De Wislawa Szymborska, y a la espera
de que se escriba su reseña biográfica en esta página (que ya por fin se hará
dentro de unas semanas en la última entrega de esta poeta), únicamente interesa
saber por ahora que se murió el 1 de febrero 2012, en su casa de Cracovia, a
causa de un cáncer de pulmón -tan empedernida fumadora como entrañable
bebedora-; que había nacido el 2 de julio de 1923 cerca de Poznan y que la
mayor parte de su vida quiso vivirla en Cracovia, donde le sorprendió en 1996
la noticia de la concesión del premio nobel de literatura. Pocas veces un nobel
fue más justo; pocas veces los de Estocolmo acertaron tan de pleno como con
Wislawa, que para entonces era una perfecta e injusta desconocida. A Wislawa se
le dedicó un espacio en esta página que data de marzo de 2009 -y donde se
reproduce su discurso de recepción del nobel, titulado “El poeta y el mundo”- y
también se reprodujo otro poema suyo ,”Hijos de la época”, en un artículo
titulado “¿Se puede escribir poesía después de Auschwitz?”, diciembre 2009.
Quedaba pendiente prolongar la selección que se hizo de Wislawa, tal como se está
haciendo con Octavio Paz, y como se hará con Ángel González o Valente. Dejo
aquí una selección de poemas pertenecientes a su libro titulado “Fin y principio y otros poemas”, editado en
Hiperión, Vuelvo a
hacer notar que lo que ya comenté el día en que saltó la noticia de su muerte,
que como siempre los periódicos perdieron la oportunidad de hacerle su mejor
homenaje a una poeta muerta, que es seleccionar un sólo poema suyo y publicarlo.
Poema que no ocuparía mucho más espacio que el de una viñeta de un mal chiste.
Aquí se ve lo poco tiene que ver el periodismo con la poesía, pese a que
reserve algunas páginas a la cultura, que a veces parecen una forma de pregonar
su incultura.
Unas reflexiones apresuradas -y muy
desordenadas-sobre Wislawa. Parece difícil encontrar otra poeta tan
elegantemente irónica como Wislawa. La elegancia de su ironía seguramente le
viene de ser mujer. Los hombres, más agresivos, son incapaces de la ternura de
la que hace gala Szymborska. Si todos consiguiéramos ser irónicos a la manera
de Szymborska, no conseguiríamos herir a nadie, y a la gente que nos escuchase
le arrancaríamos una sonrisa de inteligencia, también de ternura, también de
piedad. Eso nos lleva a la otra faceta que desarrollaba Szymborska en su
poesía: poseía lo que cierto filósofo había denominado la piedad de la
pregunta. Wislawa era piadosa por preguntar; o preguntaba de una forma piadosa.
Sin molestar nunca a nadie, era capaz de hurgar en todas las heridas. Compasiva
con la penuria e insuficiencia de los otros, pero mordaz con los bárbaros de la
historia. Se puede observar en Wislawa que, al no ser agresiva, tampoco se le
oye levantar la voz. Siempre nos habla como en susurros. Tampoco le gustaban
los gestos grandilocuentes, los aspavientos. A Wislawa lo que le gustaba era
hablarnos a cada uno de nosotros como si se hablara a sí misma; de ahí que su
tono siempre lo oigamos con sordina. No le gustaba el uso del megáfono, las
palabras altisonantes o los efectos de la oratoria. Por eso es Wislawa la poeta
de las preguntas, de las pequeñas preguntas, de las que todavía podemos obtener
respuestas que nos pueden ser útiles. Uno se pregunta ¿por qué se hace tantas
preguntas Wislawa en sus poemas? Seguramente, porque todavía duda; porque, como
ya escribió en uno de sus poemas, ella sabe que no tiene la última palabra, que
tampoco tiene la llave de sus certidumbres. Hay que dejar a otros la
posibilidad de completar nuestra palabra, de iluminarnos con sus dudas y
certezas. Sabe que la incertidumbre y la inseguridad forma parte sustancial de
la vida. Sabe que la vida está hecha de cosas ordinarias y que la poesía no
debe alzar el vuelo, ni esquivarlas. Su poesía sabe narrar las cosas
extraordinarias que ocurren en las pequeñas cosas.
