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EFÍMEROS Y BREVES 95. Edmund Husserl (1859-1938): "La crisis de la humanidad europea" en el 167 aniversario de su nacimiento.

 


Se deja aquí el fragmento final de una conferencia de Edmund Husserl titulada “La crisis de la humanidad europea y la filosofía” y que tuvo lugar en el Círculo Cultural de Viena en mayo de 1935.  Se deja también un posterior análisis del texto, así como una breve reseña biográfica de Edmund Husserl, el filósofo más eminente del siglo XX.

La permanente crisis de Europa se ha agudizado en los últimos tiempos y el último Husserl, más humano y lúcido que nunca, nos alertaba aquí de un peligro que hoy también acecha como acechaba en el momento de dar esta conferencia, con fascismos desatados queriendo devorar Europa. Él mismo, ya provecto profesor emérito, había sufrido los embates del regimen nazi al serle prohibida la enseñanza en la Universidad de Friburgo -incluso la entrada en su biblioteca- por ser judío. El peligro que aquí señala sigue siendo el mismo que nos amenaza ahora, en plena época de la postverdad: “La caída en el odio espiritual y en la barbarie”. Con su elogio de la filosofía – y su puesta al día con la fenomenología-, Husserl nos viene a dar una receta y una solución a la crisis de la razón para que pueda renacer Europa y se sortee el estado de la barbarie. O cultura bien entendida, fundada en la filosofía y la sana razón, o el odio institucionalizado y la barbarie.

 

 

LA CRISIS DE LA HUMANIDAD EUROPEA Y LA FILOSOFÍA (FRAGMENTO)

 

“Y es precisamente esta carencia de una genuina racionalidad por todos los lados lo que se ha convertido en la fuente de esa falta de claridad, ya insoportable, del hombre sobre su propia existencia y sus tareas infinitas. Una tarea une a los hombres de modo inextricable: sólo cuando el espíritu retorne a sí mismo desde su orientación ingenua hacia lo exterior y permanezca en sí mismo y puramente en sí mismo, podrá dar razón de sí mismo.

Pero ¿cómo ha podido llegarse al comienzo de una autorreflexión de este tipo? En tanto dominó el campo el sensualismo o, mejor dicho, el psicologismo de los datos, la psicología de la tabula rasa, no fue posible comienzo alguno. Sólo cuando Brentano planteó la exigencia de una psicología de las vivencias intencionales pudo contarse con un impulso incitador suficiente como para ayudar a seguir avanzando, aunque el propio Brentano no llegó a superar, por su parte, el objetivismo ni el naturalismo psicológico.

 

La elaboración de un método real y efectivo para captar la esencia fundamental del espíritu en sus intencionalidades y edificar, a partir de ahí, una analítica del espíritu apta para ser proseguida de modo coherente hasta el infinito, llevó a la fenomenología transcendental. Dicha fenomenología supera el objetivismo naturalista y, en general, todo objetivismo, del único modo posible, a saber, haciendo que el que filosofa parta de su yo y, en concreto, de su yo en cuanto puro productor de todas sus valideces, de las que se convierte en espectador puramente teórico. En esta actitud, y desde ella, resulta posible elaborar una ciencia del espíritu absolutamente autónoma, en la forma de una autocomprensión consecuente y de una comprensión del mundo en tanto que rendimiento del espíritu. El yo deja de ser una cosa aislada entre otras cosas del mismo tipo en un mundo previamente dado, y, en general, la exterioridad y contigüidad de las personas egológicas pierde toda su relevancia para dejar paso a un interior ser-unos-en-otros y unos-para-otros.

Pero no es posible hablar aquí de ello; ninguna conferencia podría agotar el tema. Espero, con todo, haber mostrado que no es el viejo racionalismo —que no era, en definitiva, sino un naturalismo absurdo, incapaz de aprehender los problemas del espíritu que más candentemente nos afectan— lo que es aquí renovado. La ratio que está ahora en cuestión no es otra cosa que la autocomprensión verdaderamente universal y verdaderamente radical del espíritu en la forma de una ciencia universal responsable, al hilo de la que venga a promoverse un nuevo modo de cientificidad en el que todas las cuestiones imaginables, cuestiones del ser y cuestiones de la norma, así como las de la llamada existencia, encuentren su lugar. Estoy convencido de que la fenomenología intencional ha hecho por vez primera del espíritu en tanto que espíritu un campo de experiencia y de ciencia sistemáticas, revolucionando así de modo total la tarea del conocimiento. La universalidad del espíritu absoluto engloba todo lo que es en una historicidad absoluta, que se incorpora la naturaleza como figura del espíritu. Sólo la fenomenología intencional y, precisamente, transcendental, ha traído, por su punto de partida y sus métodos, la luz. Sólo a partir de ella puede comprenderse, y por las más profundas razones, lo que es el objetivismo naturalista, y puede, sobre todo, comprenderse que tuviera absolutamente que fallar, a consecuencia de su naturalismo, la psicología en su rendimiento específico, en el problema radical y genuino de la vida espiritual.

