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5 poemas de amor de Rosario Castellanos (Efímeros y breves 145)

 



A Rosario Castellanos se le dedicará en su momento, que ya anda próximo, un espacio no pequeño en la sección “Poetas” y se le hará su reseña biográfica. De momento, sirva aquí la que se deja al final de la selección y que fue redactada por Concepción Bados Ciria. Se podría haber llamado a estos poemas que aquí se dejan "poemas de amor", pero predomina en ellos más bien la rotura del vínculo amoroso que su anudamiento. La poesía está también llena de obras maestras que se pueden inscribir en la desgracia amorosa. Una variante de los poemas de amor.


DESAMOR

 

Me vio como se mira al través de un cristal

o del aire

o de nada.

 

Y entonces supe: yo no estaba allí

ni en ninguna otra parte

ni había estado nunca ni estaría.

 

Y fui como el que muere en la epidemia,

sin identificar, y es arrojado

a la fosa común.

 

 

Me tendí, como el llano, para que aullara el viento.

Y fui una noche entera

ámbito de su furia y su lamento.

 

¡Ah! ¿quién conoce esclavitud igual

ni más terrible dueño?

 

En mi aridez, aquí, llevo la marca

de su pie sin regreso.

 

 

NOCTURNO

 

Me tendí, como el llano, para que aullara el viento.

Y fui una noche entera

ámbito de su furia y su lamento.

 

¡Ah! ¿quién conoce esclavitud igual

ni más terrible dueño?

 

En mi aridez, aquí, llevo la marca

de su pie sin regreso.

 

 

ELEGÍA

 

Nunca, como a tu lado, fui de piedra.

 

Y yo que me soñaba nube, agua,

aire sobre la hoja,

fuego de mil cambiantes llamaradas,

sólo supe yacer,

pesar, que es lo que sabe hacer la piedra

alrededor del cuello del ahogado.

 

 

NOSTALGIA

 

Ahora estoy de regreso.

Llevé lo que la ola, para romperse, lleva

-sal, espuma y estruendo-,

y toqué con mis manos una criatura viva;

el silencio.

 

Heme aquí suspirando

como el que ama y se acuerda y está lejos.

 

 

LOS ADIOSES

 

Quisimos aprender la despedida

y rompimos la alianza

que juntaba al amigo con la amiga.

Y alzamos la distancia

entre las amistades divididas.

 

Para aprender a irnos, caminamos.

Fuimos dejando atrás las colinas, los valles,

los verdeantes prados.

miramos su hermosura

pero no nos quedamos.



RESEÑA BIOGRÁFICA

Rosario Castellanos (1925-1974) nació en Ciudad de México, aunque se crió en la hacienda familiar de Comitán (Chiapas), lugar de donde provenían los Castellanos, que eran parte de la elite de terratenientes de la región. La niñez de Rosario estuvo marcada por la soledad, la muerte y la aparente preferencia de los padres por su hermano menor, que murió repentinamente agudizando el conflicto familiar e influyendo en el estado anímico de la futura escritora. A raíz de la reforma agraria que en 1941 les quitó tierras a los hacendados, la familia regresó a Ciudad de México donde Rosario comenzó a estudiar Filosofía y Letras en la UNAM. La muerte de sus padres en el corto espacio de un mes provocó sus primeros poemas largos «Trayectoria sin polvo» y «Apuntes para una declaración de fe» (1948). En 1950 defendió su tesis doctoral sobre cultura femenina y se inició en el largo camino de investigar el papel de la mujer en la cultura mexicana.

 

En 1957 publicó su primera novela Balún-Canán y en 1962 Oficio de tinieblas, a las que siguieron obras que inscriben otros géneros como el cuento y el ensayo: Juicios sumarios (1966), Álbumde familia (1971), Mujer que sabe latín (1973); también la poesía ya que, en concreto, Poesía no eres tú (1972) recoge los poemas publicados entre 1948 y 1971. En los años sesenta, Castellanos vivió esporádicamente en Estados Unidos donde trabajó como profesora invitada en las universidades de Wisconsin, Indiana y Colorado. Rosario escribió cuentos, ensayos y poemas marcados por un tono y una posturas definitivamente feministas. No sólo analizó las condiciones propias de la mujer, tales como la sexualidad, la reproducción, la violación y los malos tratos, sino que también expuso cómo las leyes impiden que las mujeres tengan iguales oportunidades de trabajo. Trató, asimismo, sobre la condición de las mujeres desde el punto de vista histórico. En Juicios sumarios (1966) la escritora combina los tres mitos femeninos predominantes en México: La Malinche, o «dama oscura», quien ayuda a su amante Cortés en la conquista de su propio pueblo; la Virgen de Guadalupe, quien sublima su condición humana en la maternidad; y Sor Juana, quien tuvo que ingresar en un convento para tener libertad intelectual.

 

Estos tres arquetipos encarnan la imagen de la fragmentada mujer mexicana, de quien Castellanos presenta una revisión en El eterno femenino (1975), su única obra de teatro que, aunque publicada póstumamente, ha contribuido a hacer de la producción de la autora mexicana el centro de cualquier discusión sobre feminismo y escritura femenina. Otras obras póstumas son Ciudad Real (1996), recolección de sus primeros cuentos, que junto a sus dos primeras novelas representa la trilogía indigenista más importante de la narrativa mexicana del siglo xx y Cartas a Ricardo (1996), una recopilación de las cartas escritas entre 1950 y 1967 al que fuera su esposo. En ellas Rosario traza su aprendizaje sentimental y muestra una vulnerabilidad que, si bien se adentra en la tragedia, no le impide cumplir con su principal propósito: el de abstraerse mediante la escritura hasta descifrarse, para así, también, descifrar el mundo.

 

Rosario Castellanos murió prematuramente en Tel Aviv el 7 de agosto de 1974, a causa de un accidente fortuito, mientras cumplía su cometido como embajadora de México en Israel. Su cadáver se encuentra en la Rotonda de Hombres Ilustres en Ciudad de México.

 

 

 


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