Creo que Wislawa es mejor narradora
que poeta; o, mejor dicho, es tan buena poeta porque sabe encontrar la
narración poética de las cosas. Wislawa sabía que para componer un buen poema
hay que saber situarse y en esa situación consiste el compromiso del poeta: lo
que vulgarmente se llama el punto de vista. No le debería bastar al poeta en
abusar del yo y usar su exclusivo punto de vista. Hay otros “yo” heterónomos,
otros seres y cosas por las que deberíamos divagar y experimentar. El poeta
debe situarse en el mundo, entre los seres y las cosas, y tiene que dar cuenta
de ellos desde esa situación tomada. Tal
vez ese sea uno de los secretos del arte. Hacer la puesta en escena desde un
punto de vista original. Todo esto se puede ver en el poema que se seleccionó
aquí en marzo de 2009 y que se vuelve a reeditar ahora, “Gato en un piso vacío”. Es la descripción de la muerte
de un hombre a través de su gato, las repercusiones que la muerte de alguien
tiene sobre todas las cosas, pero especialmente sobre sus seres queridos. La
inteligencia de Wislawa está en elegir un ser marginal, un punto de vista al
margen, para salirse del tópico, pero también para hacernos ver mejor. Para
hacernos ver mejor que no es el punto de vista humano el exclusivo, aunque al
final sea de un hombre de aquello sobre lo que se habla. Pero el protagonista
es un gato en una situación de desamparo. El desamparo siempre está en el fondo
de los poemas de Wislawa. Wislawa sabe que no puede haber mejor épica y mejor
epitafio para un hombre muerto que el desconsuelo en el que queda un gato
abandonado por su dueño en un piso vacío. El dolor de ese gato en el poema
puede ser comparado con el que siente Aquiles por la muerte de Patroclo.
Resulta así un maravilloso poema elegíaco.
También hay que decir que a Wislawa
le gusta hacer componendas al mundo. Parece conformista, pero esa es la máscara
que se coloca para no ser agresiva. Su inconformismo es total. Le gusta
zambullirse en las posibilidades infinitas que el mundo tiene de ser de otra
manera. Wilslawa sabe que podría haber sido otra persona. Cualquiera de las
criaturas que componen el mundo. Ella no es panteísta. Le gusta contemplarse en
otros para no envanecerse por ser Wislawa. En esto Wislawa sabe ser
maravillosamente fantástica. Llega a la humildad por una fuerza piadosa de la
imaginación. Ella podía haber sido otra -podía haber nacido en la tribu
indebida-, podía haber tenido otra vida -con un destino no benévolo-, pero
Wislawa no cree en el destino: nos propone de alguna manera el libre albedrío.
Dios no tiene sitio en la poesía de Wislawa. A cambio el hombre se vuelve más
humano, más inseguro. Pero también con más necesidad de ser solidario. Apoyada
más en sus dudas que en sus certezas, el hombre es ese animal que todo lo quiere
saber, sabiendo que no podrá saber casi nada. Esto que puede ser una tragedia
para la mayoría, es para Wislawa una pequeña grandeza del hombre. Como todos
los grandes poetas, Wislawa logra ser profunda y reflexiva, desconfiando de las
grandes palabras de la filosofía. De ahí le viene su excesiva alergia a la
palabra “todo”, “palabra impertinente y henchida de orgullo”. Su poesía ha sido
definida por Fernando Savater como “reflexiva sin engolamiento ni altisonancia,
de forma ligera y fondo grave, directa al sentimiento, pero sin chantaje
emocional.” Al final se nos olvidaba, por tanto, decir lo más importante: todo
esto lo consigue Wislawa de la forma más sencilla posible, haciendo que lo más
difícil resulte fácil. En algún lugar se pregunta Wislawa -siempre tan encantadoramente
escéptica- “en qué dedo corazón está ahora el anillo del alma que le fue robado
o perdido” -también dice en otro poema: “alma se tiene a veces./Nadie la posee
sin pausa/ y para siempre”-. Si tuviera que responder a esa pregunta,
respondería -aún a riesgo de resultar cursi- que Wislawa era todo corazón, o
bien que escribía sus poemas con corazón, o que Wislawa iba perdiendo un jirón
de alma con cada poema que escribía, me atrevería a decir que es ahí, en sus
poemas, donde habría que ir a buscar el alma de Wislawa, diría que leer los
poemas de Wislawa es una forma de beberse a tragos su bella alma de poeta. Y
que aproveche.
A ALGUNOS LE
GUSTA LA POESÍA
A algunos,
Es decir, no
a todos.
Ni siquiera
a los más, sino a los menos.
Sin contar
las escuelas, donde es obligatoria,
y a los
mismos poetas,
Serán dos de
cada mil personas.
