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LA FRASE DEL DÍA 25/05/2026: Pau Palaus (payaso): "Como decía un hombre muy sabio, Charlot, un día sin reírse es un día perdido"

 


"Como decía un hombre muy sabio, Charlot, un día sin reírse es un día perdido".

- Pau Palaus

Casi todos lo sabemos desde niños: no se si queríamos, como Pau Palaus, ser payasos, pero sí queríamos tener uno al lado que nos hiciese la vida más alegre. Y Pau Palau lleva la alegría allí donde más se ausenta, a los países en guerra, a las cárceles y a las catástrofes. Allí donde más falta hace, allí va Palaus, porque sabe que un mundo horroroso sin risa ya es el mismo infierno. Palaus va a esos lugares a punto de convertirse en el infierno con una manguera de agua a apagar las llamas que mortifican a los más vulnerables: su sueño es llevar un corredor humanitario a Oriente próximo. Nos recuerda con esto Palaus que tan necesarias como las medicinas y las vituallas son allí las risas. Una flotilla de payasos haría falta para desbloquear la tragedia de las guerras y las barbaries.

Un día sin reirse es un día perdido, nos advierte Palaus trayéndonos una frase de Charlot en una entrevista concedia a "El País" (léase aquí); cuántos días no habremos perdido sin saber que teníamos el remedio a mano. Pero a los lugares donde lleva su humor Palaus la risa es un recurso que queda a contramano, que se recibe mal. Cuántos años, siglos de días ganados habrá conseguido Palaus llevando la risa a la gente que más sufre. Se puede incluso perder la vida por no reír, se puede uno morir de sufrimiento en estos lugares que son como la boca del infierno, donde hay gente que lo acaba de perder todo, no sólo su casa; también su familia y su dignidad. Palaus reintegra la dignidad a los seres que le han perdido, los vuelve otra vez humanos. Si hacer reír siempre es un arte, aquí es un artículo de necesidad y a veces un payaso trae más alivio que un médico. "La risa humaniza", nos recuerda Palaus. En un lugar donde los seres humanos descienden al escalón de la animalidad y de la barbarie, volver a reír los hace humanos. Bien lo sabía Miguel Hernández, que en "Nanas a la cebolla" compuso el mayor alegato a favor de la risa dentro de una prisión: "Tu risa me hace libre,/me ponte alas./Soledades me quita,/cárcel me arranca./Boca que vuela/corazón que en tus labios/ relampaguea". "La risa es un sistema parecido al de la olla a presión, una válvula de escape, algo que libera", explica Palaus. Será por eso que piensa que un payaso siempre es revolucionario. Tal vez tenga razón y la próxima revolución sea la de la risa: sólo así podríamos tener esperanza de recuperar la paz. ¡Ay, si los hombres riéramos en vez de enseñar los dientes tras un arma!

Y eso mismo viene a decirnos Jacqueline Harding, una experta en el desarrollo infantil, en su libro "El cerebro ama reír". Nos habla de lo bueno que es hacer reír a niños y niñas (y los adultos no van a ser menos). Nos crea vínculos emocionales, calma nuestro sistema nervioso, nos hace más resilientes y nos abre a nuevas ideas. Nos genera buenas emociones y nos hace más sociables. Influye en nuestra frecuencia cardíaca, la respiración y la producción de anticuerpos; amortigua las hormonas del estrés e incrementa las hormonas de la felicidad. Fortalece el sistema inmunológico y mejora la memoria. Con risas por medio,  niños y niñas, padres y madres dejan de agotarse tanto entre ellos y le dicen adiós al estrés. Quien busca hacer reir, quien entiende bien el humor, está favoreciendo su pensamiento creativo, seguramente también el crítico. En definitiva, el buen humor hace que nuestro cerebro crezca saludablemente. Y que se deteriore más despacio. Puede esto parecer el prospecto de la panacea, pero es el superalimento del alma: se llama risa y ella fue decisiva para humanizarnos como especie. No hay peor manera de perder la vida que reírse poco. Nos los recuerda Pau Palaus y Charlot: "un día sin reírse es un día perdido. No perdamos el día, que el cerebro ama la risa: será porque nos hace libres.



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