EFÍMEROS Y BREVES 149. Giuseppe Ungaretti (1888-1970): Tres poemas de "El cuaderno del viejo", en el 56 aniversario de su muerte.
Se dejan aquí tres poemas de uno de
los poetas italianos más importantes del siglo XX. Dado que abundan en la red
poemas de su primera etapa y escasean sus más interesantes poemas finales, se ha preferido seleccionar los pertenecientes a su última etapa, la que arranca con su libro Il taccuino
del vecchio, “El cuaderno del viejo” (1960). La traducción se le debe a
Juan José Podestá.
Giuseppe Ungaretti fue un poeta
italiano, nacido en Alejandría el 8 de febrero de 1888, hijo de un empleado que
trabajó en la excavación del Canal de Suez. Tras mudarse a París en 1912 para
estudiar en la Sorbona, Ungaretti entabló una estrecha amistad con Apollinaire
y se integró en los círculos vanguardistas.
Tomó parte en la I Guerra mundial, combatiendo en Italia y en Francia y a su
vuelta en 1918 fue quien encontró el cuerpo sin vida de su amigo Apollinaire,
que acababa de fallecer a causa de la gripe española. Ungaretti fue uno de los
más conspicuos representantes de la escuela hermetista (por escribir una poesía
oscura, pero también desnuda y esencial) y a partir de 1919 se radicó en Roma, hasta
1936, que se mudó a Brasil. En 1942 volvería a Roma para hacerse cargo de una
cátedra en su Universidad donde iba a impartir lecciones de Literatura italiana
hasta su jubilación en 1958. Falleció en Milán a causa de una enfermedad
respiratoria el 2 de junio de 1970, tras regresar de un viaje por Estados
Unidos. Entre sus libros se pueden destacar su primera gran obra, “El puerto
sepultado” (1916), escrita en trozos de papel mientras se hallaba como
combatiente en las trincheras; “El dolor” (1947), libro elegiaco escrito tras
la muerte en Brasil de su hijo de 9 años; y “El cuaderno del viejo”, poemas de
senectud que echan una mirada lúcida a la totalidad de su vida y donde hace un
repaso de los temas que le preocuparon al final: la memoria, el paso del tiempo
y la muerte.
EL AMOR YA NO ES ESA TORMENTA
El amor ya no es esa tormenta
Que en el resplandor nocturno
Me cautivó hace tan sólo un rato
Entre el insomnio y los deseos,
Centellea desde un faro,
Hacia el que va tranquilo
El viejo capitán.
SI UNA MANO TUYA ESQUIVA LA DESGRACIA
Si una mano tuya esquiva la desgracia
Con la otra escribes
Que todo son escombros.
¿Es vivir sobrevivir a la muerte?
Se opone a tu suerte una mano,
Pero enseguida la otra
Te asegura que solo
Puedes aferrar
Un puñado de recuerdos.
ME COJA CON SUS GARRAS AZULES EL HALCÓN
Me coja con sus garras azules el halcón
Y en la cima del sol,
Me deje caer en la arena
Para pasto de los cuervos.
Ya no cargaré el barro en los hombros
El mundo me tendrá en llamas
Los picos cacareantes,
El mordisco fermentado de los chacales.
Señalará después el
beduino
Lo que encontró en la arena
Escarbando con su bastón,
Un hueso blanquísimo.

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