Les gusta,
Como también
les gusta la sopa de fideos,
Como les
gustan los cumplidos y el color azul,
Como les
gusta la vieja bufanda,
Como les
gusta salirse con la suya,
Como les
gusta acariciar al perro.
La poesía,
Pero qué es
la poesía.
Más de una
insegura respuesta
Se ha dado a
esta pregunta.
Y yo no sé,
y sigo sin saber, y a esto me aferro
Como a un
oportuno pasamanos.
(Traducción de Gerardo
Beltrán,
David
Carrión Sánchez y Abel A. Murcia Soriano)
EL CIELO
Por ahí
habría que haber empezado: por el cielo.
Ventana sin
alféizar, sin marco, sin cristales.
Un hueco,
nada más que un hueco,
Pero
cubierto de par en par.
No tengo que
esperar una noche clara
Ni levantar
la cabeza
Para mirar
el cielo.
Lo tengo a
mis espaldas, a mano, en mis párpados.
El cielo me
envuelve por completo
Y me alza en
el aire.
Ni las
montañas más altas
Están más
cerca del cielo
Que los
valles más profundos.
No hay más
cielo en un lugar
Que en otro.
Tan
implacablemente aplastada está la nube
Por el cielo
como la tumba.
Tan en las
nubes está el topo extasiado
Como la
lechuza que agita sus alas.
Aquello que
cae al abismo
Cae también
del cielo al cielo.
Arenosas,
fluidas, rocosas
Inflamadas y
volátiles
Extensiones
de cielo, migajas del cielo.
El cielo
está omnipresente
Incluso en
las tinieblas bajo la piel.
Como cielo,
defeco cielo.
Soy trampa
entrampada
Habitante
habitado
Abrazado
abrazo
Pregunta en
respuesta a una pregunta.
La división
en cielo y tierra
No es la
forma adecuada
De pensar en
este todo.
Permite tan
sólo sobrevivir
Bajo una
dirección más exacta
Para ser
encontrada con más rapidez
Si alguien
me buscara.
Mis señas
personales
Son el
entusiasmo y la desesperación.
(Traducción
de David Carrión Sánchez)
PUEDE SER
SIN TÍTULO
Después de
todo, estoy sentada bajo un árbol,
A la orilla
del río,
En una
mañana soleada.
Es un
acontecimiento banal
Y que no
pasará a la historia.
Nada que ver
con batallas ni pactos
Cuyas causas
se investigan
Ni con
tiranicidios dignos de ser recordados.
Y sin
embargo estoy sentada junto al río, es un hecho.
Y puesto que
estoy aquí,
He tenido
que venir de algún lado
Y antes
Estar en
muchos otros sitios,
Exactamente
igual que los grandes descubridores
Antes de
subir a cubierta.
Hasta el
momento más efímero tiene su pasado,
Su viernes
antes del sábado,
Su mayo
antes de junio.
Son tan
reales sus horizontes
Como los de
los catalejos de los almirantes.
Este árbol
es un álamo enraizado desde hace años.
El río es el
Raba, que fluye desde hace siglos.
No fue ayer
cuando unos pasos
Formaron el
sendero.
El viento,
para dispersar las nubes
Tuvo antes
que arrastrarlas aquí.
Y aunque en
los alrededores no pasa nada importante,
El mundo no
es más pobre en sus detalles,
Ni está peor
justificado, ni menos definido
Que en la
época de las grandes migraciones.
El silencio
no sólo acompaña a conspiraciones secretas.
Ni un
séquito de causas a ceremonias de coronación.
No sólo se
erosionan los aniversarios de las sublevaciones,
También
envejecen los guijarros de la orilla.
Complicado y
denso es el borado de las circunstancias.
Costura de
hormigas en la hierba.
Hierba
cosida a la tierra.
Diseño de
olas sobre el que se enhebra un tallo.
Por
casualidad estoy aquí y miro.
Sobre mí una
mariposa blanca bate en el aire
Unas alas
que sólo a ella le pertenecen
Y una sombra
se me escapa a través de la mano,
No otra, no
la de cualquiera, precisamente la suya.
Ante esta
visión siempre me abandona la certeza
De que lo
importante
Es más
importante que lo insignificante.
(Traducción de David Carrión Sánchez)
FIN Y
PRINCIPIO
Después de
cada guerra
Alguien
tiene que limpiar.
No se van a
ordenar solas las cosas,
Digo yo.
Alguien debe
echar los escombros
A la cuneta
Para que
puedan pasar
Los carros
llenos de cadáveres.
