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POETAS 4. Wislawa Szymborska (VII) "Fín y principio"

 


De Wislawa Szymborska, y a la espera de que se escriba su reseña biográfica en esta página (que ya por fin se hará dentro de unas semanas en la última entrega de esta poeta), únicamente interesa saber por ahora que se murió el 1 de febrero 2012, en su casa de Cracovia, a causa de un cáncer de pulmón -tan empedernida fumadora como entrañable bebedora-; que había nacido el 2 de julio de 1923 cerca de Poznan y que la mayor parte de su vida quiso vivirla en Cracovia, donde le sorprendió en 1996 la noticia de la concesión del premio nobel de literatura. Pocas veces un nobel fue más justo; pocas veces los de Estocolmo acertaron tan de pleno como con Wislawa, que para entonces era una perfecta e injusta desconocida. A Wislawa se le dedicó un espacio en esta página que data de marzo de 2009 -y donde se reproduce su discurso de recepción del nobel, titulado “El poeta y el mundo”- y también se reprodujo otro poema suyo ,”Hijos de la época”, en un artículo titulado “¿Se puede escribir poesía después de Auschwitz?”, diciembre 2009. Quedaba pendiente prolongar la selección que se hizo de Wislawa, tal como se está haciendo con Octavio Paz, y como se hará con Ángel González o Valente. Dejo aquí una selección de poemas pertenecientes a su libro titulado “Fin y principio y otros poemas”, editado en Hiperión, Vuelvo a hacer notar que lo que ya comenté el día en que saltó la noticia de su muerte, que como siempre los periódicos perdieron la oportunidad de hacerle su mejor homenaje a una poeta muerta, que es seleccionar un sólo poema suyo y publicarlo. Poema que no ocuparía mucho más espacio que el de una viñeta de un mal chiste. Aquí se ve lo poco tiene que ver el periodismo con la poesía, pese a que reserve algunas páginas a la cultura, que a veces parecen una forma de pregonar su incultura.

 

Unas reflexiones apresuradas -y muy desordenadas-sobre Wislawa. Parece difícil encontrar otra poeta tan elegantemente irónica como Wislawa. La elegancia de su ironía seguramente le viene de ser mujer. Los hombres, más agresivos, son incapaces de la ternura de la que hace gala Szymborska. Si todos consiguiéramos ser irónicos a la manera de Szymborska, no conseguiríamos herir a nadie, y a la gente que nos escuchase le arrancaríamos una sonrisa de inteligencia, también de ternura, también de piedad. Eso nos lleva a la otra faceta que desarrollaba Szymborska en su poesía: poseía lo que cierto filósofo había denominado la piedad de la pregunta. Wislawa era piadosa por preguntar; o preguntaba de una forma piadosa. Sin molestar nunca a nadie, era capaz de hurgar en todas las heridas. Compasiva con la penuria e insuficiencia de los otros, pero mordaz con los bárbaros de la historia. Se puede observar en Wislawa que, al no ser agresiva, tampoco se le oye levantar la voz. Siempre nos habla como en susurros. Tampoco le gustaban los gestos grandilocuentes, los aspavientos. A Wislawa lo que le gustaba era hablarnos a cada uno de nosotros como si se hablara a sí misma; de ahí que su tono siempre lo oigamos con sordina. No le gustaba el uso del megáfono, las palabras altisonantes o los efectos de la oratoria. Por eso es Wislawa la poeta de las preguntas, de las pequeñas preguntas, de las que todavía podemos obtener respuestas que nos pueden ser útiles. Uno se pregunta ¿por qué se hace tantas preguntas Wislawa en sus poemas? Seguramente, porque todavía duda; porque, como ya escribió en uno de sus poemas, ella sabe que no tiene la última palabra, que tampoco tiene la llave de sus certidumbres. Hay que dejar a otros la posibilidad de completar nuestra palabra, de iluminarnos con sus dudas y certezas. Sabe que la incertidumbre y la inseguridad forma parte sustancial de la vida. Sabe que la vida está hecha de cosas ordinarias y que la poesía no debe alzar el vuelo, ni esquivarlas. Su poesía sabe narrar las cosas extraordinarias que ocurren en las pequeñas cosas.

