LA FRASE DEL DÍA 05/07/2026. Gustavo Alfaro (seleccionador de Paraguay): "Mas vale barcos sin honra que honra sin barcos"
-"Mas vale barcos sin honra que honra sin barcos"
— Gustavo Alfaro
Por primera vez en esta sección voy a poner una frase falsa en boca de alguien, pero es que esta frase hace honor al personaje y es posible que durante toda su vida Gustavo Alfaro esté lamentando no haberla dicho y hacerse memorable con ella. La frase pertenece al almirante Méndez Nuñez, aunque yo le doy la vuelta y la convierto en otra cosa para interpretar los deseos del entrenador de la selección paraguaya de fútbol en su lucha a muerte contra la selección francesa en el partido de ayer. Uno siente que hay partidos en que tras el pitido final los jugadores de un equipo han de ir hacerse una revisión al hospital en vez de regresar al vestuario. Uno siente que hay partidos en que echan a los jugadores de un equipo a los leones, y el domador se dedica a azuzarlos antes que a domarlos. Ayer los jugadores franceses estuvieron a punto de ser devorados por los leones, especialmente Mbappé, que estuvo a pique de salir del campo en camilla y entablillado, con la camiseta desgarrada y pidiendo árnica y tiempo muerto. Pero lo que más sorprende es la visión que tiene el seleccionador Gustavo Alfaro sobre lo que pasó en el campo; incluso a veces parece que esté hablando de un partido de rugbi; puede que incluso Alfaro se haya equivocado de deporte y haya dado a sus jugadores unas consignas equivocadas. Y nadie lo sabe mejor que Mbappé, que lo último que oyó tras el pitido final fue el balonazo en la espalda que le lanzó el portero paraguayo. Y es que parecía que los paraguayos quisieran acabar con los franceses a cañonazos. Nadie lo sabe mejor que Mbappé, que pudo haber jugado ayer su último partido en este mundial por ser el primer día de una larga temporada en el hospital: "no jugaron al fútbol", sentenció. Es posible que los jugadores paraguayos en realidad no sepan jugar al fútbol, o sí que lo saben pero se les habrá olvidado a base de escuchar las consignas de Gustavo Alfaro. Desde luego a su portero le ha quedado bien clara la instrucción: "Desde el primer momento nos propusimos hacernos sentir en el campo, ser duros, que si pasa el balón, no pasa el hombre". Esta es, ya se sabe, la mejor manera de mandar al hombre al hospital. Seguramente todo malentendido en la sociedad humana comenzó de esta manera, equivocando la manera de hacer notar. Todo ser humano puede elegir la manera de hacerse sentir. Y lo malo es cuando uno se quiere hacer sentir a base de violencia. Puede uno acabar pensando que el mundo humano es violento por naturaleza, cuando lo que ocurre es que se mira el mundo de un modo violento. Y lo más curioso es que el portero uruguayo acaba diciendo que "esto es fútbol", que es casi lo mismo que decir que un torero nunca respeta más al toro que cuando le da la estocada o le hunde el verduguillo. Incluso el entrenador debe pensar que más cornadas da el hambre y por eso a sus jugadores, algunos de los cuales -según él- andan hambrientos y sin cobrar su salario, los manda con los cuernos por delante a dar cornadas a los toreros franceses. Que pase la pelota, nunca el hombre. Es la forma más genial de ver el fútbol, olvidémosnos de la pelota, pongamos que andaba por ahí, pero no le hagamos puto caso ni le demos bola, que de lo que se trata es de cantar el "¡No pasarán!" y mandar al rival a enfermería. El fútbol, visto así, deja de ser un deporte para convertirse en una guerra donde todo vale con tal de que no pase nadie. Por supuesto lo importante no es participar, sino hacerse notar, si es necesario a codazos, a patadas y a puñaladas por la espalda.
Creo que no es casualidad que este mundial se esté volviendo especialmente violento. Estamos en ese mundo violento forjado especialmente por el hombre más tramposo del planeta, que dirige un país represor y que piensa que todo vale. El mundo del fútbol no puede aislarse del mundanal y violento mundo que le rodea. Un seleccionador de fútbol sabe perfectamente en que mundo vive, recibe instrucciones de ese mundo y se toma la licencia para matar si resulta que ese mismo mundo la facilita. Vivimos en un mundo cada vez más salvaje y fascista y esa violencia y desvergüenza se está trasladando a los campos de fútbol. Todo vale con tal de conseguir aquello que se quiere, sin detenernos demasiado a averigüar si lo que queremos es bueno o malo. Pero si se piensa un poco esa es la verdadera cuestión: en qué queremos convertir el mundo. Los jugadores paraguayos, con su seleccionador a la cabeza, han querido convertir ayer el campo de fútbol de Filadelfia en una batalla de la tercera guerra mundial y en un hospital de campaña. Y lo más extraño son las justificaciones utilizadas por Gustavo Alfaro para explicar la conducta de sus jugadores: "Nosotros tenemos chicos que no conocieron a sus padres o tardaron ocho años en hacerlo o que tienen que vender su ropa para salvar a su hija como Gill (el portero)." Con declaraciones como estas nos queda más clara la cosa. Igual es que no seleccionó a los jugadores indicados y tenía que haber inspeccionado a quien seleccionaba e incluso si conocían a sus padres. Dios nos libre de enfrentarnos a alguien que no ha conocido a su padre porque la furia desatada nos puede hacer perder la vida. Sabemos que el mundo no es igual ni tan amoroso cuando uno no ha conocido a su padre. Incluso cuando a alguien se le llama hijo de tal es debido a este factor de ignorancia sobre nuestra filiación y que nos hace volvernos bastante hijos de puta. Hasta es posible que entendamos mejor al portero en sus declaraciones cuando dice que no hay que dejar pasar al hombre, especialmente cuando se trata de salvar la vida de tu hija, si es preciso hay que condenar la carrera futbolística de Mbappé, puede pasar la pelota que lleva cosida al pie, pero antes se le amputa el pie a Mbappé que dejar pasar el resto de su cuerpo. Vivimos en un mundo cada vez más feroz y lo sabemos, y precisamente por eso hay que criticar más duramente estas actitudes y no dejarlas pasar. Vivimos ya en ese mundo donde cualquier fin justifica los medios. Lo importante es ganar aunque sea haciendo trampas y comprando al árbitro. No importa el estilo sino los frutos, aunque sean amargos. Se está imponiendo el hombre zafio y brutal que representa Donald Trump. Pero paradiando al portero de Paraguay diremos que a ese hombre no le dejaremos pasar. Ni al seleccionador Gustavo Alfaro, que prefiere ver llegar a puerto a sus barcos sin honra, aún a costa de ver naufragar la honra. Se está imponiendo ahora la ley del más fuerte. Y la ley del más fuerte ha sido siempre la ley del más bruto, es decir, la de ese elemento bárbaro que acaba hundiendo todas las civilizaciones.
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