LA FRASE DEL DÍA 02/05/2026. José Antonio Marina: "El diabético sabe que el azúcar le mata, pero sigue muriéndose por un pastel."
"El diabético sabe que el azúcar le mata, pero sigue muriéndose por un pastel".
- José Antonio Marina.
Dejo aquí una frase que podría ser un aforismo, pero con José Antonio Marina es difícil escoger una sola frase de una entrevista (leáse aquí esta de "La Vanguardia"), porque cada frase es una pildora y si le prestamos la atención debida y nos la tragamos, aunque nos sepa amarga, podría venir a cambiarnos la vida. Sus respuestas en una entrevista son tan densas, que aunque vayan en la última página del diario -en la contraportada- amenaza con contaminar todo el periódico y saltar entre el resto de páginas hasta llegar a la primera plana. Dejénle a José Antonio Marina dirigir un periódico y es posible que acabe escribiéndolo sólo, desde las editoriales hasta las necrológicas, y hasta es posible que se divierta proponiéndonos algún sudoku o jeroglífico. Aquí en esta entrevista nos propone, en consonancia con la publicación de su último libro, "La vacuna contra las adicciones", que nos centremos en lo que despierta ahora su curiosidad insaciable: ¿por qué somos tan propensos a las adicciones? Y es que resulta que estamos inmersos en sociedades hiperadictivas, pero unas personas son muy adictas y otras no. Y hay que saber por qué. ¿Por qué si somos tan listos acabamos siendo tan tontos? ¿Por qué deseamos aquello que nos hace mal?, he aquí el quid de la cuestión para José Antonio Marina: "El drogadicto sabe que la droga le esclaviza pero la desea igual". Esto es como el colmo de la insensatez y por eso probablemente Marina ha titulado un libro anterior así: "la vacuna contra la insensatez". Lo de la vacuna es porque Marina se ha vuelto un poco virólogo, porque sabe que al hombre le acechan muchos males, tal vez el mayor de ellos sea su propensión a las adicciones, pero unos tienen mejores defensas y otros están indefensos; aunque muchos sepan que tomando un camino van hacia el precipicio, lo toman y se tiran de cabeza al abismo y acaban en la ruina igual. De ahí que Marina haya visto que hemos de activar nuestro sistema inmunológico mental por medio de vacunas, vacunas metafóricas, naturalmente. Un ser bien vacunado ya no teme ningún enemigo, y ningún problema, por fuerte que sea, podría acabar con él. Seres así de resilientes son los que quieren Marina, porque ve que la sociedad conspira contra su individuos y los quiere títeres, nos quiere manipulables y dóciles, quiere que nos volvamos sus esclavos. Y Marina no ignora que la adicción es la mejor manera de convertir a un ser humano en un esclavo. José Antonio Marina sabe, como Bauman, que en la sociedad actual hay muchas formas de ser feliz, pero todas pasan por una tienda. O mejor dicho, cree que hay que impedir que "el sistema nos diseñe una mentalidad débil, claudicante y adictiva para dominarnos mejor con el 'para ser feliz debes comprarte esto'". Y por eso propone una vacuna para activar la voluntad, porque cree que el problema son los deseos y la solución está en analizarlos, o tal vez en vacunarnos contra toda esa plétora de deseos que hacen que no tengamos ninguna fuerza de voluntad. ¿Cómo? Vacunándonos con muchas dosis de razón.
¿Cómo unir la fuerza del deseo a la lucidez de la razón? Si consiguiéramos despejar esa ecuación dejaríamos de ser esclavos y alcanzaríamos la tan codiciada libertad. Porque resulta que la endeblez de la naturaleza humana radica ahí, en qué a la razón le falta la fuerza que sí tiene el deseo para movernos. Deberíamos movernos hacia donde nos dice la razón, que es a renunciar a ese pastel que nos va acabar matando, pero el deseo tiene una fuerza loca que nos lleva a un subidón de azucar y tal vez a nuestra ruina. Y es que enseguida queremos la recompensa que nos pide el cuerpo. La culpa para Marina está en la evolución, no podemos hacer mucho contra millones de años evolutivos que han hecho que la razón llegase demasiado tarde. El hombre ya es sobre todo un animal deseante. Y lo peor, según el diagnóstico de Marina, es que la libertad ha menguado en el mundo actual y vivimos en un mundo de esclavos. Somos cada vez más esclavos de nuestros deseos es un mundo que trata de vendernos sus ideas, sus productos, sus políticas, sus religiones. Somos la presa propiciatoria de un montón de voraces monstruos que quieren que deseemos caer entre sus garras. Pero Marina tiene la salida, o mejor dicho, Marina tiene la vacuna. No se trata de hacer lo que se quiera: simplemente haz lo que debas y vivirás mejor. Sólo haz lo que debes y serás libre. Olvídate de los deseos y engánchate a los deberes. El deber es para Marina la condición indispensable para la libertad. Si hago lo que me da la gana, me vuelvo esclavo de mis ganas. Soy el esclavo de mis adicciones. He aquí el peligro de nuestro mundo actual. Corremos el riesgo de caer en una de las muchas adicciones que se nos van sembrando por ahí y no podemos hacer lo que nos de la gana, porque nuestras ganas sólo nos sirven para buscarnos la ruina. No se puede confundir libertad con espontaneidad, nos advierte Marina. "La espontaneidad es un virus mental absolumente mortal". Y Marina tiene la vacuna contra la espontaneidad una vez que ha dado con el problema y con la comparación maestra: "la espontaneidad es un burro dando coces por doquier". El mundo se está llenando de burros dando coces por todos lados. No lo dice él explícitamente, pero se deduce del título de su libro y de la comparación. Nos estamos volviendo cada vez más insensatos y más burros. Y encima hay una epidemia de virus que puede convertir a la especie humana en una especie idiota. Ya lo ha conseguido con algunos de sus dirigentes. Estamos a tiempo de no dejarnos contagiar por la estupidez rampante y, si hacemos caso a José Antonio Marina, aún podemos ponernos la vacuna.

Comentarios
Publicar un comentario