Creo que Wislawa es mejor narradora que poeta; o, mejor dicho, es tan buena poeta porque sabe encontrar la narración poética de las cosas. Wislawa sabía que para componer un buen poema hay que saber situarse y en esa situación consiste el compromiso del poeta: lo que vulgarmente se llama el punto de vista. No le debería bastar al poeta en abusar del yo y usar su exclusivo punto de vista. Hay otros “yo” heterónomos, otros seres y cosas por las que deberíamos divagar y experimentar. El poeta debe situarse en el mundo, entre los seres y las cosas, y tiene que dar cuenta de ellos desde esa situación tomada.  Tal vez ese sea uno de los secretos del arte. Hacer la puesta en escena desde un punto de vista original. Todo esto se puede ver en el poema que se seleccionó aquí en marzo de 2009 y que se vuelve a reeditar ahora, “Gato en un piso vacío”. Es la descripción de la muerte de un hombre a través de su gato, las repercusiones que la muerte de alguien tiene sobre todas las cosas, pero especialmente sobre sus seres queridos. La inteligencia de Wislawa está en elegir un ser marginal, un punto de vista al margen, para salirse del tópico, pero también para hacernos ver mejor. Para hacernos ver mejor que no es el punto de vista humano el exclusivo, aunque al final sea de un hombre de aquello sobre lo que se habla. Pero el protagonista es un gato en una situación de desamparo. El desamparo siempre está en el fondo de los poemas de Wislawa. Wislawa sabe que no puede haber mejor épica y mejor epitafio para un hombre muerto que el desconsuelo en el que queda un gato abandonado por su dueño en un piso vacío. El dolor de ese gato en el poema puede ser comparado con el que siente Aquiles por la muerte de Patroclo. Resulta así un maravilloso poema elegíaco.

 

También hay que decir que a Wislawa le gusta hacer componendas al mundo. Parece conformista, pero esa es la máscara que se coloca para no ser agresiva. Su inconformismo es total. Le gusta zambullirse en las posibilidades infinitas que el mundo tiene de ser de otra manera. Wilslawa sabe que podría haber sido otra persona. Cualquiera de las criaturas que componen el mundo. Ella no es panteísta. Le gusta contemplarse en otros para no envanecerse por ser Wislawa. En esto Wislawa sabe ser maravillosamente fantástica. Llega a la humildad por una fuerza piadosa de la imaginación. Ella podía haber sido otra -podía haber nacido en la tribu indebida-, podía haber tenido otra vida -con un destino no benévolo-, pero Wislawa no cree en el destino: nos propone de alguna manera el libre albedrío. Dios no tiene sitio en la poesía de Wislawa. A cambio el hombre se vuelve más humano, más inseguro. Pero también con más necesidad de ser solidario. Apoyada más en sus dudas que en sus certezas, el hombre es ese animal que todo lo quiere saber, sabiendo que no podrá saber casi nada. Esto que puede ser una tragedia para la mayoría, es para Wislawa una pequeña grandeza del hombre. Como todos los grandes poetas, Wislawa logra ser profunda y reflexiva, desconfiando de las grandes palabras de la filosofía. De ahí le viene su excesiva alergia a la palabra “todo”, “palabra impertinente y henchida de orgullo”. Su poesía ha sido definida por Fernando Savater como “reflexiva sin engolamiento ni altisonancia, de forma ligera y fondo grave, directa al sentimiento, pero sin chantaje emocional.” Al final se nos olvidaba, por tanto, decir lo más importante: todo esto lo consigue Wislawa de la forma más sencilla posible, haciendo que lo más difícil resulte fácil. En algún lugar se pregunta Wislawa -siempre tan encantadoramente escéptica- “en qué dedo corazón está ahora el anillo del alma que le fue robado o perdido” -también dice en otro poema: “alma se tiene a veces./Nadie la posee sin pausa/ y para siempre”-. Si tuviera que responder a esa pregunta, respondería -aún a riesgo de resultar cursi- que Wislawa era todo corazón, o bien que escribía sus poemas con corazón, o que Wislawa iba perdiendo un jirón de alma con cada poema que escribía, me atrevería a decir que es ahí, en sus poemas, donde habría que ir a buscar el alma de Wislawa, diría que leer los poemas de Wislawa es una forma de beberse a tragos su bella alma de poeta. Y que aproveche.


A ALGUNOS LE GUSTA LA POESÍA

 

A algunos,

Es decir, no a todos.

Ni siquiera a los más, sino a los menos.