Alguien debe
meterse
Entre el
barro, las cenizas,
Los muelles
de los sofás,
Las astillas
de tal
Y los trapos
sangrientos.
Alguien
tiene que arrastrar una viga
Para
apuntalar un muro,
Alguien
poner un cristal en la ventana
Y la puerta
en sus goznes.
Eso de
fotogénico tiene poco,
Y requiere
años.
Todas las
cámaras se han ido ya
A otra
guerra.
A
reconstruir puentes
Y estaciones
de nuevo.
Las mangas
quedarán hechas jirones
De tanto
arremangarse.
Alguien con
la escoba en las manos
Recordará
todavía cómo fue.
Alguien
escuchará
Asintiendo
con la cabeza en su sitio.
Pero a su
alrededor
Empezará a
haber algunos
A quienes
les aburra.
Todavía
habrá quien a veces
Encuentre
entre hierbajos
Argumentos
mordidos por la herrumbre,
Y los lleve
al montón de la basura.
Aquellos que
sabían
De qué iba
aquí la cosa
Tendrán que
dejar su lugar
A los que
saben poco.
Y menos que
poco.
E incluso
prácticamente nada.
En la
hierba, que cubra
Causas y
consecuencias,
Seguro que
habrá alguien tumbado
Con una
espiga entre los dientes,
Mirando las
nubes.
(Traducción de Abel
A. Murcia Soriano)
EL ODIO
Contemplad
qué activo sigue siendo,
Qué bien se
conserva
En nuestro
siglo el odio.
Con qué
ligereza afronta grandes obstáculos.
Qué fácil
para él saltar, atrapar.
No es como
otros sentimientos.
Es más viejo
y más joven que ellos al mismo tiempo.
Él mismo
crea razones,
Que lo
despierta a la vida.
Si se queda
dormido, no es nunca el suyo un sueño eterno.
El insomnio
no le quita fuerza, antes se la da.
Con religión
o sin ella,
Lo
importante es arrodillarse en la salida.
Con patria o
sin ella,
Lo
importante es lanzarse a correr.
Para empezar
no está mal eso de la justicia.
Después ya
corre solo.
¡Odio!
¡Odio!
Su rostro lo
desfigura una mueca
De éxtasis
amoroso.
¡Ay estos
otros sentimientos,
Enclenques e
indolentes!
¿Desde
cuándo la fraternidad
Puede contar
con las multitudes?
¿Alguna vez
la compasión
Ha llegado
primera a la meta?
¿Cuántos
admiradores arrastra tras de sí la incertidumbre?
Arrastra
sólo el odio, que sabe lo suyo.
Lúcido,
inteligente, muy trabajador.
¿Hace falta
decir cuántas canciones ha compuesto?
Cuántas
páginas de la historia ha numerado.
Cuántas
alfombras de gente ha extendido
En cuántas
plazas, en cuántos estadios.
No nos
engañemos:
Sabe crear
belleza.
Son
espléndidos sus resplandores en la oscuridad de la noche.
Estupendas
las humaredas de sus explosiones de destellos rosados.
Difícil
negar a unas ruinas su pathos
Y el vulgar
humor
De unas
columnas vigorosamente erectas entre ellas.
Es maestro
del contraste
Entre el
estrépito y el silencio,
Entre la
roja sangre y la blanca nieve.
Y ante todo,
jamás le aburre
El tema de
un torturador impecable
Sobre su
víctima mancillada.
+
Listo en
todo momento para nuevos quehaceres.
Si tiene que
esperar, espera.
Dicen que es
ciego. ¿Ciego?
Tiene el ojo
certero del francotirador
Y él, sólo
él, mira al futuro
Confiado.
(Traducción de David Carrión
Sánchez)
LA REALIDAD
EXIGE
La realidad
exige
Que lo
digamos bien claro:
La vida
sigue su curso.
Sucede así
en Cannas, en Borodinó,
En los
llanos de Kosovo y en Guernica.
Hay una
gasolinera
En una
pequeña plaza de Jericó,
Hay bancos
recién pintados
Cerca de
Bila Hora.
Las cartas
van y vienen
Entre Pearl
Harbour y Hastings,
Pasa un
camión de muebles
Bajo la
mirada de del león de Queronea
Y sólo un
frente atmosférico amenaza
Los florecientes
jardines cercanos a Verdún.
Hay tanto de
Todo
Que lo que
hay de Nada queda muy bien cubierto.
De los yates
de Accio
Llega la
música
Y en
cubierta, al sol, bailan las parejas.
