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"Escucho la música..." — Montserrat Torrent (Frase del día)


Escucho la música en mi mente y reverbera en mi corazón.

— Monteserrat Torrent (organista)



Las buenas frases han de tener corazón. Por eso las mejores frases no son las de académicos sesudos: sus frases describen con certeza la realidad que estudian, pero de una forma fría que no nos conmueve, especialmente en la era de la inteligencia artificial. El mundo humano necesita más del arte que de la ciencia precisamente porque éste nos va entregando una visión del mundo desde lo hondo del corazón. Ya lo dijo el Principito: "Solo con el corazón se puede ver bien. Lo esencial es invisible a los ojos". Y a Montserrat Torrent le sobra corazón, tiene un corazón con ojos y oídos y con manos que abrazan y con lengua que vibra y se expresa bien. Pero la gran organista que es Montesrrat Torrent sobre todo tiene un corazón con unos grandes oídos. Ahora acaba de cumplir cien años y este es el año de Montserrat Torrent. Todos deberíamos de llegar a los cien para poder cumplir nuestro gran año sabático y festivo. No llegaremos a esa salud centenaria que acompaña a Montserrat, pero aspiramos a llegar al año que viene al menos con la misma lucidez con que ella ha llegado a cumplir el siglo. Nació diez años antes de la guerra civil y cuenta que su pasión por la música se originó ya en el vientre de su madre, una famosa concertista de piano y discípula de Enric Granados. La guerra civil rompió su mundo en pedazos, su familia se dividió en mil: un hermano en un bando, otro en el contrario y alguno que tenía que ocultarse. La tapa de su piano se cerró y se acabó la música por una temporada hasta que con 18 años tuvo la revelación de su vida: en Santa Coloma escuchó a Narcís Juabany tocando un preludio y fuga de J. S. Bach y se quedó extasiada. Sentía y entendía la música salida de aquel organo como si fuera tocado en su lengua vernácula. Y es que se encontró con la perfección divina. Cuando uno se encuentra con ella, el mundo cambia alrededor y los ojos captan otra luz. Los oídos, la armonía celeste. Para Torrent sólo la mano de Dios pudo escribir esas cantatas y pasiones que anotaba Bach. Es normal que a partir de ese momento quisiera colocar sus manos en el órgano acompañando las manos de Dios.




Montserrat Torrent tomó entonces la determinación de su vida y se encontró con que el camino se bifucarba. Abandonó el piano y lo cambió por el órgano y a partir de ahí comenzó a pelearse con familia y amigos. Pero las pasiones que nos importan pueden con todo. Se fue con una beca primero a París y luego a Siena. Los órganos entonces sonaban suntuosos. Eran un éxtasis esuchar sus voces tan intensas y tan dulces. Al desastre de la guerra a su vuelta a España, hubo que añadirle otro desastre que quiso enmendar: muchos órganos históricos habían sido quemados o destruidos y decidió que traerlos de vuelta sería su gran batalla.  Monteserrat no es solo una gran compositora de órganos, también se dedica a resucitarlos. No puede haber mejor panegírico para el órgano que el que sale en esta entrevista de "La Vanguardia" (léase aquí): "En las horas tristes me consuela, en las gozosas participa de mi alegría, somos insperables". Quién pudiera decirle cosas tan dulces al instrumento de su arte. Quien pudiera decir como ella que el órgano le llena de paz. Tan sólo eso queremos de nuestra pasión. Hay que tener una pasión para que nos llene de paz. Incluso su pasión se acrecentó cuando con 67 años se quedó sorda como una tapia tras un aterrizaje en picado sobre Estocolmo: En ese avión rompió Montserrat la barrera del sonido y no volvió a oir más, pero ni falta que le hacía. Sigue oyendo, para mayor gloria de la música, nota por nota y voz por voz todas las obras que interpreta. Quizás sea el público que asiste a los conciertos el que se halle más sordo. Al otro lado de la tapia han de oírse dulces melodías. Montserrat ha conservado un oído interno que se ha sobredimensionado y sabe qué tipo de registros suena y su cuerpo se hace música y la música se hace cuerpo en Montserrat Torrent cada vez que la vemos posar sus dedos sobre el teclado: "Escucho la música en mi mente y reverbera en mi corazón". Lo mismo podrían decir todos los genios de las artes. Podemos oír a Van Gogh diciendo: "veo el color en mi mente y reverbera la pintura en mi corazón". Montesrrat nos enseña así que se puede escuchar lo que suena en nuestro interior, que el exterior sólo es una convención que nos podemos saltar a condición de que conservemos la pasión por algo. Es esa misma pasión la que le lleva a levantarse a las cinco para estudiar dos horas en el órgano que tiene en su salón. Al acabar se demora paladeando el bonbón que se ha dado como premio. Habla con su familia, desayuna, duerme la siesta, continua estudiando y viviendo para su arte. No conocemos el secreto de su longevidad pero es posible que tenga que ver con su pasión. Podemos conocer sin embargo el secreto de que la hallemos tan viva: dice que la vida hay que vivirla instante a instante, con pasión. Vuelve a repetirlo en la entrevista: "hay que vivir la vida plenamente, día a día, momento a momento. En cualquier instante puede aparecer la destrucción, el miedo, la muerte". Sabia mujer. Otro sabio llamado Marco Aurelio ya lo dijo de una forma parecida. La perfección es esto: vivir cada instante como si fuera el último. Así debe vivir su vida Montserrat Torrente, igual que debe tocar su música: con pasión y rozando la perfección. Dice que hay que vivir la vida intensamente, a cada instante, pero dice más y nos lanza su último secreto: hay que tener además un objetivo y hacérselo saber a todos. 

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