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Frase del día — Donna Haraway y el cíborg

 


"El ciborg para mí nunca fue simplemente una máquina, sino una conjunción de carne y tecnología digital".

- Donna Haraway (filósofa)

Y eso es precisamente el ciborg, aquello en lo que nos estamos ya convirtiendo, una amalgama de carne y tecnología, no digamos ya digital, porque la tecnología nos acompaña desde la era analógica y seguirá injertándose en nuestro cuerpo y entorno de una forma más allá de lo digital. "Nunca fui antitecnológica", confiesa la bióloga y filósofa feminista Donna Haraway en una entrevista concedida a "El país" (léase aquí), y para apuntalar su postura añade algo que nos deja perplejos: "mi mano es una tecnología con usos funcionales". Creo que esta definición no hubiera contentado siquiera al Leonardo que veía el cuerpo humano casi como una máquina matemática construida por la mano y la mente de Dios. Desde el momento en que uno define la mano como tecnología, ya queda el mundo entero definido como un constructo tecnológico ideado por un superingeniero informático y hasta podríamos definir una abeja como un dron que nos lanza bombas de miel. Si yo mirara mi mano con esa mirada proclive a lo tecnológico, estaría por apostar que pronto me convertiría en un ciborg. De esta manera, ¿cómo no se va a abogar por ese mundo de ciborgs al que se nos quiere engranar? Díficil lo tienen entonces los que se proponen arremeter contra la tecnología, pues es como arremeter contra el mundo y la obra de Dios. Dios hizo el mundo no para recrearse en el sexto día, sino para saltarse su descanso dominical y llegar al ciborg; el mundo fue hecho para llegar al ciborg. No nos ataquen a los que defendemos los ciborgs, porque sería como atacar al mísimismo Dios. ¡Cuidado!, que vuelve Descartes con su máquina de pensar: el hombre visto como un mecano que se puede deconstruir a voluntad para volverlo a armar a la imagen y semejanza de cada uno. No pongan palos a las ruedas del progreso; ni se le ocurra, que nosotros y el progreso acabaremos arrollándole. Nunca ha habido nada tan fácil en este mundo como remar a favor del viento de la tecnología y su presunto progreso. Ayer ese viento era ligera brisa y hoy es un huracán que se quiere llevar al hombre y al planeta por los aires.

Más atinada nos parece la frase del cardenal y poeta José Tolentino de Mendonça cuando dice que a la IA le falta carne. Esto más que con Descartes, ya nos parece ir acompasado con  el herético Espinosa, y es que con frases de cardenales poetas como ésta hasta es posible que la iglesía se vuelva de nuevo revolucionaria, como lo fue en tiempos de su fundador. "La carne -dice el cardenal- es la posibilidad de hacer tangible el infinito que el ser humano vive." Si la iglesía sigue remando a favor de estos postulados acabará llegando a la convicción de la existencia del alma a base de sentirla en todo momento a través del cuerpo, tal como le gustaba a Whitman. Pero hay quien quiere sentir el infinito a través de la máquina. Muchos de nosotros ya hemos experimentado con máquinas recreativas y hasta con autos de choque y se nos agotó la paciencia para sentir el infinito a través de la lujuria cibernética o tecnológica. Con lo fácil que es sentir el infinito en el propio cuerpo a palo seco, sólo contemplando el mundo sin ninguna sombra de máquina. Hay quien prefiere un mundo sombrío lleno de máquinas para que ya no sintamos ni tengamos conciencia de nuestra humanidad magnífica, parodiando la jerga de la iglesia. Le molesta a la iglesia que la magnificencia del ser humano ya sólo se vea en su capacidad para potenciarse por medio de la máquina, sin haber agotado o explorado las otras vías. Y está claro que hay muchos intereses para que la vía espiritual no sea experimentada; entre otras cosas, porque el espíritu es cosa de pobres y no da dinero. No es necesario ponerse del lado de la iglesía en este debate sobre la Inteligencia artificial, pero ya nos lo advirtió Aldoux Huxley en "Un mundo feliz". Si se quiere la beatitud sumisa y acrítica del mundo feliz que nos propone el progreso tecnológico no hay más que decir que sí al ciborg y enseguida harán con nuestro cuerpo y nuestra mente una marioneta que producirá mucho dinero. Las empresas tecnológicas lo irán recogiendo a manos llenas mientras nos ordeñan las ubres y el cerebro hasta succionarnos el alma.

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