Pasan
siempre tantas cosas
Que seguro
que tienen que pasar en todas partes.
Donde hay
piedra sobre piedra
Hay un carro
de helados
Cercado por
los niños.
Donde estaba
Hiroshima
De nuevo
está Hiroshima
Y se siguen
produciendo
Objetos de
uso cotidiano.
No le faltan
encantos a este horroroso mundo
Ni tampoco
amaneceres
Para los que
merece la pena despertar.
En los
campos de Macejowice
La hierba es
verde,
Y en la
hierba, como pasa en la hierba,
La escarcha,
transparente.
Quizá no
haya un lugar que no haya sido un campo de batalla,
Los aún
recordados
Los hoy ya
olvidados,
Bosques de
abedules y bosques de cedros,
Nieves y
arenas, pantanos irisados
Y barrancos
de negro fracaso
Donde en
caso de urgencia
Satisfacemos
ahora nuestras necesidades.
Qué moraleja
sale de todo esto: parece que ninguna.
Lo que de
verdad sale es la sangre que se seca rápida
Y siempre
algunos ríos, algunas nubes.
En los trágicos
desfiladeros
El viento se
lleva los sombreros,
Y es
inevitable: la imagen nos da risa.
(Traducción de Abel A. Murcia
Soriano)
LA REALIDAD
La realidad
no se desvanece
Como se
desvanecen los sueños.
Ni ruidos ni
timbres
La
dispersan,
Ni gritos ni
estruendos
La
interrumpen.
Las escenas
en los sueños
Son
equívocas y ambiguas,
Y esto se
puede explicar
De muy
diversas maneras.
La realidad
se define a sí misma
Por eso es
mayor su misterio.
Para los
sueños hay llaves.
La realidad
se abre sola
Y no se deja
cerrar.
Por el
resquicio se asoman
Certificados
y estrellas,
Se derraman
mariposas
Y almas de
viejas planchas,
Gorros
descabezados
Y los
cráneos de las nubes.
De esto
surge un acertijo
Que no tiene
solución.
Sin nosotros
no habría sueños.
Aquél sin
quien no habrá realidad
No es
conocido,
Y el
producto de su insomnio
Se contagia
a todo
El que
despierta.
No deliran
los sueños,
Delira la
realidad,
Aunque sea
por la insistencia
Con que se
aferra
Al curso de
los acontecimientos.
En los
sueños aún vive
Nuestro
difunto reciente,
Goza de
buena salud,
Se ve
incluso más joven.
La realidad
tiende ante nosotros
Su cuerpo
sin vida.
La realidad
no retrocede ni un paso.
Los sueños
son tan ligeros
Que la
memoria se los quita de encima fácilmente.
La realidad
no tiene que temerle al olvido.
Es hueso
duro de roer.
Nos trae de
cabeza,
Nos pesa en
el alma,
Se nos
enreda en los pies.
No hay
escapatoria,
La realidad
nos acompaña en cada huida.
Y no hay
estación
En nuestro
itinerario
En la que no
nos espere.
(Traducción de Gerardo Beltrán)
CÁLCULO
ELEGÍACO
Cuántos de
los que he conocido
(si de
verdad los he conocido)
Hombres,
mujeres
(si esta
división sigue vigente)
Han
atravesado este umbral
(si esto es
un umbral)
Han cruzado
este puente
(si se puede
llamar puente).
Cuántos
después de una vida más corta o más larga
(si para
ellos en eso sigue habiendo alguna diferencia)
Buena porque
ha acabado
Mala porque
ha acabado
(si no
prefirieran decirlo al revés)
Se han
encontrado en la otra orilla
(si se han
encontrado)
Y si la otra
orilla existe.
No me es
dado saber
Cuál fue su
destino
(ni siquiera
si se trata de un solo destino,
Y si hay
todavía destino).
Todo
(si con esta
palabra no lo delimito)
Ha terminado
para ellos
(si no lo
tienen por delante).
Cuántos han
saltado del tiempo en marcha
Y se pierden
a lo lejos con una nostalgia cada vez
Mayor
(si merece
la pena creer en perspectivas).
Cuántos
(si la
pregunta tiene algún sentido,
Si se puede
llegar a la suma final
Antes de que
el que cuenta se cuente a sí mismo)
Han caído en
el más profundo de los sueños
(si no hay
otro más profundo).
Hasta la
vista.
Hasta
mañana.
Hasta la
próxima.
Ya no
quieren
(si es que
no quieren) repetirlo.
