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Lorimer Moseley - Ir más allá del dolor (Frase del día)

 



El dolor no está en el cuerpo, sino en el cerebro.

— Lorimer Moseley (Neurocientífico especialista en dolor)


Esto que dice Lorimer Moseley en una entrevista en "La vanguardia" (léase aquí) vale para todas las cosas importantes de la vida, porque de alguna manera las cosas importantes son escurridizas y cuando vamos a buscarlas donde creemos que están resultan que ya han huido, o están en otra parte y nunca estuvieron allí. El ser humano es un ser alucinatorio, de ahí que alucine hasta con el dolor. Con la felicidad se ha equivocado tantas veces, que ya ni cuento: cada vez que alguien cree haberla encontrado desaparece de repente y resulta que tiene que ir a buscarla a otro lado. Con el dolor pasa casi lo contrario. Cuando uno cree que por fin se ha ido, vuelve como acreedor impertinente que no para de llamar al teléfono o de aporrear la puerta. El dolor es un cobrador del frac que nos va sacando las muelas para pagar las medicinas. Cuando uno comienza a preguntarse por el sentido de la vida es que ya ha aparecido el dolor. Casi se puede decir que el dolor es el motor y el origen del arte, y si no, basta fijarse cuanto dolor escondido hay en los autorretratos de Van Gogh o en las radiografías del alma que se hace Eduard Munch. Incluso es posible no sea, como se ha dicho, el pensamiento de la muerte la gran partera de la filosofía, sino el dolor. Con dolor y gran llanto venimos al mundo y con dolor paren todas las madres. Es esta una maldción bíblica que viene desde la expulsión del paraíso, que es de ahí de donde parece que arranca todo este dolor que nos está ahogando. Con dolor sudamos por la frente cada vez que trabajamos y con dolor sufrimos nuestros duelos de muerte y nuestros quebrantos de amor. Es posible que el peso del mundo no sea el amor, como nos dice Ginsberg. Es posible que el peso del mundo sea el dolor, y que toda esa saliva que gastamos cada vez que hablamos sea una sublimación de dolor hecho lágrimas bajo la lengua; es posible que toda nuestra vida gire sobre el gozne del dolor: el peso del mundo es el dolor, bajo la carga de la soledad, bajo la carga de la insatisfacción el peso, el peso que cargamos es el dolor. Así tenía que haber hablado Alan Ginsberg y así hubiera sido más elocuente, hubiera dado con la clave de bóveda del mundo. Si tuviera que decir donde se halla el dolor en el arte diría que en Masaccio y en su expulsión de Adán y Eva del paraíso. Hay tanto dolor en esa pareja trashumante que se tapa los ojos llorosos antes que las vergüenzas, que parece una escena dantesca: Más que salir del paráiso parece que estén ingresando por la puerta del infierno. Y en esas estamos. Es así de cruda toda la existencia de tantas gentes: un ingreso a cadena perpetua en la casa del dolor, una temporada eterna en el infierno.