Sin contar las escuelas, donde es obligatoria,

y a los mismos poetas,

Serán dos de cada mil personas.

 

Les gusta,

Como también les gusta la sopa de fideos,

Como les gustan los cumplidos y el color azul,

Como les gusta la vieja bufanda,

Como les gusta salirse con la suya,

Como les gusta acariciar al perro.

 

La poesía,

Pero qué es la poesía.

Más de una insegura respuesta

Se ha dado a esta pregunta.

Y yo no sé, y sigo sin saber, y a esto me aferro

Como a un oportuno pasamanos.

                         (Traducción de Gerardo Beltrán,

David Carrión Sánchez y Abel A. Murcia Soriano)

 

 

 

EL CIELO

Por ahí habría que haber empezado: por el cielo.

Ventana sin alféizar, sin marco, sin cristales.

Un hueco, nada más que un hueco,

Pero cubierto de par en par.

 

No tengo que esperar una noche clara

Ni levantar la cabeza

Para mirar el cielo.

Lo tengo a mis espaldas, a mano, en mis párpados.

El cielo me envuelve por completo

Y me alza en el aire.

 

Ni las montañas más altas

Están más cerca del cielo

Que los valles más profundos.

No hay más cielo en un lugar

Que en otro.

Tan implacablemente aplastada está la nube

Por el cielo como la tumba.

Tan en las nubes está el topo extasiado

Como la lechuza que agita sus alas.

Aquello que cae al abismo

Cae también del cielo al cielo.

 

Arenosas, fluidas, rocosas

Inflamadas y volátiles

Extensiones de cielo, migajas del cielo.

El cielo está omnipresente

Incluso en las tinieblas bajo la piel.

 

Como cielo, defeco cielo.

Soy trampa entrampada

Habitante habitado

Abrazado abrazo

Pregunta en respuesta a una pregunta.

 

La división en cielo y tierra

No es la forma adecuada

De pensar en este todo.

Permite tan sólo sobrevivir

Bajo una dirección más exacta

Para ser encontrada con más rapidez

Si alguien me buscara.

Mis señas personales

Son el entusiasmo y la desesperación.

                                  (Traducción de David Carrión Sánchez)

 

 

PUEDE SER SIN TÍTULO

 

Después de todo, estoy sentada bajo un árbol,

A la orilla del río,

En una mañana soleada.

Es un acontecimiento banal

Y que no pasará a la historia.

Nada que ver con batallas ni pactos

Cuyas causas se investigan

Ni con tiranicidios dignos de ser recordados.

 

Y sin embargo estoy sentada junto al río, es un hecho.

Y puesto que estoy aquí,

He tenido que venir de algún lado

Y antes

Estar en muchos otros sitios,

Exactamente igual que los grandes descubridores

Antes de subir a cubierta.

 

Hasta el momento más efímero tiene su pasado,

Su viernes antes del sábado,

Su mayo antes de junio.

Son tan reales sus horizontes

Como los de los catalejos de los almirantes.

 

Este árbol es un álamo enraizado desde hace años.

El río es el Raba, que fluye desde hace siglos.

No fue ayer cuando unos pasos

Formaron el sendero.

El viento, para dispersar las nubes

Tuvo antes que arrastrarlas aquí.

 

Y aunque en los alrededores no pasa nada importante,

El mundo no es más pobre en sus detalles,

Ni está peor justificado, ni menos definido

Que en la época de las grandes migraciones.

 

El silencio no sólo acompaña a conspiraciones secretas.

Ni un séquito de causas a ceremonias de coronación.

No sólo se erosionan los aniversarios de las sublevaciones,

También envejecen los guijarros de la orilla.

 

Complicado y denso es el borado de las circunstancias.

Costura de hormigas en la hierba.

Hierba cosida a la tierra.

Diseño de olas sobre el que se enhebra un tallo.

Por casualidad estoy aquí y miro.

Sobre mí una mariposa blanca bate en el aire

Unas alas que sólo a ella le pertenecen

Y una sombra se me escapa a través de la mano,

No otra, no la de cualquiera, precisamente la suya.

 

Ante esta visión siempre me abandona la certeza

De que lo importante

Es más importante que lo insignificante.

                                           (Traducción de David Carrión Sánchez)

 

 

 

FIN Y PRINCIPIO

 

Después de cada guerra

Alguien tiene que limpiar.

No se van a ordenar solas las cosas,

Digo yo.

