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J. A. Martínez Soler — ¿qué fue la dictadura? (Frase del día)

 




"¿Qué fue la dictadura?"

— José Antonio Martínez Soler



No es que se pregunte José Antonio Martínez Soler qué fue la dictadura, así en pretérito, porque es esta una pregunta que hay que hacerse siempre en presente y avizorando el futuro a ver si se ven venir las botas restallantes de algún militar o la mano dura de algún botarate sin amor ni ternura. Es que cuando se le pregunta a Martínez Soler qué piensa sobre el hecho de que haya chavales que cantan el cara al sol mientras se graban en redes, contesta que la culpa es nuestra: no hemos sabido contar a nuestros hijos qué fue la dictadura. Claro, la culpa siempre es colectiva, pero hay individuos dentro del sistema que tienen mucha más culpa que otros. Igual es que que andan por ahí sueltos unos desaprensivos que van todos los días al congreso a proclamar que la dictadura fue un periodo de reconciliación y progreso. Y hasta serán capaces de decir que fue una fecúndisima cuarentena de paz y ciencia. Con todos los fenómenos paranormales que se repiten cada cierto tiempo, no es raro que José Antonio Martínez Soler se pregunte qué fue la dictadura. No es que se lo pregunte él de una forma simplona, como si no lo supiera; es que sabe que no enseñamos en la escuela bien lo que fue la dictadura. Igual es que comienzan a aparecer cada vez más aprendices de brujo y las aulas se llenan de maestros que ya saben cómo enseñar qué fue la dictadura, sólo que exaltándola y a la chita callando. Igual es que todos creíamos que no haría falta describir las malas mañas del lobo feroz. Tal vez es que nos hemos puesto una venda en los ojos y ya no vemos al hombre como un lobo para el hombre; nos hemos olvidado ya que el lobo siempre se agazapa, acecha, da el zarpazo en cuanto se baja la guardia y nos devora como a Caperucita Roja. Bien lo sabe José Antonio Martínez Soler y lo deja patente en la entrevista que concede hoy a "El país" (léase aquí): el lobo feroz ahora está suelto y bien se lame y anda al acecho. Las democracias también se mueren y cuando lo hacen les nace un ogro que puede devorarnos a todos. Martínez Soler lo sabe mejor que nadie porque sólo tres meses después de morir Franco le secuestraron, le torturaron salvajemente y le quemaron la cara para sonsacarle la fuente de una noticia. Siete veces se le cayó la piel, igual resulta que mudó de piel tantas veces para poder regenerarse sin que le quedase cicatriz en la memoria, Es muy duro constatar que las dictaduras son salvajes si no eres su amigo y que te pueden borrar el rostro antes de martillarte la sien. Ahora Soler acaba de entregar el informe sobre las violaciones de Derechos humanos cometidas desde la entrada en vigor de la constitución hasta diciembre de 1983, ese periodo turbulento en que la maquinaria franquista aún estaba funcionando al ralentí y sus militares hacían todo el ruido de sables que podían. Está claro que las dictaduras no mueren cuando mueren, ni las democracias nacen cuando lo dicta una Constitución. Hubo durante ese periodo predemocrático más impunidad que justicia, lo que significaba que había gatillo fácil entre la policía, que había ganas de pronunciarse entre los militares, y que los derechos humanos eran violados constantemente, las torturas en las cárceles y cuartelillos eran el pan de cada día y que "los cuerpos de seguridad funcionaron durante un tiempo con la inercia de la dictadura". Entre los muchos casos de este periodo que conmovieron a Soler, cuenta el de "un estudiante de 19 años, que estaba haciendo una pintada que decía “Pan, libertad y trabajo”; apareció un guardia civil y le atravesó la garganta con un fúsil. El gobernador civil lo tapó todo, dijo que el guardia tropezó y que se le había disparado el arma. Se llamaba Roberto García Calvo y años más tarde el PP lo promovió para ocupar un puesto en el Tribunal Constitucional." Y añadó yo que eso casi no se sabe, y que García Calvo el malo ya está muerto y que tal vez por eso puede dar Soler su nombre. El miedo es una inercia que las dictaduras nos dejan después de castigarnos tanto, como lo hicieron con Martínez Soler: los dictadores no mueren cuando mueren, incluso muchas veces hasta resucitan.