 

la «crisis de la existencia europea», de la que hoy tanto se habla y de la que dan testimonio tantos síntomas de descomposición de la vida, no es un oscuro destino, no es una fatalidad impenetrable, sino que resulta inteligible y aprehensible desde el trasfondo de la teleología de la historia europea que la filosofía está llamada a descubrir. Supuesto previo de esta comprensión es, sin embargo, que el fenómeno «Europa» sea comprendido antes en su núcleo esencial central. Para poder comprender la confusión de la «crisis» actual, tendría que ser reelaborado el concepto de Europa en tanto que teleología histórica de fines racionales infinitos, tendría que mostrarse como el «mundo» europeo fue alumbrado a partir de ideas racionales, esto es, desde el espíritu de la filosofía. Pero la raíz del fracaso de una cultura racional no radica —como ya quedó dicho— en la esencia del racionalismo como tal, sino sólo en su cosificación alienada, en su degradante revestimiento con los ropajes del «naturalismo» y del «objetivismo».

 

La crisis de la existencia europea sólo tiene dos salidas: la decadencia de Europa en la alienación respecto de su propio sentido racional de la vida, la caída en el odio espiritual y en la barbarie, o el renacimiento de Europa desde el espíritu de la filosofía mediante un heroísmo de la razón que supere definitivamente el naturalismo. El mayor peligro de Europa es el cansancio. Luchemos contra este peligro de los peligros como «buenos europeos» con esa valentía que ni siquiera se arredra ante una lucha infinita; resurgirá entonces de la brasa destructora de la incredulidad, del fuego lento de la desesperación sobre la misión de Occidente respecto de la humanidad, de las cenizas del gran cansancio, el Fénix de una nueva vida interior y de una espiritualización nueva, garantía primera de un futuro grande y remoto para la humanidad: porque sólo el espíritu es inmortal.”

 

ANÁLISIS DEL TEXTO

La fenomenología trascendental es la aportación de Husserl a la crisis racionalista en la que se había enmarañado la filosofía de final de siglo XIX y supone la posibilidad de que el espíritu pueda retornar a sí mismo y desde esta posición pura dar razón del mundo por medio de una visión espiritual. Husserl nos indica a lo largo de esta conferencia que la fenomenología “es un método real y efectivo para captar la esencia fundamental del espíritu en sus intencionalidades”. ¿Pero en qué consiste este método? 

El método fenomenológico consiste en acceder al campo de la conciencia y someterlo a análisis. La conciencia es un “cogito” que apunta a algo: “la intentio”. Por eso la fenomenología es un analítica intencional restringida al ámbito de las vivencias, es decir, la conciencia purgada de los supuestos realistas de los que la había lastrado Descartes y que Husserl va a descargar mediante la “epojé”. Mediante esta exención de supuestos libera al conocimiento del espíritu del auxilio de las ciencias de hechos y se centra en lo esencial, en lo que todo conocimiento tiene de ideal. Por eso, según Husserl, su método logra captar la esencia fundamental del espíritu, porque funda su conocimiento en la evidencia que caracteriza a los datos inmanentes de la conciencia. Con su método Husserl logra salvar el objetivismo naturalista en el que incurren las ciencias. La actitud fenomenológica, lejos de aquella actitud ingenua que fundamentaba su conocimiento y praxis en la realidad de las cosas, contempla el mundo natural sólo como un dato de conciencia. El ser del mundo se va a convertir en el ser de la conciencia. Conciencia significa que sólo desde el ego y sólo en cuanto manifiesto tiene validez ese ser del mundo. 

Así es como encuentra Husserl en la conciencia pura la posibilidad de un saber absoluto capaz de superar el objetivismo. Un saber que parte del yo y produce valideces, puesto que es un yo constituyente, que constituye todo sus sistema de conocimiento no sobre hechos sino sobre vivencias, no sobre causas, sino sobre motivos. Como observó Lévinas, toda la diversidad de la vida psicológica deja ser una multiplicidad de contenidos para transformarse en un entramado de significaciones. Al introducir la función de significación “ha hallado el espesor ontológico de la vida espritual”.