 

Alguien debe echar los escombros

A la cuneta

Para que puedan pasar

Los carros llenos de cadáveres.

 

Alguien debe meterse

Entre el barro, las cenizas,

Los muelles de los sofás,

Las astillas de tal

Y los trapos sangrientos.

 

Alguien tiene que arrastrar una viga

Para apuntalar un muro,

Alguien poner un cristal en la ventana

Y la puerta en sus goznes.

 

Eso de fotogénico tiene poco,

Y requiere años.

Todas las cámaras se han ido ya

A otra guerra.

 

A reconstruir puentes

Y estaciones de nuevo.

Las mangas quedarán hechas jirones

De tanto arremangarse.

 

Alguien con la escoba en las manos

Recordará todavía cómo fue.

Alguien escuchará

Asintiendo con la cabeza en su sitio.

Pero a su alrededor

Empezará a haber algunos

A quienes les aburra.

 

Todavía habrá quien a veces

Encuentre entre hierbajos

Argumentos mordidos por la herrumbre,

Y los lleve al montón de la basura.

 

Aquellos que sabían

De qué iba aquí la cosa

Tendrán que dejar su lugar

A los que saben poco.

Y menos que poco.

E incluso prácticamente nada.

 

En la hierba, que cubra

Causas y consecuencias,

Seguro que habrá alguien tumbado

Con una espiga entre los dientes,

Mirando las nubes.

                            (Traducción de Abel A. Murcia Soriano)

 

 

EL ODIO

Contemplad qué activo sigue siendo,

Qué bien se conserva

En nuestro siglo el odio.

Con qué ligereza afronta grandes obstáculos.

Qué fácil para él saltar, atrapar.

 

No es como otros sentimientos.

Es más viejo y más joven que ellos al mismo tiempo.

Él mismo crea razones,

Que lo despierta a la vida.

Si se queda dormido, no es nunca el suyo un sueño eterno.

El insomnio no le quita fuerza, antes se la da.

 

Con religión o sin ella,

Lo importante es arrodillarse en la salida.

Con patria o sin ella,

Lo importante es lanzarse a correr.

Para empezar no está mal eso de la justicia.

Después ya corre solo.

¡Odio! ¡Odio!

Su rostro lo desfigura una mueca

De éxtasis amoroso.

 

¡Ay estos otros sentimientos,

Enclenques e indolentes!

¿Desde cuándo la fraternidad

Puede contar con las multitudes?

¿Alguna vez la compasión

Ha llegado primera a la meta?

¿Cuántos admiradores arrastra tras de sí la incertidumbre?

Arrastra sólo el odio, que sabe lo suyo.

 

Lúcido, inteligente, muy trabajador.

¿Hace falta decir cuántas canciones ha compuesto?

Cuántas páginas de la historia ha numerado.

Cuántas alfombras de gente ha extendido

En cuántas plazas, en cuántos estadios.

 

No nos engañemos:

Sabe crear belleza.

Son espléndidos sus resplandores en la oscuridad de la noche.

Estupendas las humaredas de sus explosiones de destellos rosados.

Difícil negar a unas ruinas su pathos

Y el vulgar humor

De unas columnas vigorosamente erectas entre ellas.

 

Es maestro del contraste

Entre el estrépito y el silencio,

Entre la roja sangre y la blanca nieve.

Y ante todo, jamás le aburre

El tema de un torturador impecable

Sobre su víctima mancillada.

+

Listo en todo momento para nuevos quehaceres.

Si tiene que esperar, espera.

Dicen que es ciego. ¿Ciego?

Tiene el ojo certero del francotirador

Y él, sólo él, mira al futuro

Confiado.

                 (Traducción de David Carrión Sánchez)

 

 

LA REALIDAD EXIGE

La realidad exige

Que lo digamos bien claro:

La vida sigue su curso.

Sucede así en Cannas, en Borodinó,

En los llanos de Kosovo y en Guernica.

 

Hay una gasolinera

En una pequeña plaza de Jericó,

Hay bancos recién pintados

Cerca de Bila Hora.

Las cartas van y vienen

Entre Pearl Harbour y Hastings,

Pasa un camión de muebles

Bajo la mirada de del león de Queronea

Y sólo un frente atmosférico amenaza

Los florecientes jardines cercanos a Verdún.

 

Hay tanto de Todo

Que lo que hay de Nada queda muy bien cubierto.