Condenados a
un interminable
(si no es
otro) silencio.
Ocupados
sólo con aquello
(si es sólo
con aquello)
A lo que los
obliga la ausencia.
(Traducción de Abel A. Murcia Soriano)
UN GATO EN
UN PISO VACÍO
Morir, eso
no se le hace a un gato.
Porque qué
puede hacer un gato
En un piso
vacío
Trepar por
las paredes.
Restregarse
en los muebles.
Parece que
nada ha cambiado,
Y sin
embargo, ha cam,biado.
Que nada se
ha movido,
Pero está
descolocado.
Y por la
noche la lampara ya no se enciende
Se oyen
pasos en la escalera,
Pero no son
esos
La mano que
pone el pescado en el plato
Tampoco es
aquella que lo ponía.
Hay algo
aquí que no empieza
A la hora de
siempre.
Hay algo que
no ocurre
Como
debería.
Aquí había
alguien que estaba y estaba,
Que de
repente se fue
E
insistentemente no está.
Se ha
buscado en todos los armarios.
Se ha
recorrido la estantería.
Se ha
husmeado debajo de la alfombra y se ha mirado.
Incluso se
ha roto la prohibición
Y se han
desparramado los papeles.
Qué más se
puede hacer.
Dormir y
esperar.
Ya verá
cuando regrese.
Ya verá
cuando aparezca.
Se va a
enterar
de que eso
no se le puede hacer a un gato.
Se irá hacía
él como si no quisiera,
Despacito,
Con las
patas muy ofendidas.
Y nada de
saltos ni maullidos al principio.
(Trad. de
Abel A. Murcia Soriano y David A. Carrión Sánchez)
DESPEDIDA DE
UN PAISAJE
No le
reporcho a la primavera
Que llegue
de nuevo.
No me quejo
de que cumpla
Como todos
los años
Con sus
obligaciones.
Comprendo
que mi tristeza
No frenará
la hierba.
Si los
tallos vacilan
Será sólo
por el viento.
No me causa
dolor
Que los
sotos de alisos
Recuperen su
murmullo.
Me doy por
enterada
De que, como
si vivieras,
La orilla de
cierto lago
Es tan bella
como era.
No le guardo
rencor
A la vista
por la vista
De una bahía
deslumbrante.
Puedo
incluso imaginarme
Que otros,
no nosotros,
Estén
sentados ahora mismo
Sobre el
abedul derribado.
Respeto su derecho
A reír, a
susurrar
Y a quedarse
felices en silencio.
Supongo
incluso
Que los une
el amor
Y que él la
abraza a ella
Con brazos
llenos de vida.
Algo nuevo,
como un trino,
Comienza a
gorgotear entre los juncos.
De veras les
deseo
Que lo
oigan.
No exijo
ningún cambio
De las olas
a la orilla,
Ligeras o
perezosas,
Pero no
obedientes.
Nada le pido
A las aguas
junto al bosque,
A veces
esmeralda,
A veces
zafiro,
A veces
negras.
Una cosa no
acepto.
Volver a ese
lugar.
Renuncio al
privilegio
De la
presencia.
Te he
sobrevivido suficiente
Y sólo lo
suficiente
Para
recordar desde lejos.
(Traducción de Gerardo Beltrán)
SESIÓN
El azar
muestra sus trucos.
Se saca de
la manga una copa de coñac,
Y sienta
enfrente a Enrique.
Entro al
café y me quedo de piedra.
Enrique no
es otros
Que el
hermano del marido de Inés
E Inés es
pariente
Del cuñado
de la tía Sofía.
Mira por
dónde llegamos a la conclusión de que tenemos un bisabuelo común.
El espacio
en los dedos del azar
Se enrolla y
desenrolla,
Se dilata y
se contrae.
Como un
mantel hace un segundo
Y ahora como
un pañuelo.
¿A que no
sabes a quién me encontré?
Y ¿sabes
dónde? En Canadá,
Y después de
tanto tiempo.
Estaba
segura de que había muerto y él en su mercedes.
En el avión
a Atenas.
En el
estadio de Tokio.
El azar hace
girar en las manos el calidoscopio.
Millones de
cristales de colores que destellan.
Y de golpe
el cristal de Pepito
¡crash! Con el
cristal de Mariloli.
¡Te das
cuenta! ¡Los dos! ¡El mismo hotel!
¡El
ascensor! ¡Cara a cara!
¡La tienda
de juguetes!
¡La esquina
de Zapateros con Bordadores!