Así que ahí queda eso, ¡toma pan y libertad!, eso es lo que fue la dictadura, pan poquito y libertad para cuando venga la muerte; una dictadura que no murió cuando expiró el dictador, sino que aún siguió agonizando a través de los años, y es posible que más tarde se pusiera a hibernar a la espera del cuerpo propicio para resucitar. Y resulta que ese cuerpo propicio acaba de presentarse en los albores del siglo XXI y está comenzando a hacer sus primeros pinitos, y pronto hasta de pondrá a danzar, más tarde a desfilar, apunten, disparen, ¡fuego!... contra los insurgentes. Porque eso es una dictadura, la búsqueda de disidentes e insurgentes por todos los rincones para que se pueda gobernar sin oposición ni enemigos ideológicos. Se les mete miedo, se les amenaza, se les encarcela, luego, para que aprendan, se les torturan y, si son especialmente rebeldes, ya se encontrará el procedimiento extrajudicial adecuado para llevarlos al paredón. Una dictadura es el aquí existo yo gracias a que te mueres tú, o que te silencio yo, o que te amordazo yo, o que te mato la inteligencia porque muera la inteligencia, o que te secuestro y te encalabozo yo y de ahí puedes salir con la cara quemada o los dos pies por delante. De ahí que España llegara a una dictadura tras un enfrentamiento civil provocado por un estamento militar erecto y a punto de eyacular en un baño de sangre. Saben los militares que cuando para ellos se ponen mal las cosas hay que enfrentarse a la población civil, pasarla por las armas y luego ponerse a dormitar el sueño de la justas dictaduras, que en parte se obtiene gracias a la paz de los cementerios. Uno puede estar convencido de que esos tiempos de fascismo y dictadura han quedado ya hace tiempo atrás, pero se despierta la víspera de la noche de San Juan y las hogueras fascistas comienzan a relumbrar en las páginas de los periódicos, y nos enteramos de que en Colombia ha vencido en las urnas el enésimo dictador de turno y de que en Italia un militar retirado quiere relevar al gobierno más fascista desde la segunda guerra mundial. Y entonces se da uno cuenta al despertar que el tiranosaurio aún seguía ahí, pero igual es ya demasiado tarde para darse cuenta; algo de todo esto nos cuenta Martínez Serrano durante la entrevista al decirnos que se ha desenamorado de Felipe González y del rey emérito. Igual es que los dictadores eran ellos y no les dejamos tiempo para que se manifestase su espíritu bestial. Igual es que todos llevamos un dictador dentro que puede catapultarse a base de ira, de dureza y de rencor. Porque hay que saber que todas las cualidades humanas más infamadas se acumulan en el depósito carburante de la dictadura. Hay que saber que una dictadura no carbura sin el odio a gran parte de la humanidad y sin la violencia acumulada por la frustración y los complejos de inferioridad. Sabemos que el hombre puede ser un lobo o un corderito para el hombre. Pero antes hace falta un ambiente propicio donde el cordero se sienta tranquilo para poder pacer y balar. Martínez Soler nos recuerda que estamos ante un ambiente cada vez más hostil para ese corderirto franciscano en que puede convertirse el hombre. Martínez Soler nos recuerda que "la libertad es como el oxígeno": o sea, que sólo la valoras cuando te estás ahogando. Nos estamos empezando a ahogar. ¿Que fue la dictadura?, se pregunta retóricamente Martínez Soler. Fue ese ambiente irrespirable que nos dejó sin oxígeno y nos produjo hipoxia; es verdad que de ahí muchos salimos vivos, pero muy dañados.

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