Nada más importante que anteponer el verso a la barbarie.
— William González Guevara (poeta)
La frase del día de hoy no corresponde a William González Guevara si no a su tío Salvador Corrales, pero es como si le perteneciera porque el se la grabó a fuego y la convirtió en la divisa de su vida y lo ha demostrado escribiendo y publicando poesía sin parar, la última recogida en su libro "Cara de crimen", que acaba de ganar el premio Espasa de poesía. Su vida escapando de la inmisericorde violencia que asola Nicaragua nos la cuenta en entrevista a "La Vanguardia" (léase aquí). Cuando William tenía 5 años su madre puso rumbo a España con el designio de salvar a su hijo de un destino que ya estaba marcado: morir como los cientos de pandilleros que mueren cada año en su país, Nicaragua. Ahora mismo lo que distingue a Nicaragua del resto de países es la terrible represión ejercida por su dictador y la poesía que corre por las venas de cada nicaragüense. Nicaragua ahora mismo es la quintaesencia de la poesía y de la violencia. Y se puede decir que William González Guevara se salvó de la violencia gracias a la poesía. A los once años se vino a reunirse con su madre, que lo salvó de la muerte o de algo peor limpiando pisos y escaleras, pero no olvidó el país que había dejado atrás ni el ejemplo de su tío Salvador Corrales, que lideró el famoso grupo militar "los cachorros" batallando la montaña, se convirtió en un héroe de la revolución y permanecerá en la memoria de su sobrino como el guerrillero que cada noche antes de domir leía poesía a sus hombres. El hombre que acuñó la maravillosa frase que nos trae ahora en una entrevista a "La vanguardia": "Nada más importante que anteponer el verso a la barbarie"; no hay otra tarea más importante ni más urgente, y esto reza para cualquier época o país. Pero sólo en un país donde el mayor héroe nacional es un poeta, puede existir un jefe guerrillero que duerma e infunda valor a sus soldados recitándoles versos de Rubén Dario, pongamos por caso, que sería el mejor de los casos. Nicaragua, es el país en el que hasta los perros escuchan poesía y donde todos se saludan todavía con un ¿qué tal, poeta?". Con este gen poético Nicaragua podría ser el mejor país del mundo para vivir, una utopía revolucionaria por mor de la poesía, pero resulta que se ha hecho inhabitable por culpa de quien la gobierna con mano de hierro y ademanes asesinos. Nicaragua ahora mismo es un desierto cultural, según Guevara, una dictadura que odía a los poetas y a los libros, hasta el punto que si algún joven lee un poemario de William González Guevara, "Los nadie", pongamos por caso, inmediatamente sería detenido. Nicaragua por fin ha llegado a 1984. Y tal vez esté a punto de alcanzar la edad de piedra.
Gracias al pan de la poesía, William González Guevara escapó de la violencia pandillera de su país. Más bien habría que decir que escapó gracias al maná de la poesía, ese arma cargada de futuro, necesaria como el pan de cada día, como el aire que exigimos treces veces por minuto. Ya lo dijo en su momento Adorno, escribir poesía después de Auschwitz es un acto de barbarie. Pero también nos quiso decir Theodor Adorno que el mayor valor cultural se lo concedía a la poesía. Y nos dijo que no se puede ya hacer cultura en balde después de semejante barbarie; no se puede escribir poesía de forma baladí, porque la poesía es precisamente la mejor arma contra la barbarie, a condición de que no se vuelva ella misma otro acto de barbarie. Es decir, a condición de que no se vuelva inane. Hoy la poesía nos puede salvar de la barbarie a la que se aboca el mundo porque ella nos ha salvado siempre de la vulgaridad cotidiana, que es la peor de las infecciones que ha amenazado siempre al ser humano. La poesía nos puede salvar de la barbarie porque ella misma es la esencia de la antibarbarie, el mayor refinamiento a que puede llegar una cultura humana, el depósito de todos los ideales y utopías expresados en música elocuente. El mundo será algún día poético o no será y William González Guevara lo sabe porque la poesía le salvó la vida y su tío se lo grabó a fuego: hay que "anteponer el verso a la barbarie". Los versos, como los libros, nos salvan la vida o nos la cambian: "los libros salvan juventudes agrias / alejan de vampíricas tinieblas / que sólo reconducen a la muerte", escribe Guevara. Ahí estan los libros y los versos para salvarnos de la barbarie, también los de William González Guevara, que se jugó la vida mirando cara a cara el crimen y el rostro de los sicarios antes de escribir su libro y se entrevistó con narcos, pandilleros y asesinos, a veces mientras una pistola le asestaba el corazón. El sabe lo que esconde la mirada del crimen: "una infancia rota, desolación. No ven nada digno a lo que acogerse. Por eso la vida no les resulta nada valiosa". William González Guevara encontró en la vida lo más valioso que se puede encontrar, se puso a escribir poesía y se salvó de la barbarie. Y resulta que dejar de ser bárbaros está al alcance de cualquiera: nos basta con leer poesía.
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