El azar anda
envuelto en una capa.
En ella se
pierden y se encuentran los objetos.
Tropiezo sin
querer.
Me agacho y
lo levanto.
Miro y es la
cuchara
De aquel
juego robado.
Si no es por
la pulsera
No reconozco
a Maite
Y este reloj
lo encontré en Segovia.
El azar nos
mira profundamente a los ojos.
Empezamos a cabecear.
Se nos
cierran los párpados.
Nos dan
ganas de reír y de llorar,
Porque esto
es increíble,
¡del cuarto
B a este buque!
¡Aquí hay
gato encerrad!
Nos entran
ganas de gritar
Qué pequeño
es el mundo,
Qué fácil
abarcarlo
Con los
brazos abiertos.
Y por un
momento nos embarga todavía
Una alegría
Ilusoriamente
clara.
(Traducción de Carlos
Marrodán Casas)
AMOR A
PRIMERA VISTA
Ambos están
convencidos
De que los
ha unido un sentimiento repentino.
Es hermosa
esa seguridad,
Pero la
inseguridad es más hermosa.
Imaginan que
como antes no se conocían
No había
sucedido nada entre ellos.
Pero ¿qué
decir de las calles, las escaleras, los pasillos
En los que
hace tiempo podrían haberse cruzado?
Me gustaría
preguntarles
Si no
recuerdan
-quizá un
encuentro frente a frente
Algunas vez
en una puerta giratoria,
O algún “lo
siento”
O el sonido
de “se ha equivocado” en el teléfono-,
Pero conozco
su respuesta.
No
recuerdan.
Se
sorprenderían
De saber que
ya hace mucho tiempo
Que la
casualidad juega con ellos,
Una casualidad
no del todo preparada
Para convertirse
en su destino
Que los
acercaba y alejaba,
Que se
interponía en su camino
Y que conteniendo
la risa
Se apartaba
de su lado.
Hubo signos,
señales,
Pero qué
hacer si no eran comprensibles.
¿No habrá
revoloteado
Una hoja de
un hombro a otro
Hace tres
años
O incluso el
último martes?
Hubo algo
perdido y encontrado.
Quién sabe
si alguna pelota
En los
matorrales de la infancia.
Hubo
picaportes y timbres
En los que
un tacto
Se sobrepuso
a otro tacto.
Maletas, una
junto a otra, en una consigna.
Quizá una
cierta noche el mismo sueño
Desaparecido
inmediatamente después del despertar.
Todo
principio
No es más
que una continuación,
Y el libro
de los acontecimientos
Se encuentra
siempre abierto por la mitad.
(Traducción de Abel A.
Murcia Soriano)
DÍA 16 DE
MAYO DE 1973
Una de esas
fechas
Que ya no me
dicen nada
A dónde fui
ese día,
Qué hice, no
lo sé.
Si en los
alrededores se hubiera cometido un crimen
No habría
tenido coartada.
El sol
brilló y se apagó
Sin que yo
lo advirtiera.
La tierra
giró
Sin merecer
una mención en mi diario.
Me sentiría
mejor pensando
Que morí
brevemente,
Que pensando
que nada recuerdo,
Aunque viví
sin pausa.
No fui
ningún fantasma,
Respiré,
comí,
Di pasos
Que se
oyeron
Y tuvieron
que quedar huellas
De mis dedos
en las puertas.
Me reflejé
en el espejo.
Llevaba
puesto algo de algún color.
Seguro que
hubo gente que me vio.
Quizás ese
día
Encontré algo
que había perdido antes.
Quizás perdí
lo que encontré más tarde.
Estaba llena
de sentimientos y sensaciones.
Ahora todo
eso son
Como puntos
suspensivos entre paréntesis.
Dónde me
metí,
Dónde me
sepulté,
No es un mal
truco
Perderse una
misma de vista.
Agito mi
memoria,
Quizás algo
adormecido
En sus ramas
durante años
Se levante
con un rumor de alas.
No.
Evidentemente exijo demasiado,
Me atrevo a
pedir un segundo.
(Traducción de David Carrión
Sánchez)
QUIZÁ TODO
ESTO
Quizá todo
esto
Está sucediendo
en un laboratorio.
Bajo una
lámpara de día
Y miles de
millones de lámparas de noche.
Quizá somos
una generación piloto.
Vertidos de
un recipiente a otro,
Agitados en
matraces,
Observados por
algo más que un ojo,
Cada uno por
separado
Cogidos al
final con pinzas de uno en uno.