De los yates de Accio

Llega la música

Y en cubierta, al sol, bailan las parejas.

 

Pasan siempre tantas cosas

Que seguro que tienen que pasar en todas partes.

Donde hay piedra sobre piedra

Hay un carro de helados

Cercado por los niños.

 

Donde estaba Hiroshima

De nuevo está Hiroshima

Y se siguen produciendo

Objetos de uso cotidiano.

 

No le faltan encantos a este horroroso mundo

Ni tampoco amaneceres

Para los que merece la pena despertar.

 

En los campos de Macejowice

La hierba es verde,

Y en la hierba, como pasa en la hierba,

La escarcha, transparente.

 

Quizá no haya un lugar que no haya sido un campo de batalla,

Los aún recordados

Los hoy ya olvidados,

Bosques de abedules y bosques de cedros,

Nieves y arenas, pantanos irisados

Y barrancos de negro fracaso

Donde en caso de urgencia

Satisfacemos ahora nuestras necesidades.

 

Qué moraleja sale de todo esto: parece que ninguna.

Lo que de verdad sale es la sangre que se seca rápida

Y siempre algunos ríos, algunas nubes.

 

En los trágicos desfiladeros

El viento se lleva los sombreros,

Y es inevitable: la imagen nos da risa.

            (Traducción de Abel A. Murcia Soriano)

 

 

 

LA REALIDAD

La realidad no se desvanece

Como se desvanecen los sueños.

Ni ruidos ni timbres

La dispersan,

Ni gritos ni estruendos

La interrumpen.

 

Las escenas en los sueños

Son equívocas y ambiguas,

Y esto se puede explicar

De muy diversas maneras.

La realidad se define a sí misma

Por eso es mayor su misterio.

 

Para los sueños hay llaves.

La realidad se abre sola

Y no se deja cerrar.

Por el resquicio se asoman

Certificados y estrellas,

Se derraman mariposas

Y almas de viejas planchas,

Gorros descabezados

Y los cráneos de las nubes.

De esto surge un acertijo

Que no tiene solución.

 

Sin nosotros no habría sueños.

Aquél sin quien no habrá realidad

No es conocido,

Y el producto de su insomnio

Se contagia a todo

El que despierta.

 

No deliran los sueños,

Delira la realidad,

Aunque sea por la insistencia

Con que se aferra

Al curso de los acontecimientos.

 

En los sueños aún vive

Nuestro difunto reciente,

Goza de buena salud,

Se ve incluso más joven.

La realidad tiende ante nosotros

Su cuerpo sin vida.

La realidad no retrocede ni un paso.

 

Los sueños son tan ligeros

Que la memoria se los quita de encima fácilmente.

La realidad no tiene que temerle al olvido.

Es hueso duro de roer.

Nos trae de cabeza,

Nos pesa en el alma,

Se nos enreda en los pies.

 

No hay escapatoria,

La realidad nos acompaña en cada huida.

Y no hay estación

En nuestro itinerario

En la que no nos espere.

             (Traducción de Gerardo Beltrán)

 

 

 

CÁLCULO ELEGÍACO

Cuántos de los que he conocido

(si de verdad los he conocido)

Hombres, mujeres

(si esta división sigue vigente)

Han atravesado este umbral

(si esto es un umbral)

Han cruzado este puente

(si se puede llamar puente).

 

Cuántos después de una vida más corta o más larga

(si para ellos en eso sigue habiendo alguna diferencia)

Buena porque ha acabado

Mala porque ha acabado

(si no prefirieran decirlo al revés)

Se han encontrado en la otra orilla

(si se han encontrado)

Y si la otra orilla existe.

 

No me es dado saber

Cuál fue su destino

(ni siquiera si se trata de un solo destino,

Y si hay todavía destino).

 

Todo

(si con esta palabra no lo delimito)

Ha terminado para ellos

(si no lo tienen por delante).

Cuántos han saltado del tiempo en marcha

Y se pierden a lo lejos con una nostalgia cada vez

Mayor

(si merece la pena creer en perspectivas).

 

Cuántos

(si la pregunta tiene algún sentido,

Si se puede llegar a la suma final

Antes de que el que cuenta se cuente a sí mismo)

Han caído en el más profundo de los sueños

(si no hay otro más profundo).

 

Hasta la vista.

Hasta mañana.

Hasta la próxima.

Ya no quieren

(si es que no quieren) repetirlo.

