La lectura no consiste sólo en leer un texto, sino en levantar la cabeza.
— Gonçalo M. Tavares
Voy a dedicarle dos sesiones a este interesante escritor portugués que es Gonçalo M. Tavares, dos frases separadas por diez años, dos entrevistas distintas donde se refleja una misma obsesión: la de escribir bien y mucho y con furia y persistencia. La primera entrevista corresponde al 29 de febrero de 2016 y creo que lo que dijo en ella de vivir monásticamente escribiendo sin facebook ni móvil me marcó, aunque yo no le hice ningún caso y seguí escribiendo como un Adán perpetuamente tentado por las ferias de las distracciones: el resultado es que no escribí más que en el cuaderno de notas, precisamente por no hacerme el monje. La segunda acaba de salir ayer en el país semanal y daré cuenta de ella próximamente en una segunda parte.
"La lectura no consiste sólo en leer un texto", nos recuerda Gonçalo M. Tavares en esta entrevista a El país (léase aquí). Es evidente que la lectura es algo más que el acto de leer, como pasear es algo más que el acto de andar o hacer el amor es algo más que el acto de fornicar, y así con todas las cosas de este mundo, desde la más grande hasta la más pequeña. Pero puesto que leer es zambullirse en un microcosmos, es más, en un cosmos que podría a veces ser más grande que cualquier macrocosmos, se nos impone que levantemos la cabeza de la butaca donde nos arrellanamos y miremos hacia donde nos apuntan las sagradas letras que tratamos de descifrar cuando pasamos las páginas de un libro. Hay que levantar la cabeza cada vez que leemos un libro; ese concepto de la lectura es el que conciben los grandes escritores, todos los clásicos que en su momento revolucionaron la escritura, todos los modernos que le dieron un vuelco a la literatura. Levantar la cabeza mientras se lee es algo a lo que nos obligó mucho Cortázar con su "Rayuela" y el mismo Cervantes haciendo que el quijote levantase la suya y abandonase los libros de caballería para dejar huella en el mundo de verdad, que en su caso era el de la literatura. Levantar la cabeza es el cometido principal del arte y gracias a que el arte nos hace levantar la cabeza algunos vamos con paso noble por la vida, un tanto altivos, pero siempre dando las gracias por tantas cosas que nos dieron los libros.
En esta estupenda entrevista que no ha envejecido nada, y que podría intercambiarse perfectamente por la que le acaban de hacer en "El país" diez años después, este escritor compulsivo nos revela uno de los secretos de que se tome su oficio tan a pecho. Trabaja en un estudio sin móvil y sin internet porque es consciente de que "es mucho más difícil ser un gran lector y un gran escritor en el siglo XXI". Vivimos en la era de la distracción permanente y Tavares trata de ponerle coto, de clausurar bien la puerta de su reino encantado donde pasará mañanas y tardes creando él sus propios reinos para los lectores del siglo XXI. Un buen libro, dirá diez años más tarde, "no permite que el lector esté en estado pasivo como el espectador ante una serie de Netflix." Qué difícil lo tiene los buenos libros en la sociedad del espectáculo; tal vez sea el gran espectáculo en que se ha convertido el mundo el causante de que se escriban tan malos libros. Gonçalo M. Tavares sabe lo fácil que es ceder a la tentación en el paraíso de las tentaciones y se hace amarrar a la vela de un barco después de volverse sordo a todas las seducciones podridas que nos traen las mareas de los siglos. Para un escritor no debe haber más recreo que el de la lectura y un escritor sólo debe descansar de la lectura tomando un bolígrafo en ristre y encadenándose a él, igual que lo haría un galeote condenado a remar en galeras. En esta memorable entrevista de hace diez años Tavares ya se queja de la blanda disponibilidad del ser humano de su época. "Yo no tengo Facebook ni nada, un mail ya es un poco demasiado para mí." Y lo dice como un monje espartano al que nadie podrá apartar de su recto camino, pero que en una época plagada de tentaciones adquiere un aire de ingenuidad. Cada vez que nos encontramos con un resistente a las modernas tecnologías de la interrupción nos parece encontrarnos ante un héroe fabuloso de la estirpe de Hércules o Sanson. La de trabajos que hay que llevar a cabo para despejar nuestro de tentaciones todo nuestro entorno. Tal vez estamos en internet porque nada de lo que hacemos consideramos importante, pero incluso en ese caso estamos ante un problema grave, un gravísimo problema que nos empieza a hablar de la insoportable levedad de nuestro ser.
"Si estás diciendo siempre sí a cualquier estímulo exterior estás poniendo todas las cosas al mismo nivel: la comida el amor, lo convierte todo en un paisaje plano y peligroso. Puedes estar haciendo algo esencial y un minuto después estar contestando a un mail muy periférico." De manera que escuchando las declaraciones de Tavares sobre la peligrosidad de internet y el mundo de tentaciones que nos apartan de nuestro camino, uno se queda convencido de que vivimos en un mundo que nos está practicando una lobotomía permanente. Podríamos dejar de aparecer continuamente en la sala de operaciones donde nos practican esa lobotomía, pero tal parece que no podemos. Tavares, sin embargo, sí que parece resistirse con todo el alma y a quien vuelva a leer la entrevista publicada esta pasada semana en El país, le volverá a parecer que se sigue resistiendo, tal vez hasta haya tomado más precauciones aún, tal vez hasta haya redoblado esa resistencia, y es que vivimos en una época contra la que hay que tomar medidas. Nada extraordinario se puede hacer sin concentración y lo ordinario no nos vale por trillado y por vulgar. ¿Quién, en esta existencia, quiere aspirar a ser vulgar? Nos atrevemos a contestar que todo el mundo, a juzgar por el grado superlativo de distracción al que ha llegado la masa de nuestra civilización. "Yo intento resistir -nos admoniza Tavares en la entrevista de hace diez años-. No tengo nada, sólo un email con respuesta automática que dice: 'Pido disculpas pero en las próximas semanas no podré contestar'. Es un sistema de defensa porque no sé cómo es posible estar escribiendo y viendo internet. Para mí la creación es como una burbuja y una noticia de la realidad es como un alfiler que termina explotando tu burbuja". En el XXI la tecnología es un puto alfiler que siempre nos pincha ese globo que nos hacia felices, sólo que a cambio nos han puesto una manzana de caramelo que no dejamos de chupar, sin saber que la manzana por dentro está envenenada. Se ve que Gonçalo M. Tavares es de lo que eran felices anudados a un globo hinchable y continúa con él, elevándose cada vez más alto mientras nos cuenta sus historias en libros traducidos a más de ochenta idiomas. Tavares sigue conservando la habitación de los juegos junto con su reino sagrado, seguramente gracias a que aún no ha abierto la caja de pandora de la tecnología. Este escritor portugués, que lee con atención a Séneca y que ama la filosofía, antes de acabar la entrevista aún tiene tiempo de traernos una frase de Kierkegaard para que la rumiemos: "Quien no tiene un buen escondite, no tiene una buena vida". Pues eso, corramos todos y vayamos a buscar un escondite antes de que aparezca la tecnología y nos descubra y nos impide darnos la buena vida.

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