LA FRASE DEL DÍA 19/06/2026. Juan Carlos Yebra: «En 280 caracteres sólo se puede decir: 'aquí estoy yo'»
"En 280 caracteres sólo se puede decir: 'dadme más likes'".
— Yo mismo
Porque ese es el verdadero problema, los likes que uno va buscando a golpe de 280 caracteres. Uno quiere dejar de buscar likes y obrar "solipsistamente" como si no existiera el mundo alrededor, quiere quitar los likes para que no le anden molestando con sus notificaciones y se entera de pronto que no los puede quitar, que no hay un sistema para que dejen de darte likes, que no se puede silenciar ese aplausímetro de mierda: tenemos que seguir contemplando nuestra imagen de Narciso en el marcador de los likes y los retuis. Uno quiere que le escuchen y le aprecien, pero no que le aplaudan: el aplauso es la cosa más plebeya del mundo. Si ustedes quieren conocer a una persona distinguida, fíjénse en que cara pone después de algún aplauso dedicado: si ustedes le sorprenden alguna mueca de disgusto y hasta de espanto, es que no andaba buscando el aplauso, sólo hacer lo que tenía que hacer, la obra bien hecha, la palabra necesaria o el gesto heroico. Pero así están diseñadas las redes sociales, como generosos goteros de dopamina que nos producen una adicción de caballo: dadme más likes, por favor, que necesito una sobredosis de autoestima. Ya lo dijo un directivo de Twitter: hasta que no deaparezcan los likes, las redes seguirán siendo adictivas. Nos afanamos tanto por recibir corazones y likes que trabajamos las 24 horas por ello; ni siquiera un presidente de gobierno trabaja tanto por su país. Y nos necesitan adictos y competitivos las 24 horas: cuanto más permanezcamos en las pantallas más se van llenando la caja registradora de millonarios ingresos publicitarios. Cada like es un céntimo, cada retuit lo multiplica por cien, cada comentario por mil, cada segundo nuestro en las plataformas es una ínfima pepita de oro que amasada con otras se convierte en un filón. Creo que estamos tan necesitados de amor que vamos por el mundo mendigando likes. Pues a falta del amor original, las plataformas saben darnos recreativos sucedáneos en forma de seguidores y likes. En 280 caracteres poco se puede decir, pero nos da tiempo a decir siempre lo mismo y mandar el perentorio mensaje: dadme más likes, que ando falto de amor; o de autoestima, que viene a ser lo mismo.
Aunque hay otra versión de todo lo que se puede decir en 280 caracteres: se puede decir también "Aquí estoy yo". Ojo, miradme, que existo y yo también tengo derecho a competir por vuestra atención. Aquí estoy yo. Todo un canto al narcisismo. Porque el problema es que en 280 caracteres no se puede decir nada más, no nos engañemos. Uno quiere hacerle un homenaje a Pascal y se da cuenta de que sólo cabe su máxima más corta: "Estupidizados"; eso si, cabe una bella imagen, algún retrato de Pascal. Y ya se sabe que una imagen vale más que 40 palabras. Uno quiere hacerle un homenaje a Machado con su poema más corto y resulta que se apaga su voz en el último verso. Uno quiere lanzar fuego por la boca, pero enseguida le lanzan la manguera y su boca se convierte en una boca de riego cegada. Uno quiere propalar su mensaje, pero le bajan el micrófono a los 59 segundos. No aspira uno a que su palabra sea dura y eterna como el mármol, pero tampoco es plan de echarla al contenedor de la basura como si fuera un producto de usar y tirar. Poco tenemos de eternos, pero nuestra existencia se vuelve más inestable y efímera si a nuestras palabras se le concede el tiro de gracia pasadas las 24 horas. Lo que no vale para siempre y es flor de un día, no vale para nunca y es evanescente como un sueño. Los productos efímeros de nuestra sociedad de consumo acaban de volvernos a nosotros mismos perecederos y nos acaban afantasmando. Vivimos ahora más, pero lo nuestro dura menos. En 280 caracteres no se puede decir absolutamente nada que valga la pena, ni siquiera esta boca es mía. Eso sí, son 280 caracteres muy adictivos y trabajados, y, aunque no digamos nada, nos llueven tantos likes que seguimos expeliendo esas pompas henchidas de vanidad en 280 caracteres. 280 caracteres es la medida con la que se ha cortado la mordaza que nos ponen en la boca. En 280 caracteres casi ni Dios podría decir "Hágase la luz". Cervantes habría dejado a su caballero loco en su desván leyendo libros sin parar, Kafka a Gregorio Samsa desperezándose, Albert Camus a Mersault abriendo el telégrama en que recibe la noticia de que máma ha muerto. Vivimos en una sociedad donde la libertad de expresión ya ha adquirido las ridículas dimensiones de un telégrama insustancial. Somos libres de decir lo que queramos, siempre que sea lacónico e inofensivo. Porque en 280 caracteres se puede decir tan poco que es mejor callarse e irse con la música a otra parte.

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