Condenados a un interminable

(si no es otro) silencio.

Ocupados sólo con aquello

(si es sólo con aquello)

A lo que los obliga la ausencia.

         (Traducción de Abel A. Murcia Soriano)

 

 

 

UN GATO EN UN PISO VACÍO

 

Morir, eso no se le hace a un gato.

Porque qué puede hacer un gato

En un piso vacío

Trepar por las paredes.

Restregarse en los muebles.

Parece que nada ha cambiado,

Y sin embargo, ha cam,biado.

Que nada se ha movido,

Pero está descolocado.

Y por la noche la lampara ya no se enciende

Se oyen pasos en la escalera,

Pero no son esos

La mano que pone el pescado en el plato

Tampoco es aquella que lo ponía.

Hay algo aquí que no empieza

A la hora de siempre.

Hay algo que no ocurre

Como debería.

Aquí había alguien que estaba y estaba,

Que de repente se fue

E insistentemente no está.

Se ha buscado en todos los armarios.

Se ha recorrido la estantería.

Se ha husmeado debajo de la alfombra y se ha mirado.

Incluso se ha roto la prohibición

Y se han desparramado los papeles.

Qué más se puede hacer.

Dormir y esperar.

Ya verá cuando regrese.

Ya verá cuando aparezca.

Se va a enterar

de que eso no se le puede hacer a un gato.

Se irá hacía él como si no quisiera,

Despacito,

Con las patas muy ofendidas.

Y nada de saltos ni maullidos al principio.

(Trad. de Abel A. Murcia Soriano y David A. Carrión Sánchez)

 

 

 

DESPEDIDA DE UN PAISAJE

No le reporcho a la primavera

Que llegue de nuevo.

No me quejo de que cumpla

Como todos los años

Con sus obligaciones.

 

Comprendo que mi tristeza

No frenará la hierba.

Si los tallos vacilan

Será sólo por el viento.

 

No me causa dolor

Que los sotos de alisos

Recuperen su murmullo.

 

Me doy por enterada

De que, como si vivieras,

La orilla de cierto lago

Es tan bella como era.

 

No le guardo rencor

A la vista por la vista

De una bahía deslumbrante.

 

Puedo incluso imaginarme

Que otros, no nosotros,

Estén sentados ahora mismo

Sobre el abedul derribado.

 

Respeto  su derecho

A reír, a susurrar

Y a quedarse felices en silencio.

 

Supongo incluso

Que los une el amor

Y que él la abraza a ella

Con brazos llenos de vida.

 

Algo nuevo, como un trino,

Comienza a gorgotear entre los juncos.

De veras les deseo

Que lo oigan.

 

No exijo ningún cambio

De las olas a la orilla,

Ligeras o perezosas,

Pero no obedientes.

 

Nada le pido

A las aguas junto al bosque,

A veces esmeralda,

A veces zafiro,

A veces negras.

 

Una cosa no acepto.

Volver a ese lugar.

Renuncio al privilegio

De la presencia.

 

Te he sobrevivido suficiente

Y sólo lo suficiente

Para recordar desde lejos.

             (Traducción de Gerardo Beltrán)

 

 

 

SESIÓN

El azar muestra sus trucos.

Se saca de la manga una copa de coñac,

Y sienta enfrente a Enrique.

Entro al café y me quedo de piedra.

Enrique no es otros

Que el hermano del marido de Inés

E Inés es pariente

Del cuñado de la tía Sofía.

Mira por dónde llegamos a la conclusión de que tenemos un bisabuelo común.

 

El espacio en los dedos del azar

Se enrolla y desenrolla,

Se dilata y se contrae.

Como un mantel hace un segundo

Y ahora como un pañuelo.

¿A que no sabes a quién me encontré?

Y ¿sabes dónde? En Canadá,

Y después de tanto tiempo.

Estaba segura de que había muerto y él en su mercedes.

En el avión a Atenas.

En el estadio de Tokio.

 

El azar hace girar en las manos el calidoscopio.

Millones de cristales de colores que destellan.

Y de golpe el cristal de Pepito

¡crash! Con el cristal de Mariloli.

¡Te das cuenta! ¡Los dos! ¡El mismo hotel!

¡El ascensor! ¡Cara a cara!

¡La tienda de juguetes!

¡La esquina de Zapateros con Bordadores!

 

El azar anda envuelto en una capa.

