Se dejan aquí tres poemas de Adam
Zagajewski, pertenecientes a tres libros distintos, acompañados al final de una
reseña biográfica.
MÍSTICA PAR PRINCIPIANTES
El día era apacible, la luz agradable.
Un alemán en la terraza de la cafetería
Tenía un pequeño libro en sus rodillas.
Conseguí ver el título:
Mística para principiantes
Al acto entendí que las golondrinas,
Patrullando las calles de Montepulciano,
Con unos silbidos muy penetrantes,
Y las apagadas charlas de los tímidos
Viajeros de Europa del Este, llamada Central,
Y las garcetas que estaban (¿ayer? ¿anteayer?)
Como monjas en los campos de arroz,
Y el ocaso, lento y sistemático,
Borrando los contornos de las casas medievales,
Y los olivos en las pequeñas colinas,
A merced de los vientos y los incendios,
Y la cabeza de la Princesa desconocida
Que vi y admiré en el Louvre,
Y los vitrales de las iglesias como alas
De mariposa embadurnadas de polen,
El pequeño ruiseñor que ensayaba su recital
Justo al lado de la autopista,
Y los viajes, todos los viajes,
Eran sólo mística para principiantes
Un curso inicial, una introducción
Para el examen que quedó aplazado
Para más adelante.
(“Deseo”, 1999)
CON MI PADRE DE PASEO
[Plaza
Grunwaldzki, Giliwice]
Mi padre apenas recuerda nada. Con pocas excepciones
"¿Recuerdas cuando arreglaste el transmisor de la
AK?"
"claro que lo recuerdo". "¿Pasaste
miedo?".
"No lo recuerdo". "Y mi madre, ¿pasó
miedo?". No lo sé".
"El jardín en la calle Piaskowa?".
"Claro".
"¿Cómo huelen los tilos en flor?". "No".
"¿Recuerdas al señor Romer?". "A veces"
"¿Y cuando esquiabas en Czantoria? "Quizá no".
"¿Recuerdas la infinitud?". "No, no la
recuerdo.
Pero pronto la veré" (Podría haber dicho esto).
(“Mano invisible”, 2009)
LOS POETAS SON PRESOCRÁTICOS
Los poetas son presocráticos. No entienden nada.
Escuchan con atención lo que susurran los ríos anchos de las
llanuras.
Admiran el vuelo de los pájaros, la paz de los jardines en
las afueras
Y los TGV que corren todo recto sin aliento.
El olor del pan caliente, recién hecho, de las panaderías
Hace que se detengan de repente
Como si recordaran algo muy importante.
Cuando murmura un arroyo, el filósofo se inclina hacia las
aguas salvajes.
Las chicas juegan a las muñecas, un gato negro espera
impaciente.
Hay silencio sobre los campos en agosto al emigrar las
golondrinas.
Las ciudades también tienen sus sueños.
Pasean por los caminos del campo. El camino no tiene fin.
A veces reinan y entonces todo se queda inmóvil,
Pero su reinado dura poco tiempo.
Cuando aparece el arco iris, desaparece la angustia.
No saben nada, pero van anotando metáforas sueltas.
Despiden a los muertos, sus labios se van moviendo.
Miran cómo los árboles viejos se cubren de hojas verdes.
Callan mucho tiempo, después cantan y cantan hasta que
estalla la garganta.
(“Asimetría”, 2017)
RESEÑA BIOGRÁFICA
Adam Zagajewski es un poeta,
novelista y ensayista polaco que nació en Lwów, el 21 de junio de 1945,
población que actualmente pertenece a Ucrania. Descendiente de una familia de
la antigua nobleza rural de Polonia, es hijo de un profesor de ingeniería que
heredó de sus padres el amor por la lectura. Su familia fue expulsada por los
ucranianos y se instaló en 1946, tras la Segunda guerra mundial, en Gliwice
(Silesia), una pequeña población alemana que Polonia acababa de anexionarse.