O quizá de
otro modo:
Ninguna intervención.
Los cambios
se producen solos
Según lo
establecido.
La aguja del
gráfico dibuja lentamente
Los zigzags
previstos.
Quizá hasta
ahora nada tenemos de curioso.
Los
monitores de control están pocas veces conectados.
Sólo si hay
una guerra, y más bien de las grandes,
Algunos vuelos
sobre el terrón de la Tierra,
O visibles
migraciones del punto A al B.
O quizás al
revés:
Sólo les
gustan las secuencias.
He aquí a
una niña en una gran pantalla
Mientras se
cose un botón de la manga.
Los sensores
silban,
El personal
acude.
¡Qué ser es
ése
Con su
pequeño corazón latiendo dentro!
¡Qué
graciosa seriedad
Al enhebrar
la aguja!
Alguien
grita exaltado:
¡Informad al
Jefe
Que venga y
lo vea él mismo!
COMEDIETAS
Si existen
los ángeles
No creo que
lean
Nuestras novelas
Sobre ilusiones
perdidas.
Me temo -por
desgracia-
Quye tampoco
nuestros versos
Quejándonos del
mundo.
Los espasmos
y gritos
De nuestras
obras teatrales
Deben -sospecho-
Impacientarlos.
Al fin de su
jornada
Angelical, o
sea inhumana,
Ven sobre
todo
Nuestras comedias
De la época
del cine mudo.
Más que a
los lamentadores,
Rasgadores de
vestiduras,
Y rechinadores
de dientes,
Valoran -según
creo-
A ese
infeliz
Que agarra
de la peluca al que se ahoga
O que por
hambre se deleita
Con sus
propios cordones.
De la
cintura hacia arriba, pechera y aspiraciones,
Más abajo,
un ratón aterrado
En las
piernas de los pantalones.
Eso sí
Que debe
hacerles mucha gracia.
En la
persecución en círculo
El que
persigue se convierte en perseguido.
La luz en el
túnel
Resulta ser
el ojo de un tigre.
Cien
catástrofes
Son cien
graciosas cabriolas
Al borde de
cien precipicios.
Si existen
los ángeles
Debería
-espero-
Llegar a
convencerlos
Esa hilaridad
que se alimenta del espanto,
Sin siquiera
gritar ¡socorro!
Porque todo
sucede en silencio.
Me atrevo a suponer
Que aplauden
con las alas
Y de sus
ojos brotan lágrimas
Cuando menos
de risa.
(Traducción de Gerardo
Beltrán)
NADA EN
PROPIEDAD
Nada en
propiedad, todo prestado.
Estoy
empeñada hasta el cuello.
Tendré que
liquidar la deuda
Entregándome
a mí misma.
Así está
establecido:
Devolver el
corazón,
Devolver el
hígado,
Y cada uno
de los dedos.
Es tarde
para cambiar las cláusulas del contrato.
Me harán
pagar la deuda
Junto con mi
piel.
Ando por un
mundo repleto de deudores.
Sobre unos
pesa
El embargo
de las alas.
Otros, quieran
o no,
Declararán las
hojas.
Cada tejido
nuestro
Está en el
Debe.
Ni una
pestaña, ni una ramita
Podrá ser
conservada para siempre.
Hasta el
último detalle está inventariado,
Y todo
parece indicar
Que hemos de
quedarnos sin nada.
No logro
recordar
Dónde,
cuándo y para qué
Permití que
me abrieran
Esta cuenta.
La protesta
contra eso
Es lo que
llamamos alma.
Y es esto lo
único
Que no está
en el inventario.
(Traducción de Katarzyna Moloniewicz)
ES UNA GRAN
SUERTE
Es una gran
suerte
No saber del
todo
En qué mundo
se vive.
Sería
necesario
Haber vivido
mucho tiempo,
Mucho más
De lo que
existe el mundo.
Para
comparar, siquiera,
Habría que
conocer otros mundos.
Olvidarse
del cuerpo,
Que nada
hace tan bien
Como limitar
y crear dificultades.
Por el bien
de la investigación,
Para tener
una imagen clara
Y conclusiones
definitivas,
Habría que elevarse
sobre el tiempo
En el que todo
corre y da vueltas.
Desde esta
perspectiva,
Adiós para
siempre
Detalles y
episodios.
Llevar la
cuenta de los días
Tendría que
parecer
Un acto sin
sentido,
Echar cartas
al buzón,
Un capricho
juvenil,
El letrero “prohibido
pisar el césped”,
Un letrero
demencial.

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