Esta función de significar el mundo hallando su correlato en la conciencia egológica, la desentraña Husserl al hallar que el acto fundamental de la conciencia es su intencionalidad.  Pero esta relación de intencionalidad con la que se dinamiza la conciencia es ajena a las relaciones entre objetos reales, ya que la intencionalidad es el acto de conceder un sentido. Es mediante este campo de sentido que se abre con la actitud fenomenológica que la nueva ciencia puede dar razón de todas las cuestiones del ser, de la norma y de la existencia e introducir en la subjetividad el mundo circundante intuitivo del que las ciencias se habían olvidado: se trata del "mundo de la vida".

Pero sobre todo con la actitud fenomenológica a la que Husserl nos ha guiado se puede inteligir el mundo por medio de una racionalidad más genuina, no ya basamentada en los conceptos, sino en las evidencia de las vivencias intencionales. Al prescindir de toda alusión a la realidad, a las causas y a los hechos, Husserl descubre el mundo de lo eidético, el mundo inmanente de las puras esencias, con lo que se recupera esa genuina actitud filosófica de la antigua Grecia.

La actitud fenomenológica logra transformar el pensamiento técnico del hombre en actividad espiritual. Al volver sobre las primeras evidencias y sobre el carácter eidético de todo fenómeno se reencuentra a la vez el origen y alcance del saber humano y el verdadero sentido de la presencia del hombre en el mundo. Se obra así, mediante la nueva actitud fenomenológica, la revolución en el conocimiento, una nueva manera de comprender el mundo como autocomprensión y como rendimiento del propio mundo, a la vez que funda una psicología racional con su nueva manera de tratar el yo. Es la reconstitución, por medio de la evidencia, del sentido del ego y de lo que el mundo es de este ego.

Husserl logra así reencontrarse con el espíritu de la filosofía, cuya pérdida está en la crisis de Europa y ha provocado la cosificación alienada del racionalismo en su degradante revestimento con los ropajes del naturalismo y del objetivismo. La filosofía significa en Husserl, tal como interpreta Xavier Zubiri, “vida trascendental o esencial, no es una segunda vida junta a la natural sino un segundo modo de vivir la misma vida. Vivirla, no en actitud de creencia en su realidad, sino de evidenciación de su esencia” En este sentido, sólo la filosofía puede traer esa razón genuina capaz de salvar a Europa del fracaso de la cultura racional.

 

BREVE RESEÑA BIOGRÁFICA DE EDMUND HUSSERL

Edmund Husserl fue un filósofo alemán, nacido en Pressnitz (Moravia) el 8 de abril de 1859. Estudio segunda enseñanza en el Gimnasio de Olmütz y filosofía en las Universidades de Leipzig, Berlín, Viena y Halle, matriculándose al mismo tiempo en los cursos de astronomía, física y matemáticas. En Viena, entre 1884 y 1886, asistió a las clases de Brentano, que dejaron hondísima huella al marcarle el camino hacia la conciencia intencional y la fenomenología, dándole al mismo tiempo una idea general de la filosofía. En 1887 se habilitó para la enseñanza en la Universidad de Halle, con una memoria notable sobre el concepto de número y en 1901 explicó como profesor extraordinario en Gotinga, siendo nombrado titular en 1906. Diez años después pasó a ocupar una cátedra de filosofía en la Universidad de Friburgo, donde enseñó hasta su jubilación en 1928, a cuyo término fue nombrado profesor emérito, siendo despojado de este mérito en 1933, al aplicársele el decreto antisemita de los nazis. Al serle prohibida la enseñanza, sus últimos años estuvieron marcados por su labor como conferenciante, poco antes de fallecer en abril de 1938 a consecuencia de una pleuresía.

Especialmente importantes fueron las Conferencias de Viena en mayo de 1935 bajo el título genérico "La filosofía en la crisis de la humanidad europea". Fundador de la fenomenología trascendental y de todo un movimiento fenomenológico que traía una actitud filosófica nueva, en su último periodo, que culmina en estas conferencias, Husserl parece dar un giro hacia la fenomenología del espíritu al afirmar que el estudio de la naturaleza y hasta “El mundo de la vida” adquieren sentido solamente en el plano del espíritu. Según Ferrater Mora, “La naturaleza no es para Husserl ajena al espíritu ni contraria a él: está fundada en el espíritu, el cual existe en sí y por sí, pudiendo de este modo ser tratado de un modo racional y verdaderamente científico”. El “naturalismo” y el “objetivismo” son señalados por Husserl como las enfermedades de la razón, que le han impedido ver que ella misma se halla fundada en el espíritu. Esta unilateralidad de la razón que quiere ver todo como producto objetivo de la naturaleza, con su actitud ingenua de suponer un mundo exterior válido por sí mismo, puede ser superada por la fenomenología trascendental y puede ser ancla de salvación para salir de la crisis contemporánea.


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