Cursa en esta población sus estudios secundarios y allí experimenta, durante la
adolescencia, sus primeras sensaciones de lo que luego llamará mística para
principiantes: “la combinación de felicidad inesperada y de una comprensión muy
intensa de lo que nos rodea”. Esta experiencia de felicidad intensa la va a
relacionar con la común experiencia de gran parte de los artistas, aquello que
fundamenta la base psicológica del arte. Precisamente fue psicología la carrera
en la que se matriculará en la Universidad de Cracovia. Más tarde cursará
Filosofía e impartirá clases de esta disciplina en la Universidad de Ciencia y
Tecnología. Mientras inicia la publicación de sus primeros poemas, se adhiere
al movimiento “nueva ola”, que eclosiona a finales de los años sesenta,
formando, junto con otros poetas, el grupo generacional del 68, muy comprometido políticamente contra el
gobierno totalitarista y que tenía como altavoz para difundir su disidencia la
revista “Teraz” (Ahora). Tras una etapa de fuerte activismo político en la
década de los 70, y tras la prohibición por parte de las autoridades de su país
de la publicación de sus obras, en 1982 decide dejar todo aquello que lo
arraigaba a Polonia para vivir una historia de amor con una mujer a la que
sigue hasta París, ciudad en la que residirá por unos años. En 1988 se exilia a
Estados Unidos para trabajar como profesor en el Creative Writing Program de la
Universidad de Houston. Allí publica su poemario Plótno (1990), en el que ya se
hace patente el abandono de una poesía de compromiso político para transitar
hacia otras preocupaciones más íntimas. Tras una larga estancia de exilio en
Estados Unidos, por fin regresa a su país en 2002 para instalarse en Cracovia
con su mujer. Además de los libros ya señalados, pueden destacarse sus libros
de poemas “Deseo” y “Mano invisible”, además de su libro de ensayos “En defensa
del fervor”. Entre los numerosos galardones recibidos a lo largo de su carrera,
se encuentra el premio “Princesa de Asturias de las letras”, en 2017. Las
manifestaciones sobre su concepción de la poesía han sido numerosas y también
puede leerse entre líneas repasando alguno de sus poemas. Para Zagajewski, la
poesía es la búsqueda de resplandor, ese algo que hay más allá de las palabras:
“Se transmite alguna experiencia que está antes de las palabras, ¿cómo?..., a
través de los agujeros que hay en las palabras”. Para Zagajewski la poesía es
el sentimiento de que hay en el mundo algo mucho más profundo y contradictorio.
Y este sentimiento se transmite al poeta como un estado de enamoramiento por lo
dramático de la vida. Los poetas, según
su concepción un tanto irracional de la poesía, escriben sin saber lo que
dicen: “Escribir poesía es un espacio angosto entre el decir algo y no
decirlo”. Forma también parte de su concepción de la poesía el parentesco del
poeta con el místico, como se puede apreciar en su poema “Mística para
principiantes”: “El poeta –ha declarado en una entrevista- es un místico
imperfecto porque lo que le caracteriza es la locuacidad”. Los poetas necesitan
publicar sus obras y por eso rompen ese silencio en el que madura una buena
parte de su creatividad. En un encuentro con el escritor John Burnside, en la
residencia de Estudiantes de Madrid –se deja enlace-, Adam dejó ver cuál es a su juicio la naturaleza
del proceso creativo que se genera en
los poetas cuando componen un poema. “A veces escribir un poema implica
inspiración y la existencia de obstáculos. Tienes un momento de inspiración,
que en sí mismo es como el aire, y en él hay metáforas, espíritus… Y todo aquello
que tiene un elemento de aire es transparente, sin substancia, de modo que debe
encontrarse con un obstáculo para poder materializarse. Todo lo que odiamos de
la vida, la rutina, el aburrimiento, el sufrimiento o la crueldad de la
historia, forma parte de estos obstáculos. La energía pura con que sentimos
esos espíritus proviene de no se sabe dónde; es un inicio misterioso. Luego esa
energía se topa con una red enorme y banal de obstáculos y circunstancias.”

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