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¿Qué gano yo con esto? — Svend Brinkmann (Frase del día)

 


La pregunta no debería ser qué gano yo con esto.

— Svend Brinkmann (filósofo y psicólogo)



Claro que esa no debería ser la pregunta: ¿qué gano yo con esto? Pero el gran problema es que lo es, o que cada vez más gente se hace esta pregunta para cualquier cosa qué haga o vaya a realizar. El problema es que vivimos en un mundo que, como diría Hipocrates, está gobernado por una incontenible avidez de ganancias. Y esta enfermedad ya ha envenanado nuestras mentes y ha inpregnado la cultura. Algo de esto nos viene a decir Svend Brinkmann en una interesantísima entrevista en "El país" (léase aquí) en donde, entre otras cosas, nos habla de su nuevo libro "Puntos de apoyo. Diez ideas atemporales para sostener una vida con sentido". Aunque no conozco el libro -pero lo haré-, se me antoja imprescindible en una época donde la verdad ya se ha dinamitado y, con su desintegración, también ha comenzado a evaporarse el sentido de la vida. En una crítica evidente a los valores de la sociedad contemporánea, Svend nos dice que el sentido de la vida no está en optimizarnos sin parar, sino en aquellas cosas que podemos compartir porque tienen un valor intrínseco -él dice inherente-, un valor por sí mismas. Brinkmann se pertrecha de una cuantas ideas  atemporales de la filosofía (el amor, la verdad, la libertad) y nos las muestra por si nos sirven de orientación. Toma ideas de Nietzsche o de Camus, de Hanna Arendt o de kant para que nos sirvan de faro en una época tenebrosa. Para Svend Brinkmann, el gran pecado de nuestro tiempo es el utilitarismo. Y es que cuando sólo importa la utilidad, el sentido de la vida comienza a diluirse. Porque la vida es precisamente aquello que tiene valor por sí mismo, es decir, un valor inconmensurable: no se puede reducir a un único valor. Si queremos hacer de la vida un útil, acabamos desvitalizando la vida: la volvemos mecánica y acabamos robotizándola; justo donde estamos ahora, en una robotización de la vida. 




Y relacionado con este sentido utilitarista de la vida aparece en la sociedad el culto a lo nuevo y a lo disruptivo. Lo nuevo, que siempre será tecnológico, y por tanto con un romo sentido utilitario. Svend Brinkmann trata de contrarestar esta tendencia snobista del ser humano recordándonos que "tenemos ideas viejas y no son malas por serlo. Pueden ser muy buenas porque han sobrevivido a milenios." Se trata de la filosofía peremne, de ese abanico de temas eternos por los que se ha afando el hombre y que también lo han orientado. El tema de la verdad, de la libertad, del amor, del perdón. Por otra parte son estos los temas que han acuciado a la literatura y al arte, desde Kafka a Dostoyevski. Son las preocupaciones que han servido para hacer de la sociedad humana un ámbito en el que es deseable vivir. Para Brinkmann esas ideas son las que nos unen y necesitamos algún tipo de unificación como humanos".

Brinkmann lleva a cabo en la entrevista un diagnóstico de nuestra cultura estremecedor. Se queja de que hay mucha división: "Si no identificamos temas comunes no sé cómo podemos seguir viviendo juntos". O empezamos a compartir una misma idea de lo que es verdad o  de lo que es la libertad, o si no podemos irnos al garete. Parafraseando a Hanna Arendt, Svend nos conmina a compartir estas ideas comunes: "si no compartimos una idea de lo verdadero y de lo falso no podemos convivir". Está claro que también Svend apunta a los líderes nefastos que han comenzado a adulterar la verdad hasta envenanarnos con sus mentiras. Ya señaló Hanna Arendt la gran fragilidad de la verdad: "la verdad siempre corre el peligro de ser expulsada del mundo a base de mentiras" Y eso es lo que está ocurriendo ahora mismo de una forma dramática. Políticos que no se preocupan por la verdad y dicen lo que les conviene, especialmente si se trata de ganar unas elecciones. Políticos que son capaces de borrar la verdad igual que son capaces de borrar las elecciones, especialmente si se corre el peligro de perderlas.

Ya en libros anteriores ("Sé tú mismo") este profesor de psicología danés se había dedicado a criticar el falso valor del éxito en la sociedad contemporánea, esa manía de optimizarlo todo y sacar a las cosas el máximo rendimiento. Pero en cualquier sociedad el éxito se convierte en el valor más importante cuando ya se han rasurado todos los valores que de verdad importan. Este culto al éxito está haciendo que la única pregunta que se plantean sus miembros es ¿que gano yo con esto? Hay que decirlo, esa la pregunta de los tontos, mejor dicho, es la muletilla de los ganapanes. Es el síntoma que nos avisa de que nuestra cultura está entrando en decadencia. No es casualidad que esto ocurra cuando la verdad está siendo defenestrada. Con este egoismo e individualismo atroz estamos renunciando a mejorar la sociedad colectivamente y ya sólo pensamos en mejorarnos cada uno por nuestra cuenta. ¡Sálvese quien pueda! Pero es aquí donde se nota que Svend Brikmann fue filósofo antes de doctorarse en psicología, porque sabe poner en su sitio las preguntas.

Para Brinkmann la pregunta no debería ser qué gano yo con esto, con la verdad, o con el amor o con la dignidad. La libertad, por ejemplo, no existe para prodigarte el éxito, sino para que seas libre; éxiste como un rasgo valioso del ser humano, que cuando lo pierde lo vuelve más bestial. Podría darse el caso, incluso, de que existiese una sociedad que hiciese a todos sus individuos exitosos al mismo tiempo que gregarios y siervos en grado sumo. Y por supuesto, sería esta una sociedad exitosa pero indeseable: Un mundo feliz. "Aunque no haya verdad podemos ser veraces. Aunque no haya certeza fiable podemos ser fiables". Esto que suelta Svend Brinkmann en la entrevista es una fórmula de fe en el ser humano. No se puede ser más optimista con las posibilidades de los grandes valores que han permeado la cultura. Podrían ser estas dos frases un mantra o un verso o una plegaria. Brinkmann cree que hay valores intemporales que son los que han fraguado al hombre y que erradicarlos lleva a la ruina de la civilización. Ser veraz para Brinkmann tiene un valor inherente. En consonancia con la filosofía del Bhagavad Gita, Brinkmann cree en lo que ha creído la humanidad siempre y que le ha valido para sobrevivir de una forma brillante: hay que renunciar a la idea del éxito y a los frutos de la acción y volver a la idea de Machado de que "el hacer las cosas bien importa más que el hacerlas". Despacito y buena letra, nos aconsejaba Machado, pero hoy la prisa quiere reinar y nos lleva a escribir torcido. Para Brinkmann, una vida mejor es una vida con sentido. Perdemos el sentido cuando perdemos el culo por correr detrás del éxito. En algún momento, el entrevistador le pregunta a Svend Brinkmann si de verdad cree que se vive mejor siguiendo estos principios (decir la verdad, porque es lo correcto, por ejemplo). No es fácil responder a esta pregunta, pero el formularla es ya una forma de demostrar que andamos muy lejos de entender lo que es la verdad, lo que es el amor o lo que es la libertad. Tal vez haciendo lo correcto no se viva mejor, pero, sin duda, el mundo sí se volverá mejor. Como Svend Brinkmann nos recuerda, con nuestro individualismo feroz estamos renunciando a mejorar la sociedad colectivamente. Y eso sí que es una gran pérdida para una especie social.

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