Necesitamos alcanzar una masa crítica que no coma carne.
— Peter Singer
Érase una vez una masa crítica y concienciada que ya no necesitaba comer carne ni hacer sufrir a los animales. Siempre necesitamos una masa crítica y punto. Que las masas se vuelvan críticas es una contradicción en los términos, pero aún así somos utópicos y lo pedimos. También lo pide Peter Singer, que va a lo suyo y ataca el conformismo social que nos impide volvernos vegetarianos. "Aunque la gente preferiría estar con gente que no come carne, sigue manteniendo lazos con su entorno". Y la culpa la tiene la masa, que aún no se ha vuelto igual de crítica que con el tabaco. Ya no admitimos que un fumador nos contamine el aire. Tampoco hay que admitir que los seres humanos contribuyan al malestar animal. Necesitamos una masa crítica que no vaya a corridas de toros, que no vaya a guerras, que no use inteligencia artificial, que no lance piedras contra los inmigrantes que saltan las vallas. Pero necesitamos que la masa ame de verdad a los animales. Y qué mejor manera de amarlos que no comiéndolos. Pero si hay que comer animales que sean felices. Que sean felices aunque no los comamos. 70.000 millones de animales terrestres nacen y mueren cada año en la ganadería industrial. No contamos aquí los 100.000 millones de peces que también sufren en las piscifactorias cada año. Parodiando a Albert Camus, diría que el animal criado por el hombre muere y no es feliz, y eso es un pecado mortal. Especialmente si lo que ponemos en el centro de la mesa el Día de Acción de Gracias es un pavo desgraciado. De eso nos viene a hablar Peter Singer en "Hablemos del pavo", el último libro que ha escrito y con el que parece pretender que los norteamericanos dejen de comer pavo el día del pavo, una tarea casi imposible. Los pavos también sufren hacinados en espacios cerrados y dar las gracias a Dios haciendo sufrir a un pavo es algo ridículo, aunque alguno piense que más ridículo es hacerlo con un plato de ensalada. Pero Peter Singer lo tiene claro: plantar granos y soja para alimentar a los animales es un despilfarro. Mucho mejor es que que los granos se los coma el hombre para que los animales puedan vivir felices y puedan pisar por fin la hierba y puedan ver la luz del sol. "La gente sigue imaginando que están fuera, al aire libre", se escandaliza Peter Singer en una entrevista concedida al país (léase aquí). Pero en realidad no nos imaginamos nada o no queremos imaginar lo inimaginable: el horror animal, la producción en masa del sufrimiento animal, el cómo tratamos a los animales como máquinas o mercancias. Incluso hay que decir que tratamos mejor a las máquinas. Nos podrían meter a la cárcel por vandalismo si maltratamos un cajero automático que nos acaba de contestar: "saldo insuficiente". Las máquinas son sagradas; los animales no. Y el ser humano, que no es más que otro animal, no será realmente feliz hasta que deje de producir tanta desgracia animal. Necesitamos una masa crítica que no coma carne, que sea consciente de la desgracia que produce en el mundo sólo con mover las mandíbulas tres veces al día. Los raros no son los vegetarianos; los raros somos nosotros que comemos carne y damos tormento y lo sabemos y no paramos. Algún día la masa se volverá crítica y dejaremos de comer carne. Y qué felices seremos sin necesidad de comernos ni pavos ni perdices...

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