La prgunta no debería ser qué gano yo con esto.
— Svend Brinkmann (filósofo y psicólogo)
Y relacionado con este sentido utilitarista de la vida aparece en la sociedad el culto a lo nuevo y a lo disruptivo. Lo nuevo, que siempre será tecnológico, y por tanto con un único sentido utilitario. Svend Brinkmann contrarresta esta tendencia snobista del ser humano diciendo "Tenemos ideas viejas y no son malas por serlo. Pueden ser muy buenas porque han sobrevivido a milenios." Se trata de la filosofía peremne, de ese abanico de temas eternos que han afanado al hombre y que también lo han orientado. El tema de la verdad, de la libertad, del amor, del perdón. Por otra parte son los temas que han acuciado a la literatura y al arte, desde Kafka a Dostoyevski. Son las preocupaciones que han servido para hacer de la sociedad humana un ámbito en el que es deseable vivir. Para Brinkmann esas ideas son las que nos unen y necesitamos algún tipo de unificación como humanos".
Brinkmann lleva a cabo en la entrevista un diagnóstico de nuestra cultura estremecedor. Se queja de que hay mucha división: "Si no identificamos temas comunes no sé cómo podemos seguir viviendo juntos". O empezamos a compartir una misma idea de lo que es verdad o de lo que es la libertad, o si no podemos irnos al garete. Parafraseando a Hanna Arendt, Svend nos conmina a compartir estas ideas comunes: "si no compartimos una idea de lo verdadero y de lo falso no podemos convivir". Está claro que también Svend apunta a los líderes nefastos que han comenzado a adulterar la verdad hasta envenanarnos con sus mentiras. Ya lo dijo Hanna Arendt: "la verdad siempre corre el peligro de ser expulsada del mundo a base de mentiras" Y eso es lo que está ocurriendo ahora mismo de una forma dramática. Políticos que no se preocupan por la verdad y dicen lo que les conviene, especialmente si se trata de ganar unas elecciones. Políticos que son capaces de borrar la verdad igual que son capaces de borrar las elecciones, especialmente si se trata de perder unas elecciones.
Ya en libros anteriores ("Sé tú mismo") este profesor de psicología danés se había dedicado a criticar el falso valor del éxito en la sociedad contemporánea, esa manía de optimizarlo todo y sacar a las cosas el máximo rendimiento. Pero en cualquier sociedad el éxito se convierte en el valor más importante cuando ya se han rasurado todos los valores que de verdad importan. Este culto al éxito está haciendo que la única pregunta que se plantean sus miembros es ¿que gano yo con esto? Hay que decirlo, esa la pregunta de los tontos, mejor dicho, es la muletilla de los ganapanes. Es el síntoma que nos avisa que nuestra cultura está entrando en decadencia. No es casualidad que esto ocurra cuando la verdad está siendo defenestrada. Con este egoismo e individualismo atroz estamos renunciando a mejorar la sociedad colectivamente y ya sólo pensamos en mejorarnos cada uno por nuestra cuenta. ¡Sálvese quien pueda! Pero es aquí donde se nota que Svend Brikmann fue filósofo antes de doctorarse en psicología, porque pone en su sitio las preguntas.
Para Brinkmann la pregunta no debería ser qué gano yo con esto, con la verdad, o con el amor o con la dignidad. La libertad, por ejemplo, no existe para prodigarte el éxito, sino para que seas libre; éxiste como un rasgo valioso del ser humano, que cuando lo pierde lo vuelve más bestial. Podría darse el caso, incluso, de que existiese una sociedad que hiciese a todos sus individuos exitosos al mismo tiempo que gregarios y siervos en grado sumo. Y por supuesto, sería esta una sociedad exitosa pero indeseable: Un mundo feliz. "Aunque no haya verdad podemos ser veraces. Aunque no haya certeza fiable podemos ser fiables". Esto que suelta Svend Brinkmann en la entrevista es una fórmula de fe en el ser humano. No se puede ser más optimista con las posibilidades de los grandes valores que han permeado la cultura. Podrían ser estas dos frases un mantra o un verso o una plegaria. Brinkmann cree que hay valores intemporales que son los que han fraguado al hombre y que erradicarlos lleva a la ruina de la civilización. Ser veraz para Brinkmann tiene un valor inherente. En consonancia con la filosofía del Bhagavad Gita, Brinkmann cree en lo que ha creído la humanidad siempre y que le ha valido para sobrevivir de una forma brillante: hay que renunciar a la idea del éxito y a los frutos de la acción y volver a la idea de Machado de que "el hacer las cosas bien importa más que el hacerlas". Despacito y buena letra, nos aconsejaba Machado, pero hoy la prisa quiere reinar y nos lleva a escribir torcido. Para Brinkmann, una vida mejor es una vida con sentido. Perdemos el sentido cuando perdemos el culo por correr detrás del éxito. En algún momento, el entrevistador le pregunta a Svend Brinkmann si de verdad cree que se vive mejor siguiendo estos principios (decir la verdad, porque es lo correcto, por ejemplo). No es fácil responder a esta pregunta, pero el formularla es ya una forma de demostrar que andamos muy lejos de entender lo que es la verdad, lo que es el amor o lo que es la libertad. Tal vez haciendo lo correcto no se viva mejor, pero, sin duda, el mundo sí se volverá mejor. Como Svend Brinkmann nos recuerda, con nuestro individualismo feroz estamos renunciando a mejorar la sociedad colectivamente. Y eso sí que es una gran pérdida para una especie social.
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