benevolencia también es  igual, que sólo vale en tanto en cuanto está madura."


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Mencio dijo: "el hombre superior que no tiene fe no puede mantener una postura firme".


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Mencio dijo: "Hay muchas artes de enseñanza; cuando yo me niego a enseñar a alguien, le estoy enseñando con mi negativa".


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Mencio dijo: "El que usa al máximo su capacidad mental conoce su naturaleza y el que conoce su naturaleza conoce el Cielo.

Conservar la capacidad mental y alimentar la propia naturaleza es servir al Cielo.

Cuando el que  la vida sea larga o corta no produce vacilaciones, sino que uno se cultiva a sí mismo mientras espera, se fortalece el mandato del Cielo".


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Mencio dijo: "Si algo se busca, se consigue; y si se descuida, se pierde; el buscar será útil para conseguir y lo que buscamos estará dentro de nosotros mismos.

Si para buscar hay un camino, pero la consecución de lo que se trate depende del destino, entonces la búsqueda no será útil para conseguirlo y lo que buscamos estará fuera de nosotros mismos".


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Mencio dijo: "Todas las cosas están completas en nosotros mismos.

El hacer examen de conciencia y encontrarse recto es la mayor alegría.

El que obra con fuerte sentimiento de perdón no puede estar más próximo de la virtud de amar a los demás, si es esto lo que busca".


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Mencio dijo: "Los hombres tienen que tener el sentimiento de la vergüenza. Si alguien tiene vergüenza de no haberse avergonzado en alguna ocasión, no volverá a hacer nada que pueda avergonzarle".


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Mencio dijo: "No hagáis lo que no tenéis tendencia a hacer, no deseéis lo que no tenéis tendencia a desear y será suficiente".


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Mencio dijo: El hambriento piensa que toda comida es deliciosa, el sediento que toda bebida es dulce, por eso no aprecian el valor exacto de cada cosa, ya que el hambre y la sed dañan su percepción, pero ¿acaso sólo la boca y el estómago resultan dañados por el hambre y la sed? No, sino que también el pensamiento humano recibe daño de ellas.

El hombre que es capaz de no recibir daño del hambre y la sed y de que su pensamiento no sea dañado por ellas no tiene por qué tener preocupación de compararse con los demás hombres".


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Mencio dijo: "Alimentar a alguien y no amarle es mantener con él la mismo relación que se mantiene con un cerdo;  amarle y no respetarle es tratarle como a un animal doméstico.

El honor y el respeto están antes que los regalos.

Cuando se aparentan honor y respeto, pero éstos no son verdaderos, el hombre superior no podrá ser retenido por este vacío".


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Mencio dijo: "El que se detiene donde no debe detenerse  se detendrá en todo, el que no trata bien a los que debería tratar mejor tratará mal a todo el mundo.

El que avanza precipitadamente se retirará toda prisa".


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Mencio dijo: "Antiguamente la vigilancia de las fronteras servía para proteger de la violencia.

Hoy en día la vigilancia de las fronteras sirve para ejercer la violencia".


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Mencio dijo: "Un mal año no puede hacer morir al que tiene buenos almacenes; una época malvada no puede alterar al que está bien provisto de virtud".


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Mencio dijo: "No hay mejor manera de cultivar el espíritu que reducir los deseos; un hombre cuyos deseos sean pocos tendrá faltas, pero serán pocas; un hombre cuyos deseos sean muchos tendrá virtudes, pero serán pocas".

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