En ella se pierden y se encuentran los objetos.

Tropiezo sin querer.

Me agacho y lo levanto.

Miro y es la cuchara

De aquel juego robado.

Si no es por la pulsera

No reconozco a Maite

Y este reloj lo encontré en Segovia.

 

El azar nos mira profundamente a los ojos.

Empezamos a cabecear.

Se nos cierran los párpados.

Nos dan ganas de reír y de llorar,

Porque esto es increíble,

¡del cuarto B a este buque!

¡Aquí hay gato encerrad!

Nos entran ganas de gritar

Qué pequeño es el mundo,

Qué fácil abarcarlo

Con los brazos abiertos.

Y por un momento nos embarga todavía

Una alegría

Ilusoriamente clara.

                         (Traducción de Carlos Marrodán Casas)

 

 

 

AMOR A PRIMERA VISTA

Ambos están convencidos

De que los ha unido un sentimiento repentino.

Es hermosa esa seguridad,

Pero la inseguridad es más hermosa.

 

Imaginan que como antes no se conocían

No había sucedido nada entre ellos.

Pero ¿qué decir de las calles, las escaleras, los pasillos

En los que hace tiempo podrían haberse cruzado?

 

Me gustaría preguntarles

Si no recuerdan

-quizá un encuentro frente a frente

Algunas vez en una puerta giratoria,

O algún “lo siento”

O el sonido de “se ha equivocado” en el teléfono-,

Pero conozco su respuesta.

No recuerdan.

 

Se sorprenderían

De saber que ya hace mucho tiempo

Que la casualidad juega con ellos,

 

Una casualidad no del todo preparada

Para convertirse en su destino

Que los acercaba y alejaba,

Que se interponía en su camino

Y que conteniendo la risa

Se apartaba de su lado.

 

Hubo signos, señales,

Pero qué hacer si no eran comprensibles.

¿No habrá revoloteado

Una hoja de un hombro a otro

Hace tres años

O incluso el último martes?

 

Hubo algo perdido y encontrado.

Quién sabe si alguna pelota

En los matorrales de la infancia.

 

Hubo picaportes y timbres

En los que un tacto

Se sobrepuso a otro tacto.

Maletas, una junto a otra, en una consigna.

 

Quizá una cierta noche el mismo sueño

Desaparecido inmediatamente después del despertar.

 

Todo principio

No es más que una continuación,

Y el libro de los acontecimientos

Se encuentra siempre abierto por la mitad.

                         (Traducción de Abel A. Murcia Soriano)

 

 

DÍA 16 DE MAYO DE 1973

Una de esas fechas

Que ya no me dicen nada

 

A dónde fui ese día,

Qué hice, no lo sé.

 

Si en los alrededores se hubiera cometido un crimen

No habría tenido coartada.

 

El sol brilló y se apagó

Sin que yo lo advirtiera.

La tierra giró

Sin merecer una mención en mi diario.

 

Me sentiría mejor pensando

Que morí brevemente,

Que pensando que nada recuerdo,

Aunque viví sin pausa.

 

No fui ningún fantasma,

Respiré, comí,

Di pasos

Que se oyeron

Y tuvieron que quedar huellas

De mis dedos en las puertas.

 

Me reflejé en el espejo.

Llevaba puesto algo de algún color.

Seguro que hubo gente que me vio.

 

Quizás ese día

Encontré algo que había perdido antes.

Quizás perdí lo que encontré más tarde.

 

Estaba llena de sentimientos y sensaciones.

Ahora todo eso son

Como puntos suspensivos entre paréntesis.

 

Dónde me metí,

Dónde me sepulté,

No es un mal truco

Perderse una misma de vista.

 

Agito mi memoria,

Quizás algo adormecido

En sus ramas durante años

Se levante con un rumor de alas.

 

No. Evidentemente exijo demasiado,

Me atrevo a pedir un segundo.

               (Traducción de David Carrión Sánchez)

 

 

QUIZÁ TODO ESTO

Quizá todo esto

Está sucediendo en un laboratorio.

Bajo una lámpara de día

Y miles de millones de lámparas de noche.

 

Quizá somos una generación piloto.

Vertidos de un recipiente a otro,

Agitados en matraces,

Observados por algo más que un ojo,

Cada uno por separado

Cogidos al final con pinzas de uno en uno.

 

O quizá de otro modo:

Ninguna intervención.

