EFÍMEROS Y BREVES 145. Rosario Castellanos (1925-1975): Cinco poemas de desamor en el 101 aniversario de su nacimiento.
A Rosario Castellanos se le dedicará
en su momento, que ya anda próximo, un espacio no pequeño en la sección “Poetas”
y se le hará su reseña biográfica. De momento, sirva aquí la que se deja al
final de la selección y que fue redactada por Concepción Bados Ciria. Se podría haber llamado a
estos poemas que aquí se dejan "poemas de amor", pero predomina en ellos más bien
la rotura del vínculo amoroso que su anudamiento. La poesía está también llena
de obras maestras que se pueden inscribir en la desgracia amorosa. Una variante de los
poemas de amor.
DESAMOR
Me vio como
se mira al través de un cristal
o del aire
o de nada.
Y entonces
supe: yo no estaba allí
ni en
ninguna otra parte
ni había
estado nunca ni estaría.
Y fui como
el que muere en la epidemia,
sin
identificar, y es arrojado
a la fosa
común.
Me tendí,
como el llano, para que aullara el viento.
Y fui una
noche entera
ámbito de su
furia y su lamento.
¡Ah! ¿quién
conoce esclavitud igual
ni más
terrible dueño?
En mi
aridez, aquí, llevo la marca
de su pie
sin regreso.
NOCTURNO
Me tendí,
como el llano, para que aullara el viento.
Y fui una
noche entera
ámbito de su
furia y su lamento.
¡Ah! ¿quién
conoce esclavitud igual
ni más
terrible dueño?
En mi
aridez, aquí, llevo la marca
de su pie
sin regreso.
ELEGÍA
Nunca, como
a tu lado, fui de piedra.
Y yo que me
soñaba nube, agua,
aire sobre
la hoja,
fuego de mil
cambiantes llamaradas,
sólo supe
yacer,
pesar, que
es lo que sabe hacer la piedra
alrededor
del cuello del ahogado.
NOSTALGIA
Ahora estoy
de regreso.
Llevé lo que
la ola, para romperse, lleva
-sal, espuma
y estruendo-,
y toqué con
mis manos una criatura viva;
el silencio.
Heme aquí
suspirando
como el que
ama y se acuerda y está lejos.
LOS ADIOSES
Quisimos
aprender la despedida
y rompimos
la alianza
que juntaba
al amigo con la amiga.
Y alzamos la
distancia
entre las
amistades divididas.
Para
aprender a irnos, caminamos.
Fuimos
dejando atrás las colinas, los valles,
los
verdeantes prados.
miramos su
hermosura
pero no nos
quedamos.
RESEÑA BIOGRÁFICA
Rosario Castellanos (1925-1974) nació
en Ciudad de México, aunque se crió en la hacienda familiar de Comitán
(Chiapas), lugar de donde provenían los Castellanos, que eran parte de la elite
de terratenientes de la región. La niñez de Rosario estuvo marcada por la
soledad, la muerte y la aparente preferencia de los padres por su hermano
menor, que murió repentinamente agudizando el conflicto familiar e influyendo
en el estado anímico de la futura escritora. A raíz de la reforma agraria que
en 1941 les quitó tierras a los hacendados, la familia regresó a Ciudad de
México donde Rosario comenzó a estudiar Filosofía y Letras en la UNAM. La
muerte de sus padres en el corto espacio de un mes provocó sus primeros poemas
largos «Trayectoria sin polvo» y «Apuntes para una declaración de fe» (1948).
En 1950 defendió su tesis doctoral sobre cultura femenina y se inició en el
largo camino de investigar el papel de la mujer en la cultura mexicana.
En 1957 publicó su primera novela
Balún-Canán y en 1962 Oficio de tinieblas, a las que siguieron obras que
inscriben otros géneros como el cuento y el ensayo: Juicios sumarios (1966),
Álbumde familia (1971), Mujer que sabe latín (1973); también la poesía ya que,
en concreto, Poesía no eres tú (1972) recoge los poemas publicados entre 1948 y
1971. En los años sesenta, Castellanos vivió esporádicamente en Estados Unidos
donde trabajó como profesora invitada en las universidades de Wisconsin,
Indiana y Colorado. Rosario escribió cuentos, ensayos y poemas marcados por un
tono y una posturas definitivamente feministas. No sólo analizó las condiciones
propias de la mujer, tales como la sexualidad, la reproducción, la violación y
los malos tratos, sino que también expuso cómo las leyes impiden que las
mujeres tengan iguales oportunidades de trabajo. Trató, asimismo, sobre la
condición de las mujeres desde el punto de vista histórico. En Juicios sumarios
(1966) la escritora combina los tres mitos femeninos predominantes en México:
La Malinche, o «dama oscura», quien ayuda a su amante Cortés en la conquista de
su propio pueblo; la Virgen de Guadalupe, quien sublima su condición humana en
la maternidad; y Sor Juana, quien tuvo que ingresar en un convento para tener
libertad intelectual.
Estos tres arquetipos encarnan la
imagen de la fragmentada mujer mexicana, de quien Castellanos presenta una
revisión en El eterno femenino (1975), su única obra de teatro que, aunque
publicada póstumamente, ha contribuido a hacer de la producción de la autora
mexicana el centro de cualquier discusión sobre feminismo y escritura femenina.
Otras obras póstumas son Ciudad Real (1996), recolección de sus primeros
cuentos, que junto a sus dos primeras novelas representa la trilogía
indigenista más importante de la narrativa mexicana del siglo xx y Cartas a
Ricardo (1996), una recopilación de las cartas escritas entre 1950 y 1967 al
que fuera su esposo. En ellas Rosario traza su aprendizaje sentimental y
muestra una vulnerabilidad que, si bien se adentra en la tragedia, no le impide
cumplir con su principal propósito: el de abstraerse mediante la escritura
hasta descifrarse, para así, también, descifrar el mundo.
Rosario Castellanos murió
prematuramente en Tel Aviv el 7 de agosto de 1974, a causa de un accidente
fortuito, mientras cumplía su cometido como embajadora de México en Israel. Su
cadáver se encuentra en la Rotonda de Hombres Ilustres en Ciudad de México.

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