Lorimer Moseley trata de poner los puntos sobre las íes en esta entrevista en que habla sobre el dolor, pero lo malo de escuchar a los expertos en el dolor es que apenas saben decirnos nada sobre el dolor. Es la paradoja de la ciencia. Todo lo que nos dicen sobre las cosas tienen un efecto práctico importante y si seguimos sus instrucciones, el mundo se vuelve mágico y funciona, pero sus palabras no nos llegan al corazón y parece que en vez de hablarnos sobre el dolor, nos están hablando sobre los dispositivos neuronales, algo que por más que pasemos mil años estudiando jamás sabremos lo que es y habremos malgastado mil vidas en vano. La ciencia es un arbol con frutos muy dulces, pero cuando uno se sube por las ramas para cogerlo sabe que puede caerse al suelo y estrellarse, ¡qué dolor! Sabemos que todo lo que nos diga la ciencia hemos de tomarlo "cum grano salis", pero nos lo tomamos todo a palo seco y a lo bruto, y nos ponemos firmes y a pies juntillas y luego pasa lo que pasa, que nos viene mucho más dolor, oleadas de dolor, el dolor hecho una furia en todo su esplendor. Casi todos los psiquiatras del mundo no tomarían la medicación que pautan a sus pacientes y es posible que los analgésicos nos acaben trayendo más dolor a la larga. No sabemos que hacer con tanto dolor en el mundo: el dolor va creciendo entre la población tanto como el agujero de la capa de oceano, y si no salimos a la calle todos llorando es porque la civilización nos ha dado grandes lecciones de simulación e hipocresia. Hay además en el mundo toda una fábrica de hacer reír, el humor se ha impuesto en el mundo y quieren que todo se nos vuelva risas y fiestas, pero la verdad es que, en nuestro balance final, estamos más cerca del funeral y de la lágrima fácil que de la carcajada de tripi. No caígamos en la trampa simplona del progreso; no creamos que el progreso de la medicina ha venido a quitarnos el dolor. Es posible que el progreso haya metido la pata y haya traido más dolor al mundo. Desde luego, ha traído inmensos adictos de opiaceos al mundo, una horda de adictos al fentanilo, que son como posesos en busca del antiveneno para el dolor. Es un dolor que no había antes el que sienten todos estos millones de personas. Con cada antiveneno que trae la medicina, aumenta la capacidad del veneno que nos suministran a grandes cucharadas, nos mata el progreso con todos sus venenos, y a eso hay que llamarle por su nombre y hay que decir que trae dolor, mucho dolor. Creo que es la gran desgracia de los hombres, el que tantos sepan más de dolor que de placer; si de alguna cosa sabemos los que hemos venido al mundo es de tanto dolor como hemos sufrido. Otro día tocará hablar del placer, pero no creo que la cosa se equilibre y se compense. Para gozar del placer hay que ser un artista refinado, pero para sufrir el dolor a toneladas cuanto más chapucero, mejor. Y el hombre es un especialista en hacer de su vida una chapuza. Nuestra vida es dolorosa por haberse convertido en una chapuza y basta saber que sufrimos para que nos hagamos una idea de cómo va nuestra vida. Nos dicen, además, los especialistas del dolor que sólo es necesario saber cómo funciona el dolor para que se nos quite. Parece una receta simple, pero es diabólica.Todo esto parece una sofisticación más de la ciencia para demostrarnos que la ciencia sabe y que veamos lo listilla que es. Hay que saber aguantar el dolor y basta. Así de fácil. Que no nos digan ahora que hay que hacer un master sobre el dolor para que se nos quite. Sobre el dolor somos todos expertos y podemos cantar maravillas. Y cada cual sabe sobre su dolor y es un experto en saber como quitárselo, aunque uno se vuelve un adicto por la causa. Ya lo dijo Camus al final de "La peste". El hombre muere y no es feliz, que es como decir que muere desgraciado y con dolores; del mismo modo que vino al mundo, el hombre muere: entre llantos y dolores.


CODA

Quede claro que esta sección es un comentario a una frase del día basada en una entrevista. Es un comentario libre en el que para nada me ciño a literalidad de la frase. Aquí he dejado pasar la frase casi de refilón por una razón: la insatisfacción que me produce gran parte del discurso científico: o nos dice poco o nos lo dice mal. Le falta elocuencia, y es posible que la elocuencia no mueve el mundo, pero mueve los corazones. Para hacer honor a la entrevista diré que la frase completa es "el dolor no está en el cuerpo, sino en el cerebro, y se puede gestionar." La frase no es mala, pero la cosa empeoró cuando leí la definición que este experto del dolor nos da sobre el dolor: "El dolor siempre es una señal en el cerebro" De todas las definiciones que se puede dar del dolor, esta es la peor. Pero es que lo curioso es que es una buena definición científica, de ahí que el lenguaje de la ciencia nos produzca sarpullidos. Funciona y lo entendemos porque se nos ha adiestrado en su lenguaje, pero a veces parece un lenguaje para tontos y su visión del mundo es, más que pintoresca, superficial. Todo el poder de una civilización para fabricar una visión del mundo que, en resumidas cuentas, resulta superficial. Entre todas las cosas sublimes que ha creado el hombre es posible que sea la ciencia la cosa más superficial. Si uno quiere profundizar sobre el dolor tal vez ha de acudir a Lorca o al arte religioso, pero con la ciencia es posible que nos quedemos en el cascarón. No voy a decir mucho más de esta entrevista, porque no veo que aporte demasiado y quien esté interesado puede acudir a ella y leerla íntegramente. "El dolor -insiste Lorimer Moseley-, no está causado por las heridas del cuerpo, sino por el cerebro. Por eso, millones de personas siguen sufriendo dolor cuando el cuerpo ya ha sanado". Lorimer concluye que hay que aprender cómo funciona el dolor y así se aprende a controlarlo. Mi conclusión, sin embargo, es que los estoicos sabían más sobre el dolor y tenían grandes recetas para combatirlo. Pero quien va a discutir las de la ciencia... La fe en la ciencia es como cualquier fe: un magnífico placebo. Para que el dolor nos duela menos, nos dice Lorimer Moseley que hemos de ir más allá del dolor, es decir, aguantar cada vez un poco más hasta que entremos en su zona dulce. Y esa es la única manera de volver dulce el dolor: quitarle su amargor a base de oponerle resistencia.

Comentarios

  1. Estupenda reflexión!!! ...El dolor es el antídoto para que no olvidemos que aún estamos vivos.

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    1. Muchas gracias, Marta, por tu atención. Diría lo mismo, estupenda frase la que aquí dejas. Yo he dicho algo parecido, pero esta frase lo resume bien.

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