Los cambios se producen solos

Según lo establecido.

La aguja del gráfico dibuja lentamente

Los zigzags previstos.

 

Quizá hasta ahora nada tenemos de curioso.

Los monitores de control están pocas veces conectados.

Sólo si hay una guerra, y más bien de las grandes,

Algunos vuelos sobre el terrón de la Tierra,

O visibles migraciones del punto A al B.

 

O quizás al revés:

Sólo les gustan las secuencias.

 

 

 

He aquí a una niña en una gran pantalla

Mientras se cose un botón de la manga.

 

Los sensores silban,

El personal acude.

¡Qué ser es ése

Con su pequeño corazón latiendo dentro!

¡Qué graciosa seriedad

Al enhebrar la aguja!

Alguien grita exaltado:

¡Informad al Jefe

Que venga y lo vea él mismo!

 

 

 

COMEDIETAS

Si existen los ángeles

No creo que lean

Nuestras novelas

Sobre ilusiones perdidas.

 

Me temo -por desgracia-

Quye tampoco nuestros versos

Quejándonos del mundo.

 

Los espasmos y gritos

De nuestras obras teatrales

Deben -sospecho-

Impacientarlos.

 

Al fin de su jornada

Angelical, o sea inhumana,

Ven sobre todo

Nuestras comedias

De la época del cine mudo.

 

Más que a los lamentadores,

Rasgadores de vestiduras,

Y rechinadores de dientes,

Valoran -según creo-

A ese infeliz

Que agarra de la peluca al que se ahoga

O que por hambre se deleita

Con sus propios cordones.

 

De la cintura hacia arriba, pechera y aspiraciones,

Más abajo, un ratón aterrado

En las piernas de los pantalones.

Eso sí

Que debe hacerles mucha gracia.

 

En la persecución en círculo

El que persigue se convierte en perseguido.

La luz en el túnel

Resulta ser el ojo de un tigre.

Cien catástrofes

Son cien graciosas cabriolas

Al borde de cien precipicios.

 

Si existen los ángeles

Debería -espero-

Llegar a convencerlos

Esa hilaridad que se alimenta del espanto,

Sin siquiera gritar ¡socorro!

Porque todo sucede en silencio.

 

Me atrevo a suponer

Que aplauden con las alas

Y de sus ojos brotan lágrimas

Cuando menos de risa.

                 (Traducción de Gerardo Beltrán)

 

 

NADA EN PROPIEDAD

Nada en propiedad, todo prestado.

Estoy empeñada hasta el cuello.

Tendré que liquidar la deuda

Entregándome a mí misma.

 

Así está establecido:

Devolver el corazón,

Devolver el hígado,

Y cada uno de los dedos.

 

Es tarde para cambiar las cláusulas del contrato.

Me harán pagar la deuda

Junto con mi piel.

 

Ando por un mundo repleto de deudores.

Sobre unos pesa

El embargo de las alas.

Otros, quieran o no,

Declararán las hojas.

 

Cada tejido nuestro

Está en el Debe.

Ni una pestaña, ni una ramita

Podrá ser conservada para siempre.

 

Hasta el último detalle está inventariado,

Y todo parece indicar

Que hemos de quedarnos sin nada.

 

No logro recordar

Dónde, cuándo y para qué

Permití que me abrieran

Esta cuenta.

 

La protesta contra eso

Es lo que llamamos alma.

Y es esto lo único

Que no está en el inventario.

                 (Traducción de Katarzyna Moloniewicz)

 

 

 

ES UNA GRAN SUERTE

Es una gran suerte

No saber del todo

En qué mundo se vive.

 

Sería necesario

Haber vivido mucho tiempo,

Mucho más

De lo que existe el mundo.

 

Para comparar, siquiera,

Habría que conocer otros mundos.

 

Olvidarse del cuerpo,

Que nada hace tan bien

Como limitar y crear dificultades.

 

Por el bien de la investigación,

Para tener una imagen clara

Y conclusiones definitivas,

Habría que elevarse sobre el tiempo

En el que todo corre y da vueltas.

 

Desde esta perspectiva,

Adiós para siempre

Detalles y episodios.

 

Llevar la cuenta de los días

Tendría que parecer

Un acto sin sentido,

 

Echar cartas al buzón,

Un capricho juvenil,

 

El letrero “prohibido pisar el césped”,

